
En México, mujeres, jóvenes y niñas se están quedando atrás en la formación de habilidades relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés). Si bien, la matrícula de mujeres en estas áreas ha incrementado en la última década, el ritmo es insuficiente y de continuar así y sin una estrategia integral, el país tardaría 37 años en alcanzar la paridad de género.
Desde 2015, cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Jóvenes y Niñas en la Ciencia con el propósito de reconocer las contribuciones de las mujeres en estos campos y sensibilizar sobre la necesidad de avanzar en STEM de la mano con la igualdad de género. Sin embargo, en el marco de esta fecha, un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) encontró que solo tres de cada 10 profesionistas en estas áreas son mujeres.
Esta subrepresentación no es solo un problema académico, sino una barrera económica: al quedar fuera de estos sectores, las mujeres corren el riesgo de ser excluidas de empleos mejor remunerados y con mayor proyección.

Los datos del IMCO mostraron la profundidad de la brecha. Al analizar la matrícula de en carreras STEM en el periodo 2012-2022, el instituto contabilizó 996 mil 519 hombres en programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, frente a 494 mil 753 mujeres.
Para lograr un nivel similar al de los hombres, la matrícula femenina tendría que aumentar en un 71 % en todos los estados del país para incorporar a medio millón de mujeres más a las aulas de ingeniería y ciencias y cerrar la brecha de género, enfatizó el análisis.
Esta disparidad es crítica ante la transformación laboral global y el surgimiento de 97 millones de nuevos empleos adaptados a la tecnología que estima el Foro Económico Mundial. Si no se integran a estas disciplinas, las mujeres quedarán rezagadas en esta economía.

El IMCO destacó que el acceso de las niñas y mujeres jóvenes a la ciencia varía entre estados, y aunque la mayoría de las entidades tienen una amplia brecha de género en carreras STEM, encontró que Ciudad de México, Estado de México, Puebla, Veracruz, Nuevo León y Guanajuato concentran el 50 % de las estudiantes en estas áreas.
El instituto indicó que entre las entidades con las brechas más amplias se encuentra Quintana Roo, que necesita aumentar su matrícula femenina en 169 %, lo que equivale a 4 mil 386 mujeres.
Pero, aún más preocupante es el caso de Tabasco, el único estado donde la brecha empeoró, reduciendo la participación de mujeres del 33 % al 30 % entre el 2012 y 2022.
Por otro lado, Colima, Zacatecas y Sonora son las entidades que han logrado acortar más la brecha, lo que se ha traducido en mayor productividad y mejores entornos laborales para las mujeres.
Cabe destacar que Coahuila es una de las entidades del país que implementa acciones para incluir a más mujeres en la ciencia y tecnología. Por ejemplo, uno de sus programas es NiñaSTEM, con el cual la OCDE, gobierno estatal y autoridades educativas promueven una red de mentoras con mujeres exitosas en el campo con el fin de fomentar la educación en estas áreas.
La ausencia de mujeres en la ciencia no es falta de capacidad, sino de oportunidad y confianza. El reporte del IMCO señaló que las brechas comienzan en la infancia, cuando las niñas dejan de creer en su capacidad para las matemáticas y ciencias, alejándose de estas áreas conforme crecen.
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Para contrarrestar esto, se requieren políticas públicas con perspectiva de género que vayan más allá de acciones aisladas. Por ello, El IMCO propuso cuatro pilares:
De acuerdo con el IMCO, duplicar la cifra de mujeres en áreas de ciencia y tecnología para cerrar la brecha de género no se logrará a la brevedad, sin embargo, los estados pueden implementar estrategias de largo plazo para promover la inclusión de más mujeres en carreras STEM.

