
Irán y Estados Unidos se reunirán el viernes el Omán, informaron el miércoles los dos países, en un jornada marcada por las dudas sobre el compromiso de Washington de seguir adelante con este encuentro.
El devenir de estas discusiones estuvo en duda el miércoles con la publicación de una noticia en el medio Axios en la que se informaba de que la comunicación entre Washington y Teherán pendía de un hilo.
Pero Trump, que ha reforzado significativamente la presencia militar estadounidense en la región y se ha negado a descartar nuevas acciones militares, siguió aumentando la presión sobre el ayatolá Alí Jamenei.
“Yo digo que él debería estar muy preocupado, debería estarlo”, dijo Trump en la entrevista con el canal NBC News. “Como lo saben, están negociando con nosotros”.
Un funcionario de la Casa Blanca confirmó a la AFP que Washington tendrá conversaciones con Teherán el viernes en Omán, horas después de que el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, avanzara esta información.
“Las conversaciones nucleares con Estados Unidos están programadas para celebrarse en Mascate”, dijo Araqchi en una publicación en X.
Trump ha enviado un portaviones estadounidense a la región de Oriente Medio y no ha descartado nuevas acciones militares en Irán, como las de junio en las que destruyó instalaciones nucleares de la república islámica.

El republicano aseguró también en la entrevista que Irán proyecta construir una nueva instalación nuclear.
“Nos enteramos y les dije: si lo hacen, les haremos cosas muy malas”, dijo.
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La posibilidad de una desescalada tomó forma cuando a principios de semana se conoció que funcionarios iraníes y estadounidenses tenían previsto reunirse el viernes, aunque desde entonces varios mensajes han puesto en duda el cara a cara.
El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo el miércoles que Washington está listo para reunirse con Irán esta semana, pero si se aborda los programas balísticos y nuclear de Teherán.
“Si los iraníes quieren reunirse, estamos dispuestos”, dijo Rubio sin confirmar una reunión el viernes. “Si cambian de opinión, también nos parece bien”, añadió.
En anteriores conversaciones sobre su programa nuclear, Teherán ha descartado debatir su armamento.
Pero Irán está cada vez más sometido a presión por la represión de las protestas contra el gobierno de Masoud Pezeshkian, y en la región ha ido perdiendo fuerza con el debilitamiento de Hezbolá en el Líbano por parte de Israel y de la caída de Bashar al Asad en Siria.

Los precios del petróleo se dispararon el miércoles, impulsados por la inquietud de los operadores ante las señales contradictorias entre Washington y Teherán previo a sus conversaciones.
El precio del barril de Brent del mar del Norte, para entrega en abril, cerró con un aumento de un 3,17%, hasta 69,46 dólares.
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El estadounidense West Texas Intermediate (WTI), para entrega en marzo, ganó un 3,05% hasta 65,14 dólares.
El mercado “sigue sensible a los titulares” cuando se trata de Irán, dijo a la AFP Andy Lipow, de Lipow Oil Associates.
El mercado está bajo presión “por el refuerzo militar en Oriente Medio y las persistentes tensiones entre Estados Unidos e Irán”, señaló Lipow.
Desde inicios de enero, los precios del crudo han reaccionado de manera sistemática a la alternación de amenazas entre Washington y Teherán y su apertura al diálogo.

