
Tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho” líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, durante un operativo realizado el 22 de febrero, Jalisco se encuentra en un estado de alerta máxima.
Aunque nosotras podamos elegir qué tanto queremos exponernos a buscar información y videos de este suceso en redes sociales, la realidad es que infancias y adolescencias también son vulnerables tanto a información como a desinformación.
¡No están en una burbuja! Tus hijos también reciben audios, ven videos en TikTok y están expuestos a contenidos que pueden hacerlos sentir inseguros.
Las infancias siempre esperan que sus progenitores les transmitan confianza y seguridad, y más aún en momentos de crisis. Por eso, La Red por los Derechos de la Infancia en México, basándose en información de Unicef, comparten consejos sobre cómo hablar sobre lo que pasa en Jalisco con tus hijos.
Elige un momento y lugar en el que puedas abordar el tema con naturalidad, por ejemplo, mientras comen en familia. Pregúntale tal cual qué sabe y cómo se siente.
Con las más pequeñas puede ser útil recurrir a dibujos, cuentos u otras actividades para iniciar la conversación. Aunque parezca que tu hijo no ha estado expuesto a estas noticias o que no le interese, hay infancias que podrían estar preocupadas en silencio.
También es una oportunidad para transmitirles seguridad y, si es necesario, corregir cualquier información inexacta a la que hayan podido tener acceso (ya sea a través de internet, la tele , la escuela o hasta sus amistades).
Recuerda que no importa no tener respuestas para todas las preguntas. Puedes decir que necesitas buscar la información consultando medios de confianza.
Es importante no minimizar ni negar sus preocupaciones. Puede ocurrir el caso, aunque te parezca exagerado, que tu hijo te pregunta cosas como “¿Vamos a morir?”. Asegúrale que eso no va a ocurrir, pero también intenta averiguar qué ha escuchado y por qué le preocupa que eso pueda pasar. Si logras entender de dónde procede su inquietud, te resultará más fácil tranquilizarle.
Acepta sus sentimientos y explícale que es normal que se sienta de esa forma. Muéstrale que lo escuchas prestando plena atención a sus palabras y recuérdale que puede hablar contigo o con otro adulto de confianza siempre que lo necesite.
Lo que está pasando en Jalisco, podría parecernos cosa de adultos, pero infancias y adolescencias tienen derecho a la información. Además, es mejor que se informen contigo a que sea solo por redes sociales o por lo que escuchan de otras personas.
Tú eres quien mejor conoce a tu hijo o hija. Utiliza un lenguaje adaptado a su edad, observa sus reacciones y presta atención a su nivel de ansiedad.
Las infancias también pueden reconocer si tú tienes miedo o tristeza. Lo recomendable es hablar con tranquilidad y evitar transmitir excesivamente los miedos.
No podemos evitar que las infancias y adolescencias estén en redes sociales. Por eso, es importante tener en cuenta que podrían estar accediendo a información que les hace sentir cercana la violencia.
Si lo detectas, puede ser una buena oportunidad para hablar sobre pautas de autocuidado digital, gestión de cuentas, información y plataformas.
También puedes aprovechar para explicarle que no toda la información que se encuentra en internet es exacta, y háblale de la importancia de encontrar fuentes fiables.
Debemos dar tiempo para hablar de las emociones, dudas y preocupaciones. No todas las personas sentimos, percibimos y pensamos de la misma forma, por eso hay que estar atentas de qué necesitan para procesar el momento.
Las infancias pueden reaccionar de formas muy distintas ante los acontecimientos negativos, y algunas señales de estrés no son evidentes.
Muchas de estas reacciones son temporales y normales en circunstancias estresantes. Sin embargo, si persisten, tu hijo o hija quizás necesite el apoyo de un especialista.
Al terminar la conversación, es importante comprobar que tu hijo o hija no se queda en un estado de angustia. Trata de evaluar su grado de ansiedad atendiendo a su lenguaje corporal. Observa si utiliza su tono de voz habitual y presta atención a su respiración.
Recuérdale lo importante que es para ti y que estás ahí para escucharle y ofrecerle apoyo cuando algo le preocupe.
La situación en Jalisco, así como otras situaciones de violencia no son algo que se resuelvan en un día. Por eso es recomendable que sigas comprobando cómo está, si tiene alguna nueva pregunta o algo de lo que quiera hablar.
Antes de irte: Quién era Nemesio Oseguera “El Mencho”: del narcomenudeo a líder del CJNG, una de las organizaciones criminales más violentas
También es importante tu propio cuidado. Las infancias y adolescencias también están atentas a cómo reaccionas a las noticias, por lo que les ayudará saber que reaccionas con tranquilidad.
Tampoco estamos diciendo que entierres tus emociones. Si sientes nervios o angustia, dedícate tiempo y habla con otros familiares, amistades o personas de confianza.
Considera tu forma de acceder a la información y trata de identificar momentos clave durante el día para ponerte al corriente de lo que pasa, en lugar de permanecer todo el tiempo en línea. Si puedes, reserva tiempo para hacer cosas que te ayuden a relajarte y recuperarte.

“Cuando escuchamos una idea contraria a la nuestra, el cerebro no empieza evaluando argumentos: primero detecta que hay un conflicto”, dice un experto. Pero es posible aprender a escuchar con calma.
Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.
Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.
El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.
Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.
Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.
Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un “radar de incongruencias”.
La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.
Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.
Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.
El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.
Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.
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Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: “lo que yo creo” y “lo que tú dices”.
Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.
A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.
En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como “razonamiento motivado”.
Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.
Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.
El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.
Un factor clave en todo este proceso es el estrés.
Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.
En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.
La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.
La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.
El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.
Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.
Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.
Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.
Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.
De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.
Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.
La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.
Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.
En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.
Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.
*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original.
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