
Lo que durante años fueron solo testimonios aislados, hoy tiene rostro y escenario. Con la desclasificación de más de 3 millones de documentos en este 2026, han salido a la luz fotografías inéditas que muestran las entrañas de las mansiones de Jeffrey Epstein: salas de masajes equipadas con camillas, aceites y cámaras ocultas, que servían como el centro de operaciones de una red de captación industrializada.
Estas imágenes, recuperadas de los archivos del Departamento de Justicia, finalmente dan fe visual al relato de las sobrevivientes que, desde 1996, intentaron advertir que tras esas puertas se ocultaba un sistema de depredación que involucra a las esferas más altas del poder.

Mientras por años las autoridades ignoraron las denuncias contra Epstein, un grupo de mujeres insistió en las acusaciones de violencia sexual y tráfico de personas, de las que hoy se conoce más gracias a la filtración de fotografías y documentos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
En 1996, Maria Farmer, quien entonces tenía 25 años, intentó denunciar a Epstein de agresión sexual y violación, y a la entonces pareja del empresario, Ghislaine Maxwell, de actuar como facilitadora de los abusos. Treinta años después, la desclasificación masiva de más de 3 millones de documentos confirma que el FBI recibió el reporte, pero decidió no actuar.
Fue hasta el 2005 cuando se expuso el funcionamiento de la red de Jeffrey Epstein. La investigación comenzó tras la denuncia de un padre que acudió a la policía de Palm Beach, Florida, informando que su hija de 14 años había sido abusada sexualmente en una mansión, después de que le ofrecieran dinero por un “masaje”.
A través del relato de sus primeras denunciantes, hasta las nuevas evidencias sobre la red del empresario, te mostramos cómo ha sido la evolución de una lucha que pasó de la vulnerabilidad absoluta a una exigencia de justicia que en este 2026 continúa sacudiendo las estructuras más profundas de la élite global.

Maria Farmer conoció a Epstein y a Ghislaine Maxwell cuando era estudiante de arte en Nueva York. Según la versión de la sobreviviente, él se presentó como un mecenas de las artes.
En 1996, fue contratada para trabajar como recepcionista en una propiedad de Les Wexner —dueño de Victoria’s Secret identificado como mentor financiero de Epstein— en Ohio. Maria ha señalado que mientras estaba en este sitio fue agredida sexualmente, y ese mismo año su hermana Annie —de entonces 16 años— denunció que Jeffrey y Maxwell abusaron de ella en el mismo lugar, bajo el pretexto de darle un “masaje”.
Según ha relatado María, tras lograr escapar de la propiedad llamó al FBI para dar nombres, ubicaciones y detalles específicos, e intentó presentar una denuncia en la Policía de Nueva York, pero por lo que ahora se sabe, en lugar de investigar las autoridades archivaron el caso, lo que dió a Epstein impunidad por una década, hasta 2005.
El blindaje que rodeaba a Epstein comenzó a agrietarse en marzo de 2005, no en los altos despachos federales, sino en una comisaría local de Florida. El reporte de una menor de 14 años llevada a la mansión de un millonario para “masajes” que derivaron en abusos sexuales llegó a manos de los detectives de Palm Beach, dirigidos por el entonces jefe de policía Michael Reiter, quienes iniciaron una investigación encubierta que duraría 13 meses.
Lo que descubrieron fue una operación de captación depredadora: Epstein utilizaba a empleadas y asistentes —algunas de ellas antiguas víctimas— para reclutar niñas en las escuelas secundarias locales, ofreciéndoles dinero en efectivo por encuentros que seguían un patrón industrializado de violencia.
A pesar de que la policía local logró identificar a 36 víctimas menores de edad y acumuló evidencia contundente, el caso se topó con una barrera política y legal sin precedentes, pues en 2008 el entonces fiscal federal Alexander Acosta negoció un “acuerdo de no enjuiciamiento” con el que Epstein se declaró culpable sólo de cargos estatales menores (solicitar prostitución).
