
Cada prenda guarda una historia. Amontonados en cuartos o tirados sobre el terreno del rancho Izaguirre, en Teuchitlán, cientos de pantalones, zapatos, mochilas y documentos mostraron al mundo el horror del reclutamiento forzado y la crisis de desapariciones en México. Son más de 1,800 evidencias en total, que constituyen piezas clave para la investigación, para reconstruir trayectorias de vida y que están vinculadas al derecho a la verdad.
El proyecto periodístico Las Prendas Hablan parte de esa premisa. Cada pieza de ropa y objeto descubiertos el 5 de marzo de 2025 por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco en este centro de adiestramiento del Cártel Jalisco Nueva Generación puede ser un punto de partida para saber quién estuvo ahí y cómo llegó.
Frente a la magnitud del hallazgo y lo complejo que resultaba para las familias revisar las imágenes y descripciones de los cientos de prendas que fueron publicadas en un excel por la Fiscalía General del Estado (FGE) de Jalisco, el colectivo de hacktivistas Tejer.Red se propuso ordenar la información. A partir de los registros oficiales, creó una plataforma virtual que permite realizar fácilmente búsquedas por tipo de ropa, color, marca y talla.
Un paso siguiente fue abrir la posibilidad de que la ciudadanía participara en la identificación de indicios. En alianza con Tejer.Red, los medios Animal Político, A dónde van los desaparecidos y ZonaDocs lanzaron un formulario para que familiares y cualquier persona interesada pudiera informar si reconocía alguna prenda u objeto de una víctima de desaparición.
Hasta el 25 de febrero, el catálogo registró 7,939 visitas a la página principal, y 59,361 consultas a las prendas. De las más de 1,300 piezas de ropa y objetos incluidos en el repositorio, los más vistos fueron una mochila negra sin marca (20J), un pantalón negro de talla 32 (1A) y un pantalón café sin marca (13A).

En las respuestas al formulario hay un patrón que se repite: varias personas desaparecidas cuyas prendas fueron reconocidas por sus familiares recibieron falsas ofertas de trabajo o se sospecha que pudieron ser víctimas de reclutamiento forzado; en algunos casos, testigos afirman que fueron asesinadas. Se trata siempre de jóvenes.
El proyecto Las Prendas Hablan permanece abierto. La información continuará siendo recopilada con la intención de construir memoria y trazar los circuitos de la desaparición vinculados con el rancho Izaguirre.
Como parte del proyecto, presentamos en A dónde van los desaparecidos, ZonaDocs y Animal Político una serie de textos con las historias de las personas y las prendas que pudieron dejar atrás, así como las omisiones de las fiscalías tanto en la investigación de los casos como en la atención a las familias.

Hace un año, el rancho Izaguirre se convirtió en el epicentro del horror: un predio de aproximadamente 10,000 metros cuadrados ubicado en el ejido La Estanzuela, en el municipio de Teuchitlán, a 58 kilómetros de Guadalajara, era usado como centro de adiestramiento por una organización criminal.
Para las madres buscadoras que entraron al lugar se trataba también de un sitio de exterminio, pues hallaron cientos de fragmentos de restos óseos calcinados, indicios de hornos crematorios y un campo de entrenamiento. A esto se sumaron los testimonios de sobrevivientes que fueron testigos de asesinatos en el lugar, donde también los obligaban a desmembrar y quemar los cuerpos.
Las prendas encontradas en el rancho Izaguirre evidenciaron una parte del modus operandi de las organizaciones criminales, por su diversidad y por lo que revelaban de sus posibles dueños, la mayoría jóvenes, pues predominaba la ropa informal: pantalones de mezclilla, sudaderas con logotipos deportivos y tenis.
Preservar las prendas localizadas en espacios relacionados con desapariciones es relevante desde el punto de vista forense, pues el lugar donde son halladas se convierte automáticamente en un sitio de investigación, explica Roxana Enríquez Farías, directora general del Equipo Mexicano de Antropología Forense (EMAF).
Desde restos biológicos hasta ropa, cualquier indicio puede aportar información sobre las actividades realizadas en el lugar y las transformaciones del espacio a lo largo del tiempo. La criminalística de campo y la antropología forense permiten analizar si las prendas están asociadas con áreas de entrenamiento, zonas de trabajo forzado u otros contextos específicos, así como determinar si pudieron pertenecer a víctimas o victimarios y su relación con otros indicios hallados.
Aunque los objetos son susceptibles de alteración, permiten formular preguntas clave: dónde estuvo la persona, cómo llegaron sus pertenencias al lugar y qué relación existe entre la desaparición y quienes utilizaban el sitio, explica.
