
Desde que inició el ataque contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, el gobierno español dejó claro que no contribuirá a un conflicto que ha descrito como “un despropósito de consecuencias impredecibles”. Ahora, tras negarse a que aviones estadounidenses usaron bases españolas para atacar a Irán reafirmó: “España no será cómplice”. “La posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”.
Esta postura provocó el enojo del mandatario estadounidense, Donald Trump, quien amenazó con cortar todo el comercio con España.
“España se ha portado de manera terrible. Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España“, declaró tras la decisión del gobierno presidido por el socialista Pedro Sánchez.
Todo comenzó porque La Casa Blanca afirmó el miércoles que España había aceptado “cooperar” con el ejército estadounidense en su guerra contra Irán, una afirmación desmentida poco después por el gobierno del país europeo. Y es que Washington reclama poder usar las bases militares de Rota y Morón, en el sur del país, en virtud de un acuerdo de décadas.
Bajo la negativa, Trump recordó uno de los puntos de disputa entre España y EU en los últimos meses: el gasto militar.
“En primer lugar, todo empezó cuando todos los países europeos, a petición mía, hicieron lo que debían hacer, que era una contribución del 5% (del PIB) a la OTAN. Y todo el mundo estaba entusiasmado con ello, Alemania, todos, y España no lo hizo”, señaló Trump.
Pedro Sánchez reiteró en su respuesta que se trataba de un punto no negociable: “Algunos dirán que eso es ingenuo. Lo ingenuo es pensar que la solución es la violencia”, indicó en su discurso de este miércoles.
“O pensar que practicar un seguidismo ciego y servil es liderar. No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo por miedo a las represalias de alguno”, añadió sin citar a Trump.
El líder español también recordó que los acuerdos comerciales entre ambos países están regidos bajo el bloque de la Unión Europea y que cualquier cambio tendrá que negociarse de esa manera.
“El mundo ya ha estado aquí antes. Hace 23 años, otra administración de Estados Unidos nos llevó a una guerra injusta. La guerra de Irak generó un aumento drástico del terrorismo, una grave crisis migratoria y económica”, dijo el dirigente socialista.
“Nadie está a favor de los ayatolás. Pero la pregunta es si estamos del lado de la legalidad internacional y de la paz”. Y agregó: “La ciudadanía española estuvo en contra de Sadam Husein (líder de Irak depuesto en 2003 tras la invasión de EU), pero eso no la llevó a apoyar una guerra injusta. Repudiamos el régimen de Teherán, pero pedimos una solución diplomática”.

Sánchez ha defendido que se puede “estar contra un régimen odioso como el iraní y a la vez estar en contra de una intervención militar injustificada, peligrosa y fuera de la legalidad internacional”.
En tanto, Irán agradeció a España que se oponga a la guerra y alabó su “conducta responsable”, en un mensaje en X del presidente Masoud Pezeshkian.
A pesar de las dificultades para adoptar una posición común europea frente a los ataques contra Irán, los intentos de intimidación de Trump le han valido al jefe del Gobierno español muestras de apoyo de sus homólogos europeos, como el francés Emmanuel Macron y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa.
El martes, el jefe del Gobierno alemán, Friedrich Merz, sentado junto a Donald Trump, permaneció en silencio ante la andanada del estadounidense, algo que causó “sorpresa” a las autoridades españolas, reconoció el miércoles el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.
“El canciller se pronunció posteriormente sobre este intercambio”, señaló el miércoles el portavoz del Gobierno alemán, Stefan Kornelius. “Dejó claro que Europa presenta un frente unido en cuestiones comerciales y que se opone firmemente a las amenazas de aranceles u otras medidas punitivas”.
En el plano interno, la posición de Sánchez conecta con su electorado de izquierda, a un año, como mucho, de las elecciones generales y en un momento en que se ve afectado por varios escándalos de corrupción en su entorno.
Con su “No a la guerra” de este miércoles, Sánchez recupera el eslogan de las grandes manifestaciones que hubo en España contra la invasión de Irak en 2003, en la que el entonces Gobierno del conservador José María Aznar (Partido Popular, PP) se alineó activamente con Estados Unidos.
Muchos españoles culparon a aquella implicación española de los atentados yihadistas de marzo de 2004, que dejaron 192 muertos y llevaron a los socialistas al poder en las elecciones que se celebraron tres días después.
