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¡De la moda… lo que menos contamina!
Una vida examinada: reflexiones bioéticas
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El Programa Universitario de Bioética (UNAM) desarrolla investigaciones interdisciplinarias, docencia y difusión que promuevan la... Continuar Leyendo
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¡De la moda… lo que menos contamina!

Con las tendencias de consumo actuales y las perspectivas de crecimiento, el consumo de agua, las emisiones de CO2 y la generación de residuos de la industria textil aumentarán entre 50 y 63% para 2030.
30 de noviembre, 2022
Por: Blanca Rocío Muciño Ramírez

A partir de la pandemia adquirimos nuevos hábitos de consumo con impacto económico en varias marcas y empresas. Una de ellas fue la marca de ropa Shein, que se catapultó en el mercado durante el confinamiento por su envío a domicilio, sus bajos costos y, sobre todo, porque cada día añade 6 mil productos nuevos a su catálogo. Su mejor mercado son Chile y México, y su alcance le permitió abrir una tienda temporal en nuestro país en mayo pasado. Su impacto ses tal que hay canales de YouTube y de TikTok dedicados a estos productos: las y los influencers se prueban la vestimenta y señalan qué tanto se parece la ropa a lo mostrado en los catálogos en línea, intentando ganar seguidores.

La misma marca ha sido “denunciada” por algunas usuarias que han descubierto en las etiquetas mensajes de auxilio de quienes, quizá en condiciones precarias, elaboran las prendas en el sur de Asia (Bangladesh, India, Camboya, Indonesia, Malasia, Sri Lanka y China). Incluso se habla de sustancias tóxicas, salarios muy muy bajos, jornadas con explotación laboral, trabajo forzado y, tal vez, hasta infantil. Y ya existe un documental que realizó una periodista encubierta en el que denuncia algunas de las condiciones expuestas. Aun con todo ello, en junio pasado, en el centro de Madrid se hicieron enormes filas por la apertura de la tienda Shein, tal como pasó en México.

El surgimiento de este tipo de marcas y su rápido ascenso en la lista de las 100 empresas más influyentes del 2022 hablan de una necesidad de consumo y de una urgencia por introducir al mercado colecciones de ropa que estarán en tendencia por muy poco tiempo (50 colecciones al año han sustituido las tradicionales colecciones anuales de primavera/verano y otoño/invierno). A esto se le llama fast fashion, término contemporáneo que se utiliza para referirse a los diseños de ropa que pronto serán superados por las nuevas tendencias.

En los últimos 20 años ha aumentado en 400% el consumo de ropa en el mundo. Estamos envueltos en la tendencia de la moda y en esa dinámica consumista. Lo peor es que la Fast fashioncontribuye a poner en el mercado millones de prendas y fomentar en los consumidores una sustitución acelerada de su inventario personal”, pero no solo eso… uno de los principales problemas es que nuestros hábitos de consumo en la vestimenta tienen un impacto ecológico que muy pocas veces es analizado.

Un primer punto es la producción en masa, la cual provoca que la calidad de la ropa sea muy baja y su tiempo de uso muy corto; es decir, es casi desechable. Algunas prendas solo se utilizan entre siete y 10 veces, y después van a la basura y pueden acabar en los basureros, en los ríos, en las barrancas, y a veces hasta en los mares.

Otra de sus consecuencias es la contaminación y el uso excesivo de recursos naturales, lo cual amenaza la sustentabilidad y a la naturaleza. La producción de ropa representa 10% de las emisiones de CO2 a nivel global: se estima que en la producción de una camisa se emiten entre 2.1 y 5.5 Kg, y alrededor del 2.5 por ciento de las tierras cultivables del mundo se utilizan para producir el algodón.

Otro tema es que genera aproximadamente 500 mil toneladas de microplásticos al año que acaban en los océanos, y contamina mediante los químicos necesarios para teñir y fabricar las prendas, sobre todo con los colorantes, compuestos diseñados para ser altamente resistentes, incluso ante la degradación microbiana, por lo que son difíciles de eliminar en plantas de tratamiento convencionales.

Algunas organizaciones y fundaciones han realizado propuestas. La Fashion Takes Action, organización canadiense sin fines de lucro, recomienda las 7R: reducir, rentar, resignificar, reparar, reusar, revender y reciclar; la Fundación Ellen MacArthur propone un modelo circular (contrario al lineal: tomar-usar-desechar) de producción, basado en cuatro ejes fundamentales: 1) dejar de usar sustancias peligrosas en la fabricación y reducir los materiales que desprenden microfibras; 2) aumentar la durabilidad de la ropa para reducir la pronta obsolescencia y sustitución acelerada de las prendas; 3) mejorar de forma radical el reciclaje, algo que puede lograrse desde el diseño de modas o el incentivo del uso de materiales tanto reciclables como reciclados, y 4) volver más efectivo el uso de los recursos y transitar hacia energías y materiales renovables en la producción de ropa.

Quizá es momento de comprarles a empresas que apuestan por la durabilidad de sus productos, o a los negocios locales; de rentar, reparar, intercambiar, donar e incluso adquirir de segunda mano para extender la vida útil de las prendas (ya hay muchos bazares virtuales de segunda mano, en los que se oferta ropa de poco uso a precios más accesibles, con lo cual se logra alargar su duración), y de incentivar la cultura del reciclaje —en México solo se recicla el 5% de la ropa producida, aunque siete de cada 10 mexicanas está dispuesta a comprar ropa en segunda mano—. También podríamos tener guardarropas más básicos, transitar con un consumo responsable, reducir la adquisición, y comprar productos en función de su durabilidad y calidad, y no de las tendencias.

Casi todos nosotros tenemos prendas que no utilizamos o que no necesitamos. Reducir el consumo de ropa es una acción sencilla que podemos implementar para ayudar al planeta y al medioambiente.

* Blanca Rocío Muciño Ramírez es maestra en Diseño y Producción Editorial por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario, y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha actualizado sus conocimientos en cuatro diplomados y más de 130 cursos de Bioética, trabajo editorial y comunicación. Actualmente se desempeña como secretaria técnica y responsable de edición y gestión de publicaciones en el Programa Universitario de Bioética.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

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Imagen BBC