
Diversos dilemas éticos que se presentan en el área de la salud tienen que ser resueltos desde la bioética. Esta disciplina tiene una enorme responsabilidad en nuestro país en las decisiones al final de la vida. Académicos e investigadores en el área de la bioética han impulsado estudios sobre la muerte médicamente asistida para abrir debates sobre la necesidad de atender este problema a nivel social, legal y ético.
Asimismo la Cámara de Diputados, a partir de su Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, ha realizado estudios sobre este tema y algunos diputados han elaborado propuestas dirigidas a legalizar la eutanasia. Una de las más recientes iniciativas de ley, realizada en el año 2020, fue propuesta por la diputada federal Ana Karina Rojo Pimentel, quien buscó reformar y adicionar diversos artículos a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal. Esta iniciativa se centra en establecer el derecho a la dignidad humana, al libre desarrollo de la personalidad y a la creación de elementos legales para permitir acceder a una muerte digna, a partir de la eutanasia en el caso de personas en fase terminal de una enfermedad, sin mejoría porque ya no existen tratamientos y presentan sufrimiento físico y emocional, lo que afecta tanto al paciente como a la familia. La iniciativa quedó pendiente de dictamen en comisiones unidas de Salud y Justicia.
En 2022 se llevó a cabo la Semana Nacional de la Eutanasia, evento organizado por el Programa Universitario de Bioética de la UNAM y la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados. La doctora Paulina Rivero Weber señaló que “Legislar al respecto es un asunto de justicia social, debe ser una opción para todos”. Añadió que actualmente se aplica, aunque no esté legislada, y acceden a ella quienes tienen recursos económicos para pagar un hospital privado o para viajar a otro país a realizar el proceso.
Las personas que padecen enfermedades crónicas degenerativas avanzadas sufren dolores insoportables o falta de aire (disnea) que se va agudizando en los últimos días de vida; es decir, en la agonía que puede prolongarse varios días. Reflexionar sobre cómo queremos morir o cómo no queremos vivir es una cuestión que los médicos, legisladores y la sociedad en general deberían atender; es un tema que tiene que cobrar relevancia. Las personas de escasos recursos económicos son las que más sufren por la falta de información sobre su derecho a decidir sobre el final de su vida y el acceso a medicamentos para poner fin a su sufrimiento.
Actualmente, el tema de la eutanasia ha generado interés a partir de la Ley Trasciende impulsada por la activista Samara Alejandra Martínez Montaño, quien padece una enfermedad en etapa terminal. Su voz se ha escuchado y ha llevado ante el Congreso su petición. Lo que plantea esta Ley es que las personas decidan sobre el final de su vida, y está dirigida a personas mayores de edad, con enfermedades crónico-degenerativas avanzadas y sin posibilidad de curación, respetando la autonomía y la objeción de conciencia.
Respecto a los cambios a la Ley se tiene que considerar el Artículo 166 Bis de la Ley General de Salud en el que se prohíbe la eutanasia:
Artículo 166 Bis 21. Queda prohibida la práctica de la eutanasia, entendida como homicidio por piedad, así como el suicidio asistido conforme lo que señala el Código Penal Federal, bajo el amparo de esta ley. En tal caso se estará a lo que señalan las disposiciones penales aplicables.
Además, se tienen considerados cambio en los artículos 312 y 313 del Código Penal Federal, que establecen el delito de auxilio o inducción al suicidio. Realizar los cambios adecuados a las leyes que respaldan la eutanasia permitirá que se aplique con medidas rigurosas para que no existan abusos y se respeten las decisiones de los enfermos por parte de los profesionales de la salud y de la familia.
Algunas personas detractoras de esta propuesta piensan que la eutanasia es homicidio, por lo que es necesario implementar campañas de difusión en las que se explique, de manera sencilla, lo que es la eutanasia y el respeto a la autonomía de cada persona en particular; es decir, que si una persona es diagnosticada con una enfermedad crónica no significa que pueda aplicarse la eutanasia. Se aplicará, si es su deseo, estrictamente cuando la enfermedad haya avanzado y se sufra de dolores o síntomas refractarios que ya no puedan tratarse.
