
Para entender mejor
Una decena de egresados de la Universidad para el Bienestar Benito Juárez (UBBJ), sede Cuauhtémoc, protestaron este jueves afuera de Palacio Nacional para exigir la entrega y validación de sus títulos profesionales. Los manifestantes denunciaron que algunos casos suman hasta tres años de retraso, lo que les ha impedido ejercer legalmente y aspirar a mejores empleos, manteniéndolos en situaciones de precarización laboral.
“Me siento muy deprimido (…) muchas veces me he querido decir que la vida sigue, pero ha pasado mucho tiempo, son daños irreparables hacia mi persona, a mi proyecto de vida. Soy un profesionista que quiere proyectar hacia más cosas de lo que estoy haciendo actualmente, (trabajo) en un call center, estoy precarizado…”, compartió Rodrigo Torres, egresado de esta institución.
🗣️ “Me siento frustrado, ya son tres años de espera y no hay una respuesta”, dijo Rodrigo Torres, egresado de la UBBJ Cuauhtémoc, quien aunque tiene recibió su título físico, el documento no está registrado ante el Registro Nacional de Profesiones, lo que impide pueda tramitar su… pic.twitter.com/qFnEO9JXMO
— Animal Político (@Pajaropolitico) January 15, 2026
En días pasado, Animal Político informó que el retraso en la entrega de títulos profesionales a los egresados de estas universidades, proyecto impulsado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, persiste en todo el país, y no solo en un campus.
Los egresados que participaron en esta protesta refirieron que, aunque en distintas ocasiones han pedido apoyo a las autoridades de las UBBJ, no han recibido respuesta.
Este jueves, llegó al lugar representación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) quien les ofreció una mesa de trabajo en la dependencia, y aunque aceptaron el encuentro, dijeron tener muy pocas expectativas porque hace dos años atrás ya se habían sentado con el mismo funcionario que se acercó a ellos esta mañana.
“Es el mismo funcionario, él fue el vínculo con las autoridades, nos atendieron, pero no se avanzó”, lamentó el egresado Daniel González.
Con 60 años de edad, Enoch Rodríguez es egresado de la Universidad del Bienestar Benito Juárez, sede Cuauhtémoc en la Ciudad de México. Aunque ya contaba con estudios en administración por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en 2020, por sugerencia de su hijo, decidió inscribirse a esta institución educativa para cursar la carrera de derecho y poder aspirar más adelante a un mejor empleo.
Cuatro años después, en mayo de 2024, terminó sus estudios satisfactoriamente. Sin embargo, tuvieron que pasar 19 meses para que le dieran su título, después de presionar insistentemente a las autoridades de su plantel. Ese retraso le costó perder oportunidades laborales, incluso dentro de Palacio Nacional, donde se le cerraron las puertas dos veces.

“Los últimos cuatro meses de mi servicio social estuve en Palacio Nacional defendiendo al expresidente (López Obrador) en materia electoral. Yo estuve en el INE porque me mandaron para su defensa e hicimos un buen trabajo, salimos con muy buen agradecimiento de la Consejería Jurídica de la Presidencia”, recordó Enoch.
Debido a su buen desempeño, la Consejería Jurídica lo invitó, junto a otros egresados de las UBBJ, a que se sumara a trabajar en la atención telefónica a la población. “No pudimos entrar porque cuando llegamos, aunque cumplíamos con todo, no teníamos ni siquiera la constancia del término de estudios”, lamentó.
Después, en Palacio Nacional le asignaron acompañar trámites jurídicos y legales cuando llegaban quejas o denuncias, y le dieron la oportunidad de quedarse a laborar permanentemente, pero de nuevo su sueño se truncó.
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“No había otras plazas donde no requirieran el título y cuando a mí me lo comentan fue una decepción porque estaban negándome un documento del cual me hice acreedor”, recordó Enoch.
Pensó que si pedía una constancia de término de estudios, ese documento podría ayudarle a conseguir el empleo porque ahí se informaría que los estudios se concluyeron y solo estaba en trámite el título y la cédula, pero tampoco fue una opción.
“La decepción es que cuando llego (a la sede) hay discriminación, maltrato, abuso de autoridad y demás porque me dicen que estas universidades no dan ninguna constancia de ninguna índole”.
En Palacio Nacional no pudieron esperarlo y las plazas se ocuparon. “Se me fue una posibilidad que a mí me hubiera ayudado muchísimo por mi familia y por mi edad, pero independientemente de eso, yo tengo el conocimiento y mucho mejor que varios de los que estaban ahí”, abundó.

Aunque su primera opción no fue estudiar en las Universidades para el Bienestar Benito Juárez (UBBJ), Enoch terminó inscribiéndose en la sede Cuauhtémoc, que es la escuela más antigua de las 203 sedes en operación y se ubica a unos pasos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en el Centro Histórico. Decidió entrar después de investigar y enterarse de que era un proyecto impulsado directamente por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
“Cuando ingresé empezamos a ver otra realidad: instalaciones deplorables, personal incapacitado para generar actividades administrativas o para tener orden y una buena operación de estas universidades. Hubo momentos en los que nosotros compramos jabón, detergente, papel para el baño”, recordó el egresado.
