
A través de un pronunciamiento titulado ‘El privilegio sobre la necesidad’, el colectivo de búsqueda Sabuesos Guerreras cuestionó el uso de fondos que deberían estar destinados a los sectores más vulnerables, utilizados para financiar la atención del diputado Sergio Torres Félix, víctima de un ataque armado en Culiacán, Sinaloa, junto a la también legisladora Elizabeth Montoya Ojeda.
La organización calificó como una “bofetada” y un “acto de ética y administrativamente indefendible” que la Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas de Sinaloa destine recursos públicos para cubrir los gastos médicos del político Torres Félix, en una institución privada.
El colectivo señaló el marcado contraste entre el trato recibido por el político y la situación crítica que enfrenta un ciudadano común víctima de la violencia, quien es canalizado al Instituto Mexicano del Seguro Social Bienestar, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado y el Hospital General, donde debe lidiar con carencias, espera y saturación.

El comunicado señaló que, al enviarlo a un hospital privado con cargo al fondo de víctimas, el Estado admite implícitamente que la salud pública que ellos mismos administran no es digna o suficiente, pero sí para el resto de la población.
Para Sabuesos Guerreras, cada peso que la Comisión paga a una clínica privada por la atención de un político representa un recurso que se le arrebata directamente a quienes viven en la precariedad debido a la violencia.
Entre los afectados mencionaron a las madres buscadoras que no tienen para el combustible de sus brigadas, huérfanos de la violencia que esperan becas escolares básicas y víctimas de desplazamiento forzado que subsisten en condiciones deplorables.
La organización advirtió que la Ley de Víctimas fue creada para proteger al desvalido y no para transformarse en una herramienta de privilegio o un seguro de gastos médicos mayores para la élite política.
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En ese sentido, exigieron a la Comisión demostrar la legitimidad de este pago mediante el esclarecimiento de tres puntos clave que son: ¿Bajo qué calidad de víctima fue registrado el político?; ¿Se cumplió con el estudio socioeconómico que se exige a cualquier ciudadano común? y ¿Hubo un hecho victimizante real que justificara la intervención de esta caja de emergencia?.
El colectivo denunció que el uso de instituciones de justicia social como caja chica de la clase política erosiona la confianza ciudadana y podría constituir un posible desvío de recursos o tráfico de influencias.
Finalmente el colectivo compartió que la política debe servir para proteger el derecho a la salud de todos, no para que el Estado pague facturas privadas de quienes han vivido del presupuesto público por años.
Esta nota se publicó originalmente en Noroeste.

La presentación de Benito Martínez Ocasio en el show de medio tiempo del Super Bowl el domingo estuvo marcada por mensajes y símbolos que evocaban la cultura latina y puertorriqueña. La bandera tuvo un rol destacado.
“Aquí mataron gente por sacar la bandera, por eso yo la llevo donde quiera”.
Bad Bunny se tomó muy en serio este verso de su canción “La MuDANZA” cuando el domingo, durante el show de medio tiempo del Super Bowl, ondeó con orgullo la bandera de Puerto Rico en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.
Lo hizo ante la mirada de millones de personas en todo el mundo, cantando casi por completo en español y en el momento en que denunciaba los constantes cortes de luz que sufren los puertorriqueños en la isla.
El artista suele ofrecer presentaciones meticulosas, donde cada detalle está calculado, y esta ocasión no fue la excepción.
“La bandera puertorriqueña no es solo un símbolo de afirmación nacional; también es una herramienta de resistencia frente al colonialismo”, sostuvo el historiador Jorell Meléndez-Badillo en un artículo de 2019.
Al interpretar su éxito “El apagón”, rodeado de una escenografía que aludía al maltrecho sistema eléctrico boricua, Benito Martínez Ocasio empuñó una versión muy específica de la monoestrellada: la azul celeste.
Dicha variante del diseño está vinculada al movimiento independentista puertorriqueño y, en general, a quienes buscan marcar una diferencia cultural con la estadounidense.
Sin embargo, la bandera oficial es la azul oscuro, adoptada en 1952, cuando se creó el Estado Libre Asociado, la forma de gobierno propio con poderes limitados aprobada por el gobierno de EE.UU. para Puerto Rico.
Esa fue la versión que en 2020 Jennifer Lopez, al presentarse junto a Shakira, también usó en el show del medio tiempo del Super Bowl.
La cantante sorprendió entonces al público al abrir su vestuario decorado con la bandera estadounidense para revelar en su interior la boricua.
Pero, más allá del debate del color, la bandera de la isla guarda una historia de persecución que es la que el artista expone en su música.
La bandera puertorriqueña fue diseñada en 1895 por Antonio Vélez Alvarado, un periodista y político que militaba en el Comité Revolucionario de Puerto Rico, grupo de boricuas que, a su vez, formaba parte del Partido Revolucionario Cubano.
El partido, fundado por José Martí en Nueva York, buscaba la independencia de Cuba y Puerto Rico, las últimas dos colonias españolas en América.
Con la intención de mostrar unidad, al diseñar la bandera puertorriqueña el periodista se inspiró en la cubana, pero invertida: franjas rojas y blancas, triángulo azul y estrella blanca.
La bandera boricua fue presentada al propio Martí en una cena, según el historiador puertorriqueño Joseph Harrison Flores en entrevista con el diario El Nuevo Día.
“Las dos islas… juntas han de salvarse o juntas han de perecer”, habría dicho el escritor y revolucionario, según los documentos estudiados por el autor de “Historia de la bandera puertorriqueña: del conflicto a la certeza”.
Hay historiadores que afirman que el azul de aquella primera versión era celeste y estaba inspirado en la bandera del Grito de Lares, un alzamiento de puertorriqueños contra España que tuvo lugar en el municipio de Lares, en el centro de la isla, en 1868.
Pero Harrison Flores argumenta que, en realidad, era azul oscuro y que años más tarde los grupos independentistas fueron quienes cambiaron su tono.
Mientras que Cuba alcanzó la independencia que deseaban los exiliados en Nueva York, Puerto Rico fue cedido a EE.UU. al final de la guerra hispanoamericana en 1898.
Décadas después, en 1948 y con la intención de sofocar los movimientos independentistas, el gobierno local de Puerto Rico aprobó la Ley 53 o la Ley de la Mordaza.
Esta disposición coartaba la libertad de expresión, prohibía apoyar públicamente la independencia, imprimir información relacionada o participar en algún grupo con esta inclinación.
Y, por supuesto, hacía ilegal poseer, exhibir o incluso tener en el hogar una bandera de Puerto Rico.
La pena por violar la ley podía ser de hasta 10 años de cárcel.
Fue derogada en 1957, pero sus efectos culturales y psicológicos persisten y aún son motivo de discusión en Puerto Rico.
Por eso no es casualidad que Bad Bunny insista en este símbolo, no solo en “La MuDANZA”, sino también en “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”:
“No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai/Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái“.
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