En nuestro país los cuidados paliativos han avanzado, pero aún existen síntomas de difícil manejo que impiden que se tenga una vida digna, por eso es un derecho de los enfermos decidir cuándo ya no desean vivir. Sería importante que los legisladores del área de la salud realizaran trabajo de campo en diversos hospitales, específicamente en el área de cuidados paliativos, para que tuvieran un acercamiento a la realidad que viven los enfermos en fases avanzadas de una enfermedad.
* Norma Alicia Ordóñez Vázquez es doctora y maestra en Ciencias de la Salud en Salud Mental Pública, por el posgrado de la Facultad de Medicina, y licenciada en Psicología por la Facultad de Psicología, ambas de la UNAM. Su desempeño e interés están en la investigación social y de la salud. Ha incursionado en la docencia en el nivel medio básico, medio superior y superior. Realizó una estancia posdoctoral en el Programa Universitario de Bioética. Actualmente está participando en una investigación sobre la muerte digna en enfermos en etapa terminal como parte de una estancia posdoctoral con la doctora Elyse Singer en la Southern Methodist University.
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El contorno dibujado con plantilla de una mano hallado en la isla indonesia de Sulawesi rebate la idea de que el arte abstracto nació en Europa durante la Edad de Hielo.
La silueta de una mano pintada en negativo en la pared de una cueva en la isla indonesa de Sulawesi es la pintura rupestre más antigua que se conoce en el mundo, según un equipo de investigadores.
La pintura muestra el contorno rojo de una mano cuyos dedos fueron modificados, explican, para crear una apariencia similar a la de una garra, lo que indica un salto temprano en la imaginación simbólica.
La pintura data de hace al menos 67.800 años, unos 1.100 años antes del registro anterior, un controvertido estarcido de una mano hallado en España.
El hallazgo también refuerza el argumento de que nuestra especie, el Homo sapiens, había llegado a la extensa masa continental de Australia y Nueva Guinea, conocida como Sahul, unos 15.000 años antes de lo que algunos investigadores sostienen.
Durante la última década, una serie de descubrimientos en Sulawesi ha desmentido la antigua idea de que el arte y el pensamiento abstracto de nuestra especie surgieron repentinamente en la Europa de la Edad de Hielo y se extendieron desde allí.
El arte rupestre se considera un indicador clave del momento en que los humanos comenzaron a pensar de forma verdaderamente abstracta y simbólica: el tipo de imaginación que sustenta el lenguaje, la religión y la ciencia.
Las primeras pinturas y grabados muestran a personas no solo reaccionando al mundo, sino representándolo, compartiendo historias e identidades de una manera que no se conoce en ninguna otra especie.
El profesor Adam Brumm, de la Universidad Griffiths de Australia, quien codirigió el proyecto, declaró a BBC News que el último descubrimiento, publicado en la revista Nature, refuerza la idea emergente de que no hubo un despertar de la humanidad en Europa.
En cambio, la creatividad era innata a nuestra especie, y sus pruebas se remontan a África, donde evolucionamos.
“Cuando fui a la universidad a mediados y finales de los 90, eso era lo que nos enseñaban: la explosión creativa en los humanos se produjo en una pequeña parte de Europa. Pero ahora observamos rasgos del comportamiento humano moderno, incluido el arte narrativo, en Indonesia, lo que dificulta mucho sostener ese argumento eurocéntrico”.
El arte rupestre español más antiguo es una mano roja en la cueva de Maltravieso, en el oeste de España, que data de hace al menos 66.700 años, aunque este hecho es cuestionado y algunos expertos no creen que sea tan antiguo.
En 2014, se encontraron en Sulawesi siluetas de manos en negativo y figuras de animales que datan de al menos 40.000 años, seguidas de una escena de caza de al menos 44.000 años, y posteriormente una pintura de un cerdo y un humano que data de al menos 51.200 años.
Según el profesor Maxime Aubert, de la Universidad Griffiths, cada paso hizo que la creación de imágenes sofisticadas retrocediera aún más en el tiempo.
“Partimos de una edad mínima de al menos 40.000 años, la misma que en Europa, pero al acercarnos al pigmento hemos retrocedido con el arte rupestre de Sulawesi al menos otros 28.000 años”.
