
Nueva York. – La cañita, conocida también como pitorro, ron caña o ron clandestino, es un licor artesanal de caña de azúcar, tradicional y de muy alto grado alcohólico, típico de Puerto Rico. Aunque históricamente ilegal, es un símbolo cultural curado con frutas, usado en el coquito y celebraciones.
Hoy en día ya se puede conseguir cañita de forma legal, aunque poco común y quienes lo hayan probado sabrán que –tal como los latinos– tiene un sabor intenso pero maravilloso. Sin embargo, hablar de cañita va más allá del sabor, trata de legado, cultura y resistencia, por eso no sorprende que Bad Bunny no pudiera perder la oportunidad de tomarse un shot de cañita en casa de Toñita durante el show de medio tiempo del Super Bowl.

En el video “NUEVAYoL” el conejo malo ya había mostrado como entre invitados bailando salsa, en una boda estilo los años 70 aparece ella: María Antonia “Toñita” Cay. En un gesto íntimo, le muestra a la novia sus anillos, mismos que usa a diario y que se han vuelto parte de su identidad. No dice una sola palabra, pero al igual que en el Super Bowl, su aparición habla por sí sola.

Cay es dueña y fundadora del Caribbean Social Club o Toñitas, como lo llamamos los clientes frecuentes, el último club social latino en Williamsburg: un barrio de Brooklyn, Nueva York que durante muchos años se caracterizó por su población latina pero que gracias a la gentrificación poco a poco se ha visto desplazada.
“Yo pienso que Benito menciona a mami porque mami es símbolo de resistencia en los Estados Unidos, mami es símbolo de ser una mujer fuerte y dominante en esos años cuando ella creo ese espacio eso no existía, ver a una mujer frente a un negocio y resistencia de la mujer… demuestra el amor que ella le tiene a la diáspora igual que él lo demostró en el Super Bowl”, cuenta Silvia Pérez hija de Maria Antonia.

Durante décadas, Williamsburg fue hogar de puertorriqueños y dominicanos, principalmente. Pero la transformación llegó. Desde los años 90, el proceso de gentrificación fue avanzando sin freno. Según un estudio del NYU Furman Center, entre 1990 y 2014 el valor del alquiler en Williamsburg se disparó un 78%.
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En el mismo periodo, la población blanca no hispana casi se triplicó, y la latina disminuyó más de un 30%. La llegada de artistas, galerías y proyectos inmobiliarios desplazó familias, cerró bodegas, y convirtió el barrio en un escenario de Airbnb y brunches con vista al skyline de Manhattan.
Toñita no es solo un personaje del barrio: es la historia viva de lo que fue y lo que todavía, contra todo pronóstico, sigue siendo.

Cay migró de Puerto Rico a Nueva York en su adolescencia, se ganaba la vida como niñera y desde joven se involucró en los equipos locales de béisbol en Williamsburg. “Se necesitaba un espacio, teníamos un equipo de beisbol, y necesitábamos un espacio para cuando se acabaran los juegos venir a discutir después de los juegos” dice Cay.
Y ese espacio fue su casa.

Aunque el sueño del equipo de beisbol no pudo continuar porque, como Cay recuerda “no había muchos fondos, las cosas se pusieron caras, aumentaron los precios de los parques y de los réferis. Entonces decidimos dejar el beisbol y continuar como un Social Club”.

Con el tiempo, lo que comenzó como una sala de encuentro para un pequeño grupo se convirtió en un club social donde se sirve comida sin costo, se escucha salsa, se juega dominó y se habla español sin culpa.
Es de esos lugares en los que tienes que ser invitado porque una vez dentro se vuelven familia, “porque a veces que unos emigrantes van hablando con otros y dicen: ‘Allí la pasamos bien, allí estamos tranquilos’. Pues unos van trayendo los otros y si no hay comida, comemos y si nos entretenemos con el billar, hablamos con los otros y allí encontramos familia”, describe Maria Antonia.
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El Caribbean Social Club lo conocen muchos, pero no cualquiera, es de los que te enteras porque un buen amigo te lo recomendó incluso si eres Bad Bunny, “la relación con Bad Bunny inicia a través de René de Calle 13 que frecuentaba el club, y a través de Rene fue que se conectó Bad Bunny a mami para un Verano Sin ti”, agrega Silvia.
No es solo un “bar”: es un salón de memorias compartidas. No hay letrero comercial a la vista, no hay menú, no hay sistema de reservaciones. Pero sí hay arroz con habichuelas, sillas de plástico, ventiladores y fotografías de toñita y de quienes la han acompañado en las paredes. Lo que hay es comunidad, es historia y es hogar en una ciudad donde a veces los migrante nos sentimos como niños perdidos.
“Toñita trae muchas cosas buenas, te lo digo. Trae muchas cosas buenas a la comunidad, no aquí nada más, para todos, aquí hay comida gratis siempre. Los domingos le ofrecen comida a los homeless y a los necesitados… Son muchos, pero para todos alcanza. Tiene buen corazón”, cuanta Efraín Gonzáles alias “Gato”, cliente y amigo de Maria Antonia por más de 40 años.

