
Los restos de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fueron sepultados este 2 de marzo en el panteón Recinto de la Paz, ubicado en la colonia San Juan de Ocotán, en el municipio de Zapopan, Jalisco, en medio de un amplio operativo de seguridad encabezado por el Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la policía del estado.
Las exequias se realizaron ocho días después de que Oseguera Cervantes fuera abatido en un enfrentamiento con las Fuerzas Armadas en el municipio de Tapalpa, al sur de Jalisco.
La movilización del cortejo fúnebre inició pasadas las 10:00 horas, cuando la carroza de color blanco partió desde la Funeraria La Paz, ubicada en la colonia San Andrés de Guadalajara, donde el cuerpo había sido velado la noche anterior.

Durante todo el trayecto, el vehículo fue escoltado por un contingente de unidades del Ejército Mexicano, mientras helicópteros realizaban sobrevuelos constantes para garantizar el control aéreo de la zona.
El panteón Recinto de la Paz, situado en el cruce de avenida Santa Margarita y avenida Base Aérea en Zapopan, es un recinto funerario privado conocido en la zona metropolitana de Guadalajara, donde también descansan familiares del narcotraficante Rafael Caro Quintero.
Desde el 27 de febrero se registró una movilización policial en el sitio, con elementos que desplegaron vehículos blindados tipo Rhino, utilizados habitualmente para el traslado de personas detenidas, así como patrullas en la zona.
Al acto fúnebre acudieron familiares, conocidos y personas cercanas a Oseguera Cervantes desde temprana hora, vistiendo de negro y manteniendo un perfil bajo.
Entre ellos destacó la presencia de Laisha Michelle Oseguera González, hija del capo, presuntamente captada por cámaras de medios de comunicación que cubrían el evento desde el exterior de la funeraria.
En el exterior del panteón también fue vista en compañía de su esposo, identificado por medios locales como Christian Ochoa, “El Guacho”, señalado como colaborador cercano de Oseguera Cervantes.
Uno de los aspectos más notorios de las exequias fue la cantidad de coronas de flores y arreglos florales, la mayoría sin remitente, pero con mensajes de condolencias.
Entre ellos destacó un arreglo en forma de gallo con las iniciales del CJNG, en alusión al apodo de “El Señor de los Gallos” con el que también era conocido Oseguera Cervantes.
Según reportes de medios locales, las cintas con mensajes en las coronas fúnebres fueron retiradas antes de que los arreglos ingresaran al recinto.
Las fuerzas federales se colocaron de manera estratégica en la zona para mantenerse alertas ante cualquier imprevisto que pudiera alterar el orden público.
Debido al sepelio se instaló un retén en la Carretera a Nogales, a la altura de La Venta del Astillero, en Zapopan.

La entrega del cuerpo de Oseguera Cervantes fue concretada el 28 de febrero por la Fiscalía General de la República a los representantes legales de la familia en la Ciudad de México. Según fuentes allegadas al velorio, a la altura del municipio de Ocotlán las personas que trasladaban el cadáver intentaron confundir a los elementos federales que resguardaban el traslado, cambiando el cuerpo de un vehículo de color blanco a uno de color dorado con placas del Estado de México.
Oseguera Cervantes perdió la vida el 22 de febrero tras un enfrentamiento con el Ejército en el municipio de Tapalpa, al sur de Jalisco.
Según información oficial, los militares determinaron evacuar al líder del CJNG y a dos acompañantes heridos mediante un helicóptero para trasladarlos a un hospital, pero fallecieron en el trayecto.
El cuerpo fue entonces llevado al Aeropuerto Internacional de Morelia para su traslado en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana a la Ciudad de México, con el propósito de evitar posibles acciones violentas del grupo delictivo.
La muerte de Oseguera Cervantes representó uno de los golpes más relevantes contra el CJNG, organización considerada una de las más influyentes del país.
Tras confirmarse su fallecimiento, se registraron bloqueos carreteros y hechos violentos en al menos 23 estados de la República, lo que obligó a reforzar la presencia de fuerzas de seguridad en distintas regiones.
Las autoridades no reportaron incidentes durante el traslado ni durante el sepelio en Zapopan.

