
En Sinaloa, el cuerpo de un hombre fue localizado maniatado, con señas de tortura y un mensaje. Su muerte no fue registrada como homicidio, sino como “causa de muerte por determinar”. El caso, ocurrido en diciembre de 2025, quedó fuera de la estadística de muertes violentas en el país, es decir, de homicidios dolosos.
No fue el único. El periódico Noroeste documentó que sólo en ese mes del año pasado, la Fiscalía General del Estado de Sinaloa dejó 38 casos similares fuera del conteo de homicidios dolosos. Los clasificó bajo las categorías como “causa de muerte por determinar”, “homicidio por enfrentamiento” o “agresión a la autoridad”.

Periodistas del diario descubrieron esto a partir de la revisión del reporte cotidiano de homicidios que la Fiscalía les envía. Para dar seguimiento, acudieron a los lugares de los enfrentamientos señalados en los documentos y también a hospitales para constatar el estatus de cada uno de los casos.
En los reportes oficiales, sólo en diciembre pasado, la Fiscalía de Sinaloa contabilizó 128 homicidios dolosos y señaló una baja de 23 % con respecto a noviembre. En contraste, Noroeste sumó en el mismo mes 166 muertes violentas, además del hallazgo de 10 cuerpos y restos óseos en fosas clandestinas que no se agregaron a la estadística.
“Es muy claro el manejo de la Fiscalía en términos de reclasificación de homicidios para no contarlos. (…) Hacer como que la cosa está bajando cuando no es así”, dice en entrevista Adrián López, director de Noroeste.
Los registros de la Fiscalía de Sinaloa, como los del resto del país, son enviados por los estados al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), un organismo dependiente de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Así se contabiliza el número de homicidios ocurridos diariamente en el país.
Con base en estos datos, el gobierno federal ha sostenido que, entre septiembre de 2024 y enero de 2026 —o sea en un periodo de 16 meses—, el número de homicidios dolosos ha bajado 40 % a nivel nacional, una disminución nunca antes vista en los últimos 10 años de registros.

Para conversar sobre el tema, Marcela Figueroa, titular del Secretariado Ejecutivo, recibió a Animal Político en su oficina. En la reunión de dos horas, a la que asistieron también cuatro integrantes de su equipo, la funcionaria mostró estadísticas y defendió que el descenso en los homicidios es un resultado que va acorde con la estrategia de seguridad aplicada en año y medio de gobierno de Claudia Sheinbuam.
— ¿Al Secretariado no le causan ruido casos como el de Sinaloa? ¿Cómo detectar que una baja es una baja real en materia de homicidios y no una reclasificación?
— “Vimos el seguimiento que ha hecho Noroeste. Nos sentamos con la Fiscalía de Sinaloa y estamos trabajando con ellos en ver estos números que —señalan ciertos medios— son demasiado altas las diferencias. ¿Cuánto realmente estamos registrando? Esperamos tener una determinación este mismo mes al respecto”.
“Sinaloa es uno de los estados que tiene mayores ojos puestos encima. La presencia del gobierno federal es mucha. ¿Qué puede pasar en caso de personas que mueren después (de un evento violento)? Pues se abre la carpeta, ya sea por tentativa, lesiones dolosas, disparo de arma de fuego. Se va haciendo esa actualización. No es anormal que haya eso, para mí es correcto; significa que los estados investigan”.
— Si esto ya pasa en estados como Sinaloa y está comprobado, ¿cuántos casos más así podría haber? ¿Ustedes confían en esta disminución de homicidios de 40 %, aunque no viene en tendencia estadística?
— “No coincido con que no venga en tendencia porque la tendencia sí se ve muy constante en los últimos meses”.
De acuerdo a esos datos oficiales, efectivamente, la tendencia a la baja de homicidios es consistente en los últimos meses. Sin embargo, al compararlo por año, la disminución es inédita. Hasta 2024, hubo 30 mil 62 víctimas de homicidio doloso, con una tasa de 22.73 por cada 100 mil habitantes. Mientras que el 2025 cerró con 23 mil 374 casos y una tasa de 17.53.
