
Durante 2025, al menos 348 policías fueron asesinados en México, 9 % más que los registrados en 2024. No se trata de una cifra excepcional ni de un repunte inesperado, sino de la continuidad de una violencia que se ha vuelto estructural contra quienes encarnan la primera línea del Estado. 1 Lejos de disminuir, los homicidios de policías se distribuyeron de manera constante a lo largo del año y se concentraron en territorios donde la presencia criminal y la debilidad institucional conviven desde hace tiempo.
La violencia no se repartió de forma homogénea. Sinaloa encabezó el registro con 48 policías asesinados, seguido de Guerrero (39), Guanajuato (36), Michoacán (34) y Veracruz (24). A estas entidades se suman el Estado de México (20), Puebla y Jalisco (16 cada uno) y Baja California (13). El patrón es claro: estados con disputas criminales activas, altos niveles de homicidio doloso y corporaciones locales debilitadas concentran también la mayor letalidad contra policías. El asesinato de agentes no es un daño colateral, sino una estrategia reiterada de control territorial y desafío abierto al Estado.
El tipo de corporación al que pertenecían las víctimas refuerza esta lectura. De los 348 policías asesinados en 2025, 223 eran municipales, 104 estatales y solo 21 federales. Seis de cada diez homicidios recayeron sobre policías municipales, el eslabón históricamente más frágil del sistema de seguridad pública. Son corporaciones con salarios bajos, escasa profesionalización, equipamiento limitado y, en muchos casos, sin acceso efectivo a prestaciones básicas, seguros de vida o esquemas de protección para sus familias. 2
El estatus de las víctimas al momento del asesinato aporta otro elemento central. En 2025, 198 policías estaban en activo y 100 se encontraban en franco, es decir, fuera de servicio. Además, 26 eran expolicías. Estos datos muestran que el riesgo no se restringe a operativos o enfrentamientos en funciones. Para muchos policías, la amenaza persiste incluso cuando regresan a casa, cuando dejan el uniforme o cuando ya se han retirado de la corporación. La frontera entre vida laboral y personal es, en los hechos, inexistente.
La distribución mensual confirma la persistencia del problema. Enero, marzo y febrero concentraron cifras altas, pero no hubo un mes sin asesinatos ni una tendencia clara a la baja. La violencia fue sostenida y acumulativa. Cada mes se sumaron nuevas víctimas sin que ello derivara en ajustes visibles de política pública orientados a proteger a quienes sostienen la seguridad cotidiana en los territorios.
Hablar de policías asesinados implica mirar más allá del conteo. Implica reconocer las condiciones en las que operan miles de agentes en el país. La mayoría de las víctimas de 2025 pertenecían a corporaciones municipales que enfrentan al crimen organizado con desventajas evidentes: turnos extendidos, falta de capacitación continua, armamento inferior y una profunda precariedad laboral. En ese contexto, el asesinato de policías no es solo un indicador de violencia criminal, sino un síntoma de abandono institucional. 3
La respuesta del Estado ha sido, en el mejor de los casos, reactiva y fragmentada. Se anuncian refuerzos, se despliegan fuerzas federales o se promete equipamiento, pero rara vez se atienden las necesidades estructurales de desarrollo policial. Profesionalizar, mejorar condiciones laborales, garantizar seguridad social, atender la salud física y mental de los agentes y reducir su vulnerabilidad económica siguen siendo tareas pendientes. 4
Cada policía asesinado representa una vida perdida y una institución debilitada. Pero también revela una omisión persistente: mientras no se atienda la precariedad en la que operan las policías, especialmente las municipales, la violencia seguirá encontrando blancos fáciles. Los 348 policías asesinados en 2025 no son una cifra inevitable; son el reflejo de una deuda acumulada que el Estado ha postergado durante años y que hoy cobra vidas de manera sistemática.
1 El conjunto de reportes sobre policías asesinados, y sus respectivas bases de datos, se localizan en: Causa en Común (2026), Registro de policías asesinados. Disponible aquí.
2 Datos que lo corroboran, se localizan en: Causa en Común (2025), La situación de los policías en México Disponible aquí.

El presidente de EU, Donald Trump, dijo que ya no se siente obligado a pensar solo en la paz tras no haber recibido el Premio Nobel de la Paz.
