
El gobierno de Estados Unidos hizo oficial su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) luego de que el 20 de enero de 2025, horas después de ser investido en la Casa Blanca para su segundo mandato, Donald Trump firmó una orden ejecutiva argumentando, entre otras cosas, una mala gestión de la pandemia de COVID-19.
De acuerdo con CNN, este jueves el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EU completó su retiro debido a que por ley, Estados Unidos debía notificar a la OMS con un año de antelación y abonar todas las cuotas pendientes antes de su salida. El plazo se cumplió esta semana.
En el decreto avalado por Trump se detalla que desde 2020 EU notificó su intención de retirarse de la Organización debido a la mala gestión de la organización ante la pandemia y otras crisis sanitarias mundiales, su incapacidad para adoptar reformas urgentes y “para demostrar independencia frente a la inapropiada influencia política de los Estados miembros de la OMS”.
También señaló que la OMS exige pagos injustamente onerosos a Estados Unidos, muy desproporcionados con respecto a otros países y puso como ejemplo a China, que con una población de 1.400 millones de habitantes, representa el 300 % de la población de Estados Unidos, pero contribuye casi un 90 % menos a la Organización.
Por lo que con la orden ejecutiva firmada en 2025 se revocó la Carta Presidencial al Secretario General de las Naciones Unidas, firmada el 20 de enero de 2021, que retractó la notificación de retiro de Estados Unidos del 6 de julio de 2020 y nuevamente se notifica la intención de dejar a la OMS.
Desde ese momento, detalla el documento, el secretario de Estado suspendió las negociaciones sobre el Acuerdo de la OMS sobre Pandemias y las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional, y las medidas adoptadas y sus enmiendas dejaron de ser vinculantes para Estados Unidos.

Apenas el 13 de enero de 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó que la decisión del gobierno de Estados Unidos de retirarse de esa agencia de la ONU es peligrosa tanto para Washington como para el resto del mundo.
“La retirada de la OMS es una pérdida para Estados Unidos y también es una pérdida para el resto del mundo”, afirmó el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesusdesde la sede de la agencia, en Ginebra.
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Tedros subrayó que “Estados Unidos se beneficia de numerosas acciones de la OMS (…), especialmente en materia de seguridad sanitaria” y que, por eso, “Estados Unidos no puede estar seguro sin colaborar con la OMS”.
El consejero jurídico principal de la agencia, Steve Solomon, declaró que Washington tomó sus disposiciones en 1948 para reservarse el derecho a retirarse de la OMS, en función de ciertas condiciones.
Una de esas condiciones es que debía avisar con un año de antelación y otra, que para retirarse debía haber pagado todas sus cotizaciones del ejercicio en curso.
Sin embargo, Estados Unidos acumula “retrasos de pagos para 2024 y 2025”, indicó, y dijo que los Estados miembros de la OMS deberían examinar si esa condición se cumple o no. No precisó cuánto dinero debe Washington.
Con información de CNN y AFP

La baja de sus soldados en los recientes eventos en Venezuela han expuesto los riesgos estratégicos de la política exterior de La Habana.
Desde el amanecer del jueves, multitudes de personal militar, funcionarios del gobierno y civiles alinearon el trayecto entre el aeropuerto de La Habana y el Ministerio de Fuerzas Armadas para aplaudir el cortejo fúnebre con los restos repatriados de 32 oficiales cubanos muertos en Venezuela.
Los líderes de Cuba -desde el Raúl Castro hasta el presidente Miguel Díaz Canel- estuvieron en el aeropuerto para recibir las cajas con las cenizas de sus “32 héroes caídos”.
En el vestíbulo del edificio ministerial, cada caja fue cubierta con una bandera cubana, acompañada de una fotografía correspondiente al soldado o agente de inteligencia con las palabras “honor y gloria”.
No obstante, a pesar de la pompa y todos los homenajes militares, esta ha sido una experiencia aleccionadora para la Revolución Cubana.
En primer lugar, se cree que es la mayor pérdida de combatientes cubanos a manos del ejército de Estados Unidos desde la invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961.
El hecho de que hayan pasado seis décadas y media con un escasamente comparable intercambio de fuego entre tropas cubanas y estadounidenses, ni durante la Guerra Fría ni después, es una muestra de lo rara que es.
