
En nuestros tiempos, la desinformación en temas de salud se ha convertido en una lucha ética, social y, sobre todo, política de proporciones desbordantes. Este fenómeno se debe a que la información, de dudosa procedencia, circula de manera rápida por medio de plataformas digitales, cuestionando en todo momento la veracidad y la confianza en las ciencias. Autores como Naief Yeyah y el italiano Giovanni Sartori ofrecen mucho material con perspectiva filosófica para comprender de manera critica este fenómeno.
El mexicano Naief Yehya aborda de manera hábil los cambios sociales de nuestros tiempos, provocados por la tecnología y los medios de comunicación (entre ellos Instagram, TikTok, Youtube y X, que las nuevas generaciones consideran medios legítimos de comunicación). Para Yehya nos encontramos en un entorno mediático, dominado por los medios que alimentan la paranoia y la sumisión, donde la desinformación funciona como una estrategia deliberada para influir en las decisiones y comportamientos de la población.
La saturación de la información y la creciente cultura de la inmediatez están desgastando el pensamiento crítico, lo cual tiene como resultado la difusión de mensajes manipulados y de confusión.
El italiano Giovanni Sartori en su libro Homo videns: sociedad teledirigida ofrece una interesante reflexión sobre la influencia de las imágenes y los medios audiovisuales, de los que podríamos decir que cuadran o se insertan perfectamente con las redes sociales actuales, en las que se produce, en todo momento, una superficialidad cognitiva que debilita el pensamiento crítico. El aumento de la información falsa ha limitado la habilidad de la población para tener procesos racionales y fundamentados.
A partir de la postura de ambos, podemos considerar que es necesario replantear las prácticas al compartir información, fortalecer la divulgación científica y favorecer la reflexión profunda.
Un referente cercano a nosotros sigue siendo la pandemia por COVID-19, en la que la desinformación propició la desconfianza hacia las vacunas, a los desarrollos tecnológicos en materia de salud, y a la ciencia misma. De lo anterior, debido a la fuerza mediática de las redes sociales, circularon tratamientos no comprobados o los clásicos remedios de la abuela para paliar (según la población que los usó) el virus. Lo anterior significó un retraso en los esfuerzos internacionales para la inmunización internacional, lo que provocó que la pandemia durara más y que aumentaran las muertes que pudieron evitarse.
Los vecinos y amigos lanzaban recomendaciones en sus redes sociales propiciando la toma de decisiones de los demás. En este punto se debe tener claro que es ético y responsable socialmente que las plataformas digitales y el aparato mediático verifiquen la información antes de difundirla.
Retomando las reflexiones de Yehya y Sartori sobre la saturación de información y el dominio de lo visual, los elementos que causan el debilitamiento del pensamiento crítico o su proceso racional se convierten en una herramienta que puede perpetuar estigmas sociales. Un caso particular es el de temas como el vih / sida, en torno al cual circula en medios de comunicación contenido científico sin sustento, lo que produce contenido de gran viralidad, pero sin ser veraz.
Esta es otra cara de la moneda, ya que muestra que la desinformación impacta en la percepción sobre las enfermedades y, aunado a ello, profundiza la desigualdad estructural en las poblaciones vulnerables. Lo anterior genera narrativas reduccionistas con etiquetas debido al miedo, el rechazo y la exclusión. Nace un estigma social a partir de esta desinformación que levanta un muro e impide la empatía y la solidaridad.
El compartir información falsa es un problema ético y epistemológico con efectos de gran impacto social; frente a esto, la divulgación científica debe dejar de ser un simple acto de informar por informar, y pasar a ser un acto de informar crítica y reflexivamente, que motive un pensamiento profundo en todo momento. Es decir, este debe ser el fin último al compartir información.
George Orwell, en una de sus obras más destacadas –1984- menciona que “quien controle el presente, controla el pasado, y quien controle el pasado controla el futuro”, con lo que destaca el poder de manipular la realidad y la verdad. Lo anterior resuena en nuestros días cuando la divulgación científica debe ser vista y defendida de manera pública ante toda la fuerza mediática actual.
De ahí que debemos replantear el papel de los medios de comunicación, ayudándolos a tener conciencia o una alfabetización de su labor en lo social, y sobre el impacto de la información, en la que la ciencia pueda enfrentar la desinformación desde una postura ética, un espacio mediático con rigor científico y, por ende, con una responsabilidad cultural y social.
Es importante pensar en una alfabetización mediática que promueva una sociedad capaz de diferenciar entre certeza o confusión, evidencia o manipulación. En cuanto tengamos una sociedad con la capacidad de diferenciar esto podremos esperar la transformación de la divulgación científica que buscará sembrar pensamiento crítico.
