
Si pensabas que el futbol de élite solo pasaba por los estadios lujosos de Londres o Mánchester, piénsalo dos veces. El Championship (la segunda división de Inglaterra) está dejando de ser “la sombra” de la Premier para convertirse en el nuevo patio de juegos favorito de Hollywood y los magnates del deporte.
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¿Lo más reciente? El martes pasado, el estadio del Swansea City en Gales no olía solo a pasto recién cortado. El rapero Snoop Dogg aterrizó en las gradas para ver a su equipo por primera vez desde que compró una parte del club el año pasado. El ambiente fue tan bizarro como increíble: miles de personas agitando pañuelos con la cara de Snoop mientras el entrenador rival, Paul Heckingbottom, bromeaba sobre un “curioso olor a hierba” en los vestidores.
Comprar un equipo en la Premier League es un lujo prohibitivo hasta para las estrellas de la lista A. Pero el Championship es el “punto dulce” de la inversión:
El premio mayor: Si un equipo asciende, se estima que recibe unos 200 millones de libras (unos 270 millones de dólares) en ingresos adicionales. Es el negocio perfecto.
Wrexham: Ryan Reynolds y Rob McElhenney pusieron el mapa a este club con un documental en Disney+.
Birmingham City: El legendario Tom Brady entró al quite como accionista para buscar el ascenso.
Swansea: Además de Snoop Dogg, el equipo cuenta en su nómina de dueños con la gurú del estilo de vida Martha Stewart y, ojo aquí, el mismísimo Luka Modric.
Atrás quedaron los días de estadios semivacíos y futbol “picapiedra”. Según un informe de Deloitte publicado en 2025, la segunda división inglesa está viviendo una época dorada:
| Indicador | Crecimiento / Dato |
| Ingresos totales | Rozando los 1,000 millones de libras (Temporada 23/24) |
| Afluencia media | 22,000 espectadores (20% más que hace tres años) |
| Poder de convocatoria | Clubes como Derby o Sheffield United meten casi 30,000 personas por juego |
Este crecimiento del 28% en la cifra de negocios anual se explica gracias a la inyección de capital estadounidense, que no solo trae dinero, sino una visión de entretenimiento total. “Hoy los estadios están llenos; es intenso, es rápido… es una liga magnífica para ver”, explica Tim Williams, director del Oxford City.
En una charla reciente con Medio Tiempo, Longoria soltó verdades que pusieron a vibrar a la afición hidrocálida y dejaron claro que su apuesta no es solo por amor al arte, sino por una visión de negocios que muchos están subestimando.
Para Eva, el valor de nuestra liga no se refleja en cómo se vende al mundo. “Sentimos que es una liga infravalorada”, confesó. ¿Sus razones? El nivel de talento, la lealtad de los fans y, sobre todo, el alcance masivo en Estados Unidos.
La actriz destacó que el número de mexicoamericanos que siguen la liga desde el otro lado de la frontera es una fuerza económica brutal. Además, el Necaxa le ofreció algo que el dinero no siempre compra: tradición.
“Nos enamoramos de la historia del Necaxa, lo antigua que es y su etapa de campeonatos. Queríamos inyectar capital y verlo crecer hasta que levante el trofeo de nuevo”, aseguró.
Longoria tiene claro que, en México, el futbol no es un pasatiempo, es una herencia. “Adoro que aquí prácticamente naces en el equipo al que vas a apoyar el resto de tu vida”, comentó, comparando la intensidad mexicana con el mercado estadounidense, donde el deporte apenas está echando raíces.
Sin embargo, entrarle a este mundo no fue fácil, incluso en su propia casa. Eva confesó con humor que su esposo, Pepe Bastón, se burló de ella al principio: Su esposo es fan de hueso colorado del Cruz Azul.
“Yo no sé nada de futbol mexicano… mi esposo conoce a todos los jugadores”, admitió. Pero ojo, Eva sabe lo que hace: su fuerte no es la táctica en la cancha, sino contar historias.
