
En plena edición 2026 del Festival Internacional de Cine de Berlín, uno de los encuentros cinematográficos más relevantes del mundo, más de 80 profesionales del cine firmaron una carta abierta en la que critican el “silencio institucional” del festival frente a la situación en Gaza.
La carta fechada el 17 de febrero de 2026, acusa al certamen alemán de censurar a artistas que se han pronunciado en defensa de los derechos palestinos y de no asumir una postura clara.
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Aunque varias de las figura que firman la carta ya se han posicionado frente a la situación en Palestina, en este caso la polémica alrededor del Berlinale 2026 tuvo como punto de partida la declaración del presidente del jurado 2026.
Wim Wenders, en la rueda de prensa inaugural afirmó que el cine es “lo opuesto a la política” y que debería mantenerse al margen, frente a esta declaración se hizo una carta pública en la que se rechaza esa postura afirmando que:
“No se puede separar una cosa de la otra”
Ante el revuelo, la directora del festival, Tricia Tuttle, publicó un comunicado señalando que no se debe exigir a los artistas que comenten sobre todos los debates políticos vinculados al festival. Sin embargo, la aclaración no frenó las críticas.
Como respuesta a esta distancia que se pide entre el cine y al realidad, surge esta carta, en la que cineastas y actores expresan estar “consternados” por lo que describen como censura a artistas propalestinos en ediciones anteriores.
Señalan también que algunos participantes fueron reprendidos por manifestarse desde el escenario e incluso investigados por la policía alemana.
La carta también menciona el respaldo del gobierno alemán a Israel y cuestiona que un festival financiado con fondos públicos no haya emitido una declaración clara en defensa de los derechos palestinos.
“Instamos a la Berlinale a que cumpla con su deber moral”, concluye el texto, pidiendo una condena explícita a lo que califican como genocidio y crímenes de guerra.
Entre los nombres que la firman aparecen varias celebridades y personas alrededor del la industria de cine. Al final de esta nota puedes encontrar la carta completa, por ahora te dejamos la lista de nombres de personas que se han pronunciado:
“Escribimos como profesionales del cine, todos nosotros participantes pasados y actuales de la Berlinale, con la esperanza de que las instituciones de nuestra industria se nieguen a ser cómplices de la terrible violencia que continúa desplegándose contra los palestinos. Nos consterna la participación de la Berlinale en la censura de artistas que se oponen al genocidio israelí en curso contra los palestinos en Gaza y el papel clave del Estado alemán en permitirlo. Como ha declarado el Instituto de Cine Palestino, el festival ha estado “vigilando a los cineastas, además de mantener el compromiso de colaborar con la Policía Federal en sus investigaciones”.
El año pasado, cineastas que se manifestaron a favor de la vida y la libertad palestinas desde el escenario de la Berlinale denunciaron haber sido severamente reprendidos por los principales programadores del festival. Se informó que un cineasta fue investigado por la policía, y la dirección de la Berlinale insinuó falsamente que su discurso, basado en el derecho internacional y la solidaridad, era “discriminatorio”. Como comentó otro realizador a Trabajadores del Cine por Palestina sobre la edición anterior: “Había una sensación de paranoia en el aire, de falta de protección y persecución, algo que nunca antes había sentido en un festival de cine”. Nos unimos a nuestros colegas en el rechazo a esta represión institucional y al racismo antipalestino.
Discrepamos fervientemente de la declaración del presidente del jurado de la Berlinale 2026, Wim Wenders, de que hacer cine es “lo opuesto a la política”. No se puede separar uno de la otra. Nos preocupa profundamente que la Berlinale, financiada por el Estado alemán, esté ayudando a poner en práctica lo que Irene Khan, Relatora Especial de la ONU para la Libertad de Expresión y Opinión, condenó recientemente como el uso indebido por parte de Alemania de legislación restrictiva “para limitar la defensa de los derechos de los palestinos, paralizar la participación pública y reducir el discurso en el ámbito académico y artístico”.
La situación está cambiando en el mundo cinematográfico internacional. Numerosos festivales han respaldado el boicot cultural al apartheid israelí, y más de 5.000 profesionales del cine han anunciado su negativa a colaborar con compañías e instituciones cinematográficas israelíes consideradas cómplices.
Sin embargo, hasta la fecha, la Berlinale no ha satisfecho las demandas de su comunidad de emitir una declaración que afirme el derecho palestino a la vida, la dignidad y la libertad; condene el genocidio israelí en curso contra los palestinos; y se comprometa a defender el derecho de los artistas a expresarse libremente en apoyo de los derechos humanos palestinos. Esto es lo mínimo que puede —y debe— hacer.
Así como el festival ha hecho declaraciones claras en el pasado sobre las atrocidades cometidas contra los pueblos de Irán y Ucrania, instamos a la Berlinale a que cumpla con su deber moral y manifieste claramente su oposición al genocidio, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra de Israel contra los palestinos, y que cese por completo su intento de proteger a Israel de las críticas y las exigencias de rendición de cuentas.”

