
El Segundo Diálogo Nacional por la Paz señaló que la paz se construye al escuchar a las víctimas, integrar a las juventudes y rehacer los acuerdos que sostienen la vida colectiva. Esto implica ser comunidad: verdad, justicia y compromiso. Una tarea de todo sector y toda persona que comienza hoy.
Con una asistencia de 1200 líderes provenientes de comunidades religiosas, la academia, el sector empresarial, colectivos de familias buscadoras, gobiernos y policías municipales, se llevó a cabo en el ITESO el Segundo Diálogo Nacional por la Paz. Esta diversidad de personas reunidas con un mismo fin, ser constructores de paz, generó la convicción de que todos somos responsables y que la paz comienza a construirse desde hoy.
Las tres conferencias magistrales del Diálogo Nacional por la Paz construyeron un horizonte para este movimiento que ha mostrado su fuerza para convocar a la diversidad de actores locales, estatales y nacionales.
La primera conferencia estuvo a cargo del académico Mauricio Merino, quien hizo un análisis del papel del Estado en la historia del mundo y mostró cómo se ha instalado la idea que el Estado es el gobierno en turno, cuando el Estado es el acuerdo social que regula el comportamiento de las personas e instituciones para vivir juntas en un mismo territorio. Resonó en el auditorio la frase el Estado somos todos y, por tanto, todos tenemos una responsabilidad para construir la paz.
La segunda conferencia estuvo a cargo del jesuita Elías López, quien señaló que el liderazgo que hoy se necesita tiene que partir de la escucha y el diálogo para construir acuerdos con el distinto y eso implica autenticidad, libertad y esperanza. Presentó un camino para construir comunidad con una mística que asegure la trascendencia y la resiliencia y una acción política que construya la institucionalidad necesaria para construir la paz.
La tercera conferencia estuvo a cargo de monseñor Ramón Castro, quien señaló que la paz exige: 1) poner en el centro a las víctimas de la violencia, ahí está la fuerza para transformar este país, 2) la corresponsabilidad ética de todos los actores sociales, 3) la construcción de procesos territoriales y de largo plazo, 4) la denuncia profética, 5) una esperanza organizada y perseverante.
Se llevaron a cabo dos mesas sobre los desafíos de la nación: Resonaron las palabras del historiador Alfonso Alfaro, que tenemos el reto de imaginar el Estado que pueda integrar a los jóvenes que se han quedado sin referentes y son cooptados por la delincuencia. Sandra Ley mostró que la clave está en fortalecer las policías municipales en coordinación con la ciudadanía. Sergio López Ayllón, que el camino posible está en la justicia cívica desde el ámbito local. Daniel Moreno señaló que falta incorporar a los medios de comunicación a este movimiento. Alberto Olvera llamó a fortalecer las alianzas con la sociedad civil para defender la democracia. Elena Azaola invitó a no olvidar las cárceles en la construcción de la paz. Sara González, universitaria, mostró los retos que tenemos para activar la participación de los jóvenes. Y José Medina Mora habló del Modelo Inclusivo de Desarrollo como aporte de las empresas en la construcción de la paz.
También se presentaron experiencias de construcción de paz: Don Juan Manuel, obispo de la Tarahumara, presentó el trabajo que han hecho con la juventud a partir del asesinato de los padres jesuitas. Sylvia Schmelkes presentó una ruta para construir la paz desde las escuelas. Rafael Ibarra expuso la propuesta de Empresas por la Paz. Genner Peniche describió opciones para construir la paz desde las familias. El comandante Víctor Orona, director de Seguridad Pública de Meoqui, presentó la propuesta de Policías de Paz. Karen Pérez, directora del Servicio Jesuita a Refugiados, describió una ruta para la integración de los migrantes en el territorio mexicano. María Luisa Rodriguez, directora del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, habló sobre el desafíos de escuchar a las víctimas. Y Pavel Vallejo, de Open Society Foundations, presentó la propuesta de Consejos de Paz y Justicia Cívica.
Si el Estado somos todos, el gran desafío es aprender a vivir juntos, es decir, aprender a vivir en comunidad. Por eso, el liderazgo que hoy se necesita es un liderazgo comunitario, un liderazgo sinodal, tener habilidades para mediar, reconciliar y sanar. Si aprendemos a construir acuerdos de convivencia desde la familia, el barrio, la escuela, la empresa, la iglesia o el gobierno nos iremos ejercitando en la construcción del Estado que México necesita.
Construir el Estado implica pensar en la juventud, es decir, integrar a los jóvenes a una familia que les dé sentido de pertenencia, a un trabajo que les dé estabilidad y a una espiritualidad que les haga resilientes. Urge salir a escuchar, comprender y construir junto con ellos las opciones de futuro.
Y todo esto lo tenemos que iniciar sanando la principal herida que vive nuestro país y que es el dolor de las madres buscadoras. Mientras no sanemos ese dolor no podremos recuperar la paz. Po eso, este diálogo las abraza y les dice que deseamos caminar juntos, abrir caminos de justicia y transformar ese dolor en creatividad para construir la paz.