Adela Alba Leonel es doctora en Ciencias de la Salud, profesora de carrera titular “A” de la Facultad de Enfermería y Obstetricia, y profesora de asignatura “A” de la Facultad de Medicina; docente de pregrado y posgrado en ambas facultades. Ha realizado publicaciones nacionales e internacionales en revistas científicas y capítulos de libros. Su investigación se ha desarrollado en hipertensión arterial, diabetes mellitus, fármaco-epidemiología, automedicación, acupuntura, prescripción, COVID-19, enlace de turno, cuidado de la salud mental e inteligencia artificial en salud. Miguel Ángel Mejía Argueta es egresado de la Licenciatura en Informática de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM; cuenta con las maestrías en Administración de Organizaciones y en Prácticas Educativas Innovadoras, y el doctorado en Educación. Tiene 20 años de experiencia en actividades de alta especialización en diversas áreas de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, tales como acervos digitales, bases de datos y herramientas de Inteligencia Artificial. Felipe Antonio Popoca Soto es estudiante del doctorado en educación; es director de nivel medio superior y ha liderado la Fundación Don Bosco en Emiliano Zapata, Morelos, gestionando recursos y creando ambientes laborales saludables. Coordina proyectos de docencia en humanidades, incluyendo filosofía y ética; está certificado en educación para la paz y como tercera parte neutral.
Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.
Referencias:

El encuentro entre Trump y Petro rebajó tensiones y reabrió el diálogo tras una etapa conflictiva, aunque sin que hubiera nuevos compromisos formales.
La reunión era muy esperada y llegó precedida de episodios de tensión.
Tras meses de cruces verbales, advertencias públicas y desconfianza mutua, Gustavo Petro y Donald Trump se encontraron finalmente en la Casa Blanca este martes.
Semanas atrás, Trump llamó a Petro narcotraficante, le advirtió de que “debía cuidarse” y llegó a afirmar que le “sonaba bien” una acción militar en Colombia similar a la emprendida en Venezuela.
El presidente colombiano, por su parte, acusó a Estados Unidos de violar la soberanía colombiana y matar a gente inocente en sus operaciones antidroga.
Previamente, Estados Unidos había revocado el visado de Petro después de que este pidiera a los soldados estadounidenses que desobedecieran a Trump en un mitin propalestino en Nueva York.
En ese contexto, el encuentro de este martes -que se prolongó cerca de dos horas a puerta cerrada- acercó a los dos mandatarios, que intercambiaron gestos de cordialidad.
Petro salió de Washington con su imagen reforzada y una relación aparentemente más fluida con Trump, aunque sin avances concretos.
El primer logro tangible para Petro fue acabar con la tensión de una relación que, hasta hace poco, parecía al borde de la ruptura.
Las imágenes difundidas por la Casa Blanca y la presidencia colombiana mostraron a ambos mandatarios sonrientes, sentados juntos en el Despacho Oval y acompañados de sus principales colaboradores.
“Nos entendimos muy bien”, afirmó Trump en unas breves declaraciones tras la reunión, en las que admitió que él y Petro “no eran los mejores amigos” pero afirmó que el encuentro fue cordial y no se sintió insultado.
También mencionó que debatieron sobre un acuerdo relativo al narcotráfico, aunque no dio detalles.
“Estamos trabajando en ello”, indicó, y agregó que ambos hablaron sobre “sanciones” sin especificar en qué sentido.
Petro, por su parte, afirmó tras el encuentro que le “gustan los gringos francos” y calificó como “positiva” su impresión tras citarse con Trump.
“La impresión que tengo de una reciente reunión de hace unas horas es positiva, en primerísimo lugar. Esa es la realidad”, declaró al iniciar su conferencia de prensa en la embajada de Colombia.
En una reflexión más política, reconoció que ni él ni Trump habían cambiado de postura en muchos temas, pero defendió el diálogo como vía para recomponer la relación.
“Un pacto no es entre hermanos gemelos. Un pacto es entre contradictores que pueden encontrar los caminos de una hermandad humana”, aseveró.
Este cambio de tono se considera un punto de inflexión en una relación que vivió meses de fuertes choques, especialmente después de que Petro denunciara lo que llamó un “genocidio” en Gaza durante una visita a Nueva York.
Petro indicó, sin embargo, que no se puede dialogar bajo amenazas, en referencia a las sanciones que ha recibido de Washington.
“Yo estoy en la lista OFAC (de sanciones del Departamento del Tesoro estadounidense), en mi opinión, por lo que dije en Nueva York”.