Esto significa una baja en la tasa de incidencia de 22.2 % entre el último año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el primero de Claudia Sheinbaum. Según esta estadística, México viviría en un clima de mayor tranquilidad que en 2016, cuando la tasa de homicidios dolosos fue de 18.24.
A esto se suma que hay al menos dos delitos con aumentos y que salen de tendencia en los registros que envían las fiscalías de todo el país, Estos son: delitos contra la vida y la integridad corporal, y desapariciones. Mientras que los suicidios también aumentaron.

Animal Político revisó los datos de delitos y encontró que en la categoría “Otros delitos contra la vida y la integridad corporal” casi se duplicaron los casos en siete años. Mientras en 2018 se registraron 8 mil 64 víctimas, para 2025 la cifra aumentó a 17 mil 288.
Esta categoría incluye “inducción o ayuda al suicidio, el peligro de contagio y la inseminación artificial no consentida”, según el manual público de clasificaciones de 2018. Aunque, según Marcela Figueroa, también se integran aquí las tentativas de homicidio y de feminicidio, pese a que no lo indica así de claro el manual.
También aumentó casi al doble el número de personas desaparecidas y no localizadas. Los casos pasaron de 6 mil 442 en 2018 a 12 mil 733 en 2025, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).
En tanto, los suicidios aumentaron de 6 mil 92 en 2018 a 8 mil 821 en 2025. Un incremento acumulado de 44.7 % en siete años, de acuerdo con cifras del Primer Informe de Gobierno 2025.

— ¿Cuál podría ser la explicación del crecimiento en “delitos contra la vida y la integridad corporal”? ¿Un mal registro, lo han detectado? —se le pregunta a Figueroa.
— “Tan lo detectamos que lo vamos a desagregar para tener una mayor visibilidad. Porque si tú me dices ahorita ¿por qué?, no está desagregado. Incluye lo que viene en la metodología y las tentativas (de homicidio y feminicidio)”.
“Hablando con las fiscalías, ciertos delitos que hace 8 ó 10 años no tenían tanta visibilidad, lo están informando ahora de manera correcta. No me adelantaría porque no hay elementos para argumentar si se está haciendo esto o no; de todas formas, todos los homicidios van en (la categoría de) homicidios”.
— Sobre estos delitos “contra la vida y la integridad”, que usted explica incluyen tentativas de homicidio y feminicidio, ¿podríamos llegar a la conclusión de que estas tentativas han subido?
— ”Eso lo podremos empezar a ver, porque si tú me dices ahorita, yo te diría: ‘no lo sé’, porque no viene (clasificado) así, o sea, todo eso (los datos de incidencia delictiva) nos los mandaban (las fiscalías estatales) concentrados”.
– Con estos datos, además de la situación en Sinaloa y el aumento en otros delitos, ¿podemos confiar en el registro y en lo que arroja respecto a una disminución en los homicidios de tal magnitud?
— ”Podemos confiar por varias razones. La primera es que esto no es azaroso; hay una estrategia para que esto haya ocurrido. Incluye cuatro ejes: atención a las causas y evitar que sean reclutados por el crimen organizado. En segundo lugar, la consolidación de la Guardia Nacional, que es una institución todavía muy joven. El tercero —y creemos que también ahí está la respuesta— es la inteligencia e investigación. Eso permite identificar a quienes están cometiendo la violencia y detenerlos; es saber quién financia, quién los copta, quién los trata; esos son los importantes y en todos los niveles, no solo en el líder. Y el cuarto eje es la coordinación, suena trillado, fácil, pero no lo es. Coordinarse no es reunirse, no es hacer reuniones, es sentarnos, tomar decisiones, implementarlas y dar seguimiento”.

Marcela Figueroa sostiene que el problema es que durante años, muchas fiscalías enviaron esos datos de forma agregada, sin permitir distinguir con claridad qué conductas concretas contenía la categoría de “otros delitos contra la vida y la integridad corporal”, por ejemplo.
De ahí que este 20 de febrero el Secretariado publicó una nueva metodología en el conteo de delitos, que —de acuerdo con la funcionaria— busca tener una mayor desagregación de datos, añadir variables, como grupos de edad, información municipal y georreferencias. Lo que, según su análisis, permitirá revisar con más detalle cómo se clasifica cada delito.
