
El mundo de las citas no es nada sencillo. Y aunque millennials podrían pensar que la tienen más complicada con la edad, la realidad es que la Gen Z no la tiene más fácil, pues aunque anhelan conexiones profundas, no pasan de conversaciones superficiales que no llevan a ninguna parte.
Así tenemos una paradoja: una generación digitalmente nativa que, aunque es experta en la comunicación en línea, se enfrenta al enorme reto de trasladar esa fluidez a la intimidad.
Una nueva investigación de Hinge, app de citas creada para ser eliminada, revela qué es lo que dificulta ese primer acercamiento.
El reporte D.A.T.E. 2025 encuestó a más de 30 mil personas en todo el mundo para entender cómo la Generación Z tiene citas hoy. En paralelo, Hinge realizó un estudio local en México para profundizar en los retos específicos de esta generación. ¿La principal conclusión? Aunque la conexión emocional es el objetivo, las barreras de comunicación siguen frenando ese potencial.
Entre los datos más relevantes que salen del reporte en México está que:
De forma sencilla, el reporte D.A.T.E. 2025 explica que la “Brecha de Comunicación” es la desconexión entre el anhelo de tener conversaciones significativas y la disposición real para ser quien da el primer paso. Es querer profundidad, pero quedarse en la superficie por miedo o incertidumbre.
Los datos de la investigación de Hinge a nivel global ilustran este abismo de manera contundente:
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El Deseo (Lo que la Gen Z quiere)
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La Realidad (Lo que realmente pasa)
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Conexión emocional: 84% de los usuarios de Hinge de la Gen Z quiere construir una intimidad emocional más
profunda. |
Conversaciones superficiales: La Gen Z es un 36% menos dispuesta que los Millennials a iniciar conversaciones profundas en una primera cita.
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Interés en el otro: El 85% de los daters tiene más probabilidades de querer una segunda cita si les hacen preguntas reflexivas.
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Falta de preguntas: Solo entre un 25% y un 30% de los daters siente que su cita les hizo suficientes preguntas.
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Estos datos muestran claramente la brecha, pero ¿qué factores la están causando?
Hay que considerar que esta brecha de comunicación no surge de la nada, sino de barreras específicas y comprenderlas es el primer paso para superarlas.
Muchas personas experimentan lo que se conoce como vulnerability hangover (o resaca de vulnerabilidad): esa sensación de vergüenza o exposición después de abrirse emocionalmente, acompañada de dudas como “¿dije demasiado?” o “¿qué pensará de mí?”.
Sin embargo, la investigación revela algo sorprendente:
La lección es liberadora. Aunque tememos que la otra persona nos va a juzgar por abrirnos “demasiado”, la realidad es que ese juicio casi nunca llega. Esa ansiedad por abrirnos es una barrera interna, no una respuesta a una amenaza real. La mayoría de las personas valora y recibe bien la honestidad emocional.
El informe también reveló otro obstáculo para la conexión: el déficit de preguntas.
Se trata de la diferencia entre la cantidad de preguntas que las personas creen hacer y la cantidad que su cita siente que les hace.
Si bien el 85 % de las personas que salen en citas son más propensas a querer una segunda cita cuando se les hacen preguntas reflexivas, no hacen tantas preguntas como a sus citas les gustaría.
Este déficit de preguntas no solo crea una conversación desequilibrada, sino que a menudo es un síntoma del miedo a la vulnerabilidad: tememos preguntar algo demasiado profundo o personal.
Este desequilibrio impide que la conversación fluya de manera recíproca, pero una forma muuuy sencilla de contrarrestar esto es “Si tu cita te pregunta algo, responde y luego hazle la misma pregunta. Un simple ‘¿Y tú qué piensas?’ mantiene la conversación recíproca”, explica Logan Ury, Directora de Ciencia de las Relaciones en Hinge.
A pesar de que la Gen Z es la generación más fluida en temas de género, los roles tradicionales siguen afectando la comunicación en las citas. Estos “guiones invisibles” dictan quién debe dar el primer paso o quién debe mostrar más interés, creando dudas y silencios.
Como puedes ver, hay demasiadas citas prometedoras que mueren en silencio. La incertidumbre sobre quién debe escribir primero o qué decir provoca que conexiones potenciales se desvanezcan. Para combatir esto, el reporte también sugiere una fórmula simple y efectiva basada en lo que la Gen Z realmente valora en un mensaje de seguimiento.
