
El periodista Ernesto Martínez fue agredido y amenazado por agentes de la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa, mientras intentaba hacer una cobertura en la Maxipista Culiacán–Mazatlán, el pasado 19 de enero.
De acuerdo con la organización Artículo 19, dedicada a la defensa de la libertad de expresión, Martínez acudió a la Maxipista Culiacán–Mazatlán a cubrir un enfrentamiento entre los agentes y personas civiles, en donde murió una persona.
Cuando comenzó a grabar, los elementos de seguridad se le acercaron para exigirle que dejara de hacerlo. Ernesto Martínez, quien trabaja para el medio digital Los Noticierista, les dijo que es periodista y que estaba realizando su labor; sin embargo, los policías lo ignoraron y comenzaron a golpear su carro para exigirle que se bajara.
Al bajar del vehículo, los agentes comenzaron a agredirlo físicamente; lo tomaron del cuello y le rompieron su chaleco rotulado de trabajo. Además, le exigieron que les diera su celular.

Los policías le tomaron fotografías sin su consentimiento, acompañado de amenazas, según declaró a Artículo 19. Le dijeron que lo grababan “para ir por él a su casa”.
Ante estos hechos, la organización exigió a la Secretaría de Seguridad de Sinaloa atender su obligación nacional e internacional de respetar y proteger la labor de las personas periodistas, lo que implica también capacitar de manera sistemática a los agentes policiales sobre el derecho a la libertad de expresión y prensa.
Te recomendamos: “El acoso judicial es la nueva forma de censura”: Artículo 19 documenta 51 casos contra periodistas en lo que va del año
A la Vicefiscalía Especializada en Derechos Humanos, Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas del estado, que realice una investigación exhaustiva y diligente, de conformidad con el protocolo homologado de investigación de delitos cometidos contra la libertad de expresión.
Artículo 19 recordó que, de acuerdo con los Principios sobre Libertad de Expresión, las amenazas y la destrucción de materiales de los medios de comunicación constituyen una violación directa a la libertad de expresión; por tanto, es deber de los Estados prevenir e investigar estas agresiones.

A mediados de enero, la periodista María Luisa Ruíz fue detenida en el municipio de Santiago Miahuatlán, en Puebla, por presunta usurpación de funciones, luego que no acreditara el medio para el que labora, y grabara a los policías durante un operativo en la vía pública.
La reportera se encontraba en el centro de Santiago Miahuatlán, cuando comenzó a documentar con su teléfono una movilización policial. Elementos municipales se aproximaron para exigirle “acreditación” y cuestionar su labor; posteriormente, ordenaron su detención y la trasladaron en una patrulla a la comandancia pese a que les dijo en diversas ocasiones que era periodista y sólo estaba haciendo su trabajo.
De acuerdo con el testimonio recabado por Artículo 19, la periodista denunció jaloneos, empujones y golpes durante su ingreso a instalaciones municipales, así como amenazas de ser remitida al Ministerio Público.

Los seres humanos hemos intentado de muchas formas acercarnos al centro de la Tierra, pero ¿ hasta dónde hemos llegado y qué hay realmente allí abajo?
Muchas películas, libros y programas de televisión han elaborado teorías sobre lo que podría encontrarse en el centro de nuestro planeta.
Desde mundos subterráneos habitados por criaturas prehistóricas hasta civilizaciones humanas alternativas, las historias de ficción son tan fascinantes como aterradoras.
Pero la realidad es muy diferente a la ficción, y de hecho, aunque no hayamos llegado hasta el centro de la tierra, los seres humanos sí sabemos mucho sobre lo que hay bajo nuestros pies.
Entonces, ¿hasta qué profundidad hemos logrado llegar? ¿Y cómo sabemos lo que hay ahí abajo?
La Tierra está formada por cuatro capas principales.
Cada una de ellas es distinta, según la profesora Ana Ferreira, sismóloga de la University College de Londres.
“Tenemos la corteza, que es esta capa delgada y muy frágil donde todos vivimos”, explicó en el programa The Infinite Monkey Cage de BBC Radio 4.
La corteza terrestre es más delgada bajo el océano, pero puede alcanzar hasta 70 km de grosor bajo los continentes.
Debajo se encuentra el manto, de unos 3.000 km de espesor y compuesto por una roca llamada magma, que parece sólida a escala humana.
“Pero en realidad, a lo largo de millones de años, fluye”, explicó Ferreira.
Luego está el núcleo externo, formado principalmente por hierro y níquel líquidos, que genera el campo magnético terrestre.
El núcleo interno está compuesto de hierro y níquel sólidos, y es la parte más caliente de la Tierra, con temperaturas de hasta 5.500 °C.
El punto más profundo de la corteza terrestre al que ha llegado una persona es la mina de oro Mponeng, en Sudáfrica, a unos 75 km al suroeste de Johannesburgo. Se extiende hasta unos 4 km bajo la superficie.
Aunque ningún ser humano haya llegado físicamente más profundo, sí hemos utilizado perforadoras para ir aún más lejos.
El agujero hecho por el hombre más profundo del mundo es el pozo superprofundo de Kola, excavado por los soviéticos en el norte de Rusia y completado en 1992 tras casi 20 años de trabajo. Se adentra 12,2 km en el subsuelo.
Eso equivale a 27 edificios Empire State de Nueva York apilados uno sobre otro.
Aun así, representa apenas un tercio del grosor de la corteza terrestre en ese punto.
Excavar profundamente en la corteza terrestre es muy difícil por varias razones.
Cuanto más te adentras en la Tierra, más aumenta la temperatura.
La velocidad a la que se incrementa ese calor se conoce como gradiente geotérmico, y el promedio en la corteza continental es de 25 a 32 grados centígrados por kilómetro, según el geocientífico británico Chris Jackson.
La inmensa presión en las profundidades de la Tierra representa otro desafío.
Contrarrestar esa presión para mantener un pozo abierto es “algo increíblemente difícil de hacer”, afirmó Jackson.
Entonces, si no podemos avanzar mucho más allá de la superficie, ¿cómo estudiamos el resto del interior de la Tierra?
La respuesta es intrigante: las ondas sísmicas, vibraciones generadas por los terremotos que viajan a través de la Tierra.
Estas ondas adquieren propiedades distintas al atravesar diferentes materiales, lo cual puede medirse con sismómetros.
“Realizamos muchos análisis avanzados de datos y los modelamos para convertir esos registros en imágenes del interior de la Tierra”, explicó Ferreira.
Jackson describió esas imágenes como una especie de “tomografías computarizadas de la Tierra”.
Ambos expertos coincidieron en que estudiar las capas de la Tierra puede ayudarnos a comprender una gran variedad de aspectos de nuestro mundo, como los procesos detrás de los terremotos, los volcanes y la formación de montañas.
“En últimas, realmente necesitamos entender cómo funciona el manto”, dijo Ferreira.
Aprender sobre esto podría tener además aplicaciones indirectas, como ayudarnos a evaluar el potencial de la energía geotérmica, una forma de energía renovable que utiliza el calor del interior de la Tierra.
Ferreira también señaló que esta área de investigación podría ayudarnos a entender cómo ha evolucionado la Tierra a lo largo del tiempo e incluso quizá trasladar ese conocimiento a mundos más lejanos.
*Esta nota está basada en un episodio del programa The Infinite Monkey Cage, de BBC Radio 4.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.