En algunos países la influencia genética en la esperanza de vida parece haberse duplicado. ¿Por qué?
Durante años, la respuesta parecía definitiva: la genética explica entre el 20% y el 25% de la variación en la esperanza de vida humana, y el resto se debe al estilo de vida y al entorno.
Pero un nuevo estudio publicado en Science cuestiona esta perspectiva y afirma sugiere que la contribución genética es considerablemente mayor.
La razón, según los investigadores, es que las estimaciones previas no tenían en cuenta cómo han cambiado las causas de muerte con el tiempo.
Hace un siglo, muchas personas morían por lo que los científicos llaman causas extrínsecas: accidentes, infecciones y otras amenazas externas.
Hoy en día, al menos en los países desarrollados, la mayoría de las muertes se deben a razones intrínsecas: el desgaste gradual de nuestros cuerpos a causa del envejecimiento y enfermedades relacionadas con la edad, como la demencia y las cardiopatías.
Para obtener una visión más clara, el equipo de investigación analizó numerosos grupos de gemelos escandinavos, excluyendo cuidadosamente los fallecimientos por causas externas.
También estudiaron a gemelos criados por separado y a hermanos de centenarios en Estados Unidos.
Al excluir las muertes por accidentes e infecciones, la contribución genética estimada aumentó drásticamente: del habitual 20-25% a alrededor del 50-55%.
El patrón cobra sentido al analizar enfermedades individuales. La genética explica gran parte de la variación en el riesgo de demencia, tiene un efecto intermedio en las enfermedades cardíacas y desempeña un papel relativamente modesto en el cáncer.
A medida que los entornos se vuelven más favorables, las poblaciones envejecen y las enfermedades causadas por el propio proceso de envejecimiento se vuelven más comunes, el componente genético parece naturalmente mayor.
Pero aquí es donde la interpretación se vuelve crucial. Una estimación más alta no significa que los genes se hayan vuelto repentinamente más poderosos, ni significa que solo se pueda influir en la mitad de las probabilidades de llegar a la vejez.
Lo que ha cambiado es el entorno, no nuestro ADN.
Consideremos la estatura humana como ejemplo. Hace cien años, la altura dependía en gran medida de si se tenía suficiente comida y de si las enfermedades infantiles retrasaban el crecimiento.
Hoy en día, en los países ricos, casi toda la población tiene una nutrición adecuada.
Debido a que estas diferencias ambientales se han reducido, la mayor parte de la variación restante en la estatura se explica ahora por diferencias genéticas, no porque la nutrición haya dejado de importar, sino porque la mayoría de las personas ahora alcanzan su potencial genético.
Sin embargo, un niño desnutrido seguirá sin lograr una estatura adecuada, independientemente de sus genes.
El mismo principio se aplica a la esperanza de vida. A medida que hemos mejorado la vacunación, reducido la contaminación, enriquecido la dieta y adoptado estilos de vida más saludables, hemos disminuido el impacto general de los factores ambientales.
Cuando la variación ambiental disminuye, la proporción de variación restante atribuida a la genética —lo que los científicos denominan “hereditabilidad”— aumenta por necesidad matemática.
Las estimaciones anteriores no eran erróneas; simplemente reflejaban circunstancias históricas diferentes.
Esto revela algo fundamental: la hereditabilidad no es una propiedad biológica fija, sino una medida que depende completamente de la población y las circunstancias que se analizan.
La cifra tradicional del 20-25% describía la esperanza de vida tal como se experimentaba en poblaciones históricas, donde las amenazas externas eran importantes.
La nueva estimación del 50-55% describe un escenario diferente, donde dichas amenazas se han eliminado en gran medida, lo que en esencia describe un rasgo distinto.
La cifra principal de una esperanza de vida de alrededor del “50% heredable” corre el riesgo de malinterpretarse, como si los genes determinaran la mitad de las posibilidades de vida de una persona.
En realidad, la contribución genética en un individuo determinado puede variar de muy pequeña a muy grande, dependiendo de sus circunstancias.
Existen innumerables caminos hacia una larga vida: algunas personas tienen perfiles genéticos robustos que las protegen incluso en condiciones difíciles, mientras que otras compensan una genética menos favorable con una excelente nutrición, ejercicio y atención médica.
Cada persona representa una combinación única, y muchas combinaciones diferentes pueden resultar en una longevidad excepcional.
Las combinaciones más comunes dependen completamente de la población y de las circunstancias en las que las personas viven y envejecen. A medida que las causas externas de muerte continúan disminuyendo en el mundo real, aunque no desaparecerán por completo, será fascinante observar cómo evolucionan estos patrones.
Los autores de este último estudio admiten que aproximadamente la mitad de la variación en la esperanza de vida aún depende del entorno, el estilo de vida, la atención médica y procesos biológicos aleatorios, como la división celular descontrolada en el cáncer.
Su trabajo, argumentan, debería renovar los esfuerzos para identificar los mecanismos genéticos involucrados en el envejecimiento y la longevidad.
Comprender cómo interactúan los diferentes factores genéticos con los diferentes entornos es probablemente la clave para explicar por qué algunas personas viven mucho más que otras.
El estudio ofrece información valiosa sobre cómo los diferentes tipos de mortalidad han moldeado nuestra comprensión de la esperanza de vida.
Sin embargo, sus resultados se entienden mejor como una muestra de cómo cambia la hereditabilidad en diferentes contextos, en lugar de establecer una contribución genética única y universal a la longevidad.
En definitiva, tanto los genes como el entorno importan. Y, quizás aún más importante, importan juntos.
Así que, independientemente de si esto parece una buena o mala noticia, probablemente nunca obtendrás una respuesta sencilla sobre qué parte de tu esperanza de vida está determinada únicamente por los genes.
* Karin Modig es profesora asociada de epidemiología del Instituto Karolinska, Suecia. Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
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