
El ciclo escolar 2025-2026 inició sin que exista un organismo independiente de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para que se evalúe el aprendizaje de los estudiantes. Aunque en las escuelas se aplicaron pruebas diagnósticas “para valorar y potenciar los procesos de enseñanza”, especialistas expresaron su preocupación por la representatividad que puedan tener y ante la incertidumbre sobre la posible consulta de los resultados.
Las pruebas diagnósticas para evaluar el sistema educativo fueron realizadas por organismos descentralizados desde 2002 y hasta el 2024, primero por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y después por la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), que analizaban los resultados y los hacían públicos.
Sin embargo, ante la extinción de Mejoredu en junio pasado, será la propia SEP la que evalúe el sistema educativo, con “Ejercicios Integradores del Aprendizaje (EIA)” que se aplicaron desde el 22 de septiembre hasta el 3 de octubre en los distintos planteles del país.

A diferencia de los formatos pasados, en los EIA no hay preguntas concretas sobre español o matemáticas, sino tareas abiertas sobre lo aprendido en los campos formativos de la Nueva Escuela Mexicana, “vinculando contenidos con proyectos y situaciones reales del entorno escolar y comunitario”, de acuerdo con la propia secretaría.
Sobre esta prueba, Patricia Ganem, investigadora de la asociación Educación con Rumbo, planteó que no hay certeza de que “las metodologías que estén utilizando los maestros permitan que los alumnos piensen y desarrollen capacidades para resolver una evaluación de ese carácter”, y que en algunas instituciones “están seleccionando sólo a algunos estudiantes para que resuelvan las pruebas“, lo que podría generar inexactitud en los resultados para conocer el estado de los procesos de aprendizaje.
Animal Político consultó a la SEP acerca de la aplicación de los EIA y la publicación de resultados, sin que al momento de esta publicación se haya tenido respuesta.
Virgilio fue informado de que su hijo, quien cursa el segundo grado de secundaria, presentaría la Evaluación Integradora de los Aprendizajes en los días 18 y 19 de septiembre, para lo cual se tendrían horarios especiales, pues solo se presentarían a la escuela para esta actividad.
“Me llamó la atención que la escuela suspendiera labores por dos días. Mi hijo comentó que el primer día contestó un examen con 10 preguntas abiertas, en las que no se hizo referencia a conocimientos básicos de matemáticas, español o historia, sino más bien de comprensión lectora sobre un caso de bullying“, refirió Virgilio.
Hasta ahora, como padres de familia, no les han informado si se darán a conocer los resultados de la prueba, por lo que en los próximos días acudirá a la dirección del plantel, ubicado en el municipio de Naucalpan, Estado de México, para preguntar al respecto. Lo mismo que en el caso de su hijo menor, quien cursa el quinto año de primaria.

Como maestro de bachillerato, Virgilio dijo que encuentra importante que sus hijos cuenten con un buen nivel académico, por lo que le preocupa que con el modelo de la Nueva Escuela Mexicana —implementado gradualmente desde el ciclo escolar 2023-2024 por iniciativa del gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador—, “se da mucha importancia a los proyectos, al trabajo en equipo, pero no a conocimientos básicos“.
De acuerdo con Paricia Ganem, aunque los instrumentos de evaluación y el modelo educativo no son malos y obedecen a un aprendizaje integral, será complicado que los resultados de estos ejercicios puedan ser comparables con los diagnósticos de ciclos pasados, “por lo que no podremos dar seguimiento a las generaciones completas ni saber el impacto que van teniendo los nuevos planes y programas de estudio”.
Irma Villalpando, asesora educativa y profesora universitaria, consideró que en la pasada administración y la actual “en el tema educativo hay pocos controles de evaluación, porque no creen en ella (dado que no se aplican exámenes a los estudiantes), ni en los datos o la información para tomar decisiones”, dado que no hay información sobre la posibilidad de conocer los resultados.
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En contraste, César Guerrero Arellano, doctorante en ciencias sociales cuyo trabajo académico se ha concentrado en la política de evaluación de aprendizajes en México, considera que es necesario superar “esa visión de que para evaluar correctamente la educación hay que crear un ente completamente independiente, autónomo, que sea como el fiscal de la SEP y que no se hablen para nada porque qué tal que se ponen de acuerdo”.
“Tenemos que salir de esa lógica que me parece bastante sesgada y limitada del conocimiento sobre el proceso educativo”, consideró, y subrayó que ninguna evaluación diagnóstica dará una perspectiva completa del estado de los aprendizajes en el país, dada la diversidad de condiciones de todas las regiones y de los grupos socioeconómicos en los que se encuentra cada una.
La última vez que se conocieron los resultados de la prueba diagnóstica fue en 2023, cuando Mejoredu hizo pública la evaluación de los aprendizajes en lectura, matemáticas y civismo, mostrando niveles bajos en el entendimiento de los estudiantes.
En lectura, materia en la que se encontraron los mayores porcentajes del aprendizaje, con 61 % en segundo de primaria, llegando a un mínimo de 38.8 % en cuarto grado, y terminando la secundaria con 48.8 %, especialistas señalaron que la carencia de conocimientos dificultaba a los estudiantes la capacidad de comprender, diferenciar y resumir contenido de textos de distintos géneros.
En matemáticas se observó la misma tendencia de baja en los aprendizajes conforme avanza el grado escolar: en segundo grado de primaria, el puntaje logrado fue de 57.3 %, que alcanza su mínimo en quinto año, con 32.8 %, y terminó con 36 % en tercero de secundaria.