Epstein fue condenado a solo 13 meses de cárcel, con un régimen de “salida laboral” que le permitía pasar hasta 12 horas al día en su propia oficina de Palm Beach. El acuerdo, que se mantuvo en secreto para las víctimas, otorgó inmunidad federal al empresario y a todos sus posibles cómplices, lo que detuvo las investigaciones del FBI por años.
En julio de 2019, Epstein fue arrestado en el Aeropuerto de Teterboro, en Nueva Jersey, justo después de que su jet privado aterrizara procedente de París, Francia.
La detención se basó en una nueva acusación formal presentada por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, por los delitos de tráfico sexual de menores y conspiración para cometer tráfico sexual. Los fiscales neoyorquinos determinaron que no estaban vinculados por el acuerdo de no enjuiciamiento de 2008 que sólo cubría al distrito de Florida, por lo que se presentaron los cargos.
Aunque Epstein se declaró inocente de estos cargos, se le negó la libertad bajo fianza debido al riesgo de fuga. Poco después, el 10 de agosto de 2019, falleció por suicidio en su celda mientras esperaba el juicio.

Tras la reapertura del caso en 2019 se conocieron los nombres y testimonios de otras mujeres fundamentales para el caso:
Virginia Giuffre se convirtió en la denunciante más prominente. Fue reclutada en el club Mar-a-Lago a los 17 años. Sus demandas civiles contra Ghislaine Maxwell y el príncipe Andrés de Inglaterra fueron el motor que mantuvo vivo el caso cuando la vía penal estaba cerrada.
En abril de 2025, la sobreviviente de la red de Epstein murió por suicidio en Australia Occidental. A pesar de su fallecimiento, su testimonio quedó plasmado en el libro Nobody’s girl, donde relata los abusos sufridos y menciona a figuras de alto poder.
Sarah Ransome denunció haber sido “esclavizada” en la isla privada de Epstein en las Islas Vírgenes y señaló a Ghislaine Maxwell de ser quien la llevaba a las habitaciones de Epstein.
En 2021 publicó sus memorias tituladas Silenced No More: Surviving My Journey to Hell and Back, donde detalla cómo el trauma infantil la hizo más vulnerable al abuso de Epstein y continúa siendo una voz activa de exigencia de justicia en el caso.

Courtney Wild es la sobreviviente del caso que lideró la batalla legal para anular el acuerdo de no procesamiento. Comenzó a ser abusada por Epstein a los 14 años en su mansión de Palm Beach, bajo la falsa promesa de dar masajes por 200 dólares.
Su activismo impulsó la Ley Courtney Wild de Reforma de los Derechos de las Víctimas de Delitos, presentada en el Congreso de Estados Unidos para evitar que se repitan acuerdos secretos que dejen a las víctimas en la oscuridad.
Jennifer Araoz denunció en 2019 haber sido abusada en la mansión de Epstein en Nueva York a los 14 años y describió cómo fue reclutada por una colaboradora de Ghislaine Maxwell en la puerta de su escuela.
A diferencia de otras víctimas, Araoz ha enfocado su lucha en la responsabilidad del personal y asociados del empresario, argumentando que el sistema de abuso no podría haber operado sin la facilitación de ellos y colaboradores cercanos.
Juliette Bryant, empresaria y exestudiante sudafricana de psicología fue reclutada a los 20 años bajo la promesa de una carrera en el modelaje. Ha detallado situaciones ocurridas en el Zorro Ranch, Nuevo México, donde afirmó haber visto a diversas figuras de alto perfil.
Teresa Helm, reclutada en 2002 cuando tenía 22 años y estudiaba en Los Angeles, California, denunció haber sido contactada por una asistente de Epstein con una falsa oferta de trabajo como masajista personal de Ghislaine Maxwell.

El número total de víctimas se desconoce. Identificadas con el seudónimo “Jane Doe”, 150 de ellas recibieron 125 millones de dólares a través del Programa de Compensación a Víctimas, realizado tras la muerte del empresario en 2019.
Este programa brindó una vía rápida de reparación económica a sobrevivientes sin pasar por años de litigio en las cortes. Al aceptar el pago se renunciaba al derecho de demandar al patrimonio de Epstein o cualquier otra persona o entidad cómplice.
