
Los biólogos Laura Ortíz Hernández y Enrique Sánchez Salinas eran inseparables. Estudiaron juntos en la misma preparatoria, se graduaron como biólogos en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), se casaron, formaron una familia y destacaron como ecologistas y académicos.
Su secuestro y asesinato consternó a la comunidad científica no solo de Morelos sino también de América Latina, pues formaban parte de redes dedicadas a la sustentabilidad en México y Latinoamérica, el Caribe y España. Eran parte del comité organizador de la Cátedra de la Unesco, Cambio Climático, de la UAEM.
Ambos eran reconocidos académicos. Laura doctora en biotecnología y Enrique maestro en ciencias. Él fue director de la facultad de ciencias biológicas. Desarrollaron a lo largo de sus carreras líneas de investigación similares y escribieron libros juntos sobre cambio climático, contaminación urbana y sustentabilidad.
“Uno no podía ver a Laura sin Enrique y a Enrique sin Laura. Siempre, siempre juntos. Yo les decía, oigan, ya sepárense tantito, ¿no?”, recuerda en entrevista su excompañero Fernando Mendoza de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM).
“Espero que sigan juntos donde estén, como siempre”, agrega el psicólogo.
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Fernando recuerda a Enrique, a quien conoció cuando era todavía un niño, como un hombre crítico, de izquierda, comprometido con las luchas sociales, aguerrido y siempre vestido con pantalón de mezclilla, con botas tipo minero, con camisa de cuadros y sombrero.
Durante el movimiento Por la Paz con Justicia y Dignidad en 2011, que encabezó el poeta Javier Sicilia, Enrique era el fotógrafo oficial, dice Fernando. También participó en marchas de grupos sindicales de académicos y en las que organizaban madres en busca de desaparecidos.
“Siempre anduvo con su cámara tomando algunas fotos de marchas”, cuenta Fernando.
A Laura, a quien conoció cuando cursaba la preparatoria y luego coincidieron en la UAEM, la recuerda como una mujer sencilla, tranquila, dedicada a sus estudios y muy crítica en el sentido académico.
“Hombre duro, terco, pero con un enorme sentido del humor y amistad, ella atenta, brillante en su actuar y dura en el decir. Compañeros de grandes batallas, siempre juntos viajando amorosamente”, los recordó Fernando con unas líneas.

Laura creó el primer proyecto en la universidad sobre desarrollo sustentable, fue impulsora del Programa de Gestión Ambiental Universitario (PROGAU) de la UAEM.
Enrique y Laura estaban jubilados, viajaban y crearon la asociación civil Misión Sustentabilidad México (MiSuMex). El pasado 9 de septiembre fueron víctimas de un secuestro en Chamilpa, Cuernavaca, cerca del campus de la UAEM. Extraoficialmente, se difundió que su familia habría pagado el rescate, pero no regresaron a casa. Se presume que sus cuerpos fueron hallados 37 días después en un paraje entre Huitzilac y Topilejo.
Las autoridades de Morelos no han confirmado oficialmente que los cuerpos que se encontraron sean de los biólogos. Sin embargo, la ropa de las personas halladas coincide con la que portaban. Las autoridades se encuentran a la espera de las pruebas de ADN para determinar su identidad.
La Fiscalía General del Estado de Morelos informó que detuvieron a tres personas por otro secuestro, y estarían relacionadas con el plagio de los biólogos.
La UAEM condenó el caso de Laura y Enrique, y la comunidad científica expresó su consternación.
Iván Martínez Duncker, investigador del Centro de Investigación en Dinámica Celular de la UAEM, escribió un mensaje en su memoria, en el que destacó que ambos enseñaban a “pensar en un mundo mejor” y por ello pidió hacer una reflexión, y “proteger la universidad pensante y crítica”.
“Les pienso desde la universidad rebelde que no esconde verdades por una quincena, porque la verdad está por encima de todo y es solo la verdad la que nos liberará del horror del mal. Laura y Enrique, los extrañamos. Les recordaremos con trabajo universitario a favor de México”, escribió.
El médico Mario Rojas Alba, excandidato a gobernador de Morelos, escribió que fueron sus pacientes y camaradas, y relató que los conoció desde que eran estudiantes “cuando salíamos al campo morelense para estudiar y recolectar plantas medicinales”.
“Qué tristeza y qué rabia que esto pase”, lamentó.


BBC Mundo conversó con dos latinoamericanos que viven en Medio Oriente. Tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre del sábado, cuando empezaron a caer los misiles.
Una ruidosa alarma en su teléfono celular sobresaltó a la periodista venezolana Ibis León Malave en la tarde del sábado, mientras estaba descansando en su casa en una zona residencial en el centro de Qatar.
“De inmediato es angustiante porque suena como un alarma de incendios”, le contó Ibis a BBC Mundo. “Llega a todos los celulares con indicaciones e información oficial de las autoridades”.
