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¿Por qué leer autoras? La literatura escrita por mujeres es universal, no es menor o de nicho, como desinforman mitos y prejuicios
¿Por qué leer autoras? La literatura escrita por mujeres es universal, no es menor o de nicho, como desinforman mitos y prejuicios
Diseño: Miguel Ángel Zuñiga. Fotografías: Cuartoscuro/Enrique González/ Redes sociales de las autoras
9 minutos de lectura

¿Por qué leer autoras? La literatura escrita por mujeres es universal, no es menor o de nicho, como desinforman mitos y prejuicios

La discusión sobre leer autoras está atravesada por frases que aparentan neutralidad, como “la buena literatura no tiene género” y “ya existe igualdad”, pero que en realidad reproducen desigualdades estructurales.
06 de marzo, 2026
Por: Jennifer Flores
@yinyin_rifa 

¿Y si el verdadero plot twist del libro lo escribieran las voces que durante años te dijeron que no existían? ¿Qué ocurre cuando te encuentras con un texto que te vuela la cabeza y está escrito por una mujer? Ahí empieza la conversación, en la necesidad de hablar de autoras. 

Aunque cada vez más mujeres escriben y publican, su trabajo continúa recibiendo menos visibilidad y reconocimientos. Desde la creación del Premio Nobel de Literatura en 1901, únicamente 18 de los galardones se han otorgado a mujeres, es decir, solo 15.25 % de 118 reconocimientos en más de un siglo; a esto se suma que los libros escritos por autoras tienen menos probabilidades de ser reseñados en medios culturales influyentes, lo que limita su circulación e impacto, según un artículo de ScienceDirect

La discusión sobre la importancia de leer autoras está atravesada por frases que aparentan neutralidad, pero que en realidad reproducen desigualdades estructurales. Expresiones como “la buena literatura no tiene género” y “ya existe igualdad” se repiten sin considerar que, históricamente, las autoras fueron excluidas del canon, de los programas de estudio y del reconocimiento literario

Mitos, prejuicios y desinformación sobre las escritoras

Para desmitificar estas frases, El Sabueso, la unidad de verificación de desinformación de Animal Político, entrevistó a editoras y autoras mexicanas como Dahlia de la Cerda, Andrea Chapela, Lydiette Carrión, Esther M. García y Arianna Aquino. 

Se dice que “la literatura escrita por mujeres es solo para mujeres”, pero en realidad aborda temas universales como el amor, la muerte y la memoria que pueden impactar a las personas lectoras sin importar su género. Desde un extremo puedes leer “La novela del verano” de Emily Henry, que cuenta la historia de amor entre dos adultos con metas propias, y desde otro a Fernanda Melchor con “Aquí no es Miami”, un libro en el que narra la realidad del puerto de Veracruz, México, durante la llamada guerra contra el narcotráfico.

También es común escuchar que “las autoras solo escriben desde su experiencia personal” o que “su literatura es menor o de nicho”, pero estos son prejuicios que ignoran la imaginación, la investigación y la construcción literaria que sostienen sus obras como las de cualquier otro autor, coinciden las entrevistadas. “Usualmente, en el canon literario, se suele catalogar a la literatura escrita por mujeres como un producto cultural menor, cuando no necesariamente es así. Existe una predisposición a juzgarla como algo menor”, señala Lydiette Carrión, periodista y escritora. 

“Las autoras escriben principalmente novela rosa”. Falso, su escritura abarca diversos géneros como el ensayo, el terror, la novela policíaca, la crónica y la ciencia ficción. Andrea Chapela, escritora y química, explica en entrevista con El Sabueso que hay temas como la maternidad que los hombres no pueden narrar desde la experiencia corporal o fisiológica, “y aunque el oficio de escribir implica imaginar más allá de lo vivido, sus aproximaciones suelen quedarse cortas”.