Washington aumenta la presión a Cuba tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas a principios de enero.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó el jueves con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba, una vuelta de tuerca más en su campaña de presión contra el gobierno comunista de la isla.
La medida, autorizada por una orden ejecutiva en la que Trump declaró la existencia de una emergencia nacional, no especificó ninguna tasa arancelaria ni señaló específicamente a ningún país.
La orden ejecutiva lleva por título “Haciendo frente a las amenazas del Gobierno de Cuba a Estados Unidos” y declara una emergencia nacional debido a “las políticas, prácticas y acciones del Gobierno de Cuba” que, según la orden, “constituyen una amenaza extraordinaria e inusual” para Estados Unidos.
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, condenó enérgicamente la medida de Trump catalogándola de una “nueva escalada de EE.UU. contra Cuba” y desestimó las acusaciones del presidente estadounidense como “una larga lista de mentiras (…) que pretenden presentar a Cuba como una amenaza que no es”.
En su cuenta de X Rodríguez escribió que Washington “intenta someter a su dictado, despojar de sus recursos, mutilar su soberanía y privar de su independencia” a los pueblos de lo que llamó “Nuestra América”.
México se ha convertido en el principal suministrador de petróleo a Cuba luego de que los envíos desde Venezuela se suspendieran tras la intervención militar estadounidense en ese país y la captura de su presidente, Nicolás Maduro.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha explicado que su país hace dos tipos de envíos de crudo a la isla: de ayuda humanitaria y por contratos entre Pemex, la petrolera mexicana, y el gobierno cubano.
El anuncio de Trump parece indicar un recrudecimiento de la presión de Washington a La Habana iniciada tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en un ataque relámpago en Caracas a principios de este mes.
Trump ha hablado repetidamente de la necesidad de actuar contra los líderes del gobierno cubano.
Esta semana dijo que “Cuba va a colapsar muy pronto”, y se felicitó porque Venezuela, el principal proveedor de petróleo de la isla antes de la caída de Maduro, no ha enviado recientemente petróleo ni dinero a Cuba.
Trump declara tener como objetivo que el gobierno cubano responda por su “apoyo a actores hostiles, el terrorismo y la inestabilidad regional que ponen en peligro la seguridad y la política exterior estadounidenses”.
Washington acusa a Cuba de desestabilizar la región y colaborar con potencias rivales como Rusia y China, y “grupos terroristas como Hezbolá y Hamás”, a los que daría “refugio seguro”.
Como respuesta, la orden abre la puerta a la imposición de aranceles a los productos procedentes de cualquier país que suministre “directa o indirectamente” petróleo a Cuba.
La nueva orden ejecutiva supone otro ejemplo del uso de las amenazas arancelarias como una herramienta de política exterior de la que Trump ha hecho gala desde que regresó a la Casa Blanca en enero del año pasado.
Trump planteó en unas recientes declaraciones la posibilidad de un acuerdo entre Washington y La Habana, pero el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, rechazó tal posibilidad, acusando a Estados Unidos de falta de autoridad moral.
El canciller cubano añadió en sus redes sociales que “EE.UU. recurre también al chantaje y la extorsión, para tratar de que otros países se sumen a su universalmente condenada política de bloqueo contra Cuba”.
Terminó denunciando el “brutal” embargo económico de 65 años de EE.UU. contra la isla, el “más prolongado y cruel bloqueo económico jamás aplicado contra toda una nación y al que ahora se promete someter a condiciones de vida extremas”.
Con respecto a esas condiciones “extremas”, el presidente de la agencia estatal cubana Prensa Latina, Jorge Legañoa, escribió con anterioridad que el efecto de los propuestos aranceles de Trump “sería paralizar la generación eléctrica, el transporte, la producción industrial, la producción agrícola, la disponibilidad de los servicios de salud, el abasto de agua,… en resumen, todas las esferas de la vida”.
Legañoa acusó a Estados Unidos de querer “asfixiar” a Cuba y tratar de buscar un “genocidio”.
En realidad, el país ya atraviesa un debilitante “período especial”, con dificultades para garantizar el suministro de alimentos y productos básicos a la población, golpeada a diario por cortes de electricidad de varias horas.
Según un informe publicado en el diario Financial Times, no está muy lejos de empezar a sentir las consecuencias de las nuevas restricciones.
“Cuba solo tiene suficiente petróleo para durar entre 15 y 20 días con los niveles actuales de demanda y producción interna”, escribió el diario en su edición del jueves citando datos de la firma Kpler.
El diario añadió que “su último proveedor restante, México, pareciera cancelar un envío mientras que Estados Unidos bloqueó las entregas desde Venezuela”, refiriéndose a una interrupción temporal de un embarque de petróleo a Cuba hace unos días.
Sin embargo, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, manifestó ambigüedad al decir que la pausa fue a causa de las fluctuaciones generales del suministro y no de la presión ejercida por EE.UU.
“Es una decisión soberana”, señaló Sheinbaum en su conferencia de prensa diaria del miércoles. “(La) decisión de México de vender o dar por razones humanitarias a Cuba petróleo, tiene que ver también con una decisión soberana que ha venido desde hace muchos años, no es reciente”
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