Por tanto, el reto es imaginar el Estado que México necesita para recuperar la paz, es decir, los acuerdos que regulen la vida de nuestras instituciones y garanticen una vida digna para todas las personas. Y eso hoy lo podemos comenzar revisando los acuerdos que sostienen la vida colectiva.
México tiene el dolor que lo impulsa a transformar sus instituciones y sus relaciones en sistemas de acogida para que nadie quede fuera. Poner en el centro a las víctimas es conectarnos con la fuerza que hará posible imaginar y construir ese Estado que México necesita. Y tenemos el deber moral de iniciar desde los acuerdos locales de paz, entre vecinos, autoridades locales, organizaciones sociales, colectivos e instituciones diversas. Este segundo Diálogo Nacional por la Paz mostró que es posible construir desde la diversidad y el horizonte está claro, las víctimas, los jóvenes y la comunidad.
* Jorge Atilano González Candia, SJ es director del Diálogo Nacional por la Paz.

El aumento de la población en EU se redujo de forma significativa desde mediados de 2024 hasta mediados de 2025 y se espera que siga cayendo. Estos podrían ser sus efectos.
Es una caída histórica. La tasa de crecimiento de la población en Estados Unidos se redujo a 0,5% entre julio de 2024 y junio de 2025, según estimaciones de la Oficina del Censo de ese país.
Se trata de uno de los registros más bajos que ha tenido Estados Unidos desde comienzos del siglo XX y eso incluye momentos tan difíciles como la Gran Depresión o la epidemia de covid-19.
Históricamente, Estados Unidos ha sido un país donde la población ha aumentado de forma constante año a año.
En la década de 1950, durante el llamado “Baby boom” el crecimiento promedio de la población fue del 1,8%, mientras que en los años 90 se ubicó en el 1,2%, reduciéndose al 1% durante la primera década de este siglo.
Desde el año 1900, solamente hay un registro en el que la población estadounidense decreció: ocurrió entre julio de 1917 y junio de 1918, cuando se redujo en unas 60.000 personas, equivalentes al 0,06% de la población de la época.
Esto se debió a la rara combinación de tres factores: las muertes causadas tanto por la epidemia de gripe española como por la I Guerra Mundial, y la caída temporal de la natalidad, asociada también a los dos primeros factores.
En tiempos recientes, el crecimiento poblacional llegó a sus niveles más bajos durante la pandemia cuando cayó a 0,2% en 2021 debido a factores como el aumento de la mortalidad y la reducción forzosa en la llegada de migrantes.
Fuera de los años del covid-19, el único año reciente en que hubo una caída de del crecimiento a niveles similares a los actuales fue 2019, algo que los especialistas atribuyeron a un menor número de nacimientos y a una caída en la migración.
Pero ¿qué está ocurriendo ahora?
La Oficina del Censo de EE.UU. atribuye la caída en el crecimiento de la población a la reducción de la migración internacional neta (NIM, por sus siglas en inglés), que puede entenderse a grandes rasgos como el resultado de restar la cifra de emigrantes (los que se van del país) de los inmigrantes (los que ingresan al país).
“Dado que los nacimientos y las muertes se han mantenido relativamente estables en comparación con el año anterior, la fuerte caída en la migración internacional neta es la principal razón del ritmo de crecimiento más lento que observamos hoy”, dijo Christine Hartley, subdirectora de la división de Estimaciones y Proyecciones de la Oficina del Censo, en una nota de prensa divulgada esta semana.
La experta calificó como “histórica” la caída de la migración internacional neta, que pasó de 2,7 millones (2023-2024) a 1,3 millones (2024-2025).
William Frey, investigador especializado en Demografía del Brookings Institution, un centro de estudios con sede en Washington DC, destaca que la cifra de migración neta de 2,7 millones de 2024 es una de las más altas registradas en tiempos recientes y que, de hecho, incluso los 1,3 millones del último año también es un número elevado si se mide con parámetros históricos.
Tanto Frey como la Oficina del Censo estiman que la tasa de migración internacional neta seguirá cayendo en los próximos años.
Entre los factores que pueden estar afectando al número de migrantes presentes en Estados Unidos y, por ende, el aumento de la población, los expertos otorgan mayor peso a las dificultades cada vez mayores que enfrentan los extranjeros para viajar a EE.UU.
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el gobierno estadounidense ha tomado una gran cantidad de medidas que limitan el ingreso de extranjeros a EE.UU., incluyendo el endurecimiento de las condiciones para la emisión de visas de estudio y de trabajo, así como de las posibilidades para solicitar asilo o refugio.
En paralelo, fronteras adentro, ha aplicado una dura campaña de deportación de migrantes indocumentados que ha incluido, en algunos casos, el envío de estas personas a terceros países como El Salvador.
El gobierno también ha revocado las protecciones temporales que habían sido otorgadas durante el gobierno de Joe Biden a centenares de miles de migrantes a través de mecanismos como el estatus de protección temporal (TPS) o el parole humanitario.
Los funcionarios del gobierno Trump han dejado claro en no están de acuerdo con esas protecciones y les han pedido a las personas favorecidas por las mismas que abandonen voluntariamente el país, so pena de ser deportados por la fuerza.