“Pienso en un cuento de Carmen María Machado titulado ‘La puntada del marido’, donde habla de una práctica médica que consiste en ‘cerrar’ a las mujeres después del parto. Es un texto con tintes de horror, pero lo verdaderamente terrorífico es que es —y ha sido— una práctica real y normalizada. Yo no tenía idea de que eso existía hasta que lo leí ahí. Probablemente es una experiencia sobre la que la literatura escrita por hombres prácticamente no había hablado”, ejemplifica Chapela. 

Otro mito que desacredita su trabajo y talento es aquel que asegura que “si una autora destaca es por cuotas o corrección política”. La realidad es diferente. Por ejemplo, Aura García Junco, escritora, poeta visual, traductora y narradora, está entre las y los cinco finalistas del Premio Ribera del Duero —un prestigioso certamen bienal internacional que premia al mejor libro de cuentos inédito en español— con su libro “El fin del mundo (y otras utopías)”. 

Además, en 2024, la escritora Cristina Rivera Garza ganó el Premio Pulitzer 2024 en la categoría Memoria o Autobiografía con su libro “El invencible verano de Liliana”, una obra de no ficción que investiga y honra la vida de su hermana, Liliana, víctima de feminicidio en 1990. Con este título también obtuvo reconocimientos como el Premio Rodolfo Walsh 2022, el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2021 y el Premio Mazatlán de Literatura 2022.

“¿La literatura escrita por mujeres es repetitiva?”. No, en realidad esta frase asume erróneamente que las autoras conforman un bloque homogéneo. La argentina Mariana Enríquez mezcla en sus textos lo fantástico con el realismo social, mientras que la estadounidense Sylvia Plath escribía sobre temas considerados íntimos como la muerte, la maternidad como un “encierro” o las limitaciones sociales impuestas a las mujeres. En tanto, la irlandesa Sally Rooney crea novelas contemporáneas centradas en las relaciones afectivosexuales y la amistad entre jóvenes adultos.

Otro ejemplo, son los títulos de la mexicana Lydiette Carrión, autora de “La fosa de agua” —sobre los feminicidios y desapariciones en el Río de los Remedios— y “Feminicidio mítico”. En entrevista explica que, durante la escritura de su última obra, buscó bosquejar cómo los productos culturales han convertido a la violencia de género en un objeto de consumo. “Es una práctica que hemos visto desde hace años, algunos de los cuentos de Edgar Allan Poe estuvieron basados en feminicidios como ‘El gato negro’, siempre ha habido esta correlación que me parece más explícita cada vez y que, en estos momentos específicos, es una problemática por la mediatización de los hechos”. 

Además, muchas escritoras han sido radicales, experimentales y disruptivas al escribir sus obras, Dahlia de la Cerda es una de ellas. La activista y autora de “Medea me cantó un corrido” y “Perras de reserva” cuenta sus historias con modismos del español mexicano, contextos tercermundistas y crónicas que nacen de lo que ve en la calle y en su comunidad, sin suavizar para “agradar”; por lo que decir que “el lenguaje de las autoras es más ‘suave’ o menos arriesgado” es falso. 

“Amo crear mundos narrativos, hacer que la gente piense en temas importantes como el reclutamiento forzado de jóvenes e infancias me parece tan rescatable”, comenta en entrevista con El Sabueso. Dahlia también afirma que la narrativa es su propio caballo de troya, pues “la gente piensa que va a leer un cuento o una novela y ¡traka! cuando menos se dan cuenta están empatizando con la historia de un hombre que vive sumido en un contexto de violencias estructurales, como muchos en este país.” 

Lo femenino es tan universal como lo masculino, como dice Annie Ernaux 

Durante muchos años —pareciera que desde siempre— el patriarcado ha abarcado a la sociedad, pues los hombres ocupan mayormente las posiciones de poder y decisión en cientos de temas, incluida la literatura, asegura Arianna Aquino, editora de “Nuestras Resistencias. Escritoras que nos vuelan la cabeza”, una antología interactiva que homenajea al legado de las mujeres en la literatura y el feminismo en México.