El último descubrimiento proviene de una cueva de piedra caliza llamada Liang Metanduno en Muna, una pequeña isla al sureste de Sulawesi. Fue pintada con aerosol: un antiguo artista del grafiti presionaba la mano contra la pared de la cueva y luego soplaba o escupía un poco de pigmento alrededor de ella, de modo que, al retirar la mano, quedaba un contorno negativo sobre la roca.
Tras analizar las finas costras minerales que se habían formado sobre las obras, se descubrió que tenían una antigüedad mínima de 67.800 años, lo que la convierte en el arte rupestre más antiguo del mundo con una datación fiable.
Lo más importante es que el artista hizo más que simplemente rociar pigmento alrededor de una mano presionada contra la pared, afirman los investigadores.
Tras la creación del estarcido original, los contornos de los dedos se modificaron cuidadosamente, estrechándolos y alargándolos para que parecieran garras; una transformación creativa que, según Brumm, es “algo muy propio de nosotros”.
El científico señala que no existían pruebas de esa experimentación en ninguna de las obras de arte producidas por nuestra especie hermana, los neandertales, en sus pinturas rupestres en España hace unos 64.000 años. Incluso esto es objeto de un intenso debate, ya que algunos investigadores cuestionan el método de datación.
Hasta este último descubrimiento en Muna, todas las pinturas de Sulawesi provenían del karst de Maros Pangkep (una zona famosa por sus impresionantes acantilados de caliza, con cientos de cuevas con arte rupestre prehistórico), en el suroeste de la isla.
El hecho de que esta plantilla, mucho más antigua, aparezca al otro lado de Sulawesi, en una isla satélite distinta, sugiere que la creación de imágenes en las paredes de las cuevas no fue un experimento local, sino algo profundamente arraigado en las culturas que se extendieron por la región.
Brumm afirma que años de trabajo de campo realizado por colegas indonesios han revelado cientos de nuevos yacimientos de arte rupestre en zonas remotas, con algunas cuevas utilizadas repetidamente durante decenas de miles de años.
En Liang Metanduno, otras pinturas mucho más recientes en el mismo panel -algunas realizadas hace unos 20.000 años- muestran que esta cueva fue un foco de actividad artística durante al menos 35.000 años.
Dado que Sulawesi se encuentra en la ruta marítima del norte entre Asia continental y la antigua Sahul (un macrocontinente que abarcaba en el Pleistoceno lo que hoy es Australia continental, Tasmania, Nueva Guinea y varias islas adyacentes), las fechas tienen implicaciones directas para determinar cuándo llegaron los antepasados de los aborígenes australianos.
Durante años, la opinión predominante, basada principalmente en estudios de ADN y la mayoría de los yacimientos arqueológicos, fue que el Homo sapiens llegó por primera vez a Sahul, hace unos 50.000 años.
Sin embargo, con pruebas sólidas de que el Homo sapiens se asentó en Sulawesi y creó arte simbólico complejo hace al menos 67.800 años, es mucho más probable que la cuestionada evidencia arqueológica de la presencia de humanos en el norte de Australia hace unos 65.000 años sea correcta, según Adhi Agus Oktaviana, de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Indonesia (BRIN)
“Es muy probable que quienes realizaron estas pinturas en Sulawesi formaran parte de una población más amplia que posteriormente se extendería por la región y finalmente llegaría a Australia”.
Muchos arqueólogos defendieron en su día un Big Bang europeo de la mente, ya que pinturas rupestres, grabados, ornamentos y nuevas herramientas de piedra aparecen a la vez aparentemente en Francia y España hace unos 40.000 años, poco después de la llegada del Homo sapiens.
El espectacular arte rupestre de la Edad de Hielo en lugares como Altamira y El Castillo alentó la idea de que el simbolismo y el arte surgieron casi de la noche a la mañana en la Europa de la Edad de Hielo.
Desde entonces, ocre grabado, cuentas y marcas abstractas de yacimientos sudafricanos como la cueva de Blombos, de entre 70.000 y 100.000 años de antigüedad, han demostrado que el comportamiento simbólico ya estaba establecido en África mucho antes.
Junto con pinturas figurativas y narrativas muy antiguas de Sulawesi, se está formando un nuevo consenso: que existía una historia de creatividad mucho más profunda y extendida, declaró Aubert a BBC News.
“Eso indica que los humanos habrían tenido esa capacidad durante mucho tiempo, al menos cuando salieron de África, pero probablemente antes”.
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