En civismo se encontró poca comprensión sobre la participación de manera honesta e informada en decisiones colectivas, la libertad de expresión, la organización ciudadana, la importancia de cumplir con las leyes y la diferencia entre situaciones justas e injustas.
En 2024 los resultados de las pruebas diagnósticas no se hicieron públicos, y aunque sí fueron aplicadas, se vieron envueltas en el proceso de discusión de la eliminación de Mejoredu por la reforma de simplificación orgánica, así como en la polémica de que Marx Arriaga —director de Materiales Educativos de la SEP y uno de los principales promotores de la Nueva Escuela Mexicana— pidió a los maestros no presentar la evaluación.

La presentación de Benito Martínez Ocasio en el show de medio tiempo del Super Bowl el domingo estuvo marcada por mensajes y símbolos que evocaban la cultura latina y puertorriqueña. La bandera tuvo un rol destacado.
“Aquí mataron gente por sacar la bandera, por eso yo la llevo donde quiera”.
Bad Bunny se tomó muy en serio este verso de su canción “La MuDANZA” cuando el domingo, durante el show de medio tiempo del Super Bowl, ondeó con orgullo la bandera de Puerto Rico en el evento deportivo más importante de Estados Unidos.
Lo hizo ante la mirada de millones de personas en todo el mundo, cantando casi por completo en español y en el momento en que denunciaba los constantes cortes de luz que sufren los puertorriqueños en la isla.
El artista suele ofrecer presentaciones meticulosas, donde cada detalle está calculado, y esta ocasión no fue la excepción.
“La bandera puertorriqueña no es solo un símbolo de afirmación nacional; también es una herramienta de resistencia frente al colonialismo”, sostuvo el historiador Jorell Meléndez-Badillo en un artículo de 2019.
Al interpretar su éxito “El apagón”, rodeado de una escenografía que aludía al maltrecho sistema eléctrico boricua, Benito Martínez Ocasio empuñó una versión muy específica de la monoestrellada: la azul celeste.
Dicha variante del diseño está vinculada al movimiento independentista puertorriqueño y, en general, a quienes buscan marcar una diferencia cultural con la estadounidense.
Sin embargo, la bandera oficial es la azul oscuro, adoptada en 1952, cuando se creó el Estado Libre Asociado, la forma de gobierno propio con poderes limitados aprobada por el gobierno de EE.UU. para Puerto Rico.
Esa fue la versión que en 2020 Jennifer Lopez, al presentarse junto a Shakira, también usó en el show del medio tiempo del Super Bowl.
La cantante sorprendió entonces al público al abrir su vestuario decorado con la bandera estadounidense para revelar en su interior la boricua.
Pero, más allá del debate del color, la bandera de la isla guarda una historia de persecución que es la que el artista expone en su música.
La bandera puertorriqueña fue diseñada en 1895 por Antonio Vélez Alvarado, un periodista y político que militaba en el Comité Revolucionario de Puerto Rico, grupo de boricuas que, a su vez, formaba parte del Partido Revolucionario Cubano.
El partido, fundado por José Martí en Nueva York, buscaba la independencia de Cuba y Puerto Rico, las últimas dos colonias españolas en América.
Con la intención de mostrar unidad, al diseñar la bandera puertorriqueña el periodista se inspiró en la cubana, pero invertida: franjas rojas y blancas, triángulo azul y estrella blanca.
La bandera boricua fue presentada al propio Martí en una cena, según el historiador puertorriqueño Joseph Harrison Flores en entrevista con el diario El Nuevo Día.
“Las dos islas… juntas han de salvarse o juntas han de perecer”, habría dicho el escritor y revolucionario, según los documentos estudiados por el autor de “Historia de la bandera puertorriqueña: del conflicto a la certeza”.
Hay historiadores que afirman que el azul de aquella primera versión era celeste y estaba inspirado en la bandera del Grito de Lares, un alzamiento de puertorriqueños contra España que tuvo lugar en el municipio de Lares, en el centro de la isla, en 1868.
Pero Harrison Flores argumenta que, en realidad, era azul oscuro y que años más tarde los grupos independentistas fueron quienes cambiaron su tono.
Mientras que Cuba alcanzó la independencia que deseaban los exiliados en Nueva York, Puerto Rico fue cedido a EE.UU. al final de la guerra hispanoamericana en 1898.
Décadas después, en 1948 y con la intención de sofocar los movimientos independentistas, el gobierno local de Puerto Rico aprobó la Ley 53 o la Ley de la Mordaza.
Esta disposición coartaba la libertad de expresión, prohibía apoyar públicamente la independencia, imprimir información relacionada o participar en algún grupo con esta inclinación.
Y, por supuesto, hacía ilegal poseer, exhibir o incluso tener en el hogar una bandera de Puerto Rico.
La pena por violar la ley podía ser de hasta 10 años de cárcel.
Fue derogada en 1957, pero sus efectos culturales y psicológicos persisten y aún son motivo de discusión en Puerto Rico.
Por eso no es casualidad que Bad Bunny insista en este símbolo, no solo en “La MuDANZA”, sino también en “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”:
“No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai/Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái“.
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