
En medio de todo el caos que ha ocurrido en México, un mundial está cerca de realizarse y el caricaturista José Trinidad Camacho Orozco, mejor conocido como Trino presentó el libro El tercer Mundial de Trino, una publicación que es fiel a su humor y con el que muestra otras caras del futbol.
Desde su infancia, Trino ha sido fan del juego que involucra a 22 personas persiguiendo un balón, pero también es crítico con lo que ocurre alrededor de este deporte. Ahora con el evento que ocurrirá en Canadá, Estados Unidos y México, el caricaturista jalisciense destaca, muy a su estilo, que hay poco interés de los extranjeros por ir con el vecino del norte.
“Me puse a hacer tiras nuevas y hablar específicamente de este mundial sui generis, en donde vamos a vivir por tercera vez el evento aquí en México. Pero ahora compartimos con Estados Unidos y Canadá, situación que se siente extraña, porque a los mexicanos nos da un poco de miedo ir a Estados Unidos a ver cualquier partido con la onda de ICE y dices, híjole, ¿cómo le vamos a hacer?”, compartió Trino en entrevista con Animal MX.
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Pambolero de corazón, Trino decidió recopilar diversos momentos que retratan desde el que avienta los balones, los vendedores, los gritones, los que pelean, en fin, todo un universo que se ve fuera de la cancha. Ha vivido el mundial de los años 70 y del 86 y aún sigue con la ilusión de ver algunos partidos en la próxima justa veraniega.
“El libro es para todo público ya que lo pueden leer personas que odian el fútbol o personas que no les interesa un pepino porque hablo de lo que ocurre tras bambalinas del fútbol.
“¿Qué pasa con los directores técnicos?, ¿Qué pasa con los representantes de los jugadores?, los mismos jugadores que llegan a ser muy divas, ¿Qué tal las tecnologías que ahora hay en el fútbol?, ¿Cómo fuimos perdiendo la espontaneidad de los árbitros para lograr la disque perfección con el VAR?
“Yo creo que esto que se va a escribir va a estar padre. Claro que debemos apoyar al equipo. Con que pasemos otra ronda ya con eso la hicimos”, recordó.
La Inteligencia Artificial ha evolucionado. De manera inicial era inexacta y hoy se vive con el miedo de que sustituya a quienes hacen las cosas manualmente, principalmente a los ilustradores y los caricaturistas.
Para Trino, esta puede ser un instrumento lleno de creatividad pero hay algo que no puede sustituir, hasta el momento: la forma de humor o la cultura del albur.
“Siento que va aprendiendo a hacer chistes, pero aún creo que va a tardar. Es muy difícil llegar a ver que la inteligencia artificial te escriba un chiste con albures y que entienda el momento, el concepto y la idea. Yo no me considero alguien que sea muy inteligente. Lo único que pasa es que tengo experiencia.
“Es muy difícil hacer un chiste y que la máquina sepa de lo que estoy hablando. Pasa con los albures ¿cómo la máquina va a poder alburear y llegar a esa esencia que tiene el humor? No doy todo por sentado.
“Creo que la inteligencia artificial, en muchos años, incluso va a podernos alburear y nos va a dar tres vueltas y no no vamos a poder regresarle los buenos albures porque lo van a aprender muy bien”, destacó.
De igual manera él es fiel a su profesión, la cual sigue haciendo a mano. Para el creador de caricaturas no habrá forma de sustitución.
“Yo creo en lo artesanal. Los errores son algo que humaniza. Creo que la Inteligencia Artificial es una herramienta muy interesante pero siento que todavía tenemos muchos años por delante para poder seguir chambeando sin que nos sustituya una máquina”, sentenció.
Aunque él no considera a su caricatura política, es consciente de que está inmersa en todos lados.
“Es una parte muy interesante de mi trabajo. Hago caricaturas social o de humor cotidiano, que no es humor político, aunque todo es político en general. Para mí el reto es meterme a hacer humor sobre un deporte. Tengo chistes sobre béisbol y chistes sobre la NFL.
“Hay tanta pasión, hay tanto dinero, hay tantas historias no contadas detrás de la cancha, los jugadores, las lesiones, el amor a la camiseta, los entrenadores, el ser un director técnico con 22 jugadores en tu vestidor que pueden estar en contra tuya. Tiene mucho que ver con la onda épica de las batallas y el general que dirige desde acá y sabes que estos se van a ir a morir al campo”, comparó.
Para cerrar, Trino vive con la esperanza de vivir un nuevo mundial, pero también espera que las nuevas generaciones sigan interesadas en el balónpie. Aunque se le ha considerado como “el opio del pueblo” para él caricaturista eso no le importa ya que genera emociones en él.
