
Para entender mejor
El caso de Rosalinda Ávalos se hizo público cuando irrumpió en el Congreso de San Luis Potosí para advertir que uno de los implicados en los asesinatos de dos de sus hijos, se perfilaba para ser juez en la próxima elección judicial.
Con su denuncia, Rosalinda Ávalos consiguió que Sabas Santiago Ipiña fuera excluido del proceso electoral, al no cumplir con los requisitos constitucionales, que el comité de selección no había detectado. Sin embargo, la mujer tiene que librar una batalla constante para buscar justicia y que los implicados en el crimen contra su familia no sean liberados.
Pese a que hay nueve detenidos por el ataque a sus hijos ocurrido en 2020, Rosalinda Ávalos no ha logrado que los lleven a juicio. En los últimos meses, uno de ellos obtuvo prisión domiciliaria, por lo que ella teme que se dé a la fuga; y el fin de semana pasado, autoridades del Centro de Readaptación Social de La Pila en San Luis Potosí liberaron “por error” a otro de los implicados, autor material de la muerte de su hija Daniela, de 18 años, y su hijo Carlos, de 20.
Rosalinda Ávalos, quien continúa como policía de investigación en San Luis Potosí, se enteró el lunes pasado de esa liberación, cuando amistades y familiares le alertaron. Así supo que Felipe Prisciliano N. quedó libre hasta que autoridades del Cereso se dieron cuenta y lo reaprehendieron 20 horas después.
“Él es sicario, saben la peligrosidad, ellos lo quieren minimizar, decir ‘ya no pasó nada, ya lo agarramos otra vez’. Pero fueron casi 24 horas o 20 horas que estuvo sustraído. ¿En 20 horas qué pudo haber hecho? Nada les costaba avisarnos o mandarnos una unidad, avisarnos que tuviéramos precaución. ¿Qué hubiera pasado? ¿Qué hubiera pasado si me busca, nos busca?”, dice en entrevista.
Ávalos, quien pertenece a la Dirección General de Métodos de Investigación de la Fiscalía General del Estado de San Luis Potosí, está analizando una demanda ante la Fiscalía Anticorrupción para que se inicie una investigación contra el personal del Cereso.
“Todos tenemos errores. Pero debían haber aceptado el error y avisarnos. O mandarnos una unidad, no sé, tomar alguna medida. Pero les valió, les valimos. Les valió la seguridad de mi hija, la mía, ocultaron todo. (…) Mi hija ya estaba asustada porque ella lo identificó, él fue el que le disparó. Dice que tiene mucha ansiedad, mucho miedo desde que pasó, que se enteró de este sujeto que estaba en libertad. Ella tiene estrés postraumático….”.

Tras dos décadas como policía en San Luis Potosí, la vida de Rosalinda dio un vuelco el 11 de septiembre de 2020. Mientras trabajaba halló a dos de sus compañeros, agentes ministeriales, a bordo de una camioneta robada. La policía jaló del hilo y descubrió una red de encubrimiento y corrupción policiaca.
Rosalinda Ávalos recibió amenazas y lo notificó a sus superiores, pero no recibió protección. Justo dos meses después, la tarde del 11 de noviembre de ese año, la policía de investigación recibió una llamada de una de sus hijas, Yajaira —única sobreviviente— quien le avisó que les habían disparado a ella, a su hermana Daniela y a su hermano Carlos a bordo de su automóvil afuera de su vivienda.
A partir de diciembre comenzaron las detenciones de los implicados, cinco en total. Con las investigaciones, Rosalinda supo que cuatro policías acompañaron a los sicarios el día del ataque y les señalaron dónde vivía la familia. Esas son las nueve personas detenidas, de una veintena que la madre de familia tiene identificados bajo lo que denomina “el cártel de la ministerial”.
La liberación por error de uno de los implicados en el ataque a su familia no es el primer caso con el que tiene que lidiar Rosalinda Ávalos. Unos meses antes, el 18 de diciembre de 2024, un juez concedió un cambio de medida cautelar a otro de los imputados, José Guadalupe N., y le otorgó la prisión preventiva justificada, por lo que se encuentra en su domicilio.
Para Rosalinda, el juez se excedió y no consideró el peligro que pueden correr las víctimas. Ella teme que se dé a la fuga y tome represalias contra ella o su hija.
“Como es de alta peligrosidad, en cualquier momento puede decidir darse a la fuga”, advierte.
Ahora, Rosalinda tiene que estar monitoreando de forma constante si esa persona continúa en prisión domiciliaria, con una patrulla afuera custodiándole.