La inversión de Longoria viene con un “plus”: una serie documental que ya está en fase de producción. La idea es usar su plataforma global para poner los reflectores sobre el equipo y mejorar su imagen a nivel internacional.
“No solo son los jugadores, es toda la estrategia técnica y de negocios detrás. Ver cómo los jóvenes cumplen sus sueños de ser profesionales es algo especial”, señaló. Longoria no toma las decisiones de quién juega o qué cambios hacer, pero está liderando la narrativa para que el mundo vea al Necaxa como el equipo legendario que es.
La estrategia es clara: si el equipo no está en la cima, el contenido sí. El Wrexham y el Birmingham han convertido sus vestidores en sets de grabación para Disney y Amazon, atrayendo a fans que quizá no sabían dónde estaba Gales en el mapa, pero que ahora compran sus camisetas desde Los Ángeles o Ciudad de México.
El Championship ha pasado de ser una liga de “ascenso y descenso” a ser una incubadora de marcas globales impulsadas por la nostalgia, la cultura pop y, por supuesto, la promesa de alcanzar el Olimpo financiero de la Premier League.

Aunque muchos narcotraficantes viniesen de otras regiones, la ciudad de Guadalajara ha sido la base práctica y simbólica del auge del narco en México. Nadie lo demostró tanto como el El Mencho.
Mario, vecino del municipio de Tlaquepaque, en Guadalajara, hace fila en una tortillería el lunes en la tarde. “Son compras de pánico”, dice, ante una cola kilométrica.
El domingo, las autoridades mataron a “El Mencho”, el narco más buscado del país, y en represalia su gente sitió la ciudad con bloqueos, quemas y enfrentamientos.
Después de tres horas, con sus tortillas bajo el brazo, Mario explica: “Ayer la violencia estuvo muy cerca y hoy ya menos, pero el temor sigue y la gente se prepara para cualquier evento que pueda regresar”.
Él hizo la fila para las tortillas, una de sus hijas para el pollo, su esposa para las verduras.
La calma ha ido volviendo a la capital de Jalisco, el estado que da nombre al cartel que lideraba El Mencho: Cartel de Jalisco Nueva Generación. Pero, según Mario, que como conductor de taxi conoce las calles y la gente de primera mano, “el temor persiste”.
“Este tipo de medidas (matar a un capo del narco) tal vez son necesarias, urgentes, pero los más golpeados somos la ciudadanía, los que trabajamos en la calle. Ya son 15 años de esto”.
15 años, tal vez más, en los que Guadalajara se convirtió en la capital del narco: allí donde lavan la mayor parte de sus ganancias, desaparecen más personas que en cualquier parte y controlan regiones enteras en las que montan centros de reclutamiento y entrenamiento militar.
“En casi todas las colonias de la zona metropolitana se han encontrado fosas de cuerpos, y se ha ejecutado y torturado gente”, asegura Mario. “Es muy triste lo que se ha vivido en nuestro estado”.
A Guadalajara, una de las tres sedes mexicanas del Mundial de fútbol 2026, se le conoce como “la segunda ciudad de México” por muchas más razones que su población, cuyo número, entre 5 y 6 millones de habitantes, es el mismo que Monterrey.
Es la segunda ciudad, también, por historia, porque durante la Colonia y el siglo XIX se fundó allí un polo de poder, económico y cultural, tan fuerte como Ciudad de México.
En algún sentido es incluso la primera ciudad, porque de ahí sale la cultura mariachi, ranchera y tequilera que le dio fama al país.
Y en lo que al narco se refiere también: al ser el eje geográfico y económico de una vasta región cercana a Estados Unidos que incluye relevantes estados como Sinaloa, Guanajuato y Michoacán, los narcos hicieron de la capital jalisciense su base durante el auge de la industria en los años 80 y 90.
