
Estudiantes y personal de todas las áreas de la Universidad Iberoamericana (Ibero) Puebla realizan bloqueos intermitentes desde las 09:30 horas en ambos sentidos del bulevar del Niño Poblano en exigencia de la localización del profesor Leonardo Ariel Escobar Barrios, de origen colombiano, quien lleva desaparecido dos semanas.
Escobar Barrios habría tenido su último contacto con familiares el pasado 2 de enero, cuando se encontraba en el aeropuerto de Monterrey, Nuevo León, luego de haber sido detenido por autoridades y liberado. Él se encontraba buscando regresar a Puebla, donde trabaja; sin embargo, no se sabe de su ubicación desde entonces.

Ante esta situación, integrantes de la comunidad de la Ibero Puebla decidieron salir a las calles para exigir la localización con vida.
“Ahora, ahora, se hace indispensable presentación con vida y castigo a los culpables”, es una de las consignas que la comunidad universitaria proclamó durante su manifestación.

Tras las movilizaciones, el Centro Prodh se sumó a la exigencia de la Ibero Puebla de una búsqueda inmediata y diligente de Leonardo Escobar. Indicaron que “se requiere de acciones coordinadas y efectivas entre la federación y autoridades locales, así como la entrega inmediata de toda información relevante para la búsqueda”.
El rector de la Ibero Puebla, Alejandro Guevara Sanginés, explicó para medios de comunicación que Leonardo llegó de Bogotá, Colombia, a Monterrey y pasó sin problemas el filtro de migración; sin embargo, fue arrestado por agentes de la Guardia Nacional y remitido a la Secretaría de Seguridad Pública de Apodaca.
“Lamentablemente, no existe un registro en el Registro Nacional de Detenciones. Y ese es el primer punto de preocupación para nosotros porque por protocolo cualquier ciudadano que es detenido tiene que haber un registro”, dijo.

Agregó que ante cualquier detención de un ciudadano extranjero en el país se debe hacer una notificación consultar, “misma que no se realizó”.
El rector indicó que un juez cívico mandó a que arrestaran al profesor por 36 horas debido a “faltas administrativas”. Tras ser liberado, Leonardo se trasladó al aeropuerto con el objetivo de viajar a Puebla y reintegrarse en sus labores.
“Lo que dice el fiscal es que se le ven las inmediaciones el 3 y el 4 de enero, pero este, pues, es anecdótico porque no tenemos ninguna evidencia física. Nosotros le hemos pedido al fiscal evidencia de las cintas del aeropuerto para verificar que efectivamente Leonardo estuviese ahí”, dijo.
Alejandro Guevara Sanginés adelantó que mientras no tengan evidencias y no se presente a Leonardo “no cesarán sus esfuerzos”.
En la conferencia de prensa matutina, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, indicó que el último contacto con el profesor de la Ibero proviene de un testimonio que lo observó “deambulando por la zona”.
Al ser cuestionado sobre las cámaras de seguridad, el secretario indicó que se le vio “un poco desorientado”.
🔴Tras ser liberado por la Guardia Nacional, el profesor de la Ibero Puebla, Leonardo Barrios, fue visto deambulando y desorientado por las calles de Monterrey, informó el secretario de Seguridad federal, @OHarfuch pic.twitter.com/Pmw7jHtNES
— Animal Político (@Pajaropolitico) January 16, 2026
De acuerdo con ABC Noticias, hasta 100 elementos y personal de la Comisión local de Búsqueda de Personas, Grupo BUPE de Fuerza Civil, Agencia Estatal de Investigaciones (AEI), Protección Civil de Nuevo León, Apodaca y la Guardia Nacional se encuentran realizando la búsqueda del profesor por la autopista al aeropuerto cerca del Periférico de Monterrey, a unos 14 kilómetros del Aeropuerto Internacional.
Otro grupo se dirigió en la zona del arroyo debajo de la intersección y dirigió la búsqueda sobre el periférico de Monterrey.
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Los grupos de búsqueda utilizan equipamiento como drones, vehículos todoterreno, cuatrimotos y binomios caninos para facilitar el operativo.
Por su parte, la Comisión Estatal de Búsqueda de Puebla expresó en un comunicado su disposición de colaboración con otras instancias para localizar a Leonardo Ariel Escobar.