Uno de los cambios clave será exigir a las fiscalías no sólo el dato final estadístico, sino también información sobre cómo se abrió originalmente la carpeta de investigación. El objetivo es poder contrastar si lo que registró el Ministerio Público coincide con lo que después reportan las áreas estadísticas. Ese cruce, dice Figueroa, permitirá detectar anomalías más rápido.
“Ahora nos van a mandar cómo se abrió la carpeta y cómo se está reportando. Eso nos va a ayudar muchísimo para identificar cosas anómalas”, explica.
La funcionaria reconoce que los registros cambian con el tiempo porque las investigaciones evolucionan. Una muerte que inicialmente parece accidental puede reclasificarse como homicidio, o viceversa. Por eso —argumenta— no siempre una diferencia entre cifras preliminares y consolidadas implica irregularidades.
Sin embargo, admite que hay entidades donde se detectan errores o inconsistencias: estados que reportan mal durante meses, cambios abruptos tras la llegada de nuevos fiscales o reclasificaciones derivadas de criterios locales.
Lisa Sánchez, directora ejecutiva de México Unido Contra la Delincuencia (MUCD), organización que publica el Atlas de Homicidios cada año, también ha notado esta tendencia al analizar las cifras. “Nosotros lo que estamos presuponiendo es que dentro de esos ‘otros delitos’ están metiendo, quizá víctimas de homicidios que no tendrían que estar ahí”, señala la maestra en Gestión Pública y Gobernanza por la London School of Economics.
Al respecto, Jacobo Dayán, especialista en Derecho Penal Internacional, Justicia Transicional y Derechos Humanos, explica que efectivamente hay una tendencia mensual a la baja en el número de homicidios, pero al revisarlo por año se vuelve mucho más pronunciado, lo que genera preguntas sobre qué factores explican una caída tan acelerada en tan poco tiempo.
“Hay un crecimiento inexplicable en ciertas categorías. Por ejemplo, en el reporte de México Unido contra la delincuencia, el suicidio creció 130 % y los accidentes 200 %, o sea es inexplicable”, opina Dayán, quien advierte que pareciera más bien “una reducción de escritorio de los homicidios dolosos”.
“¿De qué tamaño? No lo sabemos”, afirma.
El análisis reciente de México Evalúa “Violencia en México 2015–2025”, también detecta un “comportamiento anómalo” en categorías vinculadas a la violencia letal y propone analizarlas de manera integrada: homicidio doloso, feminicidio, homicidio culposo, otros delitos contra la vida y desapariciones.
El reporte pone especial énfasis en la categoría “otros delitos contra la vida y la integridad corporal”, a la que califica como estadísticamente residual pero con un crecimiento acumulado de 368.3 % desde 2015. Para la organización, este aumento es difícil de explicar sin considerar posibles problemas de clasificación, sobre todo en contextos locales con alta presencia de criminalidad organizada.
La comparación frente a 2018 muestra trayectorias estadísticamente inverosímiles en varias entidades. Quintana Roo registra un aumento de 10 mil 326 % en “otros delitos contra la vida”, mientras que Nuevo León presenta un crecimiento de 5 mil 420 % y Sonora de 561 %. El propio informe señala que el comportamiento de esta categoría en el tiempo “ha mostrado anomalías que no son compatibles con una dinámica estable ni puramente residual”.
En la presentación del estudio a medios, Armando Vargas, coordinador del programa de seguridad de la organización, advirtió que cuando una categoría de violencia letal crece de manera acelerada mientras el homicidio doloso desciende con fuerza, es necesario revisar si existe un posible “desplazamiento estadístico” entre rubros. No se trata —precisó— de afirmar “manipulación”, sino de reconocer que el sistema depende de cómo las fiscalías abren y reclasifican las carpetas de investigación, lo que puede alterar la lectura nacional.
Vargas, quien es especialista en enfoques sociopolíticos de la seguridad, insistió en que para evaluar correctamente la política pública es necesario observar la “violencia letal” en su conjunto y no únicamente el homicidio doloso, pues analizar cada delito de forma aislada puede generar diagnósticos optimistas que no reflejen completamente las dinámicas territoriales de violencia.