Cuatro años después del ataque contra sus hijas, Rosalinda Ávalos dice que se siente frustrada y agotada de permanecer alerta de su propia seguridad y la de su hija, pendiente además de vigilar que ninguno de los nueve detenidos por el caso sean liberados.
“Sientes como cuando vas nadando contra la marea, que ya vas, avanzaste un paso y te regresas 10 (…) Eso de que maten a los hijos es algo muy fuerte. O sea, mis propios compañeros, ¿te das cuenta?”, cuestiona.
En la entrevista, la mujer relata que a pesar del cansancio y la frustración, mantiene su lucha por amor a sus hijos y la necesidad que tiene de que su hija Yajaira sepa que ella no tiene ninguna implicación en algún delito, como sugirieron algunas personas cuando se dio a conocer el ataque a su familia.
“Todavía está mi hija. Mucha gente habló muy mal de mí al principio, esa es otra de las cosas que me da ese valor, limpiar mi nombre y que mi hija sepa que yo no hice nada mal. O sea, porque entre sus crisis me ha culpado a veces de que por mi trabajo ella perdió a sus hermanos. Entonces, como que esa situación de demostrarle que era un trabajo, que era mi trabajo, al que yo amaba también, al que yo le dediqué muchos años”.
Desde hace cuatro años, Rosalinda tuvo que colocar cámaras en su vivienda. Tener cuidados especiales en las rutinas y trayectos propios y los de su hija.
“Eso no es vida. No solamente me tengo que cuidar del cártel de los Jaliscos, me tengo que cuidar del cártel de la ministerial, de mis propios compañeros”.
Además, la mujer dice que tiene que estar pendiente de que los procesos jurídicos de estas nueve personas marchen como debe ser.
Luego de que se dio prisión domiciliaria a José Guadalupe N, el 18 de diciembre pasado, el juez anunció que giraría un oficio para que la Fiscalía se encargue de las medidas de protección para Rosalinda y su hija.
En esos días, también hubo amenazas contra periodistas que difundieron el caso. Sin embargo, fue hasta el 6 de enero de 2025, cuando el Ministerio Público decretó las medidas de protección en respuesta a un oficio que Rosalinda y su asesor ingresaron en diciembre.
El 7 de enero comenzaron las medidas de protección a cargo de la Guardia Civil estatal. Pero Ávalos solicitó que la cuidaran elementos de la Guardia Nacional. Espera que la corporación le dé protección a partir de este 8 de marzo, día internacional de las mujeres.

La presentación de Benito Martínez Ocasio en el show de medio tiempo del Super Bowl el domingo estuvo marcada por mensajes y símbolos que evocaban la cultura latina y puertorriqueña. La bandera tuvo un rol destacado.
“Aquí mataron gente por sacar la bandera, por eso yo la llevo donde quiera”.
Bad Bunny se tomó muy en serio este verso de su canción “La MuDANZA” cuando el domingo, durante el show de medio tiempo del Super Bowl, ondeó con orgullo la bandera de Puerto Rico en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.
Lo hizo ante la mirada de millones de personas en todo el mundo, cantando casi por completo en español y en el momento en que denunciaba los constantes cortes de luz que sufren los puertorriqueños en la isla.
El artista suele ofrecer presentaciones meticulosas, donde cada detalle está calculado, y esta ocasión no fue la excepción.
“La bandera puertorriqueña no es solo un símbolo de afirmación nacional; también es una herramienta de resistencia frente al colonialismo”, sostuvo el historiador Jorell Meléndez-Badillo en un artículo de 2019.
Al interpretar su éxito “El apagón”, rodeado de una escenografía que aludía al maltrecho sistema eléctrico boricua, Benito Martínez Ocasio empuñó una versión muy específica de la monoestrellada: la azul celeste.
Dicha variante del diseño está vinculada al movimiento independentista puertorriqueño y, en general, a quienes buscan marcar una diferencia cultural con la estadounidense.
Sin embargo, la bandera oficial es la azul oscuro, adoptada en 1952, cuando se creó el Estado Libre Asociado, la forma de gobierno propio con poderes limitados aprobada por el gobierno de EE.UU. para Puerto Rico.
Esa fue la versión que en 2020 Jennifer Lopez, al presentarse junto a Shakira, también usó en el show del medio tiempo del Super Bowl.
La cantante sorprendió entonces al público al abrir su vestuario decorado con la bandera estadounidense para revelar en su interior la boricua.
Pero, más allá del debate del color, la bandera de la isla guarda una historia de persecución que es la que el artista expone en su música.
La bandera puertorriqueña fue diseñada en 1895 por Antonio Vélez Alvarado, un periodista y político que militaba en el Comité Revolucionario de Puerto Rico, grupo de boricuas que, a su vez, formaba parte del Partido Revolucionario Cubano.
El partido, fundado por José Martí en Nueva York, buscaba la independencia de Cuba y Puerto Rico, las últimas dos colonias españolas en América.
Con la intención de mostrar unidad, al diseñar la bandera puertorriqueña el periodista se inspiró en la cubana, pero invertida: franjas rojas y blancas, triángulo azul y estrella blanca.
La bandera boricua fue presentada al propio Martí en una cena, según el historiador puertorriqueño Joseph Harrison Flores en entrevista con el diario El Nuevo Día.
“Las dos islas… juntas han de salvarse o juntas han de perecer”, habría dicho el escritor y revolucionario, según los documentos estudiados por el autor de “Historia de la bandera puertorriqueña: del conflicto a la certeza”.
Hay historiadores que afirman que el azul de aquella primera versión era celeste y estaba inspirado en la bandera del Grito de Lares, un alzamiento de puertorriqueños contra España que tuvo lugar en el municipio de Lares, en el centro de la isla, en 1868.
Pero Harrison Flores argumenta que, en realidad, era azul oscuro y que años más tarde los grupos independentistas fueron quienes cambiaron su tono.
Mientras que Cuba alcanzó la independencia que deseaban los exiliados en Nueva York, Puerto Rico fue cedido a EE.UU. al final de la guerra hispanoamericana en 1898.
Décadas después, en 1948 y con la intención de sofocar los movimientos independentistas, el gobierno local de Puerto Rico aprobó la Ley 53 o la Ley de la Mordaza.
Esta disposición coartaba la libertad de expresión, prohibía apoyar públicamente la independencia, imprimir información relacionada o participar en algún grupo con esta inclinación.
Y, por supuesto, hacía ilegal poseer, exhibir o incluso tener en el hogar una bandera de Puerto Rico.
La pena por violar la ley podía ser de hasta 10 años de cárcel.
Fue derogada en 1957, pero sus efectos culturales y psicológicos persisten y aún son motivo de discusión en Puerto Rico.
Por eso no es casualidad que Bad Bunny insista en este símbolo, no solo en “La MuDANZA”, sino también en “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”:
“No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai/Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái“.
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