
Petróleos Mexicanos (Pemex) cerró 2025 con un avance simultáneo en producción, refinación y estabilidad financiera que le permitió alcanzar su menor nivel de deuda en más de una década, mejorar su calificación crediticia y regresar al mercado bursátil.
La empresa productiva del Estado, en su reporte del cuarto trimestre de 2025, informó que la producción nacional se estabilizó en mil 648 millones de barriles diarios, mientras que el Sistema Nacional de Refinación procesó mil 136 miles de barriles diarios de crudo, un aumento de 44.4% respecto del mismo trimestre del año previo.

El reporte precisa que, derivado de estos avances operativos, el resultado neto del cuarto trimestre de 2025 “cerró prácticamente en cero, neutralizando la pérdida de 350.5 mil millones del cuarto trimestre de 2024”.
Asimismo, la empresa incrementó en 7% las ventas de destilados de alto valor, es decir, gasolina, diésel y turbosina, lo que representó 70 mil barriles diarios adicionales respecto al mismo periodo de 2024.
El cierre financiero de 2025 representó uno de los hitos más relevantes. Pemex registró su menor nivel de deuda en 11 años, con una reducción de 13% respecto al cierre de 2024 y de 19% en comparación con 2018.
El fortalecimiento financiero incluyó también un incremento en el pago a proveedores. La empresa destinó más de 582 mil millones de pesos al cierre de 2025 para cumplir compromisos con proveedores y contratistas, lo que permitió estabilizar la cadena de valor.
El reporte destaca que el conjunto de resultados favorables permitió que, en 2025, las principales calificadoras reconocieran la evolución financiera y operativa de Pemex: Fitch Ratings elevó la nota a BB+ y Moody’s la mejoró a B1, ambas con perspectiva estable.

Este escenario propició que en febrero de 2026 la empresa regresara al mercado bursátil con una emisión de certificados por 31 mil 500 millones de pesos, la cual registró una sobredemanda de 2.5 veces el monto ofertado.
En la conferencia matutina encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum el pasado 4 de febrero, el director de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, señalo que estos resultados responden a la estrategia para fortalecer la seguridad y la soberanía energética.
“Compensamos la declinación de los grandes campos de petróleo y gas natural y estabilizamos la producción. En términos anuales, la producción nacional aumentó en más de 122 mil barriles diarios”, explicó entonces el director de Pemex.
Detalló además que, con la incorporación de la refinería Deer Park y la mejora en infraestructura y operación, el procesamiento de crudo alcanzó 1.5 millones de barriles por día y que las refinerías de Tula y Dos Bocas llegaron a procesar hasta 280 mil y 320 mil barriles diarios respectivamente.
Rodríguez Padilla destacó que las mejoras en refinación estuvieron acompañadas de un cambio estructural en el rendimiento: “Tenemos más del 60% y nuestra meta es llegar a 80% de destilados de alto valor”. Subrayó que el margen de refinación es hoy favorable: “Nuestro margen de refinación es positivo y ha alcanzado un promedio de 12 dólares por barril”. Estas ganancias, dijo, se traducen en menor dependencia de importaciones y mayor seguridad energética.
El director de Pemex explicó que la reducción de pasivos responde a disciplina y coordinación interinstitucional: “No es un dato aislado; refleja disciplina financiera, planeación rigurosa, eficiencia operativa y una coordinación estrecha con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y la Secretaría de Energía, con quienes elaboramos el Plan Estratégico 2025-2035 y la Estrategia Integral de Capitalización y Financiamiento”.
Añadió que “el resultado de este trabajo conjunto es una disminución de 20 mil millones de dólares en el saldo de la deuda, en comparación con 2018”.
Detalló que el pago a proveedores alcanzó más de 390 mil millones de pesos tras la implementación del Programa de Financiamiento de Inversión coordinado con Banobras y Hacienda en septiembre de 2025. Esta medida, señaló, “ha permitido normalizar la operación, fortalecer las cadenas productivas y recuperar la confianza de miles de empresas”.
Rodríguez Padilla aprovechó su presentación para proyectar las prioridades de 2026, con énfasis en nuevas inversiones, recuperación de la petroquímica y proyectos de transición energética. Precisó que “en 2026 la estamos incrementando de manera significativa. El monto que traemos es de los 427 mil millones de pesos, lo que representa un incremento de 34% más con respecto a 2025”.
Detalló proyectos en exploración y producción, gas natural, modernización de refinerías, petroquímica, fertilizantes y tecnologías emergentes como litio en salmueras petroleras, eólica marina, geotermia petrolera, hidrógeno verde y biocombustibles.