“Lo que me interesa es ver cómo estas nuevas generaciones de chavos y chavas, mujeres, sobre todo que ahora hay tantas mujeres que que practican el fútbol, que la liga femenina es una realidad y es super importante y me da muchísimo gusto porque realmente sí juegan fútbol, no como nosotros los hombres que nos dejamos caer al primer rozoncito y somos los más teatreros del mundo.
“Tengo la esperanza de que esto genere en las nuevas generaciones esas ganas de seguir viendo este espectáculo que para mí antes que nada es algo fantástico, ¿no? La emoción, yo lo he vivido muchas veces ahí en el estadio, de estar ahí, celebrar un gol, ojalá logremos esa energía y sobre todo pues ver cómo nuestro país se va a empezar a llenar de extranjeros en Monterrey, en Ciudad de México y en Guadalajara”, concluyó.

Los escándalos han perseguido al hermano del rey Carlos III a lo largo de su vida.
Fue el segundo hijo de Isabel II, pero el primero en nacer cuando ella ya era reina. Un bebé muy deseado por la reina, segundo en la línea sucesoria del trono británico hasta que nació su sobrino William, y ahora caído en desgracia.
Este jueves fue arrestado bajo sospecha de mala conducta en cargo público.
No se conocen los detalles específicos de las acusaciones de conducta indebida en el ejercicio de un cargo público que están siendo investigadas.
Sin embargo, las acusaciones previamente reportadas incluyen que habría compartido informes de viajes comerciales, remitido un informe confidencial sobre inversiones en Afganistán y entregado un informe del Tesoro a un contacto empresarial personal.
El exduque de York se desempeñó como enviado comercial del Reino Unido entre 2001 y 2011, viajando por todo el mundo y disfrutando de acceso privilegiado a altos contactos gubernamentales y empresariales a nivel internacional.
En 2010, Andrés aparentemente remitió al difunto delincuente sexual Jeffrey Epstein informes gubernamentales sobre visitas a Vietnam, Singapur y China, según parecen mostrar archivos relacionados con el fallecido financiero que fueron publicados recientemente por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Los documentos también parecen indicar que Andrés envió a Epstein información sobre oportunidades de inversión en oro y uranio en Afganistán.
De acuerdo con la normativa oficial, los enviados comerciales tienen el deber de mantener la confidencialidad sobre información sensible comercial o política relacionada con sus visitas oficiales.
Andrés Mountbatten Windsor, que hasta noviembre de 2025 era conocido como el príncipe Andrés, cayó en desgracia en la última década, desde que se destapara su amistad con el financiero estadounidense y fuera acusado de abusar sexualmente de una menor.
Andrés niega cualquier conducta indebida relacionada con los archivos Epstein.
El expríncipe se enfrentó previamente a acusaciones de Virginia Giuffre que se resolvieron extrajudicialmente.
Giuffre alegó que la obligaron a mantener relaciones sexuales con Andrés en varias ocasiones, incluyendo una en la isla privada de Epstein a principios de la década de los 2000.
El acuerdo alcanzado entre Giuffre y el expríncipe no incluyó ninguna admisión de irregularidades por parte de este último.
Andrés se retiró de sus funciones reales en 2019, alegando que las acusaciones habían supuesto una “perturbación” para la familia real.
Posteriormente, perdió sus títulos militares y patrocinios reales cuando Giuffre interpuso una demanda civil contra él en Estados Unidos en 2022.
Andrés fue despojado de su título de príncipe en octubre de 2025, el mismo mes en que se publicaron las memorias póstumas de Giuffre y al mismo tiempo que salían a la luz nuevos detalles sobre su relación con Epstein.
Nacido el 19 de febrero de 1960 -este jueves, día de su arresto, justo cumplió 66 años-, Andrés es el tercer hijo de Isabel II y su esposo, el príncipe Felipe, y hermano del actual monarca británico, Carlos III.
A diferencia de lo que ocurrió con sus hermanos mayores, Carlos y Ana, Andrés llegó a la familia cuando la reina ya era monarca.
Andrés y su hermano menor, Eduardo, que se llevan más de una década con Carlos y Ana, pudieron pasar más tiempo con su madre y forjar un vínculo más estrecho. Gran parte de la prensa británica siempre asumió que Andrés fue el hijo favorito de la monarca, al que apoyó incluso en algunos de los momentos más difíciles.
Y la vida de Andrés no ha estado exenta de esos momentos.
Diversas biografías cuentan que no fue un alumno especialmente brillante. Asistió a la Escuela Primaria Heatherdown, en Berkshire, Inglaterra, y al colegio Gordonstoun, en Moray, Escocia, el duro internado al que habían asistido tanto su padre como su hermano Carlos.
Se formó como oficial naval en el Britannia Royal Naval College, para titularse posteriormente como piloto de helicóptero con el Brazo Aéreo de la Flota de la Marina Real.
Como subteniente de la Marina Real asignado al buque HMS Invincible, Andrés voló misiones de helicóptero en la Guerra de las Falklands o Malvinas en 1982.