La oposición de derechas cargó contra el líder socialista por su postura con las bases.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, primer partido de la oposición, pidió “respeto” a Trump y acusó a Sánchez de entregar su política exterior a “intereses partidarios”.
En su editorial de este miércoles, el diario El País, cercano al electorado de izquierda, aconsejó a Sánchez “evitar la tentación de enrocarse y de utilizar la amplísima animadversión que existe hacia Trump en la sociedad española para ganar popularidad”.
Los gobiernos de Estados Unidos e Israel afirmaron que Irán está respondiendo cada vez con menos fuerza a su ofensiva, en el quinto día de una guerra que se ha extendido por todo Oriente Medio.
El número de misiles iraníes lanzados contra Israel disminuye “cada día”, declaró un portavoz del ejército israelí, aunque este miércoles por la mañana esa fuerza anunció que había puesto en alerta el centro del país y activado las defensas aéreas para interceptar nuevos proyectiles.
“Israel y Estados Unidos han logrado juntos avances históricos”, consideró previamente la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

“Ahora estamos en una posición de fuerza”, aseguró por su parte el presidente estadounidense, Donald Trump.
Ciudades como Dubái y Riad, que normalmente se mantienen al margen de la agitación de la región, también se ven sumidas en el caos, con embajadas estadounidenses cerradas, turistas bloqueados, miles de vuelos cancelados y refinerías y petroleros atacados.
Irak también siente los coletazos, luego de que Irán atacara, en la vecina región del Kurdistán iraquí, a grupos armados de la oposición kurda hostiles a la república islámica.
Algo similar sucede en Turquía tras la interceptación de un misil lanzado desde Irán. Según un alto funcionario turco, el objetivo era probablemente una base militar de Chipre, país de la Unión Europea.
En el estratégico estrecho de Ormuz, el tráfico marítimo sigue paralizado.
Los Guardianes de la Revolución, fuerza considerada el ejército ideológico de Irán, reivindicaron el miércoles el control “total” del paso, por el que suele transitar el 20% del petróleo y el gas natural licuado mundial.
En Líbano, Israel ha ampliado el alcance de sus ataques y ha lanzado operaciones terrestres en el sur del país.
Con información de AFP y BBC Mundo.

Las críticas de estos dos tradicionales aliados de Teherán a los ataques de EU e Israel no han pasado de la condena verbal.
Rusia y China tienen fuertes lazos diplomáticos, comerciales y militares con Irán, pero tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la nación islámica, la pregunta que atrae la atención del mundo es qué tanto están dispuestos a respaldarla.
La reacción de Moscú a los ataques fue vociferante pero limitada, indicando su indignación y solidaridad con Teherán, mientras cuidadosamente evitaba tomar pasos que pudieran llevar a Rusia a un enfrentamiento directo, comenta Sergei Goryashko del Servicio Ruso de la BBC.
El portavoz del Kremlin Dmitry Peskov habló de una “profunda decepción” de que, a pesar de las conversaciones entre Washington y Teherán, la situación se deteriorara hasta tomar la forma de “una abierta agresión”.
Peskov afirmó que Moscú estaba en contacto permanente con el liderazgo de Irán y con los estados del Golfo afectados por la escalada de hostilidades.
El domingo, el presidente Vladimir Putin envió sus condolencias al presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, por la muerte del líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, llamándola una “violación cínica de la moralidad humana y el derecho internacional”.
El Ministerio de Exteriores de Rusia, por su parte, denunció lo que interpreta como asesinatos políticos y la “cacería” de líderes de estados soberanos.
China también condenó enérgicamente la muerte del ayatolá.
Además, Pekín históricamente se ha opuesto a las estrategias de EE.UU. de cambio de régimen a través del mundo.
En el centro de la relación China-Irán está una asociación económica de beneficio mutuo, señala Shawn Yuan, de la Unidad Global China del Servicio Mundial de la BBC.
China es el mayor socio comercial de Irán y su más importante comprador de petróleo.
Cuando se le preguntó este lunes al vocero del Kremlin si Moscú podría seguir confiando en Washington, Peskov respondió que Rusia “primero que todo sólo confía en sí misma” y defiende sus propios intereses.
Esos intereses ayudan a explicar por qué el apoyo de Rusia a Irán continúa siendo principalmente retórico aunque Teherán se ha convertido en unos de los aliados más cercanos de Moscú desde su invasión a gran escala de Ucrania, aportando drones y ayudando a desarrollar maneras de evadir las sanciones de Occidente, explica Goryashko del Servicio Ruso de la BBC.
