
Este reportaje es parte del Hub de Periodismo de Investigación de la Frontera Norte, un proyecto del International Center for Journalists.
San Felipe es una comunidad de pescadores. Ahí, la pesca se realiza de generación en generación. Hasta hace cuatro décadas, esa actividad en este puerto era garantía de obtener un buen producto marino sin la necesidad de adentrarse un poco más al frío mar.
Sin embargo, la sobreexplotación, la falta de regulaciones, la falta de compromiso con la veda necesaria a especies comerciales y el uso de artes de pesca no sostenibles han puesto en peligro la seguridad alimentaria de esa comunidad.
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Hoy en día, para regular la pesca en el puerto de San Felipe, la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) junto con la Secretaría de Marina (Semar) se encargan de vigilar que en la comunidad existan prácticas sostenibles. Pese a ello, fuentes locales consultadas señalaron que esto no ocurre en su totalidad.
En el Alto Golfo de California existe una organización fundada por pescadores de San Felipe en Baja California. Su consejo directivo también se compone por personas que son parte del sector pesquero y que están conscientes de que la pesca en esa región y cómo se práctica, no es sostenible y no se puede mantener en el tiempo.
Su nombre es Pesca Alternativa de Baja California, también conocidos como Pesca ABC, y con ayuda de la ciencia y la educación ambiental, crean mejores prácticas sostenibles para el sector pesquero y, al mismo tiempo, proteger el ecosistema marino y las especies que en él habitan.

El trabajo de esta organización se distingue por tres líneas de acción:
Dentro del desarrollo de artes de pesca sostenible, la organización innova con el uso de tecnología encaminada a este sector. Pero también en el estudio de mercado para saber cómo vender sus productos de mejor manera.
Entre sus actividades destaca su método de trazabilidad en los productos con el objetivo de mostrar a los consumidores que lo que están consumiendo proviene, efectivamente, de una pesca sostenible.

En el informe anual 2021 de Pesca ABC reportó avances importantes, como sucedió en 2016 con el trabajo de extracción de redes de pesca fantasma perdidas o abandonadas en el Alto Golfo de California.
Tan solo de 2016 a 2018, reportaron el retiro de mil 189 artes de pesca de distintas pesquerías.
De acuerdo con el informe presentado, en el Alto Golfo de California es frecuente que las personas que realizan actividades de pesca ilegal abandonen sus redes tras huir de las autoridades. Sin embargo, es importantísimo retirar esas redes para proteger a las especies marinas que habitan en el ecosistema.
Durante la iniciativa para “Eliminar las redes de pesca fantasma en el Alto Golfo de California”, Pesca ABC, junto con el Museo de la Ballena y autoridades gubernamentales, se encargaron de localizar y retirar esas redes.
Según cifras presentadas en los primeros tres años del programa se recuperaron mil 300 redes, de las cuales el 90 % eran totoaberas. Además, reportaron que encontraron 3 mil 400 organismos vivos y 3 mil 100 especies muertas.

Como explica Enrique Sanjurjo en entrevista para Animal Político y Border Hub, el diseño de una red de pesca está hecho para matar. La red se diseña con la idea de que el pez se enmalle y ya no pueda salir.
“Está diseñada para que el pez tope con eso, se atore y no se pueda desatorar. Entonces el diseño es para matar, ya sea que esté activa o inactiva [la red] va a estar matando porque para eso se inventó”, explica.
Otra características de las redes es que dependiendo del tamaño del producto marino es cómo será el diseño. Por ejemplo, si una persona quiere atrapar camarón o especies más pequeñas, es como se diseñará la luz de malla, es decir, el tamaño del cuadro de cada red.
Además de la luz de malla, a la red se le añaden plomos y boyas para que funcione. El tamaño debe tener las medidas que correspondan a cada pesquería según las regulaciones establecidas por la Conapesca.

