
El Colegio Diocesano de Aguililla realizó este viernes una marcha para pedir por la paz en este municipio de Tierra Caliente y en el resto del país, luego de los momentos de violencia que se vivieron en Michoacán y en buena parte del territorio mexicano tras el abatimiento, el pasado domingo 22 de febrero, de Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
La procesión, que se realizó en el marco del 60 aniversario del Colegio Diocesano, y a la que acudieron unas 200 personas, estuvo encabezada por el obispo Cristóbal Ascencio García y sacerdotes de la Diócesis de Apatzingán.
Bajo un fuerte dispositivo de seguridad de autoridades estatales y federales, la procesión recorrió las principales calles de la cabecera de ese municipio en el que nació “El Mencho”, hace 60 años.
La carretera Apatzingán-Aguililla todavía conserva los rastros de la quema de vehículos y de los bloqueos que realizaron presuntos integrantes del CJNG tras el abatimiento del líder criminal. Hasta el momento, y luego de consultar a autoridades locales y eclesiásticas, no existe preparativo alguno para que “El Mencho” pudiera ser velado, con misa de cuerpo presente, y enterrado en su municipio natal.

Pese a los despliegues de fuerzas federales y estatales, el miedo suele permanecer más tiempo que los retenes. Comercios cerrados, calles semivacías y familias que optan por no salir de casa forman parte de un paisaje que se repite cada vez que la violencia recrudece. En ese contexto, la marcha convocada por la Iglesia buscó convertirse en un gesto simbólico de resistencia frente a la normalización del miedo.
“La gente de Aguililla, que no la debe, es la que está pagando por lo que pasó con ese señor (El Mencho)”, dijo un vecino de nombre Gabriel durante la marcha por la paz.
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“Las cosas en Aguililla se pusieron feas desde hace días. Muy feas. Quemaron carros y casas. Y mucha gente que no la debe, está pagando. No entiendo por qué hacen eso”, agregó el señor Gabriel.
Otro vecino consideró que la presencia de militares en Aguililla es bien recibida. “Lo vemos como un apoyo en estos momentos”, señaló el hombre, que también apuntó que desde el jueves, y ante la presencia del Ejército, se siente un ambiente “más o menos” relajado.

El padre Manuel Ríos Pardo, de la comunidad El Platanal, en el municipio de Tumbiscatío, recordó que una de las principales funciones de la Iglesia Católica es la “promoción de la paz”.
“En esta marcha queremos cantar, queremos orar, queremos recordar que Dios quiere a sus hijos en paz”, señaló el sacerdote. “Todos en Aguililla y en el país hemos tenido que enfrentar esta situación dolorosa y complicada, y el señor obispo con mucha esperanza propuso esta procesión por la paz”, detalló.
Hermelinda Vázquez, otra vecina de Aguililla que vestía de blanco durante la marcha, lamentó que en el municipio se ha vivido “una violencia muy grande” desde que el domingo pasado las fuerzas armadas mexicanas anunciaran el abatimiento de “El Mencho” y de otros líderes criminales del CJNG.
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“Confíamos mucho en Dios y en que nos va a ayudar a que esta situación mejore”, aseguró la mujer.
El obispo Cristóbal García resaltó que los pastores y sacerdotes están obligados a acompañar a la ciudadanía en estos momentos de violencia en la región.
“Hay que acompañar física, moral y emocionalmente a la gente, después del brote de violencia tan fuerte que hemos tenido desde el domingo pasado”, insistió García, quien resaltó que “Aguililla, después de un periodo de cierta calma tras mucho sufrimiento, otra vez ha sido golpeada por la violencia”.

“Hay que estar con la gente, para que no se deje llevar por el desánimo y la desesperanza. La paz es posible si todos la asumimos como una responsabilidad personal”, agregó el obispo, que remató: “En mitad de la tempestad, Cristo está con nosotros”.
Aunque la convocatoria se hizo de manera abierta a toda la ciudadanía, no fue una marcha concurrida. El temor aún existe en Aguililla. Otros vecinos consultados atribuyeron la baja asistencia a que la invitación se hizo con poco tiempo de anticipación. Pero el miedo no es nuevo ni circunstancial: es el mismo que durante años ha acompañado a este municipio de Tierra Caliente cada vez que la disputa criminal se recrudece.
