
La presidenta Claudia Sheinbaum arribó vía aérea a Mazatlán la noche de este jueves 26 de febrero, en medio de un fuerte operativo de seguridad y un ambiente festivo organizado por simpatizantes que aguardaron su llegada desde horas antes.
Decenas de personas se congregaron en el acceso principal del Aeropuerto Internacional de Mazatlán Rafael Buelna, donde música de banda, porras y muestras de apoyo marcaron el recibimiento.

La llegada de la mandataria ocurre en un contexto de creciente tensión en Sinaloa: la ola de personas desaparecidas en el puerto; el hallazgo de fosas clandestinas en El Verde, Concordia; el incremento de la violencia en Escuinapa y los recientes asesinatos en Culiacán.
Además, apenas el domingo pasado, en la sindicatura de Villa Unión se registraron bloqueos con vehículos incendiados tras la captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, en Jalisco.
Pese al clima de seguridad reforzada, el ambiente en el aeropuerto fue de entusiasmo. Alrededor de las 8:00 de la noche aterrizó el avión presidencial y, minutos después, Sheinbaum Pardo se trasladó hacia el entronque de la Isla de la Piedra, donde más simpatizantes la esperaban con música en vivo y banderas.
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Allí dirigió un breve mensaje en el que expresó su respaldo al estado y agradeció el recibimiento: “Estoy con Sinaloa y estoy agradecida por el apoyo que nos han mostrado”, afirmó ante los asistentes, resguardada por elementos de la Guardia Nacional y su equipo de seguridad.
Durante su paso por el lugar, algunas personas aprovecharon para entregarle solicitudes o plantear inquietudes sobre problemáticas de sus comunidades, mientras otras simplemente buscaban saludarla o presenciar su llegada, que marca el inicio de una gira de trabajo por la entidad.
Mazatlán es el primer punto de una agenda que continuará este viernes con la realización de su conferencia matutina en la Tercera Región Militar. Posteriormente, la presidenta se trasladará a San Ignacio para reunirse con habitantes de la cabecera municipal y dialogar sobre proyectos y programas del Bienestar aplicados en la región.
La gira concluirá el sábado en Culiacán, donde se prevé abordar temas relacionados con el sector salud y otros asuntos prioritarios para Sinaloa. En todas sus actividades en el estado, Sheinbaum Pardo estará acompañada por el gobernador Rubén Rocha Moya.

Aunque muchos narcotraficantes viniesen de otras regiones, la ciudad de Guadalajara ha sido la base práctica y simbólica del auge del narco en México. Nadie lo demostró tanto como el El Mencho.
Mario, vecino del municipio de Tlaquepaque, en Guadalajara, hace fila en una tortillería el lunes en la tarde. “Son compras de pánico”, dice, ante una cola kilométrica.
El domingo, las autoridades mataron a “El Mencho”, el narco más buscado del país, y en represalia su gente sitió la ciudad con bloqueos, quemas y enfrentamientos.
Después de tres horas, con sus tortillas bajo el brazo, Mario explica: “Ayer la violencia estuvo muy cerca y hoy ya menos, pero el temor sigue y la gente se prepara para cualquier evento que pueda regresar”.
Él hizo la fila para las tortillas, una de sus hijas para el pollo, su esposa para las verduras.
La calma ha ido volviendo a la capital de Jalisco, el estado que da nombre al cartel que lideraba El Mencho: Cartel de Jalisco Nueva Generación. Pero, según Mario, que como conductor de taxi conoce las calles y la gente de primera mano, “el temor persiste”.
“Este tipo de medidas (matar a un capo del narco) tal vez son necesarias, urgentes, pero los más golpeados somos la ciudadanía, los que trabajamos en la calle. Ya son 15 años de esto”.
15 años, tal vez más, en los que Guadalajara se convirtió en la capital del narco: allí donde lavan la mayor parte de sus ganancias, desaparecen más personas que en cualquier parte y controlan regiones enteras en las que montan centros de reclutamiento y entrenamiento militar.
“En casi todas las colonias de la zona metropolitana se han encontrado fosas de cuerpos, y se ha ejecutado y torturado gente”, asegura Mario. “Es muy triste lo que se ha vivido en nuestro estado”.
A Guadalajara, una de las tres sedes mexicanas del Mundial de fútbol 2026, se le conoce como “la segunda ciudad de México” por muchas más razones que su población, cuyo número, entre 5 y 6 millones de habitantes, es el mismo que Monterrey.