En términos agregados, el indicador compuesto de violencia letal construido por México Evalúa —que suma distintas expresiones de muerte violenta— muestra una reducción reciente de 8.6 % —2025 contra 2024—, pero un aumento de 8.6 % en comparación con el 2018.

Analizamos la vida del máximo líder de Irán, el poder que ejerce y el papel que desempeñan sus hijos en la política del país que fue atacado este sábado por EE.UU. e Israel.
Un nuevo desafío para el hombre más poderoso de Irán, el ayatolá Alí Jamenei.
El ejército de Israel lanzó este sábado un ataque contra su país con la participación de Estados Unidos.
En enero, el líder supremo iraní enfrentó el reto más serio a su poder desde la Revolución Islámica de 1979, cuando manifestaciones masivas sacudieron las calles del país y desataron una crisis de legitimidad del gobierno.
En las protestas antigubernamentales, que alcanzaron un nivel nunca visto en los 47 años de historia de la República Islámica, murieron miles de personas por la represión de las fuerzas de seguridad.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, repetidamente amenazó con tomar acción militar por la muerte de los manifestantes.
Ante esas amenazas, el gobierno de Irán señaló que Teherán estaba abierta a conversar con Washington, pero aseguró que el país estaba “preparado para la guerra”.
Entretanto, el ayatolá Jamenei acusó a EE.UU. de “engaño” y de usar a “mercenarios traidores” para atizar las protestas.
Ni Trump, ni el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, han ocultado su deseo de un cambio de régimen en Irán.
Durante décadas, Washington e Israel han acusado a Irán de intentar desarrollar en secreto un arma nuclear. Irán ha negado repetidamente que busque una bomba y afirma que su programa solo tiene fines pacíficos.
Este mes se celebraron tres rondas de negociaciones entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear, y se esperaban nuevas negociaciones la próxima semana.
Pero este sábado, la situación dio un giro dramático.
“Hace poco, el ejército de Estados Unidos inició importantes operaciones de combate en Irán. Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo despiadado de gente muy dura y terrible. Sus actividades amenazantes ponen en peligro directo a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo”, dijo Trump en la red social Truth Social.
Una fuente dijo a Reuters que el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, no se encontraba en Teherán y que había sido trasladado a un lugar seguro.
Tras el ataque “preventivo” de Estados Unidos e Israel, la presión sobre el líder supremo no cede.
¿Quién es el ayatolá Alí Jamenei, qué poder ejerce en el país y qué rol desempeña su familia en la política iraní?
El ayatolá Alí Jamenei es apenas el segundo líder supremo del país desde la revolución islámica de 1979. Ocupa el cargo desde 1989. Los jóvenes iraníes nunca han experimentado la vida sin él en el poder.
Jamenei, que está en el medio de una compleja red de poderes rivales, es capaz de vetar cualquier asunto de política pública y elegir a dedo a candidatos para cargos públicos.
Como jefe de Estado y comandante en jefe del Ejército, que incluye al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Iran (CGRI), su posición lo convierte en una figura con todo tipo de poderes.
Nacido en Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán, en 1939, Jamenei es el segundo de ocho hijos en una familia religiosa. Su padre era un clérigo de rango medio de la rama chiita del islam, el grupo religioso dominante en Irán.
Su educación se centró principalmente en el estudio del Corán y obtuvo el título de clérigo a los 11 años. Pero, al igual que muchos líderes religiosos de la época, su rol siempre ha sido tanto político como espiritual.
Jamenei, un hábil orador, se unió a los críticos del Sha Reza Pahlavi, el monarca que fue derrocado por la Revolución Islámica de 1979.
Durante años, vivió en la clandestinidad y estuvo detenido. Fue arrestado seis veces por la policía secreta del Sha, sufriendo torturas y el exilio interno.
Un año después de la revolución, el ayatolá Jomeini lo nombró líder de la oración de los viernes en la capital, Teherán.
Jamenei fue elegido presidente en 1981, antes de ser designado en 1989 por los ancianos religiosos como el sucesor del ayatolá Jomeini, quien había muerto a los 86 años.
Alí Jamenei, quien rara vez viaja al exterior, vive junto a su esposa con austeridad en un complejo residencial en el centro de Teherán.