La reducción drástica en los intentos de ingresar a EE.UU. son evidentes en las estadísticas oficiales. Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) el número de “encuentros” (que es el término que usan para referirse al momento en que los agentes entran en contacto con un extranjero que quiere ingresar al país, pero no cumple con los requisitos exigidos) ocurridos en febrero de 2025 fue de 28.613, lo que equivale a poco más de un 12% de los encuentros registrados en el mismo mes de 2024.
La tendencia a la caída se mantuvo durante el segundo semestre de 2025. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) informó que entre octubre y noviembre de 2025 (los dos primeros meses del año fiscal en EE.UU.) los agentes fronterizos registraron 60.940 “encuentros”.
Según el DHS, esa cifra es más baja que la registrada en cualquier año fiscal previo hasta la fecha y es un 28% menor que el mínimo anterior de 84,293 registrado en el año fiscal 2012.
Frey considera que la reducción del ingreso de extranjeros en EE.UU. ha tenido más peso que las deportaciones en la reciente caída del crecimiento de la población, aunque no descarta que eso cambie en el futuro.
En esa apreciación coinciden Wendy Edelberg, Stan Veuger y Tara Watson, otros expertos del Brookings Institution que a mediados de enero publicaron un análisis sobre el impacto macroeconómico de estas políticas migratorias.
“Aunque las deportaciones y otras salidas reciben más atención mediática, la desaceleración de nuevas llegadas -especialmente a través del parole humanitario, los programas de refugiados y en la frontera suroeste- tiene un efecto mayor en la reducción de los flujos migratorios en 2025”, escribieron.
Pero, ¿qué indica esta caída en el crecimiento de la población estadounidense y qué consecuencias puede tener?
El análisis de la Oficina del Censo detectó que EE.UU. se mueve hacia una migración internacional neta negativa, es decir, hacia una situación en la que sean más las personas que se van del país que las que entran, algo que no ocurre desde 1971.
Eso, según el análisis citado del Brookings Institution, es probable que ya haya ocurrido en 2025.
“Estimamos que la migración neta estuvo entre -295,000 y -10,000 para ese año. Para 2026, proyectamos que la migración neta probablemente seguirá en territorio negativo. Estas cifras vienen con la advertencia de que las recientes reducciones en la transparencia de los datos hacen que las estimaciones sean más inciertas”, escribieron los expertos.
¿Qué significaría esto para la economía estadounidense? Probablemente una desaceleración del empleo y del crecimiento.
Según se explica en el estudio, el auge migratorio experimentado entre 2022 y 2024 “estuvo acompañado de un robusto crecimiento del empleo, con los inmigrantes suministrando mano de obra y generando demanda de bienes y servicios”.
Los expertos estiman que durante la segunda mitad de 2025 el empleo creció a tasas mensuales de entre 20.000 a 50.000 puestos por mes, algo consistente con los flujos migratorios, pero advierten que en 2026 esos números podrían volverse negativos.
“La reducción de la inmigración también tiene efectos moderados de atenuación sobre el PIB y debilitará el gasto del consumidor en un estimado combinado de US$60.000–US$110.000 millones durante los dos años”, advierten.
William Frey señala que la continua reducción de la tasa migratoria se traducirá en que la población estadounidense se vuelva más pequeña y más envejecida.
Se trata de un problema que ya afrontan algunos países europeos y que EE.UU. ha logrado esquivar gracias, en gran medida, a la inmigración que es fundamental para ayudar a aumentar la población joven del país.
El experto señala que los censos de 2010 y 2020 reportaron una disminución de la población menor de 18 años en EE.UU.
“Eso habría sido peor de no ser por los migrantes y sus hijos, porque los inmigrantes son más jóvenes, y hay más mujeres en edad reproductiva. Y eso ayuda a aumentar la tasa de natalidad”, señala.
Explica que aunque en EE.UU. el porcentaje de personas nacidas en el extranjero se ubica en torno al 15%, la inmigración tiene un peso importante entre los menores de 18 años pues en torno al 28% son inmigrantes o hijos de inmigrantes nacidos en el país.
“Así que si reducimos la inmigración, esa población joven no solo seguirá disminuyendo entre los menores de 18 años, sino que también disminuirá la población joven en edad de trabajar. Y si la fuerza laboral en general se estanca en lugar de crecer, eso no es muy bueno para la economía estadounidense”, agrega.
“A alguna gente no le gusta oír esto a veces, pero realmente seguimos siendo una nación de inmigrantes. Es lo que nos hizo exitosos durante nuestros mejores años. Si tenemos que mirar a un futuro en el que ya no seamos una nación de inmigrantes, en la que la población crece aún más lentamente y envejece aún más rápido, creo que eso no nos ayudará ni económicamente ni como una gran potencia, para conectarnos bien con otras partes del mundo”, dice.
“Tenemos una economía global de gente joven que está en internet, que está tratando de abrirse camino en industrias y oportunidades de aprendizaje que están por todo el mundo. Son los jóvenes los que hacen eso, no los viejos. Y por eso necesitamos tener más de esos jóvenes. Y si podemos obtenerlos de otros países, eso será muy bueno”, concluye.
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