Seguir el rastro de las prendas es importante para comprender qué pasó con las personas que las portaban y a las que se obligó a abandonarlas. Para la periodista y académica del ITESO, Alejandra Guillén, el rancho Izaguirre es solo uno de los sitios que conforman el circuito desaparecedor que opera desde 2017 —cuando fueron descubiertos en el municipio de Tala campamentos con víctimas de reclutamiento forzado— en la región Valles, a la que pertenece Teuchitlán.
“Ese rancho forma parte de una cadena con una organización impresionante que utiliza muchos lugares, muchos vehículos, a muchas personas: algunas publican los anuncios en internet, otras pasan por ellos [los jóvenes], otras los retienen, otras los entrenan, otras lavan el dinero”, explicó en una entrevista con A dónde van los desaparecidos.

La revisión de las prendas a través de las imágenes compartidas se volvió, para muchas madres, un ejercicio minucioso. Algunas buscaron detalles que solo ellas podían reconocer: una costura hecha a mano, un parche cosido en la rodilla, una maleta que habían prestado o una Biblia recientemente regalada. Sin embargo, las autoridades no hicieron nada para esclarecer sus dudas, para apaciguar su incertidumbre.
Los más de 1,800 indicios son, para las familias buscadoras, fragmentos de historias que pueden acercarlos a la respuesta de cuál fue el destino de sus seres queridos.
La última reunión formal que tuvieron las familias buscadoras con autoridades de la Fiscalía General de la República (FGR), que atrajo la investigación y resguarda en sus instalaciones de la Ciudad de México las prendas halladas en el rancho Izaguirre, fue el 13 de febrero de 2026, un mes después de que el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco denunciara en un comunicado que se habían detenido los trabajos periciales y la propia indagatoria.
Ese día, en las oficinas de la Secretaría de Gobernación les explicaron qué acciones habían realizado en el último año. Para Raúl Servín, padre buscador e integrante del colectivo, fue lo mismo que escucharon el 20 de marzo de 2025 en la FGE de Jalisco, cuando tras el escándalo mediático tuvieron que ofrecerles algún tipo de respuesta.
“De un año a la fecha que nos recibieron, parece que no avanzaron mucho o mejor dicho nada; nos dijeron lo que ya nos habían dicho, aunque confirmaron una cosa nueva: la localización de [otros] indicios debajo del bodegón donde se encontraron las prendas. Nos dijeron que después nos darían más detalles, pero en realidad para mí fue una tristeza [darme cuenta de] que todo sigue igual”, señala el padre de Raúl Servín Galván, desaparecido a los 20 años, el 10 de abril del 2018, en Tlajomulco.
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Sobre las prendas, las autoridades dijeron que únicamente proporcionarían información caso por caso, de modo que las familias que creyeran haber reconocido alguna debían presentarse en las instalaciones de la FGR en la Ciudad de México para hacer la solicitud y, si procedía, les darían acceso.
Ruth Mejía fue una de las madres que acudió a la reunión y que solicitó ver las prendas de su hija Merari Noemí García. Ella sabe que su hija, según testigos, fue asesinada en el rancho Izaguirre; por esa razón, les exigió acceder a las prendas que identificó: un par de tenis y una maleta, pero sobre todo una Biblia que vio en las fotos que publicaron Guerreros Buscadores de Jalisco, colocada en un altar dentro del lugar.
“Revisaremos su caso y le daremos una fecha para que pueda venir a ver las prendas”, le contestó la FGR. Para Ruth, poder tener esos objetos resulta esencial, pues es “lo único que cree que podrá recuperar de su hija”.
Raúl considera que la respuesta que le dieron a Ruth es desconcertante, porque la mayoría de las familias no tiene recursos para estar viajando de Guadalajara a la Ciudad de México. “Sabemos que las prendas están allá en la FGR, así que la idea es que las personas vayan para allá, pero eso lo veo difícil porque no han hecho ninguna campaña para que las familias lo sepan”.
Mientras tanto, los pasados días 17 y 18 de febrero, familias del colectivo realizaron una búsqueda en las afueras del rancho, tras una llamada anónima que les informó de que en ese lugar podrían encontrar cuerpos. Localizaron restos óseos calcinados y diversas prendas.
“Ese día no encontramos nada más, pero vamos a regresar, pues lo que yo quiero es que se sepa la verdad del rancho Izaguirre, que ya no oculten nada, aunque se venga el Mundial [de Fútbol, del que Jalisco es una de las sedes], eso es lo único que quiero a un año de esto”, concluye Raúl.