Irán también encaja en la visión del Kremlin de un orden multipolar en el que los derechos del estado son más importantes que los derechos humanos, y los gobiernos ejercen un amplio control interno.
La caída de uno de esos regímenes propinaría un golpe a ese modelo.
Al mismo tiempo, el Kremlin ha demostrado antes que no arriesgará mucho por sus socios, ya sea en Venezuela, en Siria o durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán en el verano de 2025.
Rusia está intensamente involucrada en Ucrania y parece reacia -y quizás incapaz- de ofrecer nada más que apoyo diplomático y cooperación técnica militar a sus aliados.
El tratado de asociación estratégica entre Rusia e Irán firmado el 17 de enero 2025 no llega a ser un pacto de defensa mutua.
Moscú y Teherán acordaron compartir información, realizar ejercicios conjuntos y “garantizar la seguridad regional”, pero no se comprometieron a defender el uno al otro en caso de ser atacados.
Los lazos económicos entre los dos países también son modestos, y el comercio se mantiene en el rango de US$4.000 millones a US$5.000 millones.
Sin embargo, los vínculos militares e industriales estaban creciendo. En febrero, el diario The Financial Times informó de un importante acuerdo bajo el cual Rusia proveería a Irán de los sistemas de defensa aérea portátiles Verba valorados en US$580 millones.
El uso de drones Shahed de fabricación iraní cambió significativamente las tácticas de las fuerzas rusas en el frente ucraniano. Pero el año pasado, Moscú rápidamente expandió su propia producción de drones, reduciendo su dependencia de las armas iraníes.
Para Moscú, Irán es demasiado importante para permitir su caída, pero no lo suficientemente importante para combatir para evitarla. Ese cálculo podría cambiar, pero, por ahora, lo más probable es que la intervención de Rusia esté mayormente limitada a las palabras.
A pesar de años de severas sanciones de EE.UU. contra Irán, Pekín sigue siendo el salvavidas económico de Teherán, comprando grandes cantidades de petróleo a descuento a través de una red de las llamadas “flotas fantasmas”, buques con registros falsos para evadir las sanciones contra el transporte de crudo.
En 2025, por ejemplo, China compró más de 80% del petróleo transportado por cargueros, y los ingresos de esas compras chinas han ayudado a Irán a estabilizar su economía y financiar el gasto de Defensa aun cuando los mercados de Occidente estuvieran vetados.
Un acuerdo estratégico de 25 años firmado en 2021 consolidó la relación, con promesas de cientos miles de millones de inversiones chinas en la infraestructura y telecomunicaciones iraníes.
Históricamente, la estrategia de China de frente a las tensiones Irán-Israel e Irán-EE.UU. ha sido convertirse en un escudo diplomático para Teherán, haciendo uso de su derecho al veto -o amenaza de implementarlo- para diluir las resoluciones de la ONU.
Durante anteriores hostilidades, incluyendo la guerra de 12 días en el verano de 2025, China consistentemente instó a la “moderación” mientras denunciaba la “interferencia externa”, una referencia no muy velada a la política de EE.UU., comenta Shawn Yuan, de la Unidad Global China del Servicio Mundial de la BBC.
La estrategia de Pekín siempre ha sido mantener a EE.UU. empantanado en Medio Oriente, indica nuestro corresponsal, sin promover un colapso regional total que pudiera disparar los precios mundiales del petróleo.
Un régimen pro-Occidente en Teherán sería una derrota geopolítica catastrófica para China, ya que Teherán no sólo provee energía pero también representa políticamente un contrapeso considerable a la influencia de EE.UU. en la región.
Irán es miembro de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái, y sirve como un nexo geográfico clave conectando a Asia Central, el Cáucaso y Medio Oriente.
La caída de la República Islámica debilitaría la credibilidad de los mecanismos multilaterales que Moscú y Pekín han intentado fortalecer.
Sin una invasión en el terreno de EE.UU. e Israel, las estructuras política y militar iraníes podrían permanecer.
Pekín practicará su tradicional “juego a largo plazo”, con la intención de cumplir con quien sea que vaya a sustituir a Jamenei como líder de Irán, mientras que Rusia buscará oportunidades por su cuenta.
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