¿Habrá algo más latino que la filosofía de mi casa es tu casa?
“Siempre ha sido mi casa, sí. Hace años que ya la tengo. Y aquí nos entretenemos, la pasamos bien. Vienen de todos los países, de todas las hablas latinas y americanas, inglesas e italianos, portugueses. Aquí viene todo el mundo, viene buscando un rinconcito”, cuenta Maria Antonia.

“Toñita” ha recibido múltiples ofertas para vender el edificio donde vive, y donde viven también amistades suyas desde hace más de 50 años. Sin embargo, aún con el reconocimiento popular no se libra de la narrativa antimigrante, el lugar ha sido blanco de campañas de desprestigio que incluso llegaron a corte en donde la comunidad respondió. Vecinas, músicos, artistas y migrantes latinos se plantaron para decir: Toñita se queda. No se trataba solo de proteger un negocio: se trataba de defender un lugar donde puedes existir sin pagar por ello, un espacio que valida la existencia de latinos y migrantes, un refugio frente al despojo.
“No diría que difícil, pero es trabajoso. Pero lo hacemos con mucho amor. Para mami eso es un hobby. Ella ama su espacio ama a todos los que visita espacio y igual yo ¿Verdad? Amo todo el amor que ha recibido durante todos estos años y todo el amor que sigue recibiendo de de todos”, cuenta Silvia.
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El álbum Nadie sabe lo que va a pasar mañana es quizá el trabajo más introspectivo, político y a la vez aclamado que Bad Bunny ha hecho por lo que no parece una sorpresa que hay sido la inspiración para su presentación en el Super Bowl. Habla del desarraigo, de la memoria, de la colonización y resistencia en Puerto Rico. Pero en NUEVAYoL, su atención se posa en la ciudad que ha sido símbolo de la migración en Estados Unidos: Nueva York. Allí, en medio del beat y el verso, aparece Toñita.
Benito lo dijo: “De aquí nadie me saca, de aquí yo no me muevo. Dile’ que esta es mi casa”, para quienes han sido desplazados una y otra vez, tener un lugar del cual sentirse parte siempre es una victoria y en ello Silvia coincide.
“Cada vez que yo escucho a uno de los comensales decir ‘wow me siento en la isla’ o ‘me siento en mi país’ o ‘me siento en mi cantito de mi tierra donde quiera que sea’. Guatemala, Colombia, México, Cuando hemos tenido tantas visitas de diferentes países que creo que eso eh es súper importante ¿Verdad? Y y creo que eso es lo que lleva a a ser el Caribbean el espacio tan importante que es” cuenta.
En un contexto en el que las redadas de inmigración están a la orden del día, en el que el discurso antimigrante se ha intensificado y en el que el escenario político promueve la gentrificación y el intervencionismo, el gesto de Bad Bunny no es casual.
“Yo pienso que el Caribbean es importante para los latinos y los migrantes porque es un espacio de amor donde todos son aceptados ¿Verdad? Aparte de que tenemos las cervezas y los tragos requete baratos. Yo pienso que se sienten en su casa” reflexiona Silvia sobre porque la aparición de su madre en el Super Bowl es solo el resultado de lo que el Caribbean lleva muchos años siendo.
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Bad Bunny podría haber elegido cualquier referencia “cool” de Nueva York, pero eligió a Toñita. La invitó al Super Bowl. La colocó en una escena que no es una anécdota o una forma de dar color al espectáculo: es una declaración política.