Para lograr que los proyectos se ejecuten en San Felipe, se requiere de un equipo multidisciplinario. A la cabeza se encuentra Felipe Rocha, biólogo, maestrante en ecología marina en el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Baja California (CICESE) y subdirector en Pesca ABC.
Rocha explica que el proyecto de extracción de redes en desuso nace de la necesidad de retirar las artes de pesca que quedaron bajo el agua y continúan capturando organismos.
Durante un ejercicio de extracción de redes en el mar de San Felipe, el experto comenta que mientras estas artes se mantengan debajo del agua, ya sea porque las olvidaron o se perdieron por la acción de la corriente marina, seguirán capturando especies como peces, tortugas o aves marinas que intentan atrapar a los animales enmallados.
Para realizar los trabajos de extracción de redes en desuso, el biólogo explica que él y cinco profesionales más fueron capacitados en octubre de 2023 por dos buzos expertos para mejorar las maniobras de trabajo bajo el mar: Arturo Hernández, de Comunidad y Biodiversidad A.C. (COBI), y Edgardo Ochoa, de Conservation International ( CI, Global Marine & Diving Safety Officer).

Antes de adentrarse en el mar, primero deben localizar las áreas donde se encuentran las artes de pesca abandonadas. Para este trabajo de extracción, en Pesca ABC ya habían detectado una zona que contaba con abundantes redes. Después se capacitaron y se adentraron en aguas para limpiar esta zona.
Los trabajos de extracción comienzan desde temprano y el objetivo es aprovechar la mañana para no tener el sol apuntándoles todo el día.
“Nosotros llegamos al punto. Marcamos con una boya donde vamos a estar trabajando y ya abajo, el equipo de buzos se alista. Llevamos navajas y un tipo de bolsas que cuando localizamos una red, lo primero que vamos a tratar es cortarla y sacarla del fondo oceanico tratando de no perturbar la vida marina. Cuando tenemos un pedazo de red bastante grande o que ya no puede ser manejable lo que hacemos es poner [un] anclaje en la red”, describe Rocha, mientras un equipo de buzos ya se encuentra en el mar y realiza la actividad para extraer la red que previamente localizaron.
De acuerdo con el especialista, la bolsa especial de color naranja tiene la capacidad de extenderse de forma positiva. Ésta se extiende y con un regulador del equipo de buceo colocan aire debajo. Luego se infla y manda a la superficie la red o pedazo de red que cortaron.

Una vez que la red se encuentra en la superficie, la tripulación que se queda en la embarcación menor -o panga-, toma la red y la extrae del mar.
Una vez terminado el trabajo de extracción de las redes localizadas en la jornada, toman esas artes y las llevan al centro de acopio que la organización ambientó en la estación de campo de Pesca ABC.
“Los planes a futuro con este equipo rescatado es reciclarlo. Se está haciendo el trabajo y esfuerzo de separarlo de todo material orgánico que tengamos, [como] peces o aves muertas y de cualquier otro material que no sea la red. Posteriormente se va a triturar y el siguiente paso es hacer pellets para nosotros después darle la forma que queramos con una máquina de impresión 3D”, adelanta Felipe Rocha.
El mar de San Felipe se caracteriza por tener aguas muy frías. Para bucear y extraer las redes deben aprovechar las “mareas muertas”, que es el mejor momento para estar en el agua debido a la poca visibilidad que se tiene al sumergirse en otros momentos.
“A veces, en un día muerto y sin viento, podemos tener la visibilidad de hasta un metro a la distancia, pero normalmente vamos a tener una visibilidad corta. [Este] es un esfuerzo coordinado que ha dado buenos resultados junto con el torneo del retiro de artes de pesca en desuso donde obtuvieron cerca de diez toneladas de material que próximamente reciclaremos”, añadió el experto.

Hasta ahora, Pesca ABC ha realizado tres campañas de buceo. Sin embargo, Rocha enfatiza que lo ideal es que se hagan mes con mes. Para lograrlo se necesita de apoyo económico para rentar el equipo de buceo especializado en aguas frías que adquieren desde la ciudad de Ensenada, Baja California.
De acuerdo con el biólogo, la renta de un equipo de buceo depende de la cantidad de personas que se sumerjan. Los trajes que usan deben ser de neopreno y pastillas de plomo para las maniobras dentro de aguas frías. Por estas generalidades los precios varían entre los 20 mil a 30 mil pesos.
“El traje de buceo te aisla del agua y la que queda dentro de él se calienta con el calor corporal. Eso nos mantiene en una temperatura agradable para trabajar. Nosotros usamos trajes de 9 milímetros para asegurarnos de no pasar frío abajo. En invierno tenemos un récord de 13 °C. [La temperatura del agua marina] se mide con un multiparámetro que durante todo el año toma datos. En verano tenemos [hasta] 33°C”, detalla el experto.
Ante el peligro que representa la permanencia de las redes de pesca fantasma en el medio marino, Pesca ABC dio continuidad al programa de extracción de redes que, junto con otras organizaciones de la sociedad civil, iniciaron en 2016.
Andrés Amparo y Héctor Iñiguez, ambos buzos profesionales, extractores de redes y biólogos marinos en Pesca ABC, explican a Animal Político y Border Hub cómo localizan las redes de pesca fantasma.