Es la segunda ciudad, también, por historia, porque durante la Colonia y el siglo XIX se fundó allí un polo de poder, económico y cultural, tan fuerte como Ciudad de México.
En algún sentido es incluso la primera ciudad, porque de ahí sale la cultura mariachi, ranchera y tequilera que le dio fama al país.
Y en lo que al narco se refiere también: al ser el eje geográfico y económico de una vasta región cercana a Estados Unidos que incluye relevantes estados como Sinaloa, Guanajuato y Michoacán, los narcos hicieron de la capital jalisciense su base durante el auge de la industria en los años 80 y 90.
“Desde que tengo recuerdo esta ciudad está atravesada por el narco”, dice Verónica López García, una experimentada periodista cultural de la ciudad. “Primero fue su casa elegida, lo que nos dio una falsa seguridad, y luego nos convirtieron en un campo de guerra, en un territorio en disputa”.
Lo que ocurrió el domingo por la caída de El Mencho no fue la primera vez que la ciudad vive una ola de violencia, aunque sí una de las más graves.
Entre los ejemplos en la memoria de los tapatíos están el Rancho Aguirre, un centro de entrenamiento paramilitar encontrado a 30 kilómetros el año pasado; o la cifra de desaparecidos, que en Jalisco registra cerca de 16.000; o las veces que aparecieron cuerpos colgados de un puente; o la muerte del arzobispo en un tiroteo entre bandas del narco en 1993.
En 1985 ocurrió un caso clave: el narco mató a Enrique “Kike” Camarena, un agente mexicano-estadounidense de la DEA (Administración de Control de Drogas) que estaba investigándolo.
Un golpe de poder con el que el narco, en ese entonces en manos del Cartel de Guadalajara, quiso mostrar su poderío en una ciudad donde hasta entonces había mantenido el bajo perfil.
En estas tres décadas Guadalajara vivió un boom inmobiliario y reemplazó su vocación industrial por una economía de los servicios y la tecnología, y en ambos procesos el narco tuvo cierta participación.
El Mencho no solo traficó metanfetamina y fentanilo, sino que construyó un imperio criminal con sofisticadas operaciones de lavado de activos y extorsión.
El Departamento del Tesoro de EE.UU. estima que ocho de cada 10 negocios utilizados para lavar dinero en México ocurren en Jalisco y que 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están allí.
También calcula que el 80% de las empresas dedicadas al lavado en México están relacionadas con el CJNG.
Es difícil que esto ocurriera sin la complicidad de élites gobernantes.
En el caso Camarena se comprobó que oficiales estatales omitieron importantes detalles y encubrieron a algunos de los acusados. Con frecuencia surgen casos de policías destituidos por colusión con el narco. Al alcalde del emblemático municipio de Tequila lo arrestaron por lo mismo.
Jalisco es uno de los estados con mayor impunidad del país: la tasa de casos no resueltos por el poder judicial es, según un estudio de la Universidad de Guadalajara, del 99%.
De muchas maneras, Guadalajara no fue tomada por el narco: fue cedida. Los narcos se volvieron parte de la sociedad. Sus hijos entraron a los colegios.
Surgieron lujosos barrios y centros comerciales que hasta el más ingenuo de los tapatíos ve como parte del fenómeno narco.
Surgió una cultura con manifestaciones musicales, estéticas, incluso aspiracionales que para muchos en Jalisco era la única vida posible: la “cultura buchona”, esa estética y estilo de vida ostentosos que traspasaron las fronteras del narco.
“Cuando estaba en la preparatoria, a finales de los 80, vi los primeros indicios de esto, de gente con autos de lujo, que iban a Puerto Vallarta de vacaciones”, dice López García.
“Eventualmente decidí no ser parte, no ir a tal fiesta, así quisiera, porque sabía que algún vínculo con el narco tenía”.
Pero no todos tienen la posibilidad de tomar esa decisión, advierte Verónica: “O porque es la única solución económica, o porque es lo que te exige la cultura, hay mucha gente, muchos chavos, que lo asumieron como parte del paisaje”.
En una región desigual donde el trabajo informal es la norma, tranzar con el narco fue la única opción para muchos campesinos, pequeños emprendedores o jóvenes deseosos de surgir.
“Soy el dueño del palenque, cuatro letras van al frente”, dice un corrido dedicado a El Mencho.
Las cuatro letras son las del CJNG y la canción es una oda al líder: “Soy el señor de los gallos, el del cártel jalisciense”.
El líder cuya muerte revivió el trauma histórico de Guadalajara, la ciudad que el narco convirtió en su casa.
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