De Jamenei se sabe que disfruta de la jardinería y la poesía, que fumó en su juventud –algo inusual para una figura religiosa en Irán– y que perdió la movilidad de su brazo derecho en un intento de asesinato en la década de 1980.
Junto a su esposa, Mansoureh Khojasteh Baqerzadeh, tienen seis hijos: cuatro varones y dos mujeres.
La familia Jamenei no suele aparecer en público ni en medios de comunicación, por lo que la información oficial y verificada sobre la vida privada de sus hijos ha sido limitada.
De sus cuatro hijos, el segundo, Mojtaba, es el más conocido por su influencia y el importante papel que desempeña en el círculo íntimo de su padre.
Mojtaba estudió en la escuela secundaria Alavi en Teherán, un colegio cuyos alumnos tradicionalmente son hijos de altos funcionarios de la República Islámica, y se casó con la hija de una destacada figura conservadora del país, Gholam-Ali Haddad-Adel, en un momento en que todavía no se había convertido a clérigo.
Comenzó sus estudios religiosos formales en el seminario de Qom, el centro chiita más importante de Irán, a los 30 años.
A mediados de la década de 2000, la influencia de Mojtaba en la política del país se hizo más evidente, aunque rara vez esto haya sido reconocido por los medios de comunicación locales.
Mojtaba saltó a la escena tras las controvertidas elecciones presidenciales de 2004, cuando el candidato Mehdi Karroubi lo acusó en una carta abierta dirigida al ayatolá Jamenei de haber interferido de manera encubierta a favor de Mahmud Ahmadineyad.
Desde la década de 2010, Mojtaba ha sido considerado como una de las personas más poderosas de la República Islámica. Relatos anecdóticos sugieren que él es el candidato preferido de Jameneí para reemplazarlo. Sin embargo, algunas fuentes oficiales han negado estas afirmaciones.
Aunque Alí Jamenei no es rey ni puede ceder el trono a su hijo, Mojtaba tiene un poder significativo dentro de los círculos de línea dura de su padre, incluyendo la poderosa oficina del Líder Supremo, que eclipsa a los órganos constitucionales.
El hijo mayor de la familia es Mustafa Jamenei, quien está casado con la hija de Azizollah Khoshvaght, un clérigo tradicional firmemente conservador.
Tanto Mustafa como Mojtaba sirvieron en el frente durante la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980.
El tercer hijo de Alí Jamenei es Masoud. Nacido en 1972, está casado con Susan Kharazi, hija de Mohsen Kharazi, un conocido clérigo afiliado a la conservadora Asociación de Maestros del Seminario de Qom y es hermana de Mohammad Sadegh Kharazi, exdiplomático con inclinaciones reformistas.
Masoud Jamenei se ha mantenido alejado de los círculos políticos y se sabe poco sobre su vida.
Antes, había dirigido la oficina que supervisa las obras de su padre, una institución que funciona como un brazo clave de propaganda para el ayatolá Jamenei. También había sido responsable de la recopilación de la biografía y las memorias de su padre.
El hijo menor, Meysam, nació en 1977 y, al igual que sus tres hermanos mayores, también es clérigo.
Su esposa, cuyo nombre no ha sido mencionado en los medios, es hija de Mahmoud Lolachian, un comerciante con mucho dinero e influyente, conocido por apoyar financieramente a clérigos revolucionarios antes de la revolución de 1979.
Meysam ha trabajado junto a su hermano Masoud en la Oficina para la Preservación y Publicación de las obras de su padre.
Sobre las hijas de Jamenei se sabe poco.
Bushra y Hoda son las menores de la familia y ambas nacieron después de la revolución de 1979.
Bushra nació en 1980 y está casada con Mohammad-Javad Mohammadi Golpayegani, hijo de Gholamhossein (Mohammad) Mohammadi Golpayegani, jefe de gabinete de Jamenei.
Hoda, la menor de las hijas del líder, nació en 1981. Está casada con Mesbah al-Hoda Bagheri Kani, quien estudió marketing y daba clases en la Universidad Imam Sadiq.
*Esta es una actualización de un artículo originalmente publicado el 16 de junio 2025, con información de BBC News, BBC Verify y el corresponsal de la BBC en Washington Paul Adams
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