A pesar de estas condiciones, admitió que el nivel de los maestros fue muy bueno al igual que el aprendizaje. Pero esa experiencia académica satisfactoria que le dejó su paso en la UBBJ quedó borrada debido a los rezagos burocráticos que le cerraron puertas para desarrollarse profesionalmente y que han entorpecido su labor.
Actualmente, Enoch trabaja —en la medida de lo posible— como abogado, aunque ha tenido que enfrentar distintos obstáculos para ejercer plenamente su carrera. En ocasiones ha tenido que pagar a otros abogados que sí tienen sus documentos en regla para que lo representen en las audiencias.
“Tenemos la problemática de que no podemos estar en las audiencias. Algunos jueces se han portado benévolos y nos han permitido estar, pero tenemos que contratar abogados que tienen cédula para que estén ahí, y ese es un grave problema por no tener este documento que nos han negado a pesar de que ya cumplimos con todos los requisitos”, reclamó.

El caso de Enoch no es aislado. Animal Político habló con al menos 10 egresados de la sede Cuauhtémoc de las Universidades para el Bienestar Benito Juárez y en todos los casos se denunció desorden administrativo, condiciones precarias de infraestructura y limpieza.
Después de que en diciembre pasado, durante su conferencia matutina, se cuestionara a la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el retraso en la entrega de títulos, algunos egresados recibieron —de la noche a la mañana— una convocatoria para una ceremonia en la que se les entregarían sus papeles en la sede Cuauhtémoc. Enoch no recibió la notificación, pero aún así decidió acudir a la cita para exigir su título.
“Acto seguido, al otro día (de la conferencia), nos mandan un correo diciéndonos ‘oigan mándennos sus documentos a este correo y todo tiene que estar vigente’. Y todos así de ‘oye, pero es que eso ya lo hicimos’”, explicó otra egresada que pidió omitir su nombre.
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Con todo y la premura, volvieron a enviar sus documentos y el lunes 15 de diciembre a las 5 de la tarde, recibieron otra comunicación en la que les convocaban al siguiente día para la entrega de los títulos y les pedían llevar sus fotos.
“Cuando llegamos no estaban listos los títulos. Hubo problemas con la ceremonia de titulación. Había muchos compañeros frustrados, enojados y todo”, detalló la egresada, quien recordó que los propios estudiantes tuvieron que auxiliar a los funcionarios para pegar las fotos en los documentos correspondientes”. Pero el problema no terminó ahí.
“El título nos lo dieron para colgarlo en la casa con letras bien bonitas y con tu foto carísima, pero ni siquiera valió la pena (…) porque cuando tú googleas tu título tiene que estar dado de alta en (el Registro Nacional) de Profesionistas y no aparecemos”, reclamó la joven.
Después de 19 meses de espera y mucha presión, Enoch finalmente recibió su título el pasado 16 de diciembre, al igual que dos de sus compañeras con las que ha estado trabajando más de cerca.
“Apareció por arte de magia”, dice, después de dirigirse directamente a la SEP a solicitar una reunión con el titular de la dependencia, Mario Delgado, o algún funcionario con capacidad de toma de decisión.
“Para mí fue muy agradable , aunque todos estamos decepcionados porque no están registrados”.

A lo largo de más de 100 años de desarrollo petrolero tradicional en Venezuela, se han descubierto alrededor de 75.000 millones de barriles de reservas producibles en unos 320 campos petrolíferos, entre los que se incluyen 28 yacimientos petrolíferos gigantes.
El petróleo venezolano ha ocupado las portadas de todos los medios del mundo en estos primeros días de 2026, tras la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por tropas de EE.UU. y las palabras de Donald Trump sobre la riqueza petrolera del país sudamericano.
No es casualidad que Venezuela sea un país petrolero: su posición geográfica, su historia tectónica, la extensión de sus cuencas sedimentarias y la interacción entre clima, relieve y tiempo geológico crearon condiciones únicas para generar y preservar hidrocarburos a escala mundial.
Venezuela está dividida en dos mitades en sentido geológico. Cada parte queda a un lado y a otro de la cordillera de los Andes que se extiende por el oeste y suroeste del país, atravesando los estados de Táchira, Mérida y Trujillo. En esta cadena montañosa destacan el Pico Bolívar, con más de 5.000 metros sobre el nivel del mar, y la Sierra de Mérida.
La existencia de grandes cadenas montañosas en conjunción con cuencas planas tienen mucho que ver en la formación de yacimientos y en cómo se acumuló el crudo a lo largo de los años.
Y aunque las condiciones de su subsuelo son similares a las que se dan en otras potencias petroleras, incluidas su vecina Colombia, unos pocos factores geológicos extremadamente raros son los que llevaron al terreno venezolano a crear la Faja Petrolífera del Orinoco, considerada la mayor acumulación de hidrocarburos del mundo, y los yacimientos del Lago de Maracaibo.
Esas mismas características provocaron, a lo largo de los siglos, que el crudo venezolano sea extrapesado y ácido, rico en azufre y difícil de procesar.