La localización de redes se realiza en zonas que sean de riesgo para los pescadores a la hora en que tiran sus redes. Principalmente donde haya rocas, barcos hundidos y arrecifes. Una vez localizadas se marca el sitio por GPS.
“Nos programamos cuando hay mareas muertas y bajamos un grupo de entre cuatro y seis buzos para hacer la extracción de redes. Una vez dentro, ya ubicadas, se marcan con bolsas inflables de un color llamativo como es el naranja ya que con la [poca] visibilidad se batalla para tener ubicado todo y se va sacando por partes”, explica Iñiguez.
El buzo describe que el material de la red lo estiran con las bolsas inflables y lo cortan. Cada parte que cortan de la red la sacan hasta terminar por completo con ella. Además, enfatiza en que es poco común que se extraiga la red por completo en un solo intento.
Bucear en el Alto Golfo de California en temporada de mareas muertas permite evitar el sedimento que se arrastra debajo del mar debido a la elevación del agua. El polvo y arena juntos debajo del agua son los causantes de la falta de visibilidad al sumergirse.
“Prácticamente, estamos a oscuras, por eso buscamos un día en que por lo menos tengamos unos dos metros de visibilidad, por el mismo riesgo de la red que provoca que pierdas a tu compañero y pueda atorarse con la red”, señala el buzo.
Andrés Amparo agrega que otro de los riesgos a los que se enfrentan en un proceso de extracción de redes es atorarse con alguna de esas artes de pesca abandonadas o perdidas en el mar.

“Siempre tenemos que estar vigilando a nuestro compañero. Nos metemos con dos navajas y cuchillo para que, en caso de riesgo o atoro, podamos desatorar. La profundidad que usamos aquí son alrededor de 10 a 20 metros máximo, por lo mismo de que las redes llegan a ser un poco grandes y te entretienes en estarlas cortando. Entonces, tratamos de no bucear profundo”, añade.
Una red que lleva mucho tiempo abandonada en el mar puede contener lodo que se sedimentó en ella, o Incluso corales que se adhieren al material. Eso, más la densidad del mar, vuelve a las artes de pesca más pesadas y cuando hay corriente, los buzos corren el riesgo de ser arrastrados junto con ellas.
“A la hora de meternos [al mar] utilizamos bolsas de aire y eso nos ayuda a manipularlas [las redes] dentro del agua y no tener que cargar con el peso de la red. Las mismas bolsas con las que marcamos se inflan de aire y se elevan a la superficie. Ahí, dependiendo de las personas que manejan la panga o la embarcación se acercan, toman la red y la extraen”, describe Amparo.
Una vez que las redes fueron extraídas continúa el siguiente paso: limpiar, separar y tratar. Juan Carlos y Saúl fueron pescadores y hoy en día son recolectores de redes. Su labor en este proyecto es tratar las artes de pesca que los buzos extraen del mar.
Ambos se encargan de separar los materiales que conforman las redes y las tratan dependiendo de qué están hechas. Esto es una tarea fácil para ellos porque su conocimiento como pescadores les permite identificar sus compuestos; así como la pesquería para la que fue diseñada.