Aguililla, el pequeño municipio enclavado en la región de Tierra Caliente que vio nacer a Nemesio Oseguera Cervantes, ha vivido durante años bajo la sombra de la violencia criminal. Aunque en distintos momentos las autoridades federales anunciaron operativos para recuperar el control y restablecer la conectividad con municipios vecinos, la cabecera municipal y localidades aledañas han quedado marcadas por la quema de vehículos, ataques armados y desplazamientos forzados que alteraron la vida cotidiana de sus habitantes.
Los testimonios recogidos en la región en distintos periodos dan cuenta de una violencia que no es nueva, sino recurrente y cambiante.
Habitantes y líderes comunitarios han señalado que cada brote responde a disputas internas o a reacomodos criminales, pero que la población civil termina siendo siempre la más afectada. La sensación predominante, dicen, es de incertidumbre permanente: no saber cuándo volverá a estallar la siguiente ola.


Además de la semana laboral, la aprobación de la ley en México también trajo consigo la apertura del diálogo sobre otros temas vinculados a los derechos laborales, como las vacaciones, las horas extras, la informalidad del empleo y la brecha de género en el mercado.
El Congreso mexicano aprobó este martes una histórica ley de enmienda constitucional para reducir, de forma gradual, la semana laboral de 48 horas a 40, que comenzará a implementarse el próximo año.
La ley, que fue impulsada principalmente por la presidenta Claudia Sheinbaum y el oficialismo, indica que la semana laboral será de 40 horas para el año 2030, un cambio sustancial para miles de trabajadores en el país y que se alinea con las tendencias globales de reducción de los horarios de trabajo.
En América Latina, otros países como Ecuador ya implementaron la semana laboral de 40 horas.
Sin embargo, distintos analistas y principalmente parlamentarios de la oposición señalaron que la misma ley aumenta las horas extras semanales y, sobre todo, mantiene solo un día de descanso por cada seis trabajados.
De acuerdo a los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la segunda economía de América Latina -detrás de Brasil- presenta uno de los peores equilibrios entre vida personal y laboral, además de bajos índices de productividad laboral y los salarios más bajos entre los 38 estados miembro del grupo, que incluye a Colombia, Chile y Costa Rica.
Por ello, el oficialismo celebró la decisión tomada casi de forma unánime por el Congreso mexicano. “La semana laboral de 48 horas ha estado en la legislación mexicana por 106 años. Ya era tiempo de que eso cambiara”, dijo el coordinador sindical y diputado oficialista Pedro Haces, que hizo parte de la propuesta.
“La productividad no se mide por el agotamiento. Se construye con dignidad”, añadió.
Sin embargo, distintos diputados y representantes de los trabajadores criticaron la ley por no incluir los dos días de descanso por cada cinco trabajados, tal como se había previsto en un borrador inicial.
“Es una reforma regresiva en muchos sentidos. En inicio, no se están cumpliendo los dos días de descanso, que es el espíritu original de la propuesta que presentamos como parte del frente”, dijo al diario El País Ángel Castellanos, vocero del Frente Nacional por las 40 horas.
Pero, ¿qué otros países de América Latina tienen 40 horas en su semana laboral y cuáles incluso la han aumentado a 60?
Aunque la semana laboral de 40 horas, que se divide por lo general en cinco días de ocho horas de trabajo, se ha establecido en gran parte de los países del hemisferio occidental, lo cierto es que ha tardado en volverse norma en América Latina.
En países de Europa incluso se están adelantado iniciativas para reducir la semana laboral a cuatro días, con tres de descanso. Sin embargo, en la región latinoamericana gran cantidad de países continúan con jornadas laborales entre 44 y 46 horas semanales, que incluyen los días sábados.
Esto, a pesar de las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que busca entablar un diálogo en los países de la región que permita tener horarios laborales que tiendan a un mejor equilibrio entre vida personal y trabajo.
“El tiempo es un recurso finito e irrecuperable. La forma en que se distribuye entre trabajo, vida personal y descanso impacta profundamente en la salud, la productividad y la cohesión social”, señala la organización en un informe de 2025 dedicado a América Latina.
Hasta el momento, el único país de América Latina que actualmente tiene una semana laboral de ocho horas en cinco días a la semana es Ecuador. Y está en vigor desde hace 46 años.
En agosto de 1980, se convirtió en el primer país de la región en habilitar esta semana laboral limitada.