Las relaciones de Japón con China están en su nivel más bajo en años, luego de varios episodios que han elevado la tensión entre ambos países.
Los osos panda Xiao Xiao y Lei Lei fueron despedidos el mes pasado entre lágrimas en el Zoológico Ueno de Tokio por miles de japoneses, antes de ser enviados de regreso a China.
El hecho, que dejó a Japón sin pandas chinos por primera vez en décadas, se convirtió en uno de los últimos símbolos del deterioro de las relaciones entre China y Japón.
Desde que la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, hizo comentarios que llevaron las relaciones con China a su nivel más bajo en años, Pekín ha aumentado la presión por diversas vías.
Lo ha hecho enviando buques de guerra, restringiendo las exportaciones de tierras raras, frenando el turismo chino, cancelando conciertos e incluso recuperando a sus pandas.
Mientras Takaichi inicia un nuevo mandato, tras obtener un respaldo histórico en las recientes elecciones anticipadas, los analistas advierten que China y Japón tendrán dificultades para reducir la tensión y que la relación no se recuperará pronto.
La disputa empezó en noviembre, cuando Takaichi pareció sugerir que Japón activaría su fuerza de autodefensa en caso de un ataque a Taiwán.
China considera a Taiwán como una provincia propia rebelde y no ha descartado el uso de la fuerza para “reunificarse” con ella algún día.
Taiwán, que se gobierna de forma independiente desde hace décadas, considera a EE.UU. como un aliado clave que se ha comprometido a ayudarla a defenderse.
Desde hace tiempo, la preocupación ha sido que cualquier ataque a Taiwán pudiera resultar en un conflicto militar directo entre Estados Unidos y China, que luego se ampliara a otros aliados estadounidenses en la región como Japón y Filipinas.
La cuestión de Taiwán es una línea roja absoluta para China, que reacciona con furia ante cualquier comentario percibido como “injerencia externa” e insiste en que es una cuestión de soberanía que solo China puede decidir por sí misma.
Casi inmediatamente después de las declaraciones de Takaichi, Pekín respondió con una oleada de condenas y exigió una retractación.
Los observadores han señalado que los comentarios de Takaichi coincidían con la postura del gobierno y con lo que otros líderes japoneses habían dicho en el pasado.
Pero la diferencia radica en que era la primera vez que un primer ministro japonés en funciones expresaba tales opiniones.
Por su parte, Takaichi se negó a disculparse o retractarse de sus comentarios, una postura que, según los analistas, probablemente se vea justificada por el sólido respaldo electoral que ha obtenido.
Sin embargo, Takaichi sostuvo que sería más cautelosa al comentar sobre escenarios específicos. A su vez, su gobierno ha enviado diplomáticos de alto rango a reunirse con sus homólogos chinos.
Sin embargo, esto no ha contribuido a calmar la ira china.
Ante la firme negativa de Takaichi a ceder, China ha aumentado la presión de forma constante.
Si bien en las últimas décadas han surgido disputas entre ambos países, alimentadas por la animosidad histórica, esta vez la situación es diferente, según los analistas.
China ha ampliado su presión en una gama mucho más amplia de frentes, señaló Robert Ward, presidente de Japón del centro de estudios Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.
Se trata de una presión difusa y de bajo nivel, similar a la “guerra de zona gris” que libra contra Taiwán, afirmó, cuyo objetivo es “desgastar [al oponente] para normalizar cosas que en realidad no son normales”.
En el ámbito diplomático, ha presentado quejas ante las Naciones Unidas y pospuesto una cumbre trilateral con Japón y Corea del Sur.
China también ha intentado involucrar a otras partes en la contienda y ha pedido a Reino Unido y Francia que se unan a ella, al tiempo que insta a sus aliados, Rusia y Corea del Norte, a denunciar a Japón.
Durante el fin de semana, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, invocó el historial de agresión de Japón durante la Segunda Guerra Mundial al dirigirse a los líderes occidentales en la Conferencia de Seguridad de Múnich y calificó las declaraciones de Takaichi como un “acontecimiento muy peligroso”.
En el ámbito militar, Japón sostuvo que China ha enviado drones y buques de guerra cerca de sus islas y que sus cazas de combate han fijado los radares que guían sus armas en aviones japoneses.
Además, buques de la guardia costera japonesa y china se han enfrentado cerca de las disputadas islas Senkaku/Diaoyu, mientras que la semana pasada las autoridades japonesas incautaron un buque pesquero chino.
Pero está claro que China también quiere golpear a Japón donde más le duele: su economía.
Pekín ha impuesto restricciones a las exportaciones a Japón de tecnologías de doble uso, incluyendo tierras raras y minerales críticos, en lo que se ha considerado una forma de coerción económica.