“Para nosotros no es difícil porque ya sabemos identificarla”, señala Juan Carlos, mientras separar los componentes de la red.
Primero identifican los monofilamentos de la red que es un polímero de nylon y lo separan. Aunque ese material predomina en las redes, lo único que los hace diferentes es el grosor y el ancho y la especie a la que va dirigida, ya sea para camarón o pez sierra, por ejemplo.
Sin embargo, la red dirigida para pescar totoaba tiene una composición especial. Héctor Iñiguez explica que hasta ahora no les ha tocado sacar una red semejante cuando bucean.
“Es raro que esas redes las dejen o las tiren [para pescar] en lugares de riesgo debido al precio que tienen. Esas son de un material que le dicen spectra y está conformada por muchos hilos y es más resistente”, añade el buzo.
De acuerdo con las fuentes consultadas, las redes totoaberas también reciben el nombre de ‘totoabero’, ‘malludo’, ‘trapo’ y están hechas de tela o hilo de seda trenzado. “Son super resistentes y si se atora una ballena se batalla para sacarla”, explican.

Para limpiar una red, quitan los materiales que en ella se encuentren estancados como puede ser algunas especies marinas. Después proceden a separar el cabo con plomo, la boya y clasifican la red según corresponda la pesquería.
En seguida, esas redes se estiran y las enrollan hasta volverlas esferas que depositan en grandes sacos conocidos como barcinas. Las registran y después, las llevan a triturar con la Secretaría de Marina.
Para este proceso, y con apoyo de la Secretaría de Marina, según los entrevistados, entregan las redes que son trituradas con maquinaría de la Semar.
El resultado son pequeños trozos o pellets que se utilizarán para reciclar y crear nuevos objetos, de esta manera se garantiza la circularidad y sustentabilidad de las redes.

Jania, técnico de economía circular en Pesca ABC, explica que un proyecto de reciclaje para redes de pesca fantasma que fueron extraídas del mar sí tiene un costo elevado, en especial cuando se obtiene una gran cantidad de redes recolectadas como fue en la edición de este 2024 al contabilizar diez toneladas en el torneo de recolección.
Juan Carlos, quien fuera pescador en San Felipe, considera que es importante la creación de programas para proteger a una especie como la vaquita marina y la totoaba que están en peligro de extinción pero también se debe pensar en las personas que se dedican a la pesca.

“No solo son los 7 mil 500 pesos que nos pagan al año. También deben pensar en el pescador, de dónde va a vivir y todo antes de quitarle la red. Es muy fácil decir ‘le vamos a quitar las redes’, pero de qué va a vivir el pescador. Todo San Felipe es gente pescadora”, añade.
Por su parte, Héctor Iñiguez coincide que aunque se crean alternativas, esas no cubren a todos los pescadores. “No nada más se deben retirar las redes y ya, también se deben dar alternativas a los pescadores y no solo poner ‘Cero Tolerancia’ en todo el Alto Golfo, se necesita repensar en eso y en dar soluciones, no solo prohibirlas”, denuncia.


