
¿Qué lleva a una mujer a fingir un embarazo logrando que todo su entorno lo crea y hasta su cuerpo cambie? Esa es la increíble premisa detrás de Un hijo propio, el primer documental que realiza en México la directora chilena Maite Alberdi.
Esta producción se centra en el caso real de Alejandra Marín, el cual pareciera superar a cualquier historia de ficción. Pero precisamente el trabajo de Alberdi invita no solo a explorar el suceso, sino también a reflexionar sobre la fragilidad de la psique y las fallas sistemáticas y sociales que empujaron a tales acciones.
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Un hijo propio retrata el profundo deseo de Alejandra por ser madre y la presión constante de su entorno para que lo sea, empujándola a fingir un embarazo.
Maite Alberdi muestra que lo que empieza como una simple mentira se transforma en una farsa difícil de mantener durante meses ante un esposo y familia ilusionados, atrapando a Alejandra en una simulación que la consume y la llevará a cruzar una línea irreversible, que desencadena un escándalo mediático y le impide seguir con su mentira.
Un hijo propio será parte de la Categoría de Presentación Especial en la edición 76 de la Berlinale. Para conocer más de este proyecto, en Animal MX platicamos con la directora Maite Alberdi (El agente topo, 2020) y (La memoria infinita, 2023).

En caso de que fueras muy joven en 2009 o tu memoria no haya guardado el caso, te contamos brevemente que el 17 de junio de 2009, Eleonor Alejandra Marín Mendoza sacó a una bebé dentro de una bolsa del área de recuperación de ginecobstetricia del Hospital General de México.
Horas después fue detenida junto a su esposo Arturo Calderón Gamiño en un hotel ubicado en la avenida Ignacio Zaragoza, de la colonia Agrícola Oriental.
En todo momento, Alejandra aseguró que llegó a un convenio con la madre de la bebé, quien supuestamente no quería tenerla, y “acordó” dársela a Alejandra en cuanto naciera. Sin embargo, la madre de la niña negó esa versión.
Al final, Alejandra fue sentenciada a pasar casi 14 años de su vida en el penal de Santa Martha Acatitla.
Fingir un embarazo durante nueve meses, “acordar” con una embarazada el intercambio de una bebé, tener hasta un baby shower… Todo eso suena como a algo sacado de una increíble ficción, pero es lo que en realidad vivió Alejandra durante meses.
Precisamente, Maite Alberdi comparte a Animal MX que lo que la llevó a hacer este documental sobre el caso de Alejandra fue “la pregunta sobre qué lleva una mujer a fingir un embarazo”.
“Me pareció una situación muy extrema, muy triste y que también tenía muchos tonos; también era como muy absurda, entonces como que cinematográficamente como que era una gran una gran invitación”, cuenta.
Pero no se trata solo de lo que vivió Alejandra, pues la directora, que ha sido dos veces nominada al Oscar, también comparte que esta fue una forma de ahondar en un “tema muy universal”:
“La presión social que vivimos las mujeres sobre la maternidad y los pocos espacios que tenemos para pensar esa pregunta sin que el proceso sea controlado por el entorno (familia, pareja, sociedad)”.
Y es que, sin darte spoilers, el caso de Alejandra Marín resalta por ser una mujer que vivió una presión familiar casi asfixiante sobre “su deber” de ser madre o de que prácticamente “no sirves para ser mujer, si no puedes tener hijos”.
Una afirmación demasiado fuerte para cualquier mujer.

El aspecto más fascinante —y quizás también el más inquietante— de este caso es la construcción de una realidad paralela.
Alejandra no solo simuló; ella vivió un embarazo psicológico en absoluta soledad, logrando que su propio cuerpo y su entorno validaran una gestación inexistente.
Alberdi confiesa a Animal MX que precisamente le llamó la atención la cantidad de meses que logró engañar a su familia y su entorno.
“Yo no habría podido escribir una historia así como ficción porque siento que sería muy inverosímil o no habría sabido como cómo escribirla de manera verosímil”, explica la directora destacando que eso es lo que les fascina a los documentalistas: “encontrar estas historias extraordinarias en la realidad”.
Para abordar el caso de Alejandra Marín, la directora Maite Alberdi usó una forma cinematográfica peculiar para una historia tan inusual.
Durante la primera mitad de Un hijo propio, la directora utiliza actores —destacando la labor de Ana Celeste— para recrear el pasado, pero en la segunda mitad también integra hábilmente material de archivo y la observación directa del presente a través de entrevistas.