A un año del hallazgo del rancho Izaguirre, familiares de víctimas de desaparición piden que no se cierre el caso. “Guardamos silencio durante meses para no afectar las investigaciones. Confiamos en las instituciones y esperamos respuestas, pero lo único que recibimos fue abandono, omisiones y mentiras”, expresó Guerreros Buscadores de Jalisco en el comunicado publicado el 12 de enero.
El colectivo difundió además fotografías del estado actual del rancho, que luce lleno de maleza y sin la presencia de ninguna autoridad.
Por meses, sus integrantes confiaron en que la FGR les daría información sobre lo ocurrido en Teuchitlán, pero sobre todo deseaban saber qué había pasado con sus solicitudes para tener acceso a las prendas identificadas por familiares. Pero nada pasó.
Indira Navarro, líder del colectivo, precisa que el comunicado lo hicieron después de que transcurrieron meses sin que ningún funcionario les diera respuestas. “Gastaron más tiempo en [la FGR en] decir lo que no era el rancho [un centro de exterminio, versión que rechazan las buscadoras], pero muy poco en decirnos qué pasó”.
Desde septiembre de 2024, cuando ingresó la Guardia Nacional al predio, han sido detenidas 20 personas con relación a los hechos del rancho Izaguirre, de las que diez han sido condenadas a penas de 141 años de prisión. El exalcalde de Teuchitlán, José Ascensión Murguía Santiago, ha sido acusado de delincuencia organizada agravada, por tratarse de un servidor público; mientras que José Gregorio “N”, el Lastra, y Alma Rosa “N”, la Leona, han sido vinculados con el reclutamiento forzado de las víctimas.
A un año del hallazgo, tanto Guerreros Buscadores como Madres Buscadoras de Jalisco han denunciado que siguen pendientes no solo el análisis genético de las prendas localizadas, sino también una serie de cateos de fincas similares, que podrían ser o haber sido sitios de reclutamiento forzado, así como seguir las líneas de investigación derivadas tanto de los procesos judiciales —uno es el que tiene abierto Ruth Mejía—, como de la información que ambos colectivos proporcionaron tanto a la fiscalía de Jalisco como a la FGR, con los datos que les dieron, de manera anónima, quienes lograron sobrevivir a su paso por el rancho Izaguirre.
“Tenemos un listado de cosas que les hemos pedido que analicen e investiguen, pero solo nos dan largas o nos piden tener paciencia, pues luego de la salida del exfiscal [Alejandro Gertz Manero] cambiaron funcionarios, peritos e investigadores. Nos piden paciencia, pero esta se acaba cuando vemos que están cerrando el caso”, puntualiza Indira, quien busca a su hermano Jesús Hernán Navarro Lugo, desaparecido el 2 de septiembre de 2015 en Huatabampo, Sonora.
Estas negligencias para las familias buscadoras tienen nombre y apellido: Ricardo Flores, director del Área de Personas Desaparecidas de la FGR, quien aseguran que en múltiples ocasiones les negó información, les impidió el acceso a la carpeta de investigación y redujo a cero la coadyuvancia. Por violentar su derecho como víctimas, existen ya diversas quejas y denuncias en el órgano de control interno de la FGR, pero ninguna respuesta.
“Lo que queremos es que se retomen los trabajos, que se valore la información que hemos ofrecido y que las familias sepan si estuvo ahí o no su desaparecido”, dice Indira.
Ahora su exigencia va dirigida a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien le piden que tome cartas en el asunto porque el reclutamiento forzado continúa, y lugares como Teuchitlán, aseguran las familias buscadoras, no solo siguen existiendo, sino que operan impunemente.
“Este es nuestro último grito de esperanza. Por la memoria de quienes quedaron en el rancho Izaguirre, por quienes hoy siguen desapareciendo, y por un país que no puede normalizar los centros de exterminio abandonados”, expresaron Guerreros Buscadores de Jalisco en su comunicado.
Tras su publicación, la FGR retomó los trabajos periciales el 17 de enero. Mientras tanto, las preguntas no han cambiado: ¿A quiénes pertenecen las prendas? ¿Cómo llegaron ahí? ¿Es posible que sean de personas desaparecidas?
Interrogantes que siguen en el aire a un año del hallazgo del rancho Izaguirre, y a las que este proyecto intenta contribuir a dar respuesta, de la mano de las familias buscadoras que identificaron una prenda y que, hasta la fecha, no han sido atendidas por las autoridades.