Al tiempo que repitió su deseo de hacerse del control de Groenlandia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que ya no se siente obligado a pensar únicamente en la paz tras no haber recibido el Premio Nobel de la Paz.
En un mensaje dirigido al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, Trump culpó al país por no otorgarle el galardón.
“Teniendo en cuenta que su país decidió no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido ocho guerras y MÁS, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz, aunque siempre será lo preponderante (pensar en la paz)”, señala el mensaje al que tuvieron acceso medios de comunicación estadounidenses.
“Ahora puedo pensar en lo que es bueno y adecuado para Estados Unidos de América”, añadió el mandatario.
De acuerdo con el líder republicano, “el mundo no será seguro a menos que tengamos el control completo y total de Groenlandia”.
CBS News, el socio de la BBC en Estados Unidos, confirmó el mensaje y su contenido.
Støre informó que había recibido el mensaje el domingo en respuesta a un texto que él y el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, le habían enviado a Trump.
El líder noruego dijo que habían expresado su oposición a la propuesta de aumentar los aranceles por la disputa sobre Groenlandia y apuntaron a la necesidad de que hubiese una desescalada de la situación.
En ese contexto, propusieron una llamada, el mismo día, en la que los tres participaran.
Støre le hizo ver que un comité independiente, no el gobierno de Noruega, otorgaba el Premio Nobel de la Paz.
Trump, quien no ha ocultado su deseo de ganar el galardón que se otorga anualmente, ha insistido cada vez más que Estados Unidos necesita tomar el control de Groenlandia por razones de seguridad nacional.
La isla ártica, poco poblada, pero rica en recursos, está muy bien situada para el funcionamiento de sistemas de alerta temprana, en caso de que se produzcan ataques con misiles.
Y también para el monitoreo de buques en la región.
El presidente estadounidense ha reiterado que quiere que su país compre Groenlandia y no ha descartado usar la fuerza militar contra un miembro de la alianza de seguridad de la OTAN para tomarla.
El fin de semana, Trump dijo que impondría, desde febrero, un arancel del 10 % a productos de ocho países aliados de la OTAN, si se oponen a su propuesta de adquirir Groenlandia y amenazó con aumentar ese porcentaje a 25% en junio.
Se trataría de productos que lleguen a Estados Unidos procedentes de Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia.
En su mensaje a Støre, Trump señaló que Dinamarca no puede proteger Groenlandia de Rusia o China y preguntó: “¿por qué ellos tienen ‘un derecho de propiedad’? No hay documentos escritos, es solo que un barco llegó allá cientos de años atrás, pero nosotros también tuvimos barcos que llegaron allá”.
“He hecho más por la OTAN que cualquier otra persona desde su fundación, y ahora la OTAN debería hacer algo por Estados Unidos”.
El primer ministro británico, Keir Starmer, indicó el lunes que cualquier decisión sobre el estatus futuro de Groenlandia “le pertenece solamente al pueblo de Groenlandia y el Reino de Dinamarca” y dijo que el uso de aranceles contra aliados era “incorrecto”.
El ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, y la ministra de Relaciones Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldt, se reunirán el lunes con el secretario general de la OTAN, el general Mark Rutte.
La semana pasada, los gobiernos de Dinamarca y Groenlandia, junto a aliados de OTAN, decidieron incrementar la presencia y los ejercicios militares en el Ártico y en el Atlántico Norte.
Varios países europeos enviaron pequeños grupos de personal militar a Groenlandia en una llamada misión de reconocimiento.
En su mensaje, Trump asegura que le ha puesto fin a ocho guerras desde que comenzó su segundo mandato como presidente, el año pasado.
El Premio Nobel de la Paz le fue concedido a la líder opositora venezolana María Corina Machado.
Cuando soldados estadounidenses atacaron Venezuela, capturaron y sacaron del país al presidente Nicolás Maduro, a quien Washington acusa de narcotráfico y otros crímenes, Trump no respaldó a Machado como la próxima líder del país, en cambio le mostró su apoyo a Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro, que asumió como presidenta interina ante su ausencia.
Machado, quien ha elogiado a Trump, se reunió con el mandatario en la Casa Blanca la semana pasada y le dio su medalla del Nobel.
La Fundación Nobel dijo que el premio no podía “ni siquiera simbólicamente ser transferido”.
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