Esta mezcla de “texturas” permite al espectador transitar por la memoria de Alejandra mientras la acompaña en su realidad actual. Precisamente fue esta mezcla de de géneros y de recursos cinematográficos lo que fue muy estimulante para Alberdi como directora, pues tuvo la posibilidad de poder jugar con varios formatos.
La directora destaca que la actriz Ana Celeste no trabajó desde la imaginación, sino que construyó su interpretación codo a codo con la Alejandra real.
Este proceso de colaboración no fue traumático; por el contrario, representó un momento de “goce” creativo para la Alejandra, quien encontró una herramienta para entenderse a sí misma en la reconstrucción de su propia historia.

Contar la historia de alguien que ha cometido un crimen exige una ética rigurosa para evitar caer en el amarillismo y la revictimización.
Maite Alberdi lo sabe perfectamente y asume la responsabilidad de escuchar y empatizar con todas las voces involucradas en el caso de Alejandra. Y no lo hace con la intención de imponer una verdad única, sino para mostrar las múltiples visiones que convergen en un caso tan doloroso.
“Eso es lo lindo de los documentales; que acompañan a lo largo del tiempo, te dan perspectivas sobre las cosas y perspectivas sobre las historias”, explica a Animal MX.
Además, adelanta que en Un hijo propio vemos cómo Alejandra cumplió su condena completa en la cárcel, asumió lo que le pasó y hasta tiene un proceso interno en el que no niega la gravedad y el dolor de lo sucedido.
“Creo que la película pretende es entender por qué suceden las cosas y qué contexto se dan para llevar a alguien a hacer algo así”, añade.
Y es que en el documental hay un momento donde incluso la jueza que estuvo a cargo del caso de Alejandra Marín reconoce que ella atravesó por abortos espontáneos sin apoyo psicológico y solo bajo una presión incansable de ser madre.
“Nadie la estaba mirando, nadie la estaba acompañando”, declara Alberdi concluyendo que el documental también pone sobre la mesa diversas fallas sistemáticas y sociales en torno al caso.
Queda claro que el propósito de Maite Alberdi con Un hijo propio no es la búsqueda de una sentencia moral, sino la comprensión de los contextos que empujan a un ser humano al abismo.
Alejandra ya ha cumplido su condena ante la ley, pero la condena social persiste, convirtiendo su proceso de reinserción en una batalla.
Esta obra nos deja con una pregunta provocadora: como sociedad que exige justicia, ¿cuál es nuestra responsabilidad en el acompañamiento de quienes han sido ignoradas por el sistema?
Si la deuda con la justicia ya ha sido pagada, nos queda enfrentar nuestra propia deuda social con aquellos que, antes de ser juzgados, simplemente necesitaban que alguien les mirara.
Un hijo propio llegará solo a Netflix este año.

El estudio buscaba generar cercanía entre desconocidos a través de un cuestionario que se volvía cada vez más (y más) personal. A la escritora Mandy Len Catron le funcionó.
“Para enamorarte de cualquiera, haz esto”.
El título era en extremo provocador. E irresistible.
Se trataba de un ensayo publicado en la sección Modern Love (“Amor moderno”) del diario The New York Times por la escritora Mandy Len Catron y fue un éxito viral.
De hecho, fue una de las historias más leídas del periódico en aquel 2015.
En el ensayo, Catron contaba que, junto con un conocido de la universidad, habían decidido poner a prueba un experimento diseñado por psicólogos que intentaron “hacer que dos personas se enamoren”, decía.
Se trataba de un estudio de 1997 liderado por el psicólogo Arthur Aron de la Universidad de Stony Brook en Nueva York, cuya metodología era simple pero potente.
Consistía en poner a dos extraños solos en una habitación, sentados cara a cara, respondiendo 36 preguntas que cada vez se volvían más (y más) personales.
Para finalizar, explicaba Catron, ambos debían mirarse a los ojos durante 4 minutos en silencio.
“Seis meses después, dos participantes se casaron. Invitaron a todo el laboratorio a la ceremonia”, decía.
Lo más mágico del artículo quizás era que a ella y su compañero de cuestionario también les funcionó.
Sí, se enamoraron.
Es cierto que no eran desconocidos y que no lo habían llevado a cabo en un laboratorio sino en un bar, pero las preguntas generaron un “espacio íntimo” que en otras circunstancias “podría tomar semanas o meses”.