Aunque muchos narcotraficantes viniesen de otras regiones, la ciudad de Guadalajara ha sido la base práctica y simbólica del auge del narco en México. Nadie lo demostró tanto como el El Mencho.
Mario, vecino del municipio de Tlaquepaque, en Guadalajara, hace fila en una tortillería el lunes en la tarde. “Son compras de pánico”, dice, ante una cola kilométrica.
El domingo, las autoridades mataron a “El Mencho”, el narco más buscado del país, y en represalia su gente sitió la ciudad con bloqueos, quemas y enfrentamientos.
Después de tres horas, con sus tortillas bajo el brazo, Mario explica: “Ayer la violencia estuvo muy cerca y hoy ya menos, pero el temor sigue y la gente se prepara para cualquier evento que pueda regresar”.
Él hizo la fila para las tortillas, una de sus hijas para el pollo, su esposa para las verduras.
La calma ha ido volviendo a la capital de Jalisco, el estado que da nombre al cartel que lideraba El Mencho: Cartel de Jalisco Nueva Generación. Pero, según Mario, que como conductor de taxi conoce las calles y la gente de primera mano, “el temor persiste”.
“Este tipo de medidas (matar a un capo del narco) tal vez son necesarias, urgentes, pero los más golpeados somos la ciudadanía, los que trabajamos en la calle. Ya son 15 años de esto”.
15 años, tal vez más, en los que Guadalajara se convirtió en la capital del narco: allí donde lavan la mayor parte de sus ganancias, desaparecen más personas que en cualquier parte y controlan regiones enteras en las que montan centros de reclutamiento y entrenamiento militar.
“En casi todas las colonias de la zona metropolitana se han encontrado fosas de cuerpos, y se ha ejecutado y torturado gente”, asegura Mario. “Es muy triste lo que se ha vivido en nuestro estado”.
A Guadalajara, una de las tres sedes mexicanas del Mundial de fútbol 2026, se le conoce como “la segunda ciudad de México” por muchas más razones que su población, cuyo número, entre 5 y 6 millones de habitantes, es el mismo que Monterrey.
Es la segunda ciudad, también, por historia, porque durante la Colonia y el siglo XIX se fundó allí un polo de poder, económico y cultural, tan fuerte como Ciudad de México.
En algún sentido es incluso la primera ciudad, porque de ahí sale la cultura mariachi, ranchera y tequilera que le dio fama al país.
Y en lo que al narco se refiere también: al ser el eje geográfico y económico de una vasta región cercana a Estados Unidos que incluye relevantes estados como Sinaloa, Guanajuato y Michoacán, los narcos hicieron de la capital jalisciense su base durante el auge de la industria en los años 80 y 90.
“Desde que tengo recuerdo esta ciudad está atravesada por el narco”, dice Verónica López García, una experimentada periodista cultural de la ciudad. “Primero fue su casa elegida, lo que nos dio una falsa seguridad, y luego nos convirtieron en un campo de guerra, en un territorio en disputa”.
Lo que ocurrió el domingo por la caída de El Mencho no fue la primera vez que la ciudad vive una ola de violencia, aunque sí una de las más graves.
Entre los ejemplos en la memoria de los tapatíos están el Rancho Aguirre, un centro de entrenamiento paramilitar encontrado a 30 kilómetros el año pasado; o la cifra de desaparecidos, que en Jalisco registra cerca de 16.000; o las veces que aparecieron cuerpos colgados de un puente; o la muerte del arzobispo en un tiroteo entre bandas del narco en 1993.
En 1985 ocurrió un caso clave: el narco mató a Enrique “Kike” Camarena, un agente mexicano-estadounidense de la DEA (Administración de Control de Drogas) que estaba investigándolo.
Un golpe de poder con el que el narco, en ese entonces en manos del Cartel de Guadalajara, quiso mostrar su poderío en una ciudad donde hasta entonces había mantenido el bajo perfil.
En estas tres décadas Guadalajara vivió un boom inmobiliario y reemplazó su vocación industrial por una economía de los servicios y la tecnología, y en ambos procesos el narco tuvo cierta participación.
El Mencho no solo traficó metanfetamina y fentanilo, sino que construyó un imperio criminal con sofisticadas operaciones de lavado de activos y extorsión.
El Departamento del Tesoro de EE.UU. estima que ocho de cada 10 negocios utilizados para lavar dinero en México ocurren en Jalisco y que 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están allí.
También calcula que el 80% de las empresas dedicadas al lavado en México están relacionadas con el CJNG.
Es difícil que esto ocurriera sin la complicidad de élites gobernantes.
En el caso Camarena se comprobó que oficiales estatales omitieron importantes detalles y encubrieron a algunos de los acusados. Con frecuencia surgen casos de policías destituidos por colusión con el narco. Al alcalde del emblemático municipio de Tequila lo arrestaron por lo mismo.
Jalisco es uno de los estados con mayor impunidad del país: la tasa de casos no resueltos por el poder judicial es, según un estudio de la Universidad de Guadalajara, del 99%.
De muchas maneras, Guadalajara no fue tomada por el narco: fue cedida. Los narcos se volvieron parte de la sociedad. Sus hijos entraron a los colegios.
Surgieron lujosos barrios y centros comerciales que hasta el más ingenuo de los tapatíos ve como parte del fenómeno narco.
Surgió una cultura con manifestaciones musicales, estéticas, incluso aspiracionales que para muchos en Jalisco era la única vida posible: la “cultura buchona”, esa estética y estilo de vida ostentosos que traspasaron las fronteras del narco.
“Cuando estaba en la preparatoria, a finales de los 80, vi los primeros indicios de esto, de gente con autos de lujo, que iban a Puerto Vallarta de vacaciones”, dice López García.
“Eventualmente decidí no ser parte, no ir a tal fiesta, así quisiera, porque sabía que algún vínculo con el narco tenía”.
Pero no todos tienen la posibilidad de tomar esa decisión, advierte Verónica: “O porque es la única solución económica, o porque es lo que te exige la cultura, hay mucha gente, muchos chavos, que lo asumieron como parte del paisaje”.
En una región desigual donde el trabajo informal es la norma, tranzar con el narco fue la única opción para muchos campesinos, pequeños emprendedores o jóvenes deseosos de surgir.
“Soy el dueño del palenque, cuatro letras van al frente”, dice un corrido dedicado a El Mencho.
Las cuatro letras son las del CJNG y la canción es una oda al líder: “Soy el señor de los gallos, el del cártel jalisciense”.
El líder cuya muerte revivió el trauma histórico de Guadalajara, la ciudad que el narco convirtió en su casa.
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