Desde pequeña, Arianna ama leer terror, pero las historias escritas por hombres sobre estos temas no le provocaban miedo. Fue hasta la preparatoria que una profesora les recomendó leer a Amparo Dávila, pionera mexicana de la literatura fantástica. “Fue un shock, descubrí que había una mujer —y miles más— escribiendo terror y que era increíble. Esto me llevó a mi primera pregunta en torno a la literatura escrita por mujeres: ¿por qué en los planes de estudio no te hablan sobre ellas?”, recuerda. 

Leer a escritoras cambia completamente la manera en la que entendemos el mundo, destaca Arianna. Las sensibilidades son distintas, aunque se escriba sobre los mismos temas. “Sin las autoras nos estábamos perdiendo la mitad de las perspectivas de una misma realidad”, reflexiona.

Por ejemplo, existen diversos textos acerca de la guerra desde el frente de la batalla, es decir, desde el punto de vista masculino, pero son pocas las historias sobre lo que ocurrió en las enfermerías, en las casas, en los espacios que eran —y son— comúnmente sostenidos por mujeres. “Tener una sola versión es doloroso y limitante incluso, como mujeres, es probable que no conectemos con esas narrativas”, agrega. 

“Cuando se habla de literatura universal, en realidad se habla solo de autores. Con la cuarta ola del feminismo, eso ha cambiado. Empezamos a alzar la voz, a tejer redes, y esa realidad se ha movido. Al inicio se decía que era una moda, pero esa tendencia ya lleva más de diez años. Además, hoy las mujeres somos las principales lectoras —datos del Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025 señalan que 80.4 % de las mujeres leyeron libros frente al 77.5 % de los hombres—, y eso también ha impactado al mercado editorial”, señala Esther M. García, creadora del “Mapa de escritoras mexicanas contemporáneas”, el cual busca visibilizar y descentralizar la obra de autoras.

En las mesas de novedades ya se ven más títulos de mujeres que de hombres, resalta Esther, pero también reitera que hay un canon que se repite con las mismas autoras, “muchas otras escritoras buenísimas quedan fuera de los estantes por falta de promoción, mercadeo e incluso de impulso, porque se nos habla muy poco de que podemos ser escritoras. Ahí todavía hay un trabajo pendiente”, complementa. 

¿Por qué es importante leer a escritoras?

En una gran parte de la literatura tradicional, la mujer es el objeto, el sacrificio o el premio del héroe, no lo que en realidad es: una persona, coinciden las autoras y editoras. 

La lectura desarrolla el pensamiento crítico, por lo que leer historias escritas por mujeres puede ampliar tus horizontes y mostrarte modelos a seguir. “Te permite ver que alguien como tú —desde un contexto similar— logró cosas importantes. Eso te motiva: si ella pudo, yo también puedo”, destaca Esther. 

“Cuando empiezas a leer otras voces, incluso sin saber quién escribió el texto, el mundo empieza a encajar. Se abre una luz distinta, aparecen otras formas de ver la vida, por ello al leer una verdadera literatura universal escrita por cualquier género es más sencillo comprender cada complejidad”, afirma Arianna. 

Existen libros que resaltan a las mujeres como las protagonistas de su propia historia, ediciones contemporáneas como “Los juegos del hambre”, un best-seller que narra cómo Katniss se convierte en un signo de resistencia colectiva al desafiar al sistema o títulos clásicos como “Matilda”, la historia de una niña valiente e inteligente que usa sus poderes mágicos para enfrentarse a situaciones injustas y proteger a quienes quiere. 

“Leer autoras puede ayudar a encontrarte a ti misma, te da herramientas para defenderte en un mundo que muchas veces está hecho para destruirte, y esto no es una visión pesimista, es la realidad de muchas mujeres”, asegura Esther. Cada uno de estos textos suma una pieza al rompecabezas que construye la sociedad. Para que la literatura esté completa, necesita de todas las voces humanas. 

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Imagen BBC
La ciencia detrás de las ‘almas gemelas’: ¿Realmente existen?
11 minutos de lectura

Para muchos, la idea de las almas gemelas todavía determina su forma de entender el amor.