Otros acuerdos que se dieron por el caso fue el del banco JPMorgan Chase, que aceptó pagar 290 millones de dólares a un grupo de víctimas que alegaron que la institución financiera facilitó las actividades de tráfico de Epstein al ignorar señales de alerta; y el Deutsche Bank, que llegó a un acuerdo por 75 millones de dólares con sobrevivientes para resolver demandas de negligencia en la supervisión de sus cuentas.
Sigue leyendo: Quién era y cómo murió Virginia Giuffre, la mujer que expuso la red de abuso sexual de Jeffrey Epstein
Además, figuras como el Príncipe Andrés de Inglaterra han llegado a acuerdos privados (estimados en más de 12 millones de dólares, en su momento) para evitar juicios promovidos por víctimas.
En 2026, el caso Epstein ha dejado de ser un asunto de expedientes cerrados para convertirse en un espejo incómodo para las instituciones de justicia en el mundo. La desclasificación masiva ha revelado que la impunidad no fue un accidente, sino una decisión política y financiera que se prolongó por décadas.
Si bien los fondos de compensación silenciaron legalmente muchas voces, la evidencia física y documental ahora es de dominio público. La pregunta ya no es qué ocurrió en las mansiones de Epstein —las fotos y los reportes lo han contestado—, sino cuántos de los nombres que facilitaron este sistema de depredación enfrentarán, finalmente, las consecuencias de sus actos.

Como madre, Ellie Leonard sintió que no había misión más importante que encontrar justicia para las víctimas de Jeffrey Epstein.
Mientras los archivos del caso Epstein acaparan titulares en todo el mundo, no son solo los principales medios de comunicación los que examinan los millones de documentos: también han despertado un amplio interés del público en línea.
Entre los periodistas ciudadanos independientes que se han unido al esfuerzo de examinar los archivos está la escritora estadounidense Ellie Leonard, quien trabaja con otros para revisar el último lote de documentos publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
“Tengo que hacerme a la idea de que no puedo revisar las 3,5 millones de páginas”, dijo Leonard a la BBC.
Leonard asegura que al principio no sabía nada sobre Jeffrey Epstein, pero comenzó por investigar sus vínculos con Donald Trump, inspirada por su interés en la justicia social y su oposición a las políticas económicas y de inmigración del presidente.
La última entrega de material publicada el 30 de enero incluye tres millones de páginas, 180.000 imágenes, 2.000 videos y varios nombres conocidos como Richard Branson, Bill Gates y Elon Musk.
Nada indica que aparecer en los documentos implique algún delito. Muchas personas que han aparecido en publicaciones anteriores han negado cualquier ilícito en relación con Epstein.
Leonard dice que renunció a su trabajo en la escuela de su hijo a finales de diciembre de 2025 para dedicarse a la tarea de examinar los documentos, pero con las entregas de archivos más grandes pronto se dio cuenta de que necesitaría ayuda.
La última publicación llegó semanas después de la fecha límite establecida por la Ley de Transparencia de Archivos de Epstein, que el presidente estadounidense Donald Trump firmó en noviembre. Esta exigía la publicación completa de todos los documentos relacionados con Epstein.
Leonard invitó a personas de todo el mundo a ayudarle a examinar los archivos y, como ella dice, “la gente respondió a mi llamado”.
Estima que más de 1.000 periodistas ciudadanos de países que van desde Corea del Sur hasta Noruega se han unido a su proyecto en la plataforma en línea Substack. Tienen intereses y especializaciones tan diversas como el psicoanálisis, las métricas de datos y el derecho.
Leonard tiene experiencia en simplificar documentos políticos complejos para ayudar a los votantes a estar más informados, y sintió que podía ayudar de manera similar con los archivos de Epstein.
Sin embargo, su motivación radica principalmente en obtener justicia para las víctimas cuyos relatos a menudo no han recibido credibilidad.
“Cuando las mujeres se presentan o las sobrevivientes se presentan y cuentan su historia, voy a creerles. Voy a darles el beneficio de la duda”, dice.