Esta “fórmula de seguimiento” se compone de tres elementos clave: tiempo + entusiasmo + intención.
Un mensaje que cumple con esta fórmula puede ser tan simple como: “Me encantó pasar tiempo hoy contigo. Ojalá podamos vernos otra vez, si quieres.” Esta estructura ayuda a ser emocionalmente más claro y honesto, evitando que las conexiones se pierdan por esperar a que el otro dé el primer paso.
Antes de irte: Así están los jóvenes transformando el mundo de las citas online: ¿es más fácil enamorarse ahora?
La brecha de comunicación es un desafío común y real para la Generación Z, pero es completamente superable. El miedo a la vulnerabilidad y la duda sobre cómo iniciar una conversación son sentimientos normales, pero no deben ser un impedimento para buscar las conexiones significativas que tanto se anhelan.
La próxima vez que sientas esa duda, recuerda que la persona frente a ti probablemente quiere lo mismo que tú. ¿Y si el secreto para la conexión que buscas está en ser la primera persona en atreverse a preguntar algo más?

A última hora de la tarde del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenó que sea ella quien asuma la jefatura del Estado ante la “ausencia forzosa” de Maduro.
La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de las fuerzas militares de Estados Unidos ha puesto todos los ojos sobre la figura de Delcy Rodríguez, la vicepresidenta ejecutiva escogida por el mandatario como su mano derecha.
A última hora de la tarde del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenó que sea ella quien asuma la jefatura del Estado ante la “ausencia forzosa” de Maduro.
En un comunicado, la presidenta de la Sala Constitucional del tribunal, Tania D’Amelio, argumentó que la Constitución atribuye al vicepresidente la función de suplir las faltas temporales o absolutas del presidente, como la que atraviesa actualmente el país.
La magistrada se refirió a la operación militar estadounidense que resultó en la detención de Maduro y su esposa como un “secuestro” y una “agresión extranjera”.
Con el nombramiento de Rodríguez como presidenta interina, el tribunal le otorga el poder para liderar “la defensa de la soberanía” y “preservar el orden constitucional”, señalaba el comunicado.
Horas antes del pronunciamiento del TSJ, Rodríguez, en mensaje televisado desde Caracas, también condenó la acción de EE.UU. y calificó la captura de Maduro y su esposa de “secuestro ilegal e ilegítimo”.
“Lo que se le está haciendo a Venezuela es una barbarie”, aseguró Rodríguez, durante una alocución que dio al país en cadena nacional de radio y televisión.
“Sitiarla, bloquearla, es una barbarie que violenta todo mecanismo del sistema de derechos humanos internacional y configura delitos de lesa humanidad. Que ningún bloqueo pretenda torcer la voluntad de este pueblo”, dijo Rodríguez, quien llamó a sus compatriotas a salir en defensa de su país y afirmó que “en Venezuela solo hay un presidente, que se llama Nicolás Maduro Moros”.
Con esas palabras respondió a lo dicho por el presidente estadounidense, Donald Trump, durante la primera rueda de prensa tras la captura de Maduro.
En la comparecencia convocada para explicar la operación militar realizada este sábado, Trump ya sugirió que Rodríguez podría ser la persona que estaría al frente del gobierno tras la salida de Maduro, pero que trabajaría alineada con el gobierno de EE.UU. en la recuperación de Venezuela.
El mandatario estadounidense aseguró que Rodríguez había estado en contacto con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y dio a entender que aparentemente ella estaría dispuesta a acceder a todas las exigencias de Washington. “No tiene alternativa”, apuntó.
Sin embargo, poco después de la rueda de prensa de Trump, Rodríguez realizó una alocución en cadena nacional de radio y televisión en la que ratificó su posición de considerar a Maduro como “el único presidente de Venezuela”, denunció su captura como un “secuestro” y agregó que Venezuela “no se entrega, no se rinde y jamás va a ser colonia de nadie”.
Estas últimas declaraciones son coherentes con la Delcy Rodríguez a quien Maduro ha calificado en el pasado como “tigresa”, por su defensa del proyecto de socialismo bolivariano.
De hecho, quienes la conocen suelen decir que es “muy inteligente”, pero también que es “dogmática”.
Pero ¿quién es realmente Delcy Rodríguez?
Delcy Rodríguez lleva la política en los genes.