27 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Existe la tentación de creer que en algún lugar existe “la persona indicada”: un alma gemela, la pareja perfecta, la persona con la que estás destinado a estar.

A lo largo de la historia, los humanos siempre se han sentido atraídos por la idea de que el amor no es casualidad.

En la antigua Grecia, Platón imaginó que alguna vez fuimos seres completos con cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras, tan radiantes que Zeus nos partió en dos; desde entonces, cada mitad ha vagado por la tierra en busca de su otra mitad perdida, un mito que otorga al alma gemela moderna su pedigrí poético y la promesa de que, en algún lugar, alguien finalmente nos hará sentir completos.

En la Edad Media, los trovadores y los cuentos artúricos reinterpretaron ese anhelo como “amor cortés”, una devoción feroz, a menudo prohibida, como la de Lancelot por Ginebra, en la que un caballero demostró su valía mediante el autosacrificio por una amada que tal vez nunca declararía abiertamente.

Dos imágenes tratadas de un dibujo de Platón y una imagen de cerca de una estatua de Zeus.
Getty Images
Platón (izquierda) imaginó que los humanos alguna vez estuvieron completos, con cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras, antes de que Zeus (derecha) los dividiera, dejando a cada mitad buscando a su otra mitad.

En el Renacimiento, escritores como Shakespeare hablaban de “amantes desventurados”, parejas unidas por una conexión abrumadora pero separadas por la familia, la fortuna o el destino, como si el universo mismo hubiera escrito su historia de amor y les hubiera impedido un final feliz.

Más recientemente, Hollywood y las novelas románticas nos han vendido historias de amor de cuento de hadas.

Pero ¿qué dice la ciencia más reciente sobre las almas gemelas? ¿Existe alguien especial para nosotros?

Cómo nos enamoramos de “la persona indicada”

Una imagen tratada de un vaso de vidrio con dos corazones en su interior.
Getty Images

Viren Swami, profesor de Psicología Social en la Universidad Anglia Ruskin (ARU) de Cambridge, ha rastreado nuestra comprensión contemporánea del amor romántico en Europa hasta la era medieval y las historias de Camelot, Lancelot, Ginebra y la hidalguía de los caballeros de la Mesa Redonda que se extendieron por todo el continente.

“Estas historias impulsaron inicialmente la idea de que uno debe elegir a otra persona como compañero, y que esa compañía es para toda la vida”, afirma.

“Antes de eso, en gran parte de Europa se podía amar a tantas personas como se quisiera, y el amor era fluido, y a menudo no se trataba de sexo”.

Con el tiempo, a medida que las personas se desarraigaron de sus comunidades agrícolas y la industrialización destruyó los vínculos familiares, las personas se “empezaron a alienar”, explica.

“Empiezan a buscar a otra persona que las salve, que las salve de la miseria de sus vidas”.

Un dibujo de Lancelot y Ginebra
Getty Images
Viren Swami cree que las ideas actuales sobre el amor romántico se remontan a historias europeas medievales como Lancelot y Ginebra.

Las aplicaciones de citas actuales convierten esa historia en un algoritmo, lo que Swami llama “buscar pareja”.

La búsqueda de un alma gemela se convierte en lo contrario de lo que buscan: “Para muchos, es una experiencia realmente desoladora. Estás buscando pareja… probando posiblemente a decenas de personas en la aplicación de citas hasta que llegas a un punto en el que dices… Necesito parar”, reflexiona.

La persona indicada

Jason Carroll, profesor de Estudios Matrimoniales y Familiares en la Universidad Brigham Young de EE. UU., con sede en Provo, Utah, se muestra comprensivo con el anhelo de encontrar a la persona indicada.

“Somos criaturas basadas en el apego”, apunta. “Deseamos ese vínculo”.

En sus clases, les dice a sus estudiantes que deben abandonar la idea de un alma gemela, sin renunciar a su deseo de encontrar a la persona indicada.

Suena contradictorio, pero para Carroll, es la diferencia entre el destino y el esfuerzo.