“Desde que tengo recuerdo esta ciudad está atravesada por el narco”, dice Verónica López García, una experimentada periodista cultural de la ciudad. “Primero fue su casa elegida, lo que nos dio una falsa seguridad, y luego nos convirtieron en un campo de guerra, en un territorio en disputa”.
Lo que ocurrió el domingo por la caída de El Mencho no fue la primera vez que la ciudad vive una ola de violencia, aunque sí una de las más graves.
Entre los ejemplos en la memoria de los tapatíos están el Rancho Aguirre, un centro de entrenamiento paramilitar encontrado a 30 kilómetros el año pasado; o la cifra de desaparecidos, que en Jalisco registra cerca de 16.000; o las veces que aparecieron cuerpos colgados de un puente; o la muerte del arzobispo en un tiroteo entre bandas del narco en 1993.
En 1985 ocurrió un caso clave: el narco mató a Enrique “Kike” Camarena, un agente mexicano-estadounidense de la DEA (Administración de Control de Drogas) que estaba investigándolo.
Un golpe de poder con el que el narco, en ese entonces en manos del Cartel de Guadalajara, quiso mostrar su poderío en una ciudad donde hasta entonces había mantenido el bajo perfil.
En estas tres décadas Guadalajara vivió un boom inmobiliario y reemplazó su vocación industrial por una economía de los servicios y la tecnología, y en ambos procesos el narco tuvo cierta participación.
El Mencho no solo traficó metanfetamina y fentanilo, sino que construyó un imperio criminal con sofisticadas operaciones de lavado de activos y extorsión.
El Departamento del Tesoro de EE.UU. estima que ocho de cada 10 negocios utilizados para lavar dinero en México ocurren en Jalisco y que 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están allí.
También calcula que el 80% de las empresas dedicadas al lavado en México están relacionadas con el CJNG.
Es difícil que esto ocurriera sin la complicidad de élites gobernantes.
En el caso Camarena se comprobó que oficiales estatales omitieron importantes detalles y encubrieron a algunos de los acusados. Con frecuencia surgen casos de policías destituidos por colusión con el narco. Al alcalde del emblemático municipio de Tequila lo arrestaron por lo mismo.
Jalisco es uno de los estados con mayor impunidad del país: la tasa de casos no resueltos por el poder judicial es, según un estudio de la Universidad de Guadalajara, del 99%.
De muchas maneras, Guadalajara no fue tomada por el narco: fue cedida. Los narcos se volvieron parte de la sociedad. Sus hijos entraron a los colegios.
Surgieron lujosos barrios y centros comerciales que hasta el más ingenuo de los tapatíos ve como parte del fenómeno narco.
Surgió una cultura con manifestaciones musicales, estéticas, incluso aspiracionales que para muchos en Jalisco era la única vida posible: la “cultura buchona”, esa estética y estilo de vida ostentosos que traspasaron las fronteras del narco.
“Cuando estaba en la preparatoria, a finales de los 80, vi los primeros indicios de esto, de gente con autos de lujo, que iban a Puerto Vallarta de vacaciones”, dice López García.
“Eventualmente decidí no ser parte, no ir a tal fiesta, así quisiera, porque sabía que algún vínculo con el narco tenía”.
Pero no todos tienen la posibilidad de tomar esa decisión, advierte Verónica: “O porque es la única solución económica, o porque es lo que te exige la cultura, hay mucha gente, muchos chavos, que lo asumieron como parte del paisaje”.
En una región desigual donde el trabajo informal es la norma, tranzar con el narco fue la única opción para muchos campesinos, pequeños emprendedores o jóvenes deseosos de surgir.
“Soy el dueño del palenque, cuatro letras van al frente”, dice un corrido dedicado a El Mencho.
Las cuatro letras son las del CJNG y la canción es una oda al líder: “Soy el señor de los gallos, el del cártel jalisciense”.
El líder cuya muerte revivió el trauma histórico de Guadalajara, la ciudad que el narco convirtió en su casa.
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