Desde la caída de Nicolás Maduro, Estados Unidos se ha hecho cargo de la comercialización del petróleo de Venezuela, así como de la transferencia y administración de los recursos procedentes de estas ventas. BBC Mundo te cuenta cómo funciona este proceso y qué dudas genera.
Sorpresa, confusión, preocupación, alivio, optimismo, mucha incertidumbre…
Esas fueron algunas de las muchas emociones y sentimientos que experimentaron los venezolanos el pasado 3 de enero cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que a partir de ahora su país asumiría las riendas de la industria petrolera venezolana.
“El negocio petrolero en Venezuela ha sido un fracaso”, dijo el mandatario estadounidense. “Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura petrolera gravemente dañada y empiecen a generar dinero para el país”, afirmó Trump pocas horas después de que el entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro, hubiera sido capturado en una operación de las fuerzas militares estadounidenses.
Sus palabras generaron sentimientos encontrados entre los venezolanos que son conscientes del deterioro en el que ha caído la industria petrolera de su país en el último cuarto de siglo debido a problemas como la desinversión, la corrupción, las malas políticas y las sanciones internacionales, pero que, al mismo tiempo, tienen un fuerte vínculo de identidad con el petróleo, al que perciben no solamente como una fuente de la riqueza nacional sino como un recurso que les pertenece a todos.
Esta semana, el secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, se convirtió en el funcionario estadounidense de mayor rango en visitar Venezuela en más de dos décadas.
Wright se reunió Rodríguez y aseguró que Trump está comprometido en transformar la relación con Caracas, para “llevar comercio, paz, prosperidad, empleos y oportunidades al pueblo de Venezuela en asociación con Estados Unidos”.
Pero ¿qué significa exactamente que EE.UU. se vaya a hacer cargo de la industria petrolera venezolana?
Se trata de una pregunta que sigue sin tener una respuesta precisa, pero que en las semanas que han transcurrido desde la detención de Maduro ha ido tomando forma.
El 6 de enero, apenas tres días después de la detención de Maduro, Trump publicó un mensaje en Truth Social anunciando que el gobierno de la presidenta temporal de Venezuela, Delcy Rodríguez, le iba a entregar a EE.UU. entre 30 millones y 50 millones de barriles de petróleo (equivalentes a entre uno y dos meses de producción venezolana a los niveles actuales)
El mandatario señaló que el crudo se vendería a precios de mercado y que él iba a controlar el fruto de esa venta para asegurarse “de que sea usada en beneficio del pueblo de Venezuela y de EE.UU.”.
Al día siguiente, el Departamento de Energía de EE.UU. (DOE, por sus siglas en inglés) informó en un comunicado que ese país había empezado a comercializar el petróleo de Venezuela con el volumen de barriles mencionado antes e indicó que aplicarán este mecanismo de forma indefinida.
La petrolera estatal venezolana, Pdvsa, confirmó las negociaciones sobre un acuerdo de este tipo con EE.UU., pero no mencionó que fuera a aplicarse de forma indefinida y lo equiparó al que rige con la petrolera estadounidense Chevron. “Está basado en una transacción estrictamente comercial, con criterios de legalidad, transparencia y beneficio para ambas partes”, apuntó.
En su comunicado, el DOE dijo que EE.UU.había contactado a las “principales empresas comercializadoras de materias primas del mundo y a bancos clave” para ejecutar y dar apoyo financiero a estas ventas de crudo.
Posteriormente se sabría que eran Vitol y Trafigura, dos de las compañías más grandes del mundo dedicadas a la comercialización de materias primas. Entre ambas manejan diariamente un volumen de petróleo suficiente para satisfacer el consumo combinado de México, Alemania, India y Japón, según Bloomberg.
Gran parte del crudo que estas empresas recibieron fue inicialmente almacenado a la espera de ser vendido. Bloomberg informó que estas compañías adquirieron ese petróleo a un precio de US$15 por debajo del costo del barril de crudo Brent y lo estuvieron ofrecieron a refinerías en la Costa del Golfo de EE.UU. a entre US$8 y US$9 menos que el Brent.
Históricamente, el petróleo venezolano se ha vendido en un rango aproximado entre US$5 y US$15 por debajo del Brent dependiendo de la calidad del crudo, de las condiciones de la venta y de la situación del mercado (cuando el precio del petróleo en el mundo subía, el diferencial se reducía, pero cuando el precio bajaba, tendía a ampliarse).
Según la prensa estadounidense, Trafigura y Vitol fueron escogidas para estas primeras transacciones por ser compañías que tenían la capacidad para hacerse cargo del crudo venezolano y colocarlo rápidamente en el mercado.