“Aunque es difícil atribuirle todo el mérito al estudio (quizás hubiese sucedido de todos modos), sí fue una forma de iniciar una relación que se siente deliberada”, escribió.
Y hay más todavía porque el año pasado, 10 años después de aquel experimento, se casaron.
Entonces, ¿eso quiere decir que funciona?
Antes de explicar las fortalezas y limitaciones del estudio, vayamos a lo que genera más curiosidad: las 36 preguntas.
El cuestionario “para el procedimiento de generación de cercanía” elaborado por Aron y su equipo está dividido en tres grupos.
Grupo 1:
1. Si pudieras elegir a cualquier persona del mundo, ¿a quién te gustaría como invitado en una cena?
2. ¿Te gustaría ser famoso? ¿De qué manera?
3. Antes de hacer una llamada telefónica, ¿ensayas a veces lo que vas a decir? ¿Por qué?
4. ¿Qué sería un día “perfecto” para ti?
5. ¿Cuándo fue la última vez que cantaste para ti mismo? ¿Y para alguien más?
6. Si pudieras vivir hasta los 90 años y conservar la mente o el cuerpo de una persona de 30 años durante los últimos 60 años de tu vida, ¿cuál elegirías?
7. ¿Tienes alguna corazonada secreta sobre cómo vas a morir?
8. Nombra tres cosas que tú y tu compañero parecen tener en común.
9. ¿De qué te sientes más agradecido en tu vida?
10. Si pudieras cambiar cualquier cosa de tu crianza, ¿qué sería?
11. Tómate 4 minutos y cuéntale a tu compañero la historia de tu vida con el mayor detalle posible.
12. Si pudieras despertar mañana habiendo adquirido cualquier cualidad o habilidad, ¿cuál sería?
Grupo 2:
13. Si una bola de cristal pudiera decirte la verdad sobre ti, tu vida, el futuro o cualquier otra cosa, ¿qué te gustaría saber?
14. ¿Hay algo que hayas soñado hacer durante mucho tiempo? ¿Por qué no lo has hecho?
15. ¿Cuál es el mayor logro de tu vida?
16. ¿Qué es lo que más valoras de una amistad?
17. ¿Cuál es tu recuerdo más preciado?
18. ¿Cuál es tu recuerdo más terrible?
19. Si supieras que en un año vas a morir repentinamente, ¿cambiarías algo de tu forma de vivir actual? ¿Por qué?
20. ¿Qué significa la amistad para ti?
21. ¿Qué papel juegan el amor y el afecto en tu vida?
22. Túrnense para compartir cinco aspectos que cada uno considere una característica positiva del otro.
23. ¿Qué tan unida y cariñosa es tu familia? ¿Sientes que tu infancia fue más feliz que la de la mayoría de las personas?
24. ¿Cómo te sientes respecto a tu relación con tu madre?
Grupo 3:
25. Túrnense para hacer tres afirmaciones verdaderas cada uno que abarquen a los dos. Por ejemplo: “Los dos estamos en esta habitación sintiéndonos…”.
26. Completa la siguiente frase: “Ojalá tuviera a alguien con quien compartir…”.
27. Si fueras a hacerte amigo cercano de tu compañero, ¿qué sería importante que supiera?
28. Dile a tu compañero lo que te gusta de él; sé muy honesto esta vez, diciendo cosas que no le dirías a alguien que acabas de conocer.
29. Comparte con tu compañero un momento embarazoso de tu vida.
30. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste delante de otra persona? ¿Y solo?
31. Dile a tu compañero algo que te guste de él.
32. ¿Hay algo que sea demasiado serio para bromear sobre ello? ¿Qué?
33. Si murieras esta noche sin la oportunidad de comunicarte con nadie, ¿qué lamentarías más no haberle dicho a alguien? ¿Por qué no lo has hecho aún?
34. Tu casa, con todas tus pertenencias, se incendia. Después de salvar a tus seres queridos y mascotas, tienes tiempo para entrar una última vez para salvar cualquier ítem. ¿Cuál sería? ¿Por qué?
35. De todas las personas de tu familia, ¿la muerte de quién te resultaría más perturbadora? ¿Por qué?
36. Comparte un problema personal y pídele consejo a tu compañero sobre cómo podrías afrontarlo. Además, pídele que te cuente cómo cree que te sientes respecto al problema que has elegido.
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Si bien la historia de amor de Catron es real, el ensayo tenía datos incorrectos o imprecisos sobre el estudio original.
Algunos son detalles, como el ejercicio final de mirarse a los ojos durante 4 minutos, que no estaba incluido en el experimento.