Se retiró de la Marina en 2001 con el rango de comandante, después de 22 años de servicio activo (aunque los últimos los pasó en un puesto de escritorio). Fue también en 2001 que fue nombrado Representante Especial de Comercio e Inversión de Reino Unido.
También asumió entones funciones más tradicionales propias de los miembros de la familia real, como el apoyo a organizaciones benéficas y la participación en eventos y ceremonias.
Andrés se casó en 1986 con Sarah Ferguson, a la que la prensa británica bautizó como “Fergie”, tras lo que recibió el título de “Duque de York”. Tuvieron dos hijas: Beatriz, nacida en 1988, y Eugenia, en 1990.
Su matrimonio y posterior separación en 1992 dio lugar a miles de artículos en la prensa británica. Ese fue un año de escándalos para la familia real, que la propia Isabel II describió como annus horribilis (año terrible).
En 1996 se divorciaron formalmente, aunque la pareja mantuvo una buena relación, e incluso compartieron vacaciones y residencias.
La vida de Andrés siguió acaparando titulares tras abandonar las fuerzas armadas.
La prensa sensacionalista publicó a menudo imágenes del entonces Duque de York en fiestas en yates, rodeado de mujeres en topless, y lo relacionaron sentimentalmente con distintas mujeres, desde modelos hasta empresarias.
Esta es la época en la que Andrés trabajó como representante especial de UK Trade and Investment (UKTI), un organismo del gobierno para el comercio y la inversión, una suerte de cargo de embajador comercial sin remuneración.
Su papel consistía en promover las empresas británicas internacionalmente, publicitar Reino Unido a los potenciales inversores y establecer relaciones para apoyar los intereses empresariales británicos, todo eso apoyado en “la singular posición del duque, que le da un acceso sin igual a miembros de familias reales, jefes de Estado, ministros de gobierno y ejecutivos de compañías”, según describía el organismo.
Este rol lo llevó a viajar en delegaciones por todo el mundo con los gastos pagados.
Sus grandes desembolsos, incluido su uso de helicópteros, hicieron que algunos periódicos lo bautizaran como “Andy, el millas aéreas”.
Durante años, los periodistas comentaban cómo los viajes de Andrés al exterior, que supuestamente trataban sobre negocios del gobierno, parecían llevarlo a través de pistas de esquí, campos de golf y otros lugares exóticos.
Tampoco salió indemne del escándalo financiero que rodeó a su exesposa Sarah Ferguson, cuando esta fue grabada en 2010 ofreciendo venderle acceso al príncipe a un reportero que se hacía pasar por un empresario.
Su secretario privado indicó en ese momento que “las insinuaciones e indirectas” que rodeaban al entonces duque no tenían fundamento.
Andrés tuvo que abandonar el cargo de embajador comercial en 2011, tres años después de que Epstein fuera condenado por delitos sexuales contra menores.
El entonces príncipe había aparecido en fotografías con Epstein después de que este cumpliera su pena de prisión.
En 2019, una entrevista marcó un punto de inflexión en la caída en desgracia de Andrés.
El entonces aún príncipe habló con el programa Newsnight de la BBC, en el que ofreció sorprendentes justificaciones sobre sus encuentros con Virginia Giuffre que no hicieron sino ahondar en la desconfianza de la opinión pública hacia Andrés.
Entre otras cosas, dijo que el relato de Giuffre de que lo había conocido sudando y bailando en un club nocturno de Londres antes de tener relaciones sexuales con él no podía ser cierto porque él no sudaba tras haber sufrido un trauma en la guerra de las Falklands/Malvinas.
Tampoco convencieron sus explicaciones de que fue a ver a Epstein a Nueva York para comunicarle que su amistad había llegado a su fin, o que la historia de Giuffre tenía errores porque esa noche él había llevado a su hija a una pizzería a celebrar su cumpleaños.
La entrevista inspiró la película “Scoop” de Netflix.
En 2021, Virginia Giuffre presentó una demanda civil contra Andrés en Estados Unidos, alegando que abusó de ella cuando tenía 17 años, algo que él siempre negó.
Al año siguiente, Andrés renunció a sus títulos militares (incluido el título honorífico de vicelamirante que había recibido en 2015) y a los patrocinios reales.
No consiguió que la demanda se desestimara y finalmente llegó a un acuerdo económico con Giuffre, del que no se desvelaron los términos económicos.
Cuando se desclasificaron parte de los documentos de Epstein en 2025, el nombre de Andrés Mountbatten Windsor aparecía en varios de ellos.
En octubre de 2025, apremiado por palacio y por la opinión pública, Andrés renunció a todos sus títulos. Poco después, Carlos III le retiró el rango de príncipe.
Este jueves Andrés Mountbatten Windsor se convirtió en el primer miembro de la familia real británica en ser arrestado desde Carlos I en 1647, durante la guerra civil inglesa.
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