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Este texto inaugura la serie Las Prendas Hablan, un proyecto periodístico realizado por A dónde van los desaparecidos, ZonaDocs, Animal Político y Tejer.Red.

Residentes de Dubái se han mantenido bajo resguardo mientras la ciudad es atacada por misiles y drones como parte de la ofensiva de Irán en respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel.
Durante dos días, los residentes de Dubái se han mantenido principalmente en sus casas mientras la ciudad es atacada por misiles y drones, parte de un ataque lanzado por Irán en toda la región en respuesta al último ataque contra el país por parte de Estados Unidos e Israel.
Hoteles de lujo y su principal aeropuerto, el de mayor tráfico de pasajeros del mundo, resultaron dañados.
La BBC ha hablado con residentes de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), así como con turistas, quienes describen situaciones que se alejan de la rutina diaria.
Becky Williams, residente de la ciudad, dijo que el sábado vio unos 15 misiles “lanzados desde atrás de mi casa”, refiriéndose a los misiles disparados por las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos para interceptar proyectiles iraníes. “Se pueden oír las intercepciones en el aire”.
Pero añadió que ella y su familia mantenían la calma y confiaban en que el ejército de los Emiratos Árabes Unidos defendería su espacio aéreo, afirmando que creía que “todo se calmaría pronto”.
Los ataques de Irán en represalia a los ataques estadounidenses e israelíes continuaron el domingo.
En Palm Jumeirah, el lujoso archipiélago artificial de Dubái, el hotel de cinco estrellas Fairmont The Palm sufrió una gran explosión.
Los restos de un dron interceptado provocaron un incendio menor en la fachada exterior del hotel de cinco estrellas Burj Al Arab, según informaron las autoridades.
Otro residente de Dubái declaró a la BBC: “Lo que hemos vivido en las últimas 24 horas es solo una fracción de lo que otros han vivido en zonas de conflicto, así que esto pone las cosas en perspectiva”.
Mientras tanto, los planes de Satya Jaganathan para una excursión el domingo se vieron frustrados por los sucesos. “Y aquí estamos, resguardándonos en casa”, dijo.
La mujer, de 35 años de edad, comentó que la familia y las mascotas de su hermana tuvieron que refugiarse en su apartamento porque vivían cerca del puerto de Jebel Ali, donde “caían muchos escombros”.
El sábado, las autoridades informaron que los restos de una “interceptación aérea” provocaron un incendio en un atracadero del puerto, el noveno más transitado del mundo.
“Todavía hay relativa calma, ya que solo se oyen ruidos fuertes cada pocas horas, pero da miedo porque este no es el Dubái al que estamos acostumbrados”, explicó Jaganathan.
El Aeropuerto Internacional de Dubái también sufrió daños en lo que las autoridades han calificado de “incidente”.
Miles de vuelos han sido suspendidos con origen y destino en Oriente Medio, en una de las interrupciones más graves de los viajes globales desde la pandemia de covid-19.
Judy Trotter debía regresar a Londres de sus vacaciones el sábado, pero al llegar al aeropuerto le informaron que todos los vuelos estaban cancelados.
“He conocido gente muy disgustada por sus planes de viaje; había miles de personas en el aeropuerto; conocí a gente que me dijo que se estaban perdiendo funerales”, declaró.
Añadió que muchos pasajeros “estaban en tránsito, de paso” y ahora están varados.
Trotter fue una de los aproximadamente 1.000 pasajeros varados que fueron enviados a un hotel, donde se les advirtió que se mantuvieran alejados de las ventanas.
“Hay muchos cristales en el hotel, lo cual es preocupante”, dijo, y añadió que escucharon “varios misiles a lo largo del día”.
Otra turista británica, Kate Fischer, dijo que ella y su familia están “muy asustados”.
El sábado por la noche, ella y su pareja prepararon una bolsa de emergencia mientras los niños dormían, dijo, y añadió que “empapó albornoces y toallas” en agua por si necesitaban “escapar durante la noche en caso de incendio”.
Este domingo, dijo, fue un día extraño.
“Es una experiencia surrealista estar rodeada de gente que intenta disfrutar de sus vacaciones y entretener a sus hijos mientras vemos humo visible de zonas cercanas que han sido alcanzadas por drones o misiles”.
Vicky Pattison se encontraba entre quienes tuvieron que refugiarse en Dubái, un destino popular entre los ricos y famosos.
Pattison estaba disfrutando de un descanso con su esposo, Ercan Ramada, pero su vuelo de ida a Australia fue cancelado.
En su Instagram escribió: “Pensamos en todos los que se sienten inquietos e inseguros en este momento”.
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