
Lo que alguna vez fue un espacio para ver fotos de amigos, comentar cumpleaños o ponernos al día con conocidos, hoy se siente muy distinto. Abrimos Instagram, TikTok o Facebook y, en lugar de personas cercanas, encontramos influencers, marcas, anuncios y contenido que no pedimos.
De ahí surge una pregunta cada vez más común: ¿las redes sociales han dejado de ser sociales?
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Detente un momento a pensar: en todo el rato que llevas haciendo scroll, ¿Cuántas publicaciones de gente que sí conoces has visto?
Aunque las plataformas nacieron como espacios de conexión entre personas, con el paso del tiempo evolucionaron hacia modelos que poco a poco han perdido ese norte y ahora están más basados en atención, consumo y monetización.
Así, los algoritmos comenzaron a priorizar lo que genera más interacción, no necesariamente lo que proviene de nuestros contactos.
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Las plataformas decidieron que mostrar contenido “relevante” significa mostrar lo que retiene más tiempo a los usuarios. Esto desplazó las publicaciones cotidianas de personas comunes y amplificó a quienes producen contenido constante y optimizado para el algoritmo: influencers, medios y marcas.
Y no necesariamente hemos dejado de ver publicaciones de conocido por el algoritmo, sino que la gente ha dejado de publicar, de ahí que las generaciones más jóvenes no tengan ni una sola publicación en sus cuentas.
Parece entonces que ahora solo subimos cosas por likes, vistas, seguidores y métricas, esto desincentiva a los usuarios comunes a compartir su vida diaria, reforzando la idea de que las redes ya no son un espacio íntimo, sino un escaparate.

Aunque si, evidentemente las redes cambiaron, hoy vemos varias herramientas que remplazan el feed:
Entonces, aunque en cierta medida seguimos conectados, parece que esa conexión es cada vez más selectiva.
La presencia constante de anuncios y colaboraciones refuerza la sensación de que las redes dejaron de ser un lugar de encuentro para convertirse en un canal de consumo. El usuario ya no es solo alguien que comparte, sino un público al que se le vende.
La pregunta entonces ya no es solo qué vemos en redes, sino qué dejamos de ver… y qué papel queremos tener dentro de ellas. ¿Habías notado este cambio?
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Sobrevivientes y familiares de las víctimas de la tragedia en España cuentan cómo sucedió el peor accidente de tren del país en más de una década.
Ana viajaba con su hermana y con su perro en uno de los trenes accidentados el domingo por la noche en el peor accidente ferroviario de España en más de una década.
“Algunas personas estaban bien y otras muy mal. Y las teníamos delante, estábamos viendo cómo morían pero no podíamos hacer nada”, le dice a la agencia de noticias Reuters con una herida visible en la cara, mientras cojea en la entrada al hospital.
Ensangrentada y sin saber muy bien cómo, la sacaron del tren otros pasajeros que rompieron las ventanas. A su hermana, que quedó atrapada, la rescataron los servicios de urgencia y está ingresada en observación un hospital de la zona. Del perro, aún no se sabe nada.
Un tren de la compañía Iryo en el viajaban unas 300 personas con destino a Madrid desde Málaga descarriló sus tres últimos vagones e invadió la vía contigua, chocando con otro convoy que cubría la línea Madrid-Huelva y que también descarriló con 184 pasajeros a bordo.
Al menos 39 personas han muerto y decenas más han resultado heridas. La mayoría eran españoles que regresaban a la capital después del fin de semana.
La colisión ocurrió a las 19.45 horas del domingo cerca de la localidad de Adamuz, en la provincia de Córdoba, a unos 360 km al sur de la capital, Madrid. Dejó 122 heridos, 48 de ellos siguen aún hospitalizados y 12 en cuidados intensivos, según los servicios de emergencia.
Momentos antes del accidente, Ana se dio cuenta de que algo pasaba: “Pensé que no era normal, viajo mucho en tren. Ahí fue donde miré a mi hermana, la busqué y es el último momento que recuerdo antes de que todo se oscureciera. De repente, solo oí gritos”.
Sentados en una silla de plástico verde de la sala de espera del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, Ahmed y Karina Tagedi esperan noticias de su hermano.
“Mi hermano se encuentra bien, dadas las circunstancias, con una fractura en la rodilla izquierda, a la espera de ser trasladado a Huelva”, le dice Ahmed a Reuters.
“Había gente muriendo cerca de él. Me contó que una niña le pedía ayuda. No pudo ayudarla porque tenía una rodilla rota y no podía moverse. Ella pedía ayuda. Se siente mal por no haber podido ayudarla”.
Lucas Meriako, describió la experiencia como una “película de terror”.
“Estábamos en el vagón cinco y empezamos a sentir unos golpes en la vía, nada raro, pero de repente los golpes eran más”, relató al noticiero La Sexta Noticias.
“Nos pasó otro tren por al lado y todo empezó a vibrar mucho más, se sintió un golpe atrás y la sensación de que todo el tren se iba a caer… romper”, describió.
Meriako añadió que el impacto del choque rompió los cristales del tren, desplazó las maletas que les cayeron encima a los pasajeros y se empezaron a escuchar los gemidos de los heridos.
En ese momento, según su testimonio, la gente se empezó a mover ya consciente de la situación y a romper los cristales para salir.
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