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El actor Russell Brand se declara no culpable de dos nuevos delitos de carácter sexual
El actor Russell Brand se declara no culpable de dos nuevos delitos de carácter sexual
Foto: Instagram
2 minutos de lectura

El actor Russell Brand se declara no culpable de dos nuevos delitos de carácter sexual

Aunque ya ha sido procesado por violaciones y agresiones sexuales, Russell Brand nieva las acusaciones por dos nuevos cargos. Estos son los detalles.
24 de febrero, 2026
Por: Animal MX con información de AFP.

El actor británico Russell Brand, ya procesado por violaciones y agresiones sexuales que niega haber cometido, se declaró el martes no culpable de dos nuevos cargos, durante una breve audiencia ante un tribunal londinense.

El actor y presentador, de 50 años, negó, en la sala de audiencias de la Corte Penal de Southwark, una violación y una agresión sexual, los dos nuevos cargos en su contra.

Las acusaciones

En ambos casos se trataba de mujeres “de 16 años o más”, en incidentes denunciados que habrían ocurrido en 2009 en Londres, indicó el juez, sin ofrecer más precisiones sobre la edad o identidad de las denunciantes, protegidas por la ley.

La libertad bajo fianza del actor se extendió a la espera de su juicio, que se llevará a cabo en junio.

En mayo pasado, el exesposo de Katy Perry ya se había declarado no culpable de dos violaciones y varias agresiones sexuales que se le imputan contra cuatro mujeres en la región costera de Bournemouth (sur de Inglaterra) y en Londres, entre 1999 y 2005.

Russell Brand, nacido en 1975 en Essex, al este de Londres, cuenta con millones de seguidores en YouTube, X e Instagram, donde regularmente comparte ideas antisistema y teorías conspirativas.

El artista comenzó su carrera como comediante de monólogos cuando era adolescente y se dio a conocer por su humor provocador, antes de convertirse en actor de cine y televisión.

Mira también: “Mi No Lugar”, el documental que retrata la infancia perdida en los campos cañeros de México

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Imagen BBC
Por qué te incomoda escuchar a alguien que piensa distinto (no es solo ego)
5 minutos de lectura

“Cuando escuchamos una idea contraria a la nuestra, el cerebro no empieza evaluando argumentos: primero detecta que hay un conflicto”, dice un experto. Pero es posible aprender a escuchar con calma.

18 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Cuando escuchamos una opinión contraria a la nuestra, en el cerebro se activan varias regiones implicadas en manejar el dolor y las amenazas.

Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.

Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.

El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.

Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.

El cerebro detecta conflicto antes de razonar

Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.

Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un “radar de incongruencias”.

La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.

Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.

Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.

dibujo a lapiz de un cerebro. tiene algunas líneas de color amarillo, azul y rojo.
Getty Images
Conocer tu cerebro te puede ayudar a regularlo.

El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.

Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.

El coste cognitivo y emocional de integrar otra perspectiva

Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: “lo que yo creo” y “lo que tú dices”.

Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.

A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.

En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como “razonamiento motivado”.

Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.

Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.

El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.

El estrés dificulta escuchar y pensar con calma

Un factor clave en todo este proceso es el estrés.

Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.

En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.

radiografías del cerebro en una tablet. Una mano señala el dispositivo.
Getty Images
Cambiar de perspectiva también puede interpretarse como un riesgo social, porque muchas creencias están ligadas a pertenecer a un grupo.

La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.

Escuchar desde la calma se puede entrenar

La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.

El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.

Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.

Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.

Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.

Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.

De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.

Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.

un hombre canoso, sentado en un escritorio y con un computador en frente, se lleva las manos a la cara. Aunque no se le ve el rostro su posición implica que está angustiado.
Getty Images
El estrés nos hace estar en alerta, por lo que, en dicho estado, se nos dificulta escuchar a otros.

La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático.

Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos.

En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable.

Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original.

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