Aunque muchos narcotraficantes viniesen de otras regiones, la ciudad de Guadalajara ha sido la base práctica y simbólica del auge del narco en México. Nadie lo demostró tanto como el El Mencho.
Mario, vecino del municipio de Tlaquepaque, en Guadalajara, hace fila en una tortillería el lunes en la tarde. “Son compras de pánico”, dice, ante una cola kilométrica.
El domingo, las autoridades mataron a “El Mencho”, el narco más buscado del país, y en represalia su gente sitió la ciudad con bloqueos, quemas y enfrentamientos.
Después de tres horas, con sus tortillas bajo el brazo, Mario explica: “Ayer la violencia estuvo muy cerca y hoy ya menos, pero el temor sigue y la gente se prepara para cualquier evento que pueda regresar”.
Él hizo la fila para las tortillas, una de sus hijas para el pollo, su esposa para las verduras.
La calma ha ido volviendo a la capital de Jalisco, el estado que da nombre al cartel que lideraba El Mencho: Cartel de Jalisco Nueva Generación. Pero, según Mario, que como conductor de taxi conoce las calles y la gente de primera mano, “el temor persiste”.
“Este tipo de medidas (matar a un capo del narco) tal vez son necesarias, urgentes, pero los más golpeados somos la ciudadanía, los que trabajamos en la calle. Ya son 15 años de esto”.
15 años, tal vez más, en los que Guadalajara se convirtió en la capital del narco: allí donde lavan la mayor parte de sus ganancias, desaparecen más personas que en cualquier parte y controlan regiones enteras en las que montan centros de reclutamiento y entrenamiento militar.
“En casi todas las colonias de la zona metropolitana se han encontrado fosas de cuerpos, y se ha ejecutado y torturado gente”, asegura Mario. “Es muy triste lo que se ha vivido en nuestro estado”.
A Guadalajara, una de las tres sedes mexicanas del Mundial de fútbol 2026, se le conoce como “la segunda ciudad de México” por muchas más razones que su población, cuyo número, entre 5 y 6 millones de habitantes, es el mismo que Monterrey.
Es la segunda ciudad, también, por historia, porque durante la Colonia y el siglo XIX se fundó allí un polo de poder, económico y cultural, tan fuerte como Ciudad de México.
En algún sentido es incluso la primera ciudad, porque de ahí sale la cultura mariachi, ranchera y tequilera que le dio fama al país.
Y en lo que al narco se refiere también: al ser el eje geográfico y económico de una vasta región cercana a Estados Unidos que incluye relevantes estados como Sinaloa, Guanajuato y Michoacán, los narcos hicieron de la capital jalisciense su base durante el auge de la industria en los años 80 y 90.
“Desde que tengo recuerdo esta ciudad está atravesada por el narco”, dice Verónica López García, una experimentada periodista cultural de la ciudad. “Primero fue su casa elegida, lo que nos dio una falsa seguridad, y luego nos convirtieron en un campo de guerra, en un territorio en disputa”.
Lo que ocurrió el domingo por la caída de El Mencho no fue la primera vez que la ciudad vive una ola de violencia, aunque sí una de las más graves.
Entre los ejemplos en la memoria de los tapatíos están el Rancho Aguirre, un centro de entrenamiento paramilitar encontrado a 30 kilómetros el año pasado; o la cifra de desaparecidos, que en Jalisco registra cerca de 16.000; o las veces que aparecieron cuerpos colgados de un puente; o la muerte del arzobispo en un tiroteo entre bandas del narco en 1993.
En 1985 ocurrió un caso clave: el narco mató a Enrique “Kike” Camarena, un agente mexicano-estadounidense de la DEA (Administración de Control de Drogas) que estaba investigándolo.
Un golpe de poder con el que el narco, en ese entonces en manos del Cartel de Guadalajara, quiso mostrar su poderío en una ciudad donde hasta entonces había mantenido el bajo perfil.
En estas tres décadas Guadalajara vivió un boom inmobiliario y reemplazó su vocación industrial por una economía de los servicios y la tecnología, y en ambos procesos el narco tuvo cierta participación.
El Mencho no solo traficó metanfetamina y fentanilo, sino que construyó un imperio criminal con sofisticadas operaciones de lavado de activos y extorsión.
El Departamento del Tesoro de EE.UU. estima que ocho de cada 10 negocios utilizados para lavar dinero en México ocurren en Jalisco y que 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están allí.
También calcula que el 80% de las empresas dedicadas al lavado en México están relacionadas con el CJNG.
Es difícil que esto ocurriera sin la complicidad de élites gobernantes.
En el caso Camarena se comprobó que oficiales estatales omitieron importantes detalles y encubrieron a algunos de los acusados. Con frecuencia surgen casos de policías destituidos por colusión con el narco. Al alcalde del emblemático municipio de Tequila lo arrestaron por lo mismo.
Jalisco es uno de los estados con mayor impunidad del país: la tasa de casos no resueltos por el poder judicial es, según un estudio de la Universidad de Guadalajara, del 99%.
De muchas maneras, Guadalajara no fue tomada por el narco: fue cedida. Los narcos se volvieron parte de la sociedad. Sus hijos entraron a los colegios.
Surgieron lujosos barrios y centros comerciales que hasta el más ingenuo de los tapatíos ve como parte del fenómeno narco.
Surgió una cultura con manifestaciones musicales, estéticas, incluso aspiracionales que para muchos en Jalisco era la única vida posible: la “cultura buchona”, esa estética y estilo de vida ostentosos que traspasaron las fronteras del narco.
“Cuando estaba en la preparatoria, a finales de los 80, vi los primeros indicios de esto, de gente con autos de lujo, que iban a Puerto Vallarta de vacaciones”, dice López García.
“Eventualmente decidí no ser parte, no ir a tal fiesta, así quisiera, porque sabía que algún vínculo con el narco tenía”.
Pero no todos tienen la posibilidad de tomar esa decisión, advierte Verónica: “O porque es la única solución económica, o porque es lo que te exige la cultura, hay mucha gente, muchos chavos, que lo asumieron como parte del paisaje”.
En una región desigual donde el trabajo informal es la norma, tranzar con el narco fue la única opción para muchos campesinos, pequeños emprendedores o jóvenes deseosos de surgir.
“Soy el dueño del palenque, cuatro letras van al frente”, dice un corrido dedicado a El Mencho.
Las cuatro letras son las del CJNG y la canción es una oda al líder: “Soy el señor de los gallos, el del cártel jalisciense”.
El líder cuya muerte revivió el trauma histórico de Guadalajara, la ciudad que el narco convirtió en su casa.
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