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Leonas en Manada, mujeres que venden en el metro y buscan que sus derechos laborales sean reconocidos
Leonas en Manada, mujeres que venden en el metro y buscan que sus derechos laborales sean reconocidos
Fotografía: Shugeili Cisneros
6 minutos de lectura

Leonas en Manada, mujeres que venden en el metro y buscan que sus derechos laborales sean reconocidos

Las violencias a las que se enfrentan vienen de las autoridades, de las personas usuarias del metro e incluso de los hombres vagoneros que no las dejan trabajar.
04 de marzo, 2026
Por: Luz Rangel
@LuzGrimaldy 

Leonas en Manada son un grupo de mujeres adultas mayores, estudiantes, madres solteras, jóvenes, con alguna discapacidad e indígenas, que venden productos en los vagones del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México. Juntas se están organizando para que sus derechos laborales sean reconocidos. 

“Sí, mire, le traigo a la venta, es una venda elástica, venda ortopédica, es una venda ajustable, es ajustable a la rodilla, al tobillo, al codo o a la muñeca, le vale 10 pesos”, recita de memoria Isis Campos, de vagón en vagón. La joven de 28 años de edad forma parte de Leonas en Manada. 

En la Línea 2 del Metro, que va de Cuatro Caminos a Tasqueña, la acompaña Rocío Velázquez, de 51 años de edad; Ivonne Ocaranza, de 30; y Ángeles Medina, de 58. La mayoría de ellas lleva la mitad de su vida o más trabajando como vagonera, según cuentan a El Sabueso, la unidad de verificación de desinformación de Animal Político.

Están juntas porque durante la jornada se saludan unas a otras, se turnan para ofrecer lo que venden y se cuidan de las cámaras y, sobre todo, de policías que pueden acosarlas, detenerlas por 36 horas, multarlas, sembrarles droga, quitarles su mercancía y hasta separarlas de sus infancias. La criminalización también viene de las personas usuarias del metro que no las dejan pasar, aunque pidan permiso e incluso las golpean.

Además tienen temor de ser detenidas, no en flagrancia, sino a través del llamado “paneo”. Es decir, por haber sido captadas por las cámaras del metro, aunque no estén vendiendo.

“No por no tener un título o un trabajo de oficina quiere decir que les estamos faltando al respeto a las personas. Lo único que buscamos es que la gente nos apoye comprando para que de ahí salgan nuestros gastos”, argumenta Isis.

Leonas en Manada, mujeres que venden en el Metro y buscan que sus derechos laborales sean reconocidos
Isis Campos, vagonera de Leonas en Manada. Fotografía: Shugeili Cisneros.

“Vagonear” o vender de vagón en vagón

Vender de vagón en vagón o “vagonear” es una forma de autoempleo. Cada una elige el producto que va a ofrecer a bajo costo, la línea del metro donde va a trabajar, el horario y si vende en el tren del lado de los hombres o las mujeres.

“Es lo que hacemos en los vagones del metro, ofrecer un producto al usuario. Desde un libro, un chicle, pasadores, cortaúñas, palanquetas, agendas, lo que tú te puedas imaginar vendemos en el vagón. Es económico, es barato, no le ganamos mucho”, enlista Rocío.

Este trabajo no les asegura altos ingresos, pero sí contar con horarios flexibles y mayor autonomía. “Aquí la ventaja es que no tienes un patrón, no tienes un horario”, reconoce Ivonne. 

La venta informal no es un delito, pero en el transporte público está prohibido ejercer el comercio ambulante en las unidades, carros o vagones, andenes, estaciones, túneles, corredores, escaleras, zonas de acceso y salidas. Esto las invisibiliza como trabajadoras. 

Al final de cuentas una trabaja por necesidad y no por venir a incomodar, no por venir a que me detengan como si fuera yo una delincuente o a andarme cuidando, porque no lo soy. Muchas personas se preguntarán: ‘¿Y por qué no buscas un trabajo?’ Es que lo he buscado, es que lo he trabajado, pero no me alcanza”, comenta Rocío.

A mí en algún momento me decían para quitar un poco la discriminación: ‘No digas que eres vagonera’. Y yo decía: ‘¿por qué no?’. Si yo no digo que soy vagonera, voy a perder mi identidad. Me gusta lo que hago, lo único que no me gusta son las violencias que existen, pero con orgullo soy vagonera”, sostiene en entrevista Patricia Martínez, vocera de Leonas en Manada, con 55 años de edad y 37 trabajando en el metro.

¿Cómo surgió Leonas en Manada?

Leonas en Manada empezó a tomar forma a principios de 2021, en plena crisis de pandemia de covid-19. Grupos de mujeres feministas que instalaron “mercaditas” fueron su inspiración. 

Al agruparse se dieron cuenta de la violencia que vivían como vagoneras y decidieron organizarse. Patricia Martínez, la vocera, cuenta que primero unas vendedoras colombianas habían sugerido nombrarse leonas, pero después otras pidieron agregar que estaban en manada. 

Como su nombre lo indica, se mueven en conjunto por las 12 líneas del metro de la Ciudad de México para cuidarse unas a otras. En ese entonces llegaron a ser hasta 150 integrantes y ahora son alrededor de 40. 

“Somos un grupo de mujeres que nos vamos a cuidar, somos madres que trabajamos por nuestros hijos, somos una manada”, cuenta Patricia.

En 2024, Leonas en Manada logró constituirse como asociación civil de vagoneras para vagoneras gracias al apoyo de WIEGO (Mujeres en Empleo Informal: Globalizando y Organizando), que se acercó a ellas para brindar terapia psicológica y talleres para que no normalizaran las violencias a las que se exponen.  

Leonas en Manada, mujeres que venden en el Metro y buscan que sus derechos laborales sean reconocidos
Patricia Martínez, vocera de Leonas en Manada. Fotografía: Shugeili Cisneros.

 

Además, Leonas en Manada logró acceder a un donativo de Fondo Semillas, que consiste en recursos financieros flexibles, fortalecimiento y acompañamiento. Gabriela Toledo, codirectora en este fondo feminista en México, las reconoce no solo como trabajadoras, también como activistas.

“Las vagoneras son de las organizaciones por las que estamos apostando para fortalecer su movimiento y no se queden sin financiamiento. Además trabajan y son activistas, siempre las motivamos a que se paguen salarios por eso”, menciona en entrevista.

Este fondo les permitió contratar a la abogada Ana Paola Bolaños. Antes autoridades como policías o jueces les decían para intimidarlas: “¿Qué vas a hacer? ¿A poco vas a traer a tu abogada?”. Ahora, eso es una realidad para Leonas en Manada. 

Yo me siento contenta porque por primera vez tenemos una abogada que nos ha defendido. Porque la gente, al ver que los policías se nos amontonan y nos esposan, dicen: ‘¿Qué hicieron? Es que algo hicieron’”,  expresa Ivonne.

Menos violencias y más derechos 

Patricia Martínez, vocera de Leonas en Manada, identifica que las violencias son diferenciadas para las mujeres y los hombres que venden en los vagones. Por ejemplo, sabe de algunas jóvenes a las que ellos les pedían favores sexuales para dejarlas trabajar; si no aceptaban, les quitaban su mercancía.

“Durante toda la trayectoria que tengo dentro de los vagones del metro trabajando, siempre ha habido abusos de autoridad”, agrega Ángeles, quien lleva 40 años como vagonera, desde que alcanzó la mayoría de edad. 

Como adulta mayor, Ángeles anhela tener un puesto fijo dentro de las instalaciones del metro. “Ya me cansé, estoy cansada de estar en los vagones. Por eso estamos luchando”, menciona. 

Hasta ahora, Leonas en Manada ha obtenido diez locales de venta en la estación Jamaica, asignados a aquellas mujeres que tienen más antigüedad vagoneando. Ese es uno de los objetivos para dignificar su trabajo, así como crear la primera guardería para sus hijas e hijos.

Se siente muy bonito que este sueño que yo tengo, porque todavía lo tengo, porque no hemos logrado que se dignifique nuestro trabajo. Podemos hacer algo unidas, juntas y en colectiva”, asegura Patricia. 

La vocera de Leonas en Manada ha propuesto a las autoridades que las vagoneras usen uniforme, gafete, que no trabajen en horas pico para no incomodar a las personas usuarias del metro, que les digan en qué horas y días sí pueden laborar y pagar impuestos en lugar de multas. Pero siguen a la espera de que les den esa oportunidad.

Leonas en Manada, mujeres que venden en el Metro y buscan que sus derechos laborales sean reconocidos
Ángeles Medina lleva 40 años trabajando como vagonera. Fotografía: Shugeili Cisneros.

 

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Imagen BBC
“Hay demasiada incertidumbre y miedo”: los testimonios de dos latinoamericanos que viven en Medio Oriente
5 minutos de lectura

BBC Mundo conversó con dos latinoamericanos que viven en Medio Oriente. Tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre del sábado, cuando empezaron a caer los misiles.

02 de marzo, 2026
Por: BBC News Mundo
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Una ruidosa alarma en su teléfono celular sobresaltó a la periodista venezolana Ibis León Malave en la tarde del sábado, mientras estaba descansando en su casa en una zona residencial en el centro de Qatar.

“De inmediato es angustiante porque suena como un alarma de incendios”, le contó Ibis a BBC Mundo. “Llega a todos los celulares con indicaciones e información oficial de las autoridades”.

La alarma se lanzó en repuesta al operativo militar conjunto que Estados Unidos e Israel lanzaron este fin de semana contra Irán, en el que murió el líder supremo del país, Alí Jamenei.

Los países del Golfo Pérsico activan sus alarmas para prevenir muertes civiles en sus territorios, ya que su cercanía diplomática con EE.UU. los ha convertido en objetivos de los ataques del ejército de Irán.

Ese mismo sistema se activó también el sábado, a casi 600 km de distancia, en Emiratos Árabes Unidos. Pero cuando el guatemalteco José Basilea la recibió, ya sabía lo que estaba pasando.

“Me di cuenta cuando los misiles entran al cielo emiratí y el ejército lo intercepta”, le dijo a BBC Mundo desde Abu Dhabi, donde vive hace poco más de 5 años. “Ese golpe, ese sonido es lo que se escucha como una explosión”.

“Entonces el sábado, eso es lo que se empezó a escuchar (…) y a través de videos me di cuenta de que, en efecto, hubo una explosión y que sí que hubo unos escombros que sí cayeron cerca de donde yo vivo, en la isla de Yaz”.

Ibis y José le contaron a BBC Mundo sus experiencias viviendo un momento histórico, en países que están en alerta por los ataques de Irán.

“Hay demasiada incertidumbre y miedo”

Una ciudad al fondo, edificios al frente y en el cielo despejado se ve una nube de humo blanco, señal de un misil derribado
Ibis León Malave
Ibis y su esposo veían los misiles siendo interceptados desde la ventana de su casa.

A pesar de la distancia que los separa, tanto Ibis como José concuerdan en decir que lo peor fue la incertidumbre tuvo lugar el sábado, cuando empezaron a caer los misiles.

“Después de recibir la alerta, como a los cinco minutos, empezamos a escuchar explosiones y sentimos la onda expansiva en la estructura del edificio”, le dijo Ibis a BBC Mundo.

“Muy leve porque, aunque la percepción y la sensación es que está cerca, no está ocurriendo tan cerca, pero todo sí tiembla: las puertas, las ventanas, sientes como la estructura del edificio se resiente un poco con estas explosiones”.

“De día solo se ve como una nube en el cielo, en el lugar donde interceptaron el misil”.

Ibis llegó con su esposo a Qatar buscando una nueva vida, lejos de la crisis política y económica de su país.

Ibis y su esposo en un selfie
Ibis León Malave
Ibis y su esposo llevan apenas dos meses viviendo en Qatar.

“Las personas me han parecido amables”, dijo, “y apenas llegué pude también contactar con una comunidad de hispanohablantes, lo que te permite no sentirte solo o tener la posibilidad de hablar también en tu idioma”

“Pero, por supuesto, con todo este conflicto, pues ahora nos queda simplemente esperar. Hay demasiada incertidumbre. Miedo también, por supuesto.”

José Basila, con traje y corbata, junto a un diplomático árabe, dándose la mano.
José Basila
Su carrera como diplomático mantiene a José en la región.

José, por su parte, ha hecho una carrera en los países del Golfo, trabajando con el servicio diplomático de Guatemala, tanto en Dubái como en Abu Dhabi, gracias a lo cual, ya lleva 5 años viviendo en la región.

José recuerda que el sábado, las autoridades empezaron a usar los mensajes de emergencia para pedirle a la gente que se escondiera en los sótanos de los edificios.

Este tipo de experiencias son excepcionales en un país que está enfocado en convertirse en un hub internacional para el turismo y los negocios.

“Específicamente Abu Dhabi es una ciudad exageradamente tranquila, donde no pasa mucho,” explica José.

Eso es algo que hace mucho más alarmante los sonidos que atravesaron los cielos el sábado: “Son sonidos como hipersónicos o algo por el estilo donde se escucha un primer bombazo, pasa un tiempo y luego se escucha como como la ola”.

Tensa normalidad

La sede de la compañía petrolera estatal QatarEnergy, en Doha, Qatar, el 2 de marzo de 2026.
Reuters
La sede de la compañía petrolera estatal QatarEnergy, en Doha, Qatar, el 2 de marzo de 2026.

José recuerda que Emiratos Árabes Unidos no cuenta con un sistema de defensa antiaérea como el famoso Domo de Hierro de Israel -aunque las bases estadounidenses en los territorios del Golfo sí cuentan con sistemas similares-, algo que aumenta el riesgo.

Pero siente que la gente igual confía en las capacidades de las fuerzas armadas del país para defenderlos.

“Miedo, personalmente, yo no lo tengo”, cuenta José. “Sí hay preocupación, pero tanto Dubái como Abu Dhabi, como Emiratos Árabes Unidos en general, está teniendo una vida muy normal dentro de lo que cabe con la situación en la que estamos”.

Ibis ve lo mismo en los cataríes: “La sensación en general es que la gente tiene buen ánimo, confía en el sistema de defensa de Qatar y cree que va a ser algo temporal. Tienen la esperanza de que es algo que se puede resolver a corto plazo. Tratan de mantener la calma”.

Ambos concuerdan en que el sistema de alertas tempranas de ambos gobiernos ha funcionado de manera eficiente, y que los servicios, por lo menos en las zonas donde ellos están, se han mantenido activos.

“Por una parte, con las alarmas, hay como una sensación de alivio porque las autoridades están allí indicándote qué hacer,” explica Ibis. “Pero, por otro lado, es ver cómo me protejo realmente, porque estar dentro de mi casa es la única garantía de seguridad”.

Algo le queda claro a José, luego de contar su experiencia del sábado a BBC Mundo: “Si tú me preguntas dónde está mi casa, para mí es Emiratos Árabes Unidos”.

“Entonces, uno no tiene que estar con un país que le ha dado tanto solo en las buenas y en los momentos de alegrías y de fiestas y de comidas y demás, sino en los momentos donde el país necesita que exista esa estabilidad”.

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BBC

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