La alarma se lanzó en repuesta al operativo militar conjunto que Estados Unidos e Israel lanzaron este fin de semana contra Irán, en el que murió el líder supremo del país, Alí Jamenei.
Los países del Golfo Pérsico activan sus alarmas para prevenir muertes civiles en sus territorios, ya que su cercanía diplomática con EE.UU. los ha convertido en objetivos de los ataques del ejército de Irán.
Ese mismo sistema se activó también el sábado, a casi 600 km de distancia, en Emiratos Árabes Unidos. Pero cuando el guatemalteco José Basilea la recibió, ya sabía lo que estaba pasando.
“Me di cuenta cuando los misiles entran al cielo emiratí y el ejército lo intercepta”, le dijo a BBC Mundo desde Abu Dhabi, donde vive hace poco más de 5 años. “Ese golpe, ese sonido es lo que se escucha como una explosión”.
“Entonces el sábado, eso es lo que se empezó a escuchar (…) y a través de videos me di cuenta de que, en efecto, hubo una explosión y que sí que hubo unos escombros que sí cayeron cerca de donde yo vivo, en la isla de Yaz”.
Ibis y José le contaron a BBC Mundo sus experiencias viviendo un momento histórico, en países que están en alerta por los ataques de Irán.
A pesar de la distancia que los separa, tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre tuvo lugar el sábado, cuando empezaron a caer los misiles.
“Después de recibir la alerta, como a los cinco minutos, empezamos a escuchar explosiones y sentimos la onda expansiva en la estructura del edificio”, le dijo Ibis a BBC Mundo.
“Muy leve porque, aunque la percepción y la sensación es que está cerca, no está ocurriendo tan cerca, pero todo sí tiembla: las puertas, las ventanas, sientes como la estructura del edificio se resiente un poco con estas explosiones”.
“De día solo se ve como una nube en el cielo, en el lugar donde interceptaron el misil”.
Ibis llegó con su esposo a Qatar buscando una nueva vida, lejos de la crisis política y económica de su país.
“Las personas me han parecido amables”, dijo, “y apenas llegué pude también contactar con una comunidad de hispanohablantes, lo que te permite no sentirte solo o tener la posibilidad de hablar también en tu idioma”
“Pero, por supuesto, con todo este conflicto, pues ahora nos queda simplemente esperar. Hay demasiada incertidumbre. Miedo también, por supuesto.”
José, por su parte, ha hecho una carrera en los países del Golfo, trabajando con el servicio diplomático de Guatemala, tanto en Dubái como en Abu Dhabi, gracias a lo cual, ya lleva 5 años viviendo en la región.
José recuerda que el sábado, las autoridades empezaron a usar los mensajes de emergencia para pedirle a la gente que se escondiera en los sótanos de los edificios.
Este tipo de experiencias son excepcionales en un país que está enfocado en convertirse en un hub internacional para el turismo y los negocios.
“Específicamente Abu Dhabi es una ciudad exageradamente tranquila, donde no pasa mucho,” explica José.
Eso es algo que hace mucho más alarmante los sonidos que atravesaron los cielos el sábado: “Son sonidos como hipersónicos o algo por el estilo donde se escucha un primer bombazo, pasa un tiempo y luego se escucha como como la ola”.
José recuerda que Emiratos Árabes Unidos no cuenta con un sistema de defensa antiaérea como el famoso Domo de Hierro de Israel -aunque las bases estadounidenses en los territorios del Golfo sí cuentan con sistemas similares-, algo que aumenta el riesgo.
Pero siente que la gente igual confía en las capacidades de las fuerzas armadas del país para defenderlos.
“Miedo, personalmente, yo no lo tengo”, cuenta José. “Sí hay preocupación, pero tanto Dubái como Abu Dhabi, como Emiratos Árabes Unidos en general, está teniendo una vida muy normal dentro de lo que cabe con la situación en la que estamos”.
Ibis ve lo mismo en los cataríes: “La sensación en general es que la gente tiene buen ánimo, confía en el sistema de defensa de Qatar y cree que va a ser algo temporal. Tienen la esperanza de que es algo que se puede resolver a corto plazo. Tratan de mantener la calma”.
Ambos concuerdan en que el sistema de alertas tempranas de ambos gobiernos ha funcionado de manera eficiente, y que los servicios, por lo menos en las zonas donde ellos están, se han mantenido activos.
“Por una parte, con las alarmas, hay como una sensación de alivio porque las autoridades están allí indicándote qué hacer,” explica Ibis. “Pero, por otro lado, es ver cómo me protejo realmente, porque estar dentro de mi casa es la única garantía de seguridad”.
Algo le queda claro a José, luego de contar su experiencia del sábado a BBC Mundo: “Si tú me preguntas dónde está mi casa, para mí es Emiratos Árabes Unidos”.
“Entonces, uno no tiene que estar con un país que le ha dado tanto solo en las buenas y en los momentos de alegrías y de fiestas y de comidas y demás, sino en los momentos donde el país necesita que exista esa estabilidad”.
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