No es necesariamente sorprendente que los mejor capacitados y mejor dotados soldados estadounidenses de la Fuerza Delta salieran virtualmente ilesos, especialmente dada su reputación de élite dentro del ejército más poderoso del mundo.
Pero eso no es un consuelo para los afligidos familiares de los fallecidos que, con lágrimas, colocaron sus manos sobre las cajas de madera en La Habana.
Es más, en los días posteriores a la intervención militar estadounidense en Venezuela y la remoción forzada de Nicolás Maduro del poder, el gobierno cubano se vio obligado a reconocer algo que durante mucho tiempo había negado: la propia existencia de oficiales de inteligencia de Cuba dentro de los corredores del poder en Caracas.
Ahora ha quedado claro, como muchos lo habían afirmado en Venezuela, que los cubanos han estado presentes en todos lo niveles del aparato de seguridad de ese país y que los acuerdos de inteligencia bilaterales eran una parte crucial de las relaciones cubano-venezolanas.
En resumen, el gobierno de La Habana ha compartido con sus socios venezolanos sus años de experiencia sobre cómo mejor mantener el poder con mano de hierro. Las 32 bajas en suelo venezolano eran parte de esa estrategia compartida.
Tras sus muertes, sin embargo, los cubanos parecen estar sintiendo el remezón del cambio bajo sus pies.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo una conversación telefónica con el presidente Trump, después de la cual el mandatario estadounidense la describió como una “persona estupenda”.
Hace solo tres semanas hubiera sido casi impensable escuchar semejante elogio del mismo gobierno que describió a su predecesor como el líder de un régimen de “narcoterroristas”.
Todo hace pensar que los gobiernos de Rodríguez y Trump están encontrando un modus vivendi. Pero hasta el momento pocos en el gobierno de Cuba parecen haber entendido cómo eso deja su situación o su visión compartida con Venezuela de un socialismo controlado por el Estado.
Washington insiste en que la Revolución Cubana tiene sus días contados.
Sin embargo, un integrante de la “generación original” de revolucionarios está en desacuerdo. Víctor Dreke, de 88 años, es un contemporáneo de Fidel Castro y del Che Guevara, y afirma que el actual conflicto con EE.UU. tiene similitudes con la invasión de Bahía Cochinos auspiciada por la CIA en abril de 1961.
Dreke comandó dos batallones ese día y sostiene que los cubanos aún podrían repeler cualquier intento parecido.
“Si EE.UU. nos trata de invadir, alborotarán un nido de avispas”, expresó, citando a Raúl Castro. “Ni siquiera verían a nuestros combatientes saliendo, hombres y mujeres”.
“Si los estadounidenses ponen un solo pie en suelo cubano, no será como su cobarde emboscada de nuestros combatientes en Venezuela”, afirma Dreke. “Aquí, las cosas serían muy diferentes”.
En los últimos días, la televisión estatal cubana ha emitido imágenes de reservistas civiles recibiendo entrenamiento en el uso de armamento por parte del ejército cubano.
Hay coincidencia en que un enfrentamiento con el ejército de EE.UU. sería una pelea desigual. El ataque de EE.UU. en Venezuela tuvo la intención, en parte, de resaltar ese aspecto al resto de la región.
Los riesgos para Cuba son particularmente altos.
La isla está sufriendo amplios apagones que son graves en La Habana, pero mucho peores en las provincias.
La economía, malograda por el embargo económico de EE.UU. y deficiente administración gubernamental, cojea en el mejor de los casos. El combustible escasea y el motor de la economía, el turismo, no ha podido recuperar sus niveles anteriores a la pandemia.
Es dentro de este ya complejo panorama que los cubanos intentan vislumbrar la pérdida casi total del apoyo venezolano. Para la mayoría, esto plantea un escenario lúgubre.
Pero el excomandante Dreke sostiene que Cuba ha sobrellevado tiempos difíciles antes y puede hacerlo otra vez con suficiente fervor revolucionario.
Cuba no quiere un conflicto con el gobierno de Trump, insiste, y no estará buscando aumentar las tensiones con Washington.
“Pero eso no quiere decir que no estaremos listos”, añade, desafiante.
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