Pero otros son más profundos.
Por ejemplo, en el propio paper se aclaraba que el objetivo del cuestionario era “desarrollar un sentimiento temporal de cercanía, no una relación real y duradera”.
Lo que el equipo de investigadores hizo fue tomar lo que entonces se sabía sobre cómo se construye una relación cercana (que puede ser de amor romántico, pero también de amistad) y aplicarlo para generar un procedimiento que permitiese lograr la mayor intimidad posible en el menor tiempo disponible (concretamente, 45 minutos).
Según el estudio, “un patrón clave asociado con el desarrollo de una relación cercana entre iguales es la autorrevelación sostenida, creciente, recíproca y personalista”.
De ahí que el cuestionario sea cada vez más personal.
Lo mismo sucede con las preguntas que apuntan a señalar factores en común entre los participantes y a decir elogios mutuos.
Con este procedimiento, se explicaba, los investigadores pueden decidir qué participantes eligen para forjar en el laboratorio una relación y así medir variables antes, durante y después, que pueden ser desde cambios hormonales hasta prejuicios sociales.
Distintos estudios recientes lo han utilizado, por ejemplo, para generar un vínculo cercano entre alumnos remotos, ya que la educación a distancia suele tener altas tasas de abandono.
“Creemos que la cercanía producida en estos estudios se experimenta como similar en muchos aspectos importantes a la cercanía sentida en las relaciones naturales que se desarrollan con el tiempo”, afirmaban Aron y sus colegas.
Catron, claro, explicaba “el procedimiento” de una manera mucho más romántica y emotiva.
“Las preguntas me recordaron el infame experimento de la rana hervida, en el que la rana no siente que el agua se calienta hasta que es demasiado tarde”, decía.
“En nuestro caso, como el nivel de vulnerabilidad aumentaba gradualmente, no me di cuenta de que habíamos entrado en territorio íntimo hasta que ya estábamos allí, un proceso que suele durar semanas o meses”, agregaba.
Luego reflexionaba: “La mayoría de nosotros pensamos en el amor como algo que nos sucede (…). Pero lo que me gusta de este estudio es que asume que el amor es una acción”.
Es “hacer el esfuerzo de conocer a alguien, que en realidad es una historia sobre lo que significa que te conozcan”.
Mucho ha pasado en la vida de Catron desde su texto viral.
Publicó el libro How to Fall in Love with Anyone (“Cómo enamorarse de cualquiera”), dio una charla TEDx y lanzó un newsletter sobre amor, entre otros proyectos profesionales.
En lo personal, además de casarse con aquel “conocido” llamado Mark Janusz Bondyra, tuvieron mellizos.
Hasta hoy, su ensayo “sigue siendo muy leído”, informó el año pasado The New York Times en un artículo sobre su boda.
En la ceremonia, contaron, en cada mesa y en el bar colocaron tarjetas con las 36 preguntas como un guiño al inicio de su historia de amor.
Si bien a lo largo de estos 11 años Catron ha intentado moverse del lugar de “caso de estudio”, entiende por qué su ensayo en general y su historia de amor en particular todavía despiertan interés.
“Creo que la mayoría de la gente quiere sentirse vista y comprendida por otra persona”, le dice a BBC Mundo.
Y agrega: “Creo que este deseo se ha vuelto especialmente fuerte en los últimos 10 a 15 años, con tanta de nuestra vida social mediada por las pantallas”.
Para ella, “las 36 preguntas proporcionan una estructura que hace que ese tipo de vulnerabilidad y conexión se sienta accesible”.
Catron está convencida de que esta herramienta “es valiosa para cualquiera”, incluso familiares y amigos: “Es una forma maravillosa de aprender más sobre uno mismo y sobre otra persona”.
Ahora, cuando se trata del amor de pareja, Catron en su ensayo escribía: “El estudio de Arthur Aron me enseñó que es posible (incluso sencillo) generar confianza e intimidad, los sentimientos que el amor necesita para prosperar”.
Pero como ha dicho en numerosas oportunidades desde entonces, enamorarse es fácil; seguir enamorados es lo difícil. Implica elegirse una y otra (y otra) vez.
Por eso, contó en su charla TEDx, aunque le gustaría tener la certeza del final feliz que sugiere el título de su famoso ensayo, la realidad es otra.
“Lo que tengo, en cambio, es la oportunidad de elegir amar a alguien y la esperanza de que él también me ame. Es aterrador, pero así es el amor”.
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