Uno de los objetivos centrales de Petro era confrontar la visión de Washington sobre el narcotráfico en Colombia y defender la estrategia de su gobierno.
En 2025, por primera vez en tres décadas, Estados Unidos retiró a Colombia la certificación como socio estratégico en la lucha contra las drogas, alegando un aumento récord de cultivos de hoja de coca.
El presidente colombiano también sugirió que este martes hubo un entendimiento con el mandatario estadounidense en esta materia.
“Lo que dijo Trump en la reunión es que él no cree en sanciones. Y que él no las ve en este caso en particular. No las ve racionales. Y yo creo que tiene razón, es lo mismo que yo pienso”, declaró.
No detalló, sin embargo, si Washington volverá a certificar a Colombia en el futuro próximo.
Insistió en que su país no es responsable del consumo global de drogas: “Colombia no consume cocaína, los porcentajes son mínimos. Ni fentanilo, ni produce fentanilo”.
Por otra parte, Petro aseguró haber entregado a Trump una lista con los nombres de quienes considera los verdaderos líderes del narcotráfico.
“La primera línea del narcotráfico no es la que te imaginas”, sostuvo.
Aseguró que esos capos no operan en zonas rurales ni portan fusiles, sino que “viven en Dubái, en Madrid, en Miami” y manejan sus capitales fuera de Colombia.
Aunque no reveló nombres, afirmó que “los conocen las agencias de los Estados Unidos” y que deben ser perseguidos mediante una articulación internacional de inteligencia.
Para reforzar su argumento, citó operaciones recientes realizadas junto a la DEA y la inteligencia naval colombiana, que permitieron incautar 15 toneladas de cocaína en apenas dos días, incluyendo un submarino interceptado cerca de las Azores.
El viaje a Washington también deparó una lectura clave en la política interna colombiana.
Petro se juega la continuidad de su proyecto con la candidatura de Iván Cepeda en las elecciones presidenciales programadas para mayo frente a una oposición que lo acusa de haber puesto en riesgo la histórica alianza con Estados Unidos.
Durante meses, sectores opositores advirtieron que un gobierno de izquierda podía aislar a Colombia de su principal socio estratégico en seguridad y economía.
Sin embargo, el tono cordial del encuentro con Trump ofrece a Petro un buen argumento para desactivar ese relato.
Las imágenes de la reunión con ambos mandatarios sonrientes, las dedicatorias personales de Trump (“Un gran honor. Amo a Colombia” y “Eres genial”, escribió el mandatario estadounidense en sendas notas para Petro) y la ausencia de reproches públicos refuerzan la idea de que la relación bilateral sigue en pie pese a las diferencias ideológicas.
Analistas consultados por BBC Mundo señalaron que la relación entre Petro y Trump, así como el resultado de la reunión de este martes, podrían tener una influencia notable de cara a los comicios.
Pese a los numerosos gestos simbólicos, la reunión dejó más interrogantes que certezas.
No hubo anuncios de acuerdos concretos ni comunicados conjuntos, y varios de los temas más sensibles siguen pendientes.
Las sanciones personales contra Petro continúan vigentes y tampoco se aclaró si Estados Unidos reconsiderará su decisión de “descertificar” a Colombia en la lucha antidrogas.
En materia regional, Petro confirmó que hablaron sobre Venezuela y la posibilidad de una reactivación económica con apoyo de Colombia.
“Vimos cómo podría ser una reactivación de Venezuela con ayuda de Colombia, en su frontera, en su vecindad… y cuál es el papel de EE.UU.”, explicó.
Sin embargo, no se anunciaron pasos concretos ni cambios inmediatos en la política estadounidense hacia Caracas, o nuevas iniciativas de cooperación con Colombia en relación a Venezuela.
Tampoco se revelaron avances específicos sobre integración energética, seguridad fronteriza y cooperación contra el narcotráfico en el Caribe y el Pacífico.
Petro insistió en que el cierre de fronteras con Venezuela fue contraproducente: “Cuando se cerró la frontera, lo que más se comerció entre los dos países fue cocaína”, afirmó, defendiendo la apertura y el comercio legal como herramientas de estabilidad.
Al cierre de su conferencia de prensa, el mandatario colombiano aseguró haber pedido a Trump que desclasifique informes de la CIA sobre dos episodios clave de la historia de Colombia: el asesinato del precandidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán en 1948 y la toma del Palacio de Justicia en 1985.
Petro concluyó asegurando que en su país persiste un “genocidio” que continúa hasta hoy.
Así, el encuentro no sirvió para producir acuerdos tangibles pero sí rebajó tensiones y normalizó el diálogo entre los líderes de los dos países aliados.
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