
Snapchat llegó a un acuerdo para acabar con demandas por las que debía comparecer a finales de enero junto a Instagram, TikTok y YouTube, en el primero de varios juicios en Estados Unidos sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental.
Aunque sigue siendo demandado en otros casos, Snap Inc., la empresa estadounidense de la app del fantasma sonriente, afirmó el miércoles en una declaración enviada a la AFP que “está satisfecha de haber podido resolver este asunto de manera amistosa”.
El acuerdo, cuyos detalles financieros permanecen confidenciales, finaliza el procedimiento iniciado contra Snap por la californiana de 19 años identificada por las iniciales K.G.M., quien también demanda a Meta (matriz de Facebook e Instagram), ByteDance (TikTok) y Alphabet (YouTube).
Su acción legal es la primera de varias iniciadas por jóvenes, instituciones escolares y fiscales para establecer la responsabilidad de las redes sociales en el deterioro de la salud mental de internautas, que retoma la estrategia jurídica utilizada contra la industria del tabaco.
Los demandantes acusan a las plataformas de haber sido diseñadas para maximizar el tiempo de conexión, lo que provoca depresión, ansiedad, trastornos alimentarios e incluso suicidios entre sus usuarios.
El caso de K.G.M., que tendrá una influencia mayor en la resolución de los demás, será examinado por un tribunal de Los Ángeles desde el 27 de enero, cuando comenzará la selección del jurado, antes del inicio de las audiencias a principios de febrero.
Antes del acuerdo, Evan Spiegel, el director ejecutivo de Snap, estaba citado a testificar ante el tribunal, al igual que otros dirigentes de estas plataformas. El más esperado sigue siendo Mark Zuckerberg, el director ejecutivo de Meta.
En su defensa, los gigantes tecnológicos invocan la sección 230 de una ley estadounidense, el Communications Decency Act, que les otorga una inmunidad casi total sobre el contenido publicado en sus plataformas.
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Los demandantes piden a la justicia que los condene no por los contenidos, sino por el diseño de los algoritmos y de funciones de personalización que fomentan el desplazamiento compulsivo o “scrolleo”, como se conoce habitualmente, en la pantalla.
El juicio en California transcurre en paralelo al procedimiento ante una jueza federal en Oakland, California.
Hay otros procedimientos estatales en curso contra las plataformas, como el impulsado por un fiscal de Santa Fe (Nuevo México) que las acusa de exponer a los menores a depredadores sexuales.

Los seres humanos hemos intentado de muchas formas acercarnos al centro de la Tierra, pero ¿ hasta dónde hemos llegado y qué hay realmente allí abajo?
Muchas películas, libros y programas de televisión han elaborado teorías sobre lo que podría encontrarse en el centro de nuestro planeta.
Desde mundos subterráneos habitados por criaturas prehistóricas hasta civilizaciones humanas alternativas, las historias de ficción son tan fascinantes como aterradoras.
Pero la realidad es muy diferente a la ficción, y de hecho, aunque no hayamos llegado hasta el centro de la tierra, los seres humanos sí sabemos mucho sobre lo que hay bajo nuestros pies.
Entonces, ¿hasta qué profundidad hemos logrado llegar? ¿Y cómo sabemos lo que hay ahí abajo?
La Tierra está formada por cuatro capas principales.
Cada una de ellas es distinta, según la profesora Ana Ferreira, sismóloga de la University College de Londres.
“Tenemos la corteza, que es esta capa delgada y muy frágil donde todos vivimos”, explicó en el programa The Infinite Monkey Cage de BBC Radio 4.
La corteza terrestre es más delgada bajo el océano, pero puede alcanzar hasta 70 km de grosor bajo los continentes.
Debajo se encuentra el manto, de unos 3.000 km de espesor y compuesto por una roca llamada magma, que parece sólida a escala humana.
“Pero en realidad, a lo largo de millones de años, fluye”, explicó Ferreira.
Luego está el núcleo externo, formado principalmente por hierro y níquel líquidos, que genera el campo magnético terrestre.
El núcleo interno está compuesto de hierro y níquel sólidos, y es la parte más caliente de la Tierra, con temperaturas de hasta 5.500 °C.
El punto más profundo de la corteza terrestre al que ha llegado una persona es la mina de oro Mponeng, en Sudáfrica, a unos 75 km al suroeste de Johannesburgo. Se extiende hasta unos 4 km bajo la superficie.
Aunque ningún ser humano haya llegado físicamente más profundo, sí hemos utilizado perforadoras para ir aún más lejos.
El agujero hecho por el hombre más profundo del mundo es el pozo superprofundo de Kola, excavado por los soviéticos en el norte de Rusia y completado en 1992 tras casi 20 años de trabajo. Se adentra 12,2 km en el subsuelo.
Eso equivale a 27 edificios Empire State de Nueva York apilados uno sobre otro.
Aun así, representa apenas un tercio del grosor de la corteza terrestre en ese punto.
Excavar profundamente en la corteza terrestre es muy difícil por varias razones.
Cuanto más te adentras en la Tierra, más aumenta la temperatura.
La velocidad a la que se incrementa ese calor se conoce como gradiente geotérmico, y el promedio en la corteza continental es de 25 a 32 grados centígrados por kilómetro, según el geocientífico británico Chris Jackson.
La inmensa presión en las profundidades de la Tierra representa otro desafío.
Contrarrestar esa presión para mantener un pozo abierto es “algo increíblemente difícil de hacer”, afirmó Jackson.
Entonces, si no podemos avanzar mucho más allá de la superficie, ¿cómo estudiamos el resto del interior de la Tierra?
La respuesta es intrigante: las ondas sísmicas, vibraciones generadas por los terremotos que viajan a través de la Tierra.
Estas ondas adquieren propiedades distintas al atravesar diferentes materiales, lo cual puede medirse con sismómetros.
“Realizamos muchos análisis avanzados de datos y los modelamos para convertir esos registros en imágenes del interior de la Tierra”, explicó Ferreira.
Jackson describió esas imágenes como una especie de “tomografías computarizadas de la Tierra”.
Ambos expertos coincidieron en que estudiar las capas de la Tierra puede ayudarnos a comprender una gran variedad de aspectos de nuestro mundo, como los procesos detrás de los terremotos, los volcanes y la formación de montañas.
“En últimas, realmente necesitamos entender cómo funciona el manto”, dijo Ferreira.
Aprender sobre esto podría tener además aplicaciones indirectas, como ayudarnos a evaluar el potencial de la energía geotérmica, una forma de energía renovable que utiliza el calor del interior de la Tierra.
Ferreira también señaló que esta área de investigación podría ayudarnos a entender cómo ha evolucionado la Tierra a lo largo del tiempo e incluso quizá trasladar ese conocimiento a mundos más lejanos.
*Esta nota está basada en un episodio del programa The Infinite Monkey Cage, de BBC Radio 4.
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