Según explicó el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, la venta de este crudo era importante porque Venezuela se estaba quedando sin capacidad para almacenar el petróleo – debido al bloqueo marítimo impuesto por Trump desde diciembre- y además al gobierno de Delcy Rodríguez se le iba agotando el dinero para hacer frente a gastos esenciales.
“Venezuela se estaba quedando sin capacidad de almacenamiento. Estaban produciendo petróleo, estaban perforando, pero no tenían dónde guardarlo ni cómo moverlo. Y estaban enfrentando una presión fiscal. Necesitaban dinero y lo necesitaban de inmediato para pagar a los policías, a los trabajadores de la salud y las operaciones diarias del gobierno”, dijo en una comparecencia ante el Senado.
Rubio afirmó que este crudo venezolano se está vendiendo a precios de mercado, superiores a los que estaba recibiendo el país antes de la detención de Maduro.
“China estaba recibiendo este petróleo con un enorme descuento de unos US$20 por barril, y ni siquiera lo estaban pagando con dinero. Se estaba usando para amortizar la deuda que Venezuela les debía. Este es el petróleo del pueblo venezolano y se estaba entregando a los chinos como trueque”, dijo.
El diplomático aseguró que estas primeras ventas se hicieron a través de un mecanismo de corto plazo que no será definitivo.
“Estamos usando ese mecanismo de corto plazo tanto para estabilizar el país como para asegurarnos de que los ingresos petroleros que se generan vayan en beneficio del pueblo venezolano y no a financiar el sistema que existía en el pasado”, dijo.
“Esperamos pasar a un mecanismo que permita que ese petróleo se venda de manera normal, en una industria petrolera normal, no una dominada por compinches, ni por el soborno y la corrupción”, agregó.
El 14 de enero, las autoridades estadounidenses anunciaron que ya se había realizado la primera venta de crudo venezolano por un monto de US$500 millones.
Ese dinero, sin embargo, no está bajo el control de las autoridades venezolanas sino de las estadounidenses.
Asdrúbal Oliveros, economista y consultor empresarial venezolano, dijo a BBC Mundo que el dinero se está depositando en una cuenta que mantiene el Banco Central de Venezuela en el banco estadounidense JP Morgan, desde donde es transferido a una cuenta en Qatar, que funciona como una suerte de fideicomiso entre EE.UU. y el gobierno de Venezuela.
“Desde allí, el dinero se distribuye a bancos venezolanos para la venta de dólares en el mercado cambiario o para cubrir las necesidades que tenga el país, previa aprobación de Estados Unidos y del fideicomiso”, señaló.
En su comparecencia ante el Senado, Marco Rubio dijo que el dinero está en una cuenta que pertenece a Venezuela, pero cuyo uso está bloqueado por las sanciones estadounidenses. Explicó que se decidió enviarlo a Qatar para solventar una dificultad jurídica derivada del hecho de que EE.UU. no reconoce al gobierno venezolano como legítimo y para evitar que los acreedores de la deuda venezolana intenten hacerse con el control de esos fondos para cobrar lo que se les debe.
“Si algo de ese dinero tocara un banco estadounidense, incluso si estuviera en una cuenta a nombre de los venezolanos, sería inmediatamente embargado por varios acreedores a los que eventualmente habrá que atender. Pero, a corto plazo, eso impediría que las autoridades venezolanas recibieran los fondos que necesitan para operar”, explicó.
¿Y cómo está llegando este dinero a la economía venezolana?
Hasta ahora, los fondos están siendo adjudicados a través de subastas que realiza el Banco Central de Venezuela (BCV) y a las que empresas y personas naturales pueden acceder a través de cuatro bancos venezolanos.
Estos interesados deben presentar la documentación requerida, indicando además cuántos dólares requieren y a qué precio están dispuestos a comprarlos, según confirmaron fuentes de la banca venezolana a BBC Mundo.
Estas ofertas son informadas al BCV, que es quien finalmente decide a quién se le asignan las divisas, en qué cantidad y a qué precio.
¿Cuál es el criterio para estas asignaciones? Según señaló en un mensaje en X el economista Alejandro Grisanti, director de la consultora Ecoanalítica, para el 30 de enero los fondos se habían asignado de esta forma: un 80% para sectores prioritarios como alimentos y medicinas, un 15% a otros sectores productivos y un 5% a personas naturales.
Esas asignaciones, en teoría, deben estar en línea con lo que se acuerde con EE.UU., según explicó Rubio en el Senado.
“Hemos creado un mecanismo temporal mediante el cual se pueden atender las necesidades del pueblo venezolano a través de un proceso que hemos creado en el que ellos [el gobierno de Delcy Rodríguez] presentarán cada mes un presupuesto: ‘Esto es lo que necesitamos que se financie’. Y nosotros les indicaremos desde el principio en qué no se puede usar ese dinero. Ellos han sido muy cooperativos en este sentido. De hecho, se han comprometido a usar una parte considerable de esos fondos para comprar medicinas y equipos directamente de EE.UU.”, contó.