Los seres humanos hemos intentado de muchas formas acercarnos al centro de la Tierra, pero ¿ hasta dónde hemos llegado y qué hay realmente allí abajo?
Muchas películas, libros y programas de televisión han elaborado teorías sobre lo que podría encontrarse en el centro de nuestro planeta.
Desde mundos subterráneos habitados por criaturas prehistóricas hasta civilizaciones humanas alternativas, las historias de ficción son tan fascinantes como aterradoras.
Pero la realidad es muy diferente a la ficción, y de hecho, aunque no hayamos llegado hasta el centro de la tierra, los seres humanos sí sabemos mucho sobre lo que hay bajo nuestros pies.
Entonces, ¿hasta qué profundidad hemos logrado llegar? ¿Y cómo sabemos lo que hay ahí abajo?
La Tierra está formada por cuatro capas principales.
Cada una de ellas es distinta, según la profesora Ana Ferreira, sismóloga de la University College de Londres.
“Tenemos la corteza, que es esta capa delgada y muy frágil donde todos vivimos”, explicó en el programa The Infinite Monkey Cage de BBC Radio 4.
La corteza terrestre es más delgada bajo el océano, pero puede alcanzar hasta 70 km de grosor bajo los continentes.
Debajo se encuentra el manto, de unos 3.000 km de espesor y compuesto por una roca llamada magma, que parece sólida a escala humana.
“Pero en realidad, a lo largo de millones de años, fluye”, explicó Ferreira.
Luego está el núcleo externo, formado principalmente por hierro y níquel líquidos, que genera el campo magnético terrestre.
El núcleo interno está compuesto de hierro y níquel sólidos, y es la parte más caliente de la Tierra, con temperaturas de hasta 5.500 °C.
El punto más profundo de la corteza terrestre al que ha llegado una persona es la mina de oro Mponeng, en Sudáfrica, a unos 75 km al suroeste de Johannesburgo. Se extiende hasta unos 4 km bajo la superficie.
Aunque ningún ser humano haya llegado físicamente más profundo, sí hemos utilizado perforadoras para ir aún más lejos.
El agujero hecho por el hombre más profundo del mundo es el pozo superprofundo de Kola, excavado por los soviéticos en el norte de Rusia y completado en 1992 tras casi 20 años de trabajo. Se adentra 12,2 km en el subsuelo.
Eso equivale a 27 edificios Empire State de Nueva York apilados uno sobre otro.
Aun así, representa apenas un tercio del grosor de la corteza terrestre en ese punto.
Excavar profundamente en la corteza terrestre es muy difícil por varias razones.
Cuanto más te adentras en la Tierra, más aumenta la temperatura.
La velocidad a la que se incrementa ese calor se conoce como gradiente geotérmico, y el promedio en la corteza continental es de 25 a 32 grados centígrados por kilómetro, según el geocientífico británico Chris Jackson.
La inmensa presión en las profundidades de la Tierra representa otro desafío.
Contrarrestar esa presión para mantener un pozo abierto es “algo increíblemente difícil de hacer”, afirmó Jackson.
Entonces, si no podemos avanzar mucho más allá de la superficie, ¿cómo estudiamos el resto del interior de la Tierra?
La respuesta es intrigante: las ondas sísmicas, vibraciones generadas por los terremotos que viajan a través de la Tierra.
Estas ondas adquieren propiedades distintas al atravesar diferentes materiales, lo cual puede medirse con sismómetros.
“Realizamos muchos análisis avanzados de datos y los modelamos para convertir esos registros en imágenes del interior de la Tierra”, explicó Ferreira.
Jackson describió esas imágenes como una especie de “tomografías computarizadas de la Tierra”.
Ambos expertos coincidieron en que estudiar las capas de la Tierra puede ayudarnos a comprender una gran variedad de aspectos de nuestro mundo, como los procesos detrás de los terremotos, los volcanes y la formación de montañas.
“En últimas, realmente necesitamos entender cómo funciona el manto”, dijo Ferreira.
Aprender sobre esto podría tener además aplicaciones indirectas, como ayudarnos a evaluar el potencial de la energía geotérmica, una forma de energía renovable que utiliza el calor del interior de la Tierra.
Ferreira también señaló que esta área de investigación podría ayudarnos a entender cómo ha evolucionado la Tierra a lo largo del tiempo e incluso quizá trasladar ese conocimiento a mundos más lejanos.
*Esta nota está basada en un episodio del programa The Infinite Monkey Cage, de BBC Radio 4.
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