Con su presentación en el Super Bowl, Bad Bunny se unirá a otros latinos como Shakira o Gloria Estefan que han sido el artista central del espectáculo de medio tiempo, pero el Conejo Malo será el primero que hasta ahora ha grabado todos sus álbumes en español.
“¿Te imaginas un conejo malo? No. Por más malo que sea, lo vas a querer abrazar, yo me considero así”.
En 2016, Bad Bunny contaba en un podcast el origen de su nombre artístico: una foto de su niñez, en la que, vestido de conejo, miraba hacia la cámara con una sonrisa traviesa.
Para entonces era apenas conocido.
Diez años después, con “Debí Tirar Más Fotos”, su más reciente producción, hizo historia al ser el primer artista en ganar el Grammy a Mejor Álbum con un disco completamente en español.
Y a sus 31 años, este domingo cantará en el show de medio tiempo del Super Bowl, el evento deportivo más importante de EE.UU., con más de 120 millones de espectadores.
Siendo un adolescente desde su habitación en Vega Baja, un humilde pueblo costero del norte de Puerto Rico, Benito Antonio Martínez Ocasio subía canciones de trap a la plataforma SoundCloud y el mundo del estrellato le parecía lejano.
Trabajaba como empacador en un supermercado y no tenía conexiones en la industria. Su padre era conductor de camiones y su madre maestra de escuela.
“Yo no conozco a nadie en el mundo de la música”, decía. “No hay posibilidad de que vaya a comprar un pincho (una comida callejera) y me encuentre con Daddy Yankee”.
Sin embargo, no necesitó de ese encuentro fortuito con el rey del reguetón.
El pasado año, The New Yorker lo catalogó como “la mayor estrella del pop” y The New York Times aseguró que “ha reinventado el panorama de la música en español”.
Fue el artista más escuchado del mundo en Spotify en 2020, 2021, 2022 y 2025, por encima de figuras como Taylor Swift o Drake.
En 2024, su disco “Un verano sin ti” fue reconocido como el álbum más reproducido en la historia de dicha plataforma, cuando logró más de 15.000 millones de reproducciones, según Guinness Records.
Para Leila Cobo, codirectora de contenido de la revista musical Billboard, Benito redefinió la relación de los artistas latinos con la industria global e impregnó el género urbano con un nuevo sonido, gracias a sus inesperadas mezclas de ritmos urbanos y géneros autóctonos de América Latina.
En el proceso, se convirtió en una figura política que desafía la hipermasculinidad de la industria musical latina y aboga por la independencia de su isla, un territorio estadounidense sin poderes soberanos.
Es enero de 2025 y Bad Bunny se sienta en el set de Popcast, el programa de The New York Times, para conversar sobre “DtMF”, disco que recién estrenaba.
Intenta hablar en inglés, pero termina usando spanglish.
En Puerto Rico, pese a que su población tiene ciudadanía estadounidense, solo un 22% considera que habla inglés “muy bien”, según el Censo de EE.UU.
“Siempre supe que podía ser grande siendo puertorriqueño, con mi música, mi slang y mi cultura”, dice.
Con cada canción, “dibuja un mapa de Puerto Rico y el Caribe”, explica a BBC Mundo Albert Laguna, profesor que imparte un curso de Bad Bunny en la Universidad de Yale.
Los versos saltan del sexo explícito (“Safaera”) a lo romántico (“Baile inolvidable”), pero también denuncian los cortes eléctricos constantes de una isla con un sistema energético obsoleto (“El apagón”) o la gentrificación (“Lo que le pasó a Hawái”).
“Sus álbumes se sienten frescos, vibrantes e inclusivos; y cantar en español le da una autenticidad que perdería si persiguiera éxitos pop en otro idioma”, dice a BBC Mundo Mark Savage, corresponsal de música de la BBC.
“Su rico tono barítono transmite desprecio, desamor, ira o éxtasis con una claridad tan vívida que no te queda ninguna duda sobre su intención”, continúa.
Para los puertorriqueños, preservar el español es históricamente un símbolo de resistencia frente al desplazamiento de su cultura por la estadounidense.
En octubre, cuando anunció que cantaría en el Super Bowl, le avisó a quienes no hablan español que tenían “cuatros meses para aprender” el idioma.
Aquel joven que en sus primeras canciones se preocupaba más por las mujeres o el dinero, con los años tuvo un despertar político. Esto no solo se refleja en su música, llena de símbolos nacionales puertorriqueños, sino también en sus acciones.