“Estamos usando ese mecanismo temporal tanto para estabilizar el país como para asegurarnos de que los ingresos petroleros que se están generando actualmente beneficien al pueblo venezolano y no financien el sistema que existía en el pasado”, agregó.
Rubio agregó que están diseñando un mecanismo de auditoría posterior -pagado con los propios recursos venezolanos- para verificar cómo se está gastando el dinero.
La falta de transparencia es una de las mayores preocupaciones existentes en torno a todo este proceso puesto en marcha entre el gobierno de Trump y el de Delcy Rodríguez.
“No sabemos con claridad quién aprueba la distribución de los fondos, qué criterios se utilizan para asegurarse de que el dinero realmente se destine a la compra de alimentos, combustible o al pago de salarios, y cuánta supervisión o rendición de cuentas existe para garantizar que los fondos se estén desembolsando como corresponde”, señala a BBc Mundo David L. Goldwyn, presidente de la consultora Goldwyn Global Strategies y presidente del Grupo Asesor de Energía del Atlantic Council.
Asdrúbal Oliveros considera que hace falta mejorar el sistema de subastas para que sea más transparente e incluya reglas más claras de participación, sobre cómo se fija el tipo de cambio y cómo se refleja esa tasa de cambio.
“El BCV pública una tasa de cambio todos los días que debería reflejar los resultados de esa subasta. Hasta ahora eso no ha ocurrido del todo. Creo que el sistema es susceptible de mejoras muy importantes que no solamente dependen de las sanciones, sino también de gestión interna del BCV”, señala.
En todo caso, hasta la fecha, el BCV ha puesto a subasta unos US$800 millones a través de la banca siguiendo un ritmo que, de mantenerse, podría llegar en el primer trimestre de 2026 hasta US$1.400 millones. De ser así, se ubicaría en niveles similares a los del último trimestre de 2025, cuando por ser época de Navidad suele haber más demanda de divisas, según comentó en X Alejandro Grisanti. Una buena señala para la economía.
“Que el programa esté colocando volúmenes comparables en un trimestre de baja estacionalidad fortalece el anclaje del mercado y reduce el riesgo de episodios cambiarios abruptos, siempre que la ejecución mantenga consistencia”, escribió el economista.
Y es probable que siga fluyendo mucho más dinero a través de este mecanismo temporal de venta de crudo pues, según Rubio, probablemente se gestionarán a través del mismo unos US$2.500 millones o US$3.000 millones.
Aunque le preocupa tanto la falta de celeridad de todo el proceso como la insuficiente transparencia, Asdrúbal Oliveros cree que estos mecanismos constituyen un avance en comparación con el escenario previo que vivía Venezuela: una situación en la que había dificultades para vender el crudo debido a las sanciones y el gobierno cobraba de forma poco transparente, a través de intermediarios y recurriendo muchas veces a criptomonedas.
“La perspectiva ahora es que haya más estabilidad cambiaria, una reducción de la inflación que es bastante preocupante en este en este momento. Y, por supuesto, también impacta en la dinámica de crecimiento. Esto ayudaría a tener un poco más de estabilidad, a que el sector privado pueda operar en mejores condiciones. Si ese dinero también se traduce en mejoras en servicios clave como electricidad e infraestructura, potenciará el crecimiento. Entonces, la perspectiva en el mediano plazo es positiva”, apunta.
David L. Goldwyn señala que el proceso hasta ahora ha sido favorable en términos de sus efectos anticorrupción, al imponer controles sobre la forma en la que el gobierno venezolano dispone de los recursos y, en términos económicos, al haber aumentado la disponibilidad de divisas en la economía, lo que parece haber detenido la devaluación del bolívar.
Sin embargo, advierte que el camino no está exento de retos.
Destaca que estas primeras ventas se han hecho con petróleo almacenado en buques y en cantidades relativamente pequeñas, en comparación con el tamaño de la economía venezolana.
“Una pregunta importante es qué tan eficiente será este proceso cuando se amplíe y cuando se trate de volúmenes mayores: qué tan rápido podrán tomarse decisiones y qué tan efectivas serán”, dice.
“Es demasiado pronto para saber si este es un sistema eficaz para estabilizar la economía. En la medida en que el dinero realmente se destine a alimentos, combustible, energía, salarios e incluso inversión en la rehabilitación de infraestructura crítica, eso será positivo para la economía venezolana, pero necesitan ingresos. Necesitan muchos más ingresos para lograr la estabilización”, advierte Goldwyn.
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