También ha advertido a los ciudadanos chinos que eviten Japón para sus estudios y vacaciones y ha cancelado vuelos en 49 rutas a Japón, lo que ha provocado una disminución del turismo y una caída en el valor de algunas acciones.
Los ciudadanos chinos representan una cuarta parte de todos los turistas extranjeros que llegan a Japón, según cifras oficiales.
Ni siquiera el entretenimiento y la cultura ha quedado exentos de las consecuencias.
Eventos musicales japoneses en China han sido cancelados, incluido uno en el que un cantante fue retirado apresuradamente del escenario a mitad de la actuación. Además, las distribuidoras cinematográficas han pospuesto el estreno de varias películas japonesas.
Una de las exportaciones culturales más famosas de Japón, Pokémon, también fue criticada por un evento que debía celebrarse en el Santuario Yasukuni. El templo honra a los japoneses caídos en guerra, incluyendo a algunos que China considera criminales de guerra. El evento finalmente fue cancelado.
En el frente de las redes sociales, los nacionalistas chinos han lanzado ataques online contra Takaichi, incluyendo la divulgación de videos generados por IA que muestran a la figura de la cultura pop Ultraman y al personaje de anime Detective Conan peleando contra la primera ministro.
Pero, en general, China ha tomado medidas menos provocativas en comparación con conflictos anteriores con Japón, según dicen Bonny Lin y Kristi Govella, del centro de estudios Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).
“Hasta ahora, sus respuestas económicas y militares han sido relativamente limitadas en comparación con el pasado, pero hay amplio margen para una mayor escalada”, señalaron en un análisis reciente.
China también puede estar absteniéndose de adoptar una postura demasiado dura con Japón, ya que actualmente se está “posicionando activamente como el guardián del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial” y quiere ser visto como una potencia responsable en comparación con Estados Unidos, añadió Ward.
Los observadores coinciden en que, si las tensiones se calman, probablemente se asentarán en un nivel más alto que antes. Es menos probable que ambas partes desescalen esta vez, señalaron Lin y Govella en su análisis.
China es una potencia mucho más fuerte ahora y “Taiwán es el núcleo de los intereses chinos, lo que significa que es más probable que Pekín adopte una postura de línea dura que en episodios anteriores”.
“Pekín también desconfía profundamente de Takaichi y es probable que considere sus intentos de reducir la tensión sin retractarse explícitamente de sus comentarios como hipócritas o, peor aún, estratégicamente engañosos”, agregaron.
Mientras tanto, Japón tiene un mayor interés en mantenerse firme, especialmente tras la contundente victoria electoral de Takaichi, que “interpretará como una reivindicación de su postura respecto a China”, señaló Ward.
Govella le dijo a BBC que Takaichi probablemente podría usar su victoria como “capital político” para impulsar políticas económicas y de defensa para fortalecer la posición de Japón.
Takaichi se ha comprometido a aumentar el gasto de defensa de Japón al 2% del PIB dos años antes de lo previsto, completar una revisión de las estrategias de seguridad clave para finales de este año y lanzar pronto un paquete de estímulo económico.
A su vez, China “considera que Takaichi es un líder bastante fuerte y que la campaña de presión solo podría fortalecerla a nivel nacional, por lo que es posible que no intensifiquen mucho su presión”, sostuvo Kiyoteru Tsutsui, experto en Japón y director del Centro de Investigación Shorenstein Asia-Pacífico de la Universidad de Stanford.
“Así que esta relación probablemente continuará por un tiempo”.
El factor imponderable podría ser que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha prometido hasta ahora un fuerte apoyo a Takaichi, emitiendo un respaldo inusual en el momento previo a las elecciones anticipadas.
Sin embargo, muchos esperan que las relaciones entre Estados Unidos y China se intensifiquen aún más este año, señaló Tsutsui, con varias reuniones programadas entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, incluida la visita de Estado del presidente estadounidense a Pekín en abril.
Y, en comparación con incidentes anteriores, la respuesta de Estados Unidos al último enfrentamiento “ha sido moderada hasta ahora, lo que podría envalentonar a China”, afirmaron Lin y Govella.
“Los japoneses temen que se produzca un gran acuerdo entre Xi y Trump”, declaró Ward.
Durante el fin de semana, Estados Unidos y Japón reafirmaron sus vínculos en el marco de la Conferencia de Seguridad de Múnich en una reunión entre el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y su homólogo japonés, Toshimitsu Motegi.
Takaichi también tiene previsto reunirse de nuevo con Trump en marzo, cuando visite Washington, antes de su viaje a China.
A medida que China sigue aumentando la presión, Tokio probablemente “redoblará” sus esfuerzos para asumir una mayor parte de la carga de defensa que comparte con Estados Unidos, dijo Ward, y “realmente trabajará más estrechamente con ellos para asegurarse de que Estados Unidos no se desvíe y pierda interés en la región”.
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