Los otros países que están en proceso de llegar a las 40 horas semanales son Chile y, desde este martes, México.
En Chile, con la aprobación de la ley 21.561 en abril de 2024, avanza un proceso de reducción de horas laborales. Primero se pasó de 48 a 44 horas; el próximo abril la semana trabajable se reducirá a 42 y se espera que para abril de 2028 finalmente se llegue a una jornada de 40 horas totales por semana.
Con la ley aprobada este martes, México también iniciará un proceso gradual de reducción del horario de trabajo, que espera se termine de implementar en 2030.
Tanto en Ecuador como en Chile se introduce la flexibilidad para aplicar estas determinaciones, donde los trabajadores pueden negociar la mejor forma de trabajar. Sin embargo, en Chile el límite de horas laborables es de 10 al día.
Colombia es el país de la región que, detrás de Chile, Ecuador y México, más se acerca a reducir sus horarios laborales a las 40 horas.
Actualmente está por concretar la implementación de la ley 2.101 de 2021, que estableció la reducción de la semana laboral en un país donde durante décadas fue de 48 horas.
En julio de este año se pasará a 42 horas semanales, que podrán ser distribuidas en cinco o seis días, con una extensión máxima de nueve horas por día.
Otros países como Guatemala, El Salvador y Brasil tienen una semana laboral de 44 horas.
Sin embargo, en Brasil, la principal economía de la región, el presidente, Lula da Silva, adelantó esta semana que está buscando poner fin a la semana laboral con solo un día de descanso (conocida como 6 x 1).
Lo llamativo es que Lula no invocó contextos técnicos para justificar su iniciativa, sino que citó a un filósofo surcoreano y su teoría sobre la “sociedad del cansancio”, que habla de la falta de equilibrio entre la vida personal y las horas dedicadas al trabajo.
“El mundo laboral se está transformando. El filósofo coreano Byung-Chul Han afirma que vivimos en una ‘sociedad de la fatiga’, donde la presión por el rendimiento afecta el equilibrio entre la vida personal y profesional”, escribió esta semana en su cuenta de X (ex Twitter).
“En Brasil, se debate la eliminación del llamado horario de trabajo 6 x 1 para garantizar que los trabajadores tengan dos días de descanso a la semana”, añadió.
Además de esto, también existe un debate en el país para incluso reducir la semana laboral a 36 horas. De hecho ya se han hecho algunos pilotos con empresas en distintas partes de Brasil.
En términos generales, lo más establecido en América Latina es una semana laboral de 48 horas máximo. Hasta hace apenas cinco años, pocos países tenían una carga de trabajo menor a ocho horas al día por seis días a la semana.
Actualmente ese modelo lo mantienen países como Argentina, Perú, Bolivia, Uruguay, Costa Rica y Paraguay.
Pero lo cierto es que, de acuerdo con la OIT, en muchos de estos países el promedio de horas trabajadas a la semana se acerca más a las 44.
Por eso en varios de estos países se están adelantando debates políticos para establecer leyes que reduzcan formalmente los horarios laborales, por lo que la decisión tomada por México tiene una fuerte influencia.
Cabe aclarar que en Argentina se está dando un agitado debate sobre las horas laborables, en el que se señala que se pasaría de ocho a 12 horas diarias. Sin embargo, la propuesta es clara en que no se debe superar el número de 48 horas totales por semana.
Sin embargo, especialistas explican que esta propuesta -que se convertiría en ley este viernes- va en contravía de las tendencias que se están viendo alrededor del mundo, que intentan reducir el tiempo dedicado al trabajo.
“Este tipo de medidas se va a convertir en un freno para la innovación empresarial y del desarrollo tecnológico”, le dijo al diario Público el economista argentino Jorge Torres.
“Quieren hacer competitivas las empresas a base de explotar a los trabajadores y no de apostar por la innovación”, añadió.
Además de la semana laboral, la aprobación de la ley en México también trajo consigo la apertura del diálogo sobre otros temas vinculados a los derechos laborales, como las vacaciones, las horas extras, la informalidad del empleo y la brecha de género en el mercado.
Por ejemplo, el promedio de días de vacaciones en América Latina es de 15 días -a diferencia de Europa, donde es 25- y la informalidad alcanza niveles importantes dentro de la actividad económica.
En México, la informalidad llega a un 55%, mientras que en otras economías importantes como Brasil y Argentina se sitúa en torno al 40%.
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