“Luego voy a comenzar a buscar las cosas que dicen e ir a encontrar estas cosas. Creo que es realmente importante validar sus historias de esa manera”.
Una clave es que el enfoque del grupo difiere del de muchas organizaciones de medios más grandes.
En lugar de comenzar por el principio de cada nuevo lote de documentos publicados, donde generalmente se encuentran los clips, capturas de pantalla y citas más ampliamente difundidos y comentados, ella aconseja a su grupo comenzar en otro lugar.
“Cuando sale un nuevo lote de archivos, hay muchos momentos destacados de los que la gente hablará una y otra vez… y tienden a venir del principio de los archivos”, explica.
“Así que siempre recomiendo que las personas se distribuyan y comiencen en el medio, comiencen cerca del final, trabajen hacia atrás, porque todo está desordenado”.
Al dividir los documentos de esta manera, dice que el grupo puede comparar notas más fácilmente, identificar vacíos y evitar duplicar el trabajo de los demás.
“Todos buscan con su propia habilidad en su propia sección de los archivos, y todos aunamos nuestras mentes”, dice.
Leonard argumenta que la conversación pública a menudo gravita hacia las figuras más reconocibles mencionadas en los documentos, las “grandes personalidades” que dominan los titulares cuando se publica nuevo material.
Pero ella dice que ese enfoque puede oscurecer otras partes de los archivos que son igualmente significativas.
“Creo que hay cosas más pequeñas que contienen más detalles en este caso”, dice Leonard.
Los intercambios de correos electrónicos, las comunicaciones internas y los pequeños fragmentos de evidencia, dice, “actúan como recibos para las historias de los sobrevivientes”.
Señala el ejemplo de una mujer que dio el nombre de Epstein a las autoridades en una etapa temprana del caso.
“Maria Farmer habló con el FBI en 1996. Bueno, ahora podemos ver realmente su informe del FBI. Y prueba que lo que ella decía era verdad, corrobora lo que ha dicho durante décadas”.
Farmer, una artista que trabajó para Epstein, había dicho al FBI que Epstein había robado fotos personales que ella tomó de sus hermanas de 12 y 16 años.
Denunció que creía que Epstein vendió las fotos a posibles compradores, y dijo que la amenazó con quemar su casa si le contaba a alguien lo sucedido.
Farmer también afirmó que Epstein le había pedido que tomara fotos para él de niñas en piscinas.
Tras la publicación de los archivos, Farmer dijo que se sentía “reivindicada” después de casi 30 años.
Leonard dice que es el efecto acumulativo de los indicios lo que encuentra más sorprendente, la forma en que llenan los vacíos y confirman las líneas de tiempo.
“Puedo ver qué pensaba la gente, con quién hablaban, quiénes eran sus amigos, dónde bajaron la guardia, y luego qué información nos daban en esas conversaciones”.
“Realmente creo que la sustancia de este caso vendrá de esas conversaciones, porque nunca pensaron que serían públicas”.
Leonard dice que aborda los documentos sin la experiencia y el enfoque de un reportero de noticias tradicional, pero con las habilidades analíticas que moldeó durante sus estudios unviersitarios de Historia Clásica.
“El periodismo tradicional se trata de tener estándares, tener guardianes”, dice.
“Creo que yo realmente me enfoco en las citas y la búsqueda de hechos”.
Aún así, aún consulta a periodistas capacitados que conoce y comparte borradores antes de publicar.
“Recibo mucho ánimo de ellos. Y creo que eso me permite avanzar y saber que he contado la historia con el mejor de mis conocimientos”.
Como madre, Leonard dice que para ella este trabajo es una cuestión de “responsabilidad”.
“Soy madre, y haré lo que sea necesario para hacer del mundo un lugar mejor para mis hijos y un lugar más seguro”.
Espera que su trabajo de investigación llegue a una conclusión.
“Necesita tener un final para estas sobrevivientes, y necesitan encontrar justicia”, dice.
“Creo que el objetivo, la razón por la que todos trabajamos tan duro, es encontrarla”.
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