
En México se habla todos los días de seguridad, pero casi nunca se habla del aprendizaje. Discutimos operativos, despliegues y cifras de violencia. Y sí, la inseguridad exige respuestas inmediatas. Pero mientras el debate público se concentra en cómo reaccionar frente a la emergencia, dejamos en segundo plano una pregunta estructural y urgente: ¿de qué manera puede la educación convertirse en un componente efectivo de la construcción de paz?
Si la seguridad busca contener la violencia, la educación amplia capacidades y genera condiciones para que la paz sea posible.
El pasado 18 de febrero, convocados por la iniciativa Construyendo Paz y el Gran Acuerdo para construir la paz en Sinaloa, más de 430 personas —niñas, niños, comunidad educativa, universidad, autoridades, sociedad civil y sector empresarial— nos reunimos en Culiacán en el Foro de Paz 2026, titulado “ParticiPAZción”. No fue un acto simbólico. Fue un ejercicio de articulación frente a una realidad que no puede normalizarse: ciclos recurrentes de inseguridad que interrumpen continuamente la vida escolar.
Escuchar a niñas y niños hablar de paz desde su experiencia cotidiana recordó algo esencial: la paz no es una abstracción; se aprende, se practica y se construye en lo cotidiano.
Han transcurrido ya más de 500 días desde septiembre de 2024. En ese tiempo, Sinaloa ha vivido nuevas escaladas de violencia que impactan la cotidianidad. Escuelas que no abren con regularidad. Clases presenciales suspendidas. Trayectorias educativas fragmentadas. El problema deja de ser exclusivamente de seguridad pública y se convierte también en una crisis social y educativa. Ahí es donde la conversación nacional necesita ampliarse.
Lo ocurrido el domingo 22 de febrero en distintas regiones del país volvió a recordarnos que la violencia no es un fenómeno aislado ni estrictamente local. La conversación pública se centró, como suele ocurrir, en los operativos y las responsabilidades inmediatas. Pero casi nadie preguntó qué pasaría al día siguiente en las escuelas, cuántas trayectorias educativas volverían a interrumpirse o cuántas niñas y niños acumularían un nuevo episodio de incertidumbre.
Hablar de seguridad sin hablar de educación es abordar el problema de manera incompleta. La paz no se construye solo conteniendo la violencia, sino sosteniendo la estabilidad de la vida cotidiana. Y la escuela es uno de los espacios institucionales más importantes donde esa estabilidad puede preservarse o romperse.
El Estado tiene una responsabilidad indelegable de garantizar los aprendizajes fundamentales. Lectura, escritura y matemáticas no son contenidos administrativos; son herramientas para ejercer derechos, participar en comunidad y proyectar futuro. Tras la desaparición de las evaluaciones nacionales comparables a PLANEA y la eliminación de Mejoredu, hoy no se cuenta con información actualizada que permita conocer con claridad el estado de los aprendizajes. La última evaluación diagnóstica disponible, aplicada en años anteriores, mostró que en Sinaloa estudiantes de primaria y secundaria obtuvieron en promedio menos del 60 % de aciertos.
La evidencia internacional es clara. Informes recientes del Fondo de las Naciones para la Infancia (UNICEF) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) documentan que la violencia persistente afecta el desarrollo socioemocional, la salud mental, la capacidad de resolver conflictos de manera pacífica y la permanencia escolar. Cuando esos componentes se deterioran, el aprendizaje difícilmente puede sostenerse.
Por eso la discusión no puede limitarse a presencia o ausencia policial. La pregunta estructural es otra, ¿están las niñas y los niños aprendiendo en condiciones de estabilidad?
La escuela no sustituye la política de seguridad. Pero es una de las pocas instituciones que mantiene contacto continuo y sistemático con la mayoría de la niñez en un territorio. Eso la convierte en un nodo estratégico para la prevención y la reconstrucción social.
Para que pueda cumplir ese papel se requieren condiciones mínimas:
Se trata de condiciones básicas para sostener la estabilidad social y garantizar el ejercicio efectivo del derecho a aprender.
En ese contexto, la participación ciudadana no puede reducirse a acompañamiento simbólico. Cuando distintos sectores se coordinan con objetivos claros, información compartida y seguimiento continuo, la capacidad institucional se fortalece. La estabilidad no se improvisa, se organiza.
La apuesta de Construyendo Paz por sostener encuentros trimestrales refleja algo relevante en el debate nacional: la paz no se construye con eventos aislados, sino con constancia y corresponsabilidad. La continuidad en el diálogo es, en sí misma, una forma de prevención.
En Mexicanos Primero Sinaloa hemos sostenido que cuando el miedo y la incertidumbre se normalizan, y cuando las afectaciones socioemocionales derivadas de la violencia se acumulan, las condiciones para el aprendizaje se debilitan y las pérdidas educativas tienden a profundizarse. Proteger el derecho a aprender no es un asunto accesorio; es una acción concreta de construcción de paz.
Desde la Red Mexicanos Primero sostenemos esta conversación desde el territorio, convencidos de que el derecho a aprender se define día a día en cada estado del país. Esto no sustituye la acción del Estado. La fortalece y la hace más sostenible en el tiempo.
Ampliar la política de seguridad para incorporar la dimensión educativa no es suavizarla; es hacerla más completa. Cuando una escuela cierra por miedo, no solo se suspenden clases. Se debilita la garantía de un derecho fundamental.
La violencia puede irrumpir de forma repentina. La paz, en cambio, se construye con estabilidad cotidiana. Cada día que una escuela permanece abierta y garantiza el derecho a aprender, El Estado fortalece algo más profundo que la seguridad: fortalece el futuro. Ahí empieza la paz que perdura.
* Nuria González Elizalde (@GlezNu) es directora general de Mexicanos Primero Sinaloa (@Mexicanos1oSin).

Hombre de confianza de “El Mencho”, Hugo César Macías Ureña había ascendido en el Cartel Jalisco Nueva Generación gracias a su control de los sicarios y su capacidad de reclutamiento.
Llegó a ofrecer 20.000 pesos (US$1.150) por cada militar abatido en los disturbios.
Mandó bloquear carreteras y vías de comunicación, quemar carros y otros vehículos, atacar cuarteles y negocios y sembrar el caos tras el operativo militar que este domingo descabezó al peligroso Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) matando a su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”.
Su mano derecha, Hugo César Macías Ureña, alías “El Tuli” o “El Tulipán”, fue identificado por las autoridades mexicanas como coordinador de células armadas y operador financiero del CJNG, y como el autor intelectual de los bloqueos y disturbios que siguieron a la muerte de “El Mencho”, y en los que 25 miembros de la Guardia Nacional y tres civiles fallecieron.
El propio Macías Ureña también perdió la vida en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, así como otros 33 presuntos criminales ligados al CJNG.
“Con inteligencia militar central también se obtuvo información que Hugo ‘H’, alias ‘El Tuli’, quien era el operador logístico, financiero y la principal persona de confianza de ‘El Mencho’ se encontraba en El Grullo, Jalisco”, aseguró el general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de Defensa Nacional, en la conferencia de prensa en la que se detalló la cronología del operativo contra el CJNG.
Desde El Grullo “él estaba coordinando bloqueos sobre las vías de comunicación, los incendios a vehículos, los ataques a instalaciones militares, a la Guardia Nacional, en fin, negocios, instalaciones del gobierno, etcétera. Y ofrecía, además, 20.000 pesos por cada militar que asesinara a todo el personal de este grupo delincuencial”, reveló el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
En respuesta, se desplegó una unidad aeromóvil de Fuerzas Especiales de la Brigada de Fusileros Paracaidistas, explicó Trevilla Trejo.
Al ser localizado, “El Tuli” intentó escapar en un vehículo y presuntamente abrió fuego contra los efectivos desplegados para capturarlo, que respondieron matando al que se consideraba como uno de los más estrechos colaboradores de “El Mencho”, también conocido como “El señor de los gallos”.
Macías Ureña tenía en su poder varias armas, más de 7,2 millones de pesos y casi US$1 millón.
Hugo César Macías Ureña aparece en investigaciones ministeriales e informes de inteligencia como uno de los mandos operativos más cercanos al ahora fallecido Nemesio Oseguera Cervantes, según el diario “Milenio”.
Así lo revelan incluso varios narcocorridos dedicados a “El Tuli”, ese género musical popular en algunas zonas de México que ensalza las figuras de los narcos y ofrece detalles sobre sus vidas.
En “El Tulipán”, de Martín Castillo, se señala, por ejemplo que “el 5”, como también era conocido Macías Ureña, es “compadre de mucha confianza para aquel Señor de los Gallos, en las buenas y en las malas, nunca lo han dejado abajo, y en las peores batallas siempre han salido ganando”.
“No diré a qué se dedica, no quiero malentendidos”, continúa Martín Castillo, “pero es compadre de Mencho y quiere mucho a sus hijos”.
“El Tuli” fue, al parecer, señalado como jefe directo de células de choque con influencia en la operación territorial, según la información que proporcionaron sicarios detenidos y documentos filtrados, según “Milenio”.
Las autoridades aclararon que Macías Ureña no había sido oficialmente nombrado sucesor de “El Mencho”, pero asumió rápidamente el control operacional del cartel tras la muerte del líder.
Durante la etapa de expansión del grupo en el oeste mexicano, “El Tuli” formaba parte de la segunda línea operativa del cartel, momento en el que consolidó su modelo basado en células móviles fuertemente armadas.
Tres factores habían hecho, según el rotativo, que Macías Ureña consolidara su crecimiento dentro de la estructura del CJNG: la capacidad que tenía para reclutar a nuevos miembros, el control de grupos de sicarios y la coordinación táctica en campo.
Estos son atributos que el pasado domingo pudo demostrar cuando tomó las riendas de la respuesta del cartel al operativo militar contra “El Mencho”
La detención en el pasado de miembros del cartel como Juan Francisco Aguilar Santana, alias “Juan Pistolas”, lo sitúan como mando regional con acceso a la estructura central del CJNG.
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