“El crudo pesado -como el de Venezuela- es especialmente importante para la producción de diésel y combustible para aviones”, explica Mauro Ratto, cofundador y director de inversiones, Plenisfer Investments, parte de Generali Investments.
“No es bueno ni malo, simplemente es que tiene otros usos distintos de los que puede tener el crudo ligero. Así es como hay que expresarlo. Es un producto diferente”, dice a BBC News Mundo el geólogo y profesor de la Universidad de Virginia Tech, Philip Prince.
¿Por qué Venezuela tiene tanto petróleo?
“Se debe a la forma en que está configurada. Además de tener una roca madre realmente buena y una roca reservorio excepcional, todo encaja a la perfección para tener estos grandes recursos petrolíferos en tierra firme en un volumen tremendo”, responde Prince.
Venezuela se sitúa en el borde norte de América del Sur, en una zona de interacción compleja entre la placa tectónica Sudamericana, la placa del Caribe y la de Nazca.
Este contexto tectónico ha generado cuencas sedimentarias profundas, sistemas de fallas, pliegues y trampas estructurales que acumulan el petróleo a la espera de ser descubierto. Son los elementos geográficos ideales para la acumulación.
“Las placas tectónicas se empujan entre sí. El borde de la placa sudamericana está siendo tragado bajo la placa del Caribe, como si se tratase de una máquina quitanieves apilando roca que tiene literalmente kilómetros de espesor. Por eso, se forman cuencas que se llenan de sedimentos”, cuenta Prince.
“El choque tectónico entierra la roca madre y genera el petróleo, y luego el petróleo migra a esas nuevas capas de sedimentos y se abre camino hacia la parte exterior”, añade.
Lo que el profesor nos describe que los choques tectónicos crean cadenas montañosas elevadas que permiten que los sedimentos que contienen el petróleo se desplacen como si volcáramos un plato hacia uno de sus lados. Ese lado que recoge todo es, por ejemplo, la Faja del Orinoco o los yacimientos del Lago de Maracaibo.
“Las vastas reservas del país se explican quizás mejor si se reconoce que las cuencas actuales son remanentes de áreas sedimentarias mucho más amplias que probablemente alimentaron las trampas geológicas. Esta historia implicó migración y remigración a larga distancia”, escribió el geólogo K. H. James en un artículo en el Journal of Petroleum Geology.
Básicamente, ese cinturón petrolero del Orinoco es casi como si fuera el lugar al que ha ido a parar todo el petróleo de las profundidades de la cuenca.
Desde sus inicios en la década de 1910 y hasta 1975, la industria petrolera venezolana estuvo operada por empresas privadas, lideradas por las legendarias empresas de la época: Shell, Exxon, Chevron, Mobil, Texaco, Gulf Oil, Sinclair y Phillips, por mencionar algunas.
El primer gran descubrimiento petrolero fue el campo Mene Grande en la cuenca occidental de Maracaibo en 1914. Desde entonces y hasta 1917, se descubrieron varios yacimientos importantes, incluyendo el legendario y gigantesco Campo Costero Bolívar, todos en el occidente de Venezuela.
En la Cuenca Oriental, la producción comercial de petróleo comenzó en 1937 con el descubrimiento del yacimiento de Oficina. A finales de la década, Venezuela producía 560.000 barriles diarios y se había convertido en el tercer mayor productor mundial de petróleo, después de Estados Unidos y la Unión Soviética.
A lo largo de más de 100 años de desarrollo petrolero tradicional en Venezuela, se han descubierto alrededor de 75.000 millones de barriles de reservas producibles en unos 320 campos petrolíferos, entre los que se incluyen 28 yacimientos petrolíferos gigantes.
Pero sus enormes reservas se crearon hace cientos de millones de años.
“En el subsuelo venezolano hay una secuencia gruesa de rocas sedimentarias de grano fino que se deposita en el agua y tiene mucho contenido orgánico. Esta es la fuente del petróleo. Tiene pequeños cuerpos, un poco de plancton y algas, cosas microscópicas que utilizan la fotosíntesis en el agua del océano para vivir. En realidad, esos son los ingredientes iniciales del petróleo”, explica Prince.
Es decir, hace millones de años, existían pantanos prehistóricos con abundantes algas y fitoplancton, y esos materiales se acumularon y acabaron enterrados. Las reacciones químicas a largo plazo, bajo altas presiones, convirtieron toda esa materia orgánica descompuesta en petróleo.
El otro de los elementos indispensables para la formación de los enormes yacimientos es la roca madre del Cretácico, que se encuentra por todas partes en Venezuela, es de muy alta calidad y tiene un enorme potencial para generar petróleo.
“En Venezuela, la roca reservorio es una buena arenisca. Es realmente muy buena para retener el petróleo en el subsuelo y además vemos todas estas fallas que son vías excelentes para trasladar el petróleo a estas pequeñas estructuras geológicas que llamamos trampas, situadas básicamente para recogerlo bajo tierra, de modo que se pueda perforar y extraer”, concluye el geólogo.
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