Esta abogada de 56 años es hija de Jorge Antonio Rodríguez, quien fue guerrillero en la década de 1960 y murió bajo custodia policial en 1976, luego de ser detenido por su vinculación con el secuestro de William Niehous, un alto ejecutivo de una empresa estadounidense que operaba en Venezuela.
El fallecimiento de Rodríguez causó conmoción en la opinión pública, pues se produjo debido a las torturas y malos tratos a los que fue sometido por las autoridades policiales.
Esa muerte se convertiría en parte de la motivación que llevaría a Delcy a estudiar Derecho, carrera que cursó en la Universidad Central de Venezuela y que, luego, prosiguió con estudios de Derecho Laboral y Sindical en Francia.
“Tomé una decisión de hacer justicia en el caso de mi papá y entré a la escuela de Derecho. Allí inmediatamente apliqué para ser auxiliar de investigación en el Instituto de Estudios Penales”, comentó una vez ella.
Ese suceso también habría influido en su acercamiento a la política. “La revolución bolivariana, la llegada del comandante Hugo Chávez, fue nuestra venganza personal”, dijo en una entrevista en 2018, aunque aseguró que no actuaba movida por el odio.
Al igual que su hermano mayor, Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional, Delcy Rodríguez comenzaría su escalada en la jerarquía política durante el gobierno de Hugo Chávez, cuando llegó por primera vez al gabinete para ocupar por unos meses el Ministerio del Despacho de la Presidencia.
Pero fue tras la llegada de Maduro al poder cuando ocupó numerosas posiciones en la cima del Poder Ejecutivo. Inicialmente, fue ministra de Comunicación e Información, ministra de Economía y canciller.
Y, en los últimos tiempos, ascendió hasta la vicepresidencia ejecutiva, cargo al que además le ha sumado las responsabilidades de ministra de Hidrocarburos.
También fue la primera presidenta de la polémica Asamblea Nacional Constituyente electa en 2017, un cargo de gran relevancia pues -al menos en la teoría jurídica- disponía de más poder que la presidencia, por ser considerado un órgano con carácter supraconstitucional.
Al igual que su hermano Jorge, Delcy ha sido una pieza fundamental que el gobierno de Maduro ha usado como operador político tanto fuera como dentro de Venezuela.
“Delcy trabaja en dúo con su hermano. Ella es un poco menos intelectual, más operativa. Son personas bien formadas que han ocupado un vacío como consecuencia del abandono absoluto de gente capaz que ha habido en el gobierno”, opinó el politólogo Nícmer Evans en entrevista con BBC Mundo en 2024
Delcy Rodríguez ocupó formalmente el cargo de ministra de Exteriores de Maduro entre 2014 y 2017, pero más allá de detentar el cargo, ella nunca ha dejado de ser una de las caras visibles del gobierno tanto dentro como fuera de Venezuela.
De hecho, en los últimos años durante los cuales Maduro redujo sus viajes al exterior, ella ha sido una operadora clave en las relaciones con países aliados como Turquía, China o Irán.
En la escena internacional, Rodríguez también ha protagonizado varios incidentes como cuando en 2016, siendo canciller, intentó ingresar a una reunión del Mercosur en Buenos Aires, luego de que Venezuela hubiera sido excluida del bloque.
Años más tarde, ocurriría lo que la prensa española llama el “Delcygate”, una polémica que estalló luego de que la madrugada del 20 de enero de 2020, Rodríguez aterrizara en un avión privado en el aeropuerto de Barajas en Madrid, donde se reunió durante algunas horas con el entonces ministro de Transporte de España, José Luis Ábalos, a pesar de que sobre ella pesaba una prohibición de entrada en el espacio Schengen emitida por Austria.
Rodríguez es una del medio centenar de altos funcionarios venezolanos sobre quienes la UE ha impuesto sanciones debido a las violaciones de los derechos humanos y al deterioro de la democracia en Venezuela.
Fue sancionada por EE.UU. en 2018, cuando el Tesoro de ese país impuso también este tipo de medidas contra su hermano Jorge Rodríguez, así como contra el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, y la primera dama, Cilia Flores.
Entonces, como ahora, Delcy Rodríguez ha rechazado este tipo de medidas y ha cuestionado de forma abierta estas políticas estadounidenses.
Así pues, pasar de eso a ser el supuesto instrumento de Trump para una transición post-Maduro en Venezuela puede exigirle unas dotes de contorsionismo político de esas que solamente pueden lograrse bajo la presión de las realidades más tozudas.
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