Fue una de las caras visibles en las históricas protestas de 2019 en Puerto Rico y ha usado sus redes sociales para apoyar a políticos independentistas para gobernar la isla.
También ha criticado las redadas migratorias del gobierno de Donald Trump.
En la pasada ceremonia de los Grammy lanzó el mensaje “Fuera ICE” en referencia al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EE.UU.
Antes, en 2025, se había negado a incluir a EE.UU. en su gira por miedo a que ICE la usara para detener a migrantes.
Ese activismo también le ha valido críticas, sobre todo de sectores de la derecha norteamericana.
Al conocerse la noticia del Super Bowl, el propio Trump, que afirmó no saber quién es Bad Bunny, dijo que le parecía “absolutamente ridículo” que se le hubiera elegido para el show.
Es difícil medir si los esfuerzos de Bad Bunny tienen un impacto real en la política de EE.UU. con relación a Puerto Rico, comenta a BBC Mundo el sociólogo puertorriqueño Luis J. Cintrón, experto en medios y cultura latinoamericana.
Lo que sí está claro, argumenta, es la visibilidad que este artista le ha dado a la isla, típicamente fuera de la agenda mediática nacional, y que, sin soberanía ni relaciones bilaterales con otros países, depende de su cultura para llegar al mundo.
“Sin dejar de ser capitalista, se ha convertido en un símbolo de resistencia”, además de “un embajador de la cultura y la identidad puertorriqueña”, dice Cintrón.
Desde el inicio de su carrera, Bad Bunny sorprendía con el uso de colores vibrantes, estampados arriesgados y esmalte de uñas. Era una estética que contrastaba con lo que el género urbano dictaba.
Esa política del cuerpo se trasladó pronto a su música.
En temas como “Yo perreo sola” reivindicó el derecho de la mujer a disfrutar de su cuerpo sin compañía, mientras que en “Andrea” puso voz a las violencias que las mujeres enfrentan en su cotidianidad.
Alimentó esta fama con acciones como besarse con un hombre durante una presentación o denunciando en televisión nacional el asesinato de una mujer trans.
Sin embargo, hay expertos que dicen que se contradice constantemente.
Silvia Díaz Fernández, socióloga experta en medios por la Coventry University, advierte que los mensajes feministas de algunas canciones chocan con otras donde persisten ideas misóginas y la hipersexualización.
La académica sostiene en The Conversation que el artista “coquetea” con estéticas andróginas mientras en el fondo mantiene un sexismo.
Aun así, Bad Bunny se transformó en un icono de la moda capaz de dominar las pasarelas de la Met Gala de Nueva York y vestir de diseñadores exclusivos.
En sus apariciones más recientes, ha integrado símbolos del nacionalismo puertorriqueño como la pava, un sombrero típico de los campesinos de la isla durante la colonización española.
Según Leila Cobo, codirectora de Billboard, el gran impacto de Bad Bunny tiene que ver con haber convertido lo local y regional en un fenómeno de interés global.
El puertorriqueño se ha alejado de los ritmos usualmente sintéticos del reguetón para incorporar instrumentos reales y acústicos, así como guiños y homenajes a la cultura caribeña y de Puerto Rico.
En sus producciones mezcla el reguetón y el trap con ritmos como salsa, merengue, mambo, bossa nova o plena.
Sus letras, además, están llenas de referencias a los artistas que admira, desde el reguetón de Daddy Yankee hasta el orgullo afrocaribeño del sonero Ismael Rivera.
Con su presentación en el Super Bowl, Bad Bunny se unirá a otros latinos como Shakira o Gloria Estefan que han sido el artista central del espectáculo de medio tiempo, pero el Conejo será el primero que hasta ahora ha grabado todos sus álbumes solo en español.
Su show llega en un momento de grandes tensiones por el tema migratorio en EE.UU. y ante un público que no necesariamente entenderá sus canciones.
No lo ha necesitado para hacer giras mundiales con récords de ventas, lograr decenas de premios, hitos que nadie más ha logrado y conquistar a un público masivo, lo que le hace tener ya un lugar en la historia de la industria musical.
*Gráficos por Caroline Souza y reportería adicional de Lais Alegretti, del Equipo de periodismo visual de BBC News Mundo. Edición: Daniel García-Marco, Ana Pais y Carlos Serrano.
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