“Un alma gemela simplemente se encuentra. Ya está hecha. Pero un ser único es algo que dos personas forjan juntas durante años de adaptación, disculpas y, a veces, apretando los dientes”, dice.

La trampa de las almas gemelas

El argumento de Carroll se basa en décadas de investigación, recopiladas en su informe “La trampa del alma gemela”, gran parte de la cual distingue entre lo que los psicólogos llaman “creencias de destino” (la idea de que una relación adecuada debe sentirse sin esfuerzo) y las “creencias de crecimiento”, que se centran en lo que la pareja puede hacer para que las cosas funcionen.

En una serie de estudios ampliamente citados, realizados a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000 y dirigidos por el profesor C. Raymond Knee de la Universidad de Houston, los investigadores descubrieron que las personas que creían que las relaciones estaban “destinadas a ser” eran mucho más propensas a dudar de su compromiso después de un conflicto.

Quienes tenían una visión más orientada al crecimiento tendían a mantener un mayor compromiso, incluso en los días de discusión.

Quienes tienen una visión orientada al crecimiento, argumenta Carroll, aún desean algo especial, pero anticipan momentos difíciles.

“Se preguntan… ¿qué pueden hacer para mejorar su relación, progresar y crecer?”.

Una silueta de una pareja romántica.
Getty Images
Las investigaciones sugieren que las personas con creencias de “crecimiento” sobre las relaciones aún desean algo especial, pero esperan desafíos en el camino.

En su opinión, la creencia en las almas gemelas es una trampa; no el romance en sí, sino la expectativa de que el amor nunca debería ser difícil.

La parte más “emocional” de una relación larga, dice, no es una carga cinematográfica, sino tener “asientos en primera fila no solo para las fortalezas del otro, sino también… para sus desafíos y debilidades”.

“Ese es un espacio bastante sagrado”, dice. “Solo conocemos esas cosas porque nos han permitido estar ahí”.

Para Carroll, cuando el amor se trata como destino, las personas se vuelven menos dispuestas a hacer el trabajo discreto que realmente lo mantiene vivo.

Carroll dice que la trampa de las almas gemelas hace mucho más difícil el momento en el que una relación se topa con su primer obstáculo serio.

“La primera vez que hay cualquier tipo de dificultad, el pensamiento inmediato es: ‘Bueno, pensé que eras mi alma gemela. Pero tal vez no lo seas, porque se supone que las almas gemelas no deben lidiar con las cosas'”, dice.

“Pero si las relaciones van a durar mucho tiempo, nunca van a ser simplemente un camino cuesta abajo”.

¿Chispa o trauma?

Vicki Pavitt, coach del amor ubicada en Londres, suele ayudar a personas que creían haber encontrado a su alma gemela, solo para descubrir que ese cuento de hadas venía acompañado de manipulación emocional, inestabilidad y una constante sensación de ansiedad.

“Cuando hay mucha química y chispa, creo que a veces se trata de abrir viejos patrones dañinos, como viejas heridas”, sostiene.

“Una persona inconsistente o que se muestra un poco fría y distante puede hacerte sentir ‘¡Qué ganas de volver a verla!’, pero lo que realmente ocurre es que te genera mucha ansiedad y te deja con ganas de más”.

A shot of Vicki Pavitt wearing a white suit with a black top.
Vicki Pavitt
La coach del amor Vicki Pavitt trabaja a menudo con personas que creían haber encontrado a su alma gemela, pero luego descubrieron que la relación les generaba ansiedad.

Pavitt afirma que lo que percibimos como el destino puede ser una fuerza de nuestro sistema nervioso que nos impulsa a reconocer algo que nos lastimó en el pasado y a intentar solucionarlo, un patrón que los terapeutas llaman vínculo traumático.

Este vínculo puede parecer amor, explica, y ​​lleva a las personas a sentirse atraídas magnéticamente hacia dinámicas poco saludables porque les resultan familiares, no porque sean la pareja perfecta.

Un estudio frecuentemente citado es el de los psicólogos canadienses Donald Dutton y Susan Painter. En una investigación publicada en 1993 mientras estudiaban en la Universidad de Columbia Británica, dieron seguimiento a 75 mujeres que dejaron a parejas abusivas.

El equipo midió la intensidad con la que las mujeres seguían sintiendo apego hacia sus exparejas y lo comparó con cómo habían sido sus relaciones.

Descubrieron que los vínculos más fuertes no se encontraban en las mujeres que habían sufrido abusos de forma constante, sino en aquellas cuyas parejas alternaban entre el encanto y la crueldad.

Dos personas se atan una cinta roja a sus meñiques.
Getty Images
Pavitt dice que lo que parece destino a veces puede ser un vínculo traumático.

Dutton y Painter argumentan que este vínculo traumático ayuda a explicar por qué las personas pueden sentirse atraídas de nuevo por relaciones que objetivamente les resultan perjudiciales, porque la mezcla de peligro y afecto les resulta familiar, no porque sea saludable.

Es esa distinción la que Pavitt intenta destacar en su coaching: “Se trata de discernir si la química que sientes muestra que esta persona es compatible contigo o si se trata de una sensación familiar de ansiedad”.

Y añade: “En mi lenguaje, nunca hablo de almas gemelas. Personalmente, no creo que haya una persona para cada uno… pero sí creo que nos convertimos en ‘El Único’ para alguien”.

Química real

Si descartar la existencia de un alma gemela suena poco romántico, la biología de la atracción apunta en la misma dirección.

Los anticonceptivos hormonales pueden modificar sutilmente los sentimientos mutuos.

Las investigaciones sugieren que las píldoras que regulan el flujo y reflujo natural de la fertilidad pueden atenuar los cambios en la atracción que suelen ocurrir a lo largo del ciclo menstrual, lo que podría alterar la elección inicial de pareja.

Un farmacéutico repone los estantes de una farmacia.
PA Wire
Algunas investigaciones sugieren que la anticoncepción hormonal puede influir sutilmente en la atracción en las parejas.

Un amplio estudio de 365 parejas heterosexuales reveló que la satisfacción sexual de las mujeres era mayor cuando su uso de anticonceptivos coincidía con el que tenían al elegir a su pareja, lo que sugiere que los cambios en el uso de la píldora pueden cambiar la experiencia de pareja.

Estos efectos son leves, pero podrían explicar los desconcertantes cambios en la química de algunas parejas a lo largo del tiempo.

Si las hormonas y las píldoras pueden influir en la sensación de ser “el indicado”, entonces se vuelve más difícil argumentar que existe una pareja única y predestinada; y ahí es donde entran en juego los matemáticos.

Uno de varios

La psicología y la biología ofrecen una forma de pensar sobre “la persona indicada”, pero las matemáticas proponen otra.

Greg Leo, economista de la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee, ha desarrollado un algoritmo de compatibilidad. Este concluye que no solo se puede tener un “alma gemela”, sino que también “se pueden tener muchas”.

En su artículo Matching Soulmates (encajando almas gemelas) publicado en la revista Public Economic Theory, todos participan en una simulación de citas por computadora, donde miles de participantes creados digitalmente se clasifican entre sí.

Su algoritmo selecciona “almas gemelas de primer orden”: parejas que se eligen mutuamente en una coincidencia estable.

Las elimina y vuelve a ejecutar el algoritmo con las restantes, obteniendo así almas gemelas de segundo orden, y así sucesivamente.

En sus simulaciones, era extremadamente raro que alguien tuviera la primera opción mutua; pero muchas personas tenían opciones que eran segundas o terceras.

En este escenario, una pareja se considera feliz si cada uno está cerca del primer lugar en la lista del otro y ninguno encuentra a alguien que ambos prefieran más.

Puede que solo sean números, pero el algoritmo del amor nos dice que hay muchas parejas viables, no solo la indicada.

Preocúpate por las cosas pequeñas

¿Cómo puede una pareja co-crear su “persona indicada”?

Jacqui Gabb