
Los protocolos para la prevención y atención de las violencias en los espacios laborales, forman parte de las acciones indispensables de inclusión laboral, además son herramientas necesarias que presentan un marco normativo fundamental; cuando están construidos sobre los tres niveles de prevención (primaria: prevenir, secundaria: atender y terciaria: no repetir) son de gran ayuda a los espacios laborales para prevenir y atender casos de violencia, acoso, hostigamiento y discriminación, sin embargo, no abarcan en su totalidad la resolución de conflictos que se presentan en la vida cotidiana de las organizaciones.
Es importante recordar que los conflictos no comienzan como denuncias formales, sino que se instalan poco a poco a través de fallas en la comunicación, tensiones sostenidas en el tiempo o liderazgos deficientes (Ureta, 2026). Además, es necesario desestigmatizar el conflicto y saber que no existen relaciones personales sin este y que pueden ser una buena oportunidad para la búsqueda de soluciones creativas.
El “problema” no es conflicto, es la escalada, la cual puede llevar a daños profundos en las relaciones entre las personas, afectaciones a la salud mental, violencias y discriminación, así como crear espacios laborales hostiles; por ello la relevancia de no ignorar las señales tempranas. Es fundamental saber cómo gestionarlo y qué hacer para que el conflicto no nos paralice. El conflicto mal gestionado puede generar estrés, disminuir la motivación y afectar la productividad. En cambio, cuando se aborda de manera adecuada, fortalece la cohesión del equipo, mejora la capacidad de resolución de problemas y se abre el diálogo.
La gestión de conflictos es una habilidad indispensable en los equipos directivos, ya que de ella depende mantener un buen clima laboral y, en consecuencia, el progreso de la empresa (UNIR, 2023). Existen diversas estrategias para hacerlo: círculos de diálogo, actividades de integración, espacios de escucha activa y prácticas de comunicación honesta. Estas herramientas ayudan a que las personas se sientan escuchadas y a que los equipos encuentren soluciones colectivas.
Desde 2019 en el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (COPRED) hemos llevado a cabo trabajo importante para empujar acciones de prevención y atención a la discriminación, acoso y hostigamiento sexual; en ese mismo año, se presenta una reforma importante a la Ley Federal del Trabajo en el artículo 132 y se introduce la obligación de que los centros de trabajo cuenten con medidas para prevenir y atender casos de violencia, discriminación, acoso y hostigamiento sexual. Uno de los retos fue que muchos protocolos se diseñaron desde una lógica punitiva: desvincular a las personas agresoras sin procesos de conciliación, culpar a las víctimas o dejar espacios hostiles sin medidas de no repetición.
Posteriormente, en marzo de 2022, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) puso a disposición un Modelo de Protocolo para prevenir, atender y erradicar la violencia laboral, que sirve como guía para que las empresas cumplan con esta obligación, que el mayor reto era su perspectiva punitiva, que replicaba las malas prácticas de las empresas, además, proponía la necesidad de protocolos, aunque algunas empresas no tuvieran la capacidad para contar con uno y lo más acertado sería contar con algún otro mecanismo. En ese año desde el COPRED se trabajaron los lineamientos generales para la creación e implementación de mecanismos y protocolos para la atención de estos casos (COPRED, 2023). Este documento proponía una perspectiva desde la justicia restaurativa y reparadora, participativa y de persona testiga proactiva, que suponía que todas las personas podían intervenir para detener las situaciones de violencia.
Sin embargo, para fortalecer la acción y alcance de los protocolos, también es necesario que los espacios laborales cuenten con mecanismos para la detección y atención oportuna del conflicto, con la intención de que estos no escalen y lleguen a discriminación o violencias. La literatura especializada enfatiza que la clave no está en evitar los conflictos, sino en gestionarlos de manera constructiva. Una empresa que apuesta por una gestión eficiente no solo evita problemas mayores, sino que también fortalece la comunicación, aumenta la productividad y crea un ambiente de trabajo más saludable.
La gestión del conflicto no debe entenderse como una acción aislada, sino como parte de la cultura organizacional. Las empresas que promueven un ambiente de confianza y colaboración logran que los desacuerdos se conviertan en oportunidades de innovación. Esto implica que la prevención y el abordaje temprano de los conflictos se integren en las prácticas cotidianas de liderazgo y gestión de talento (Losada & Briz, 2024).
El proceso ha sido un gran aprendizaje que nos ha llevado a la reflexión de que la importancia de la gestión del conflicto en los espacios laborales radica en que no se trata únicamente de activar protocolos frente a situaciones graves de violencia o acoso, sino de desarrollar habilidades humanas y organizacionales que permitan transformar las tensiones en oportunidades.
Una empresa que apuesta por la gestión integral del conflicto protege su productividad y construye un entorno más justo, equitativo y resiliente. En última instancia, gestionar conflictos es gestionar relaciones, y hacerlo bien es la base de un clima laboral sano, inclusivo y libre de discriminación.
Maricela Hernández Martínez es asesora en la Secretaría Técnica del Copred y responsable de vinculación con el sector privado.
FUENTES:

Las críticas de estos dos tradicionales aliados de Teherán a los ataques de EU e Israel no han pasado de la condena verbal.
Rusia y China tienen fuertes lazos diplomáticos, comerciales y militares con Irán, pero tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la nación islámica, la pregunta que atrae la atención del mundo es qué tanto están dispuestos a respaldarla.
La reacción de Moscú a los ataques fue vociferante pero limitada, indicando su indignación y solidaridad con Teherán, mientras cuidadosamente evitaba tomar pasos que pudieran llevar a Rusia a un enfrentamiento directo, comenta Sergei Goryashko del Servicio Ruso de la BBC.
El portavoz del Kremlin Dmitry Peskov habló de una “profunda decepción” de que, a pesar de las conversaciones entre Washington y Teherán, la situación se deteriorara hasta tomar la forma de “una abierta agresión”.
Peskov afirmó que Moscú estaba en contacto permanente con el liderazgo de Irán y con los estados del Golfo afectados por la escalada de hostilidades.
El domingo, el presidente Vladimir Putin envió sus condolencias al presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, por la muerte del líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, llamándola una “violación cínica de la moralidad humana y el derecho internacional”.
El Ministerio de Exteriores de Rusia, por su parte, denunció lo que interpreta como asesinatos políticos y la “cacería” de líderes de estados soberanos.
China también condenó enérgicamente la muerte del ayatolá.
Además, Pekín históricamente se ha opuesto a las estrategias de EE.UU. de cambio de régimen a través del mundo.
En el centro de la relación China-Irán está una asociación económica de beneficio mutuo, señala Shawn Yuan, de la Unidad Global China del Servicio Mundial de la BBC.
China es el mayor socio comercial de Irán y su más importante comprador de petróleo.
Cuando se le preguntó este lunes al vocero del Kremlin si Moscú podría seguir confiando en Washington, Peskov respondió que Rusia “primero que todo sólo confía en sí misma” y defiende sus propios intereses.
Esos intereses ayudan a explicar por qué el apoyo de Rusia a Irán continúa siendo principalmente retórico aunque Teherán se ha convertido en unos de los aliados más cercanos de Moscú desde su invasión a gran escala de Ucrania, aportando drones y ayudando a desarrollar maneras de evadir las sanciones de Occidente, explica Goryashko del Servicio Ruso de la BBC.
Irán también encaja en la visión del Kremlin de un orden multipolar en el que los derechos del estado son más importantes que los derechos humanos, y los gobiernos ejercen un amplio control interno.
La caída de uno de esos regímenes propinaría un golpe a ese modelo.
Al mismo tiempo, el Kremlin ha demostrado antes que no arriesgará mucho por sus socios, ya sea en Venezuela, en Siria o durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán en el verano de 2025.
Rusia está intensamente involucrada en Ucrania y parece reacia -y quizás incapaz- de ofrecer nada más que apoyo diplomático y cooperación técnica militar a sus aliados.
El tratado de asociación estratégica entre Rusia e Irán firmado el 17 de enero 2025 no llega a ser un pacto de defensa mutua.
Moscú y Teherán acordaron compartir información, realizar ejercicios conjuntos y “garantizar la seguridad regional”, pero no se comprometieron a defender el uno al otro en caso de ser atacados.
Los lazos económicos entre los dos países también son modestos, y el comercio se mantiene en el rango de US$4.000 millones a US$5.000 millones.
Sin embargo, los vínculos militares e industriales estaban creciendo. En febrero, el diario The Financial Times informó de un importante acuerdo bajo el cual Rusia proveería a Irán de los sistemas de defensa aérea portátiles Verba valorados en US$580 millones.
El uso de drones Shahed de fabricación iraní cambió significativamente las tácticas de las fuerzas rusas en el frente ucraniano. Pero el año pasado, Moscú rápidamente expandió su propia producción de drones, reduciendo su dependencia de las armas iraníes.
Para Moscú, Irán es demasiado importante para permitir su caída, pero no lo suficientemente importante para combatir para evitarla. Ese cálculo podría cambiar, pero, por ahora, lo más probable es que la intervención de Rusia esté mayormente limitada a las palabras.
A pesar de años de severas sanciones de EE.UU. contra Irán, Pekín sigue siendo el salvavidas económico de Teherán, comprando grandes cantidades de petróleo a descuento a través de una red de las llamadas “flotas fantasmas”, buques con registros falsos para evadir las sanciones contra el transporte de crudo.
En 2025, por ejemplo, China compró más de 80% del petróleo transportado por cargueros, y los ingresos de esas compras chinas han ayudado a Irán a estabilizar su economía y financiar el gasto de Defensa aun cuando los mercados de Occidente estuvieran vetados.
Un acuerdo estratégico de 25 años firmado en 2021 consolidó la relación, con promesas de cientos miles de millones de inversiones chinas en la infraestructura y telecomunicaciones iraníes.
Históricamente, la estrategia de China de frente a las tensiones Irán-Israel e Irán-EE.UU. ha sido convertirse en un escudo diplomático para Teherán, haciendo uso de su derecho al veto -o amenaza de implementarlo- para diluir las resoluciones de la ONU.
Durante anteriores hostilidades, incluyendo la guerra de 12 días en el verano de 2025, China consistentemente instó a la “moderación” mientras denunciaba la “interferencia externa”, una referencia no muy velada a la política de EE.UU., comenta Shawn Yuan, de la Unidad Global China del Servicio Mundial de la BBC.
La estrategia de Pekín siempre ha sido mantener a EE.UU. empantanado en Medio Oriente, indica nuestro corresponsal, sin promover un colapso regional total que pudiera disparar los precios mundiales del petróleo.
Un régimen pro-Occidente en Teherán sería una derrota geopolítica catastrófica para China, ya que Teherán no sólo provee energía pero también representa políticamente un contrapeso considerable a la influencia de EE.UU. en la región.
Irán es miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái, y sirve como un nexo geográfico clave conectando a Asia Central, el Cáucaso y Medio Oriente.
La caída de la República Islámica debilitaría la credibilidad de los mecanismos multilaterales que Moscú y Pekín han intentado fortalecer.
Sin una invasión en el terreno de EE.UU. e Israel, las estructuras política y militar iraníes podrían permanecer.
Pekín practicará su tradicional “juego a largo plazo”, con la intención de cumplir con quien sea que vaya a sustituir a Jamenei como líder de Irán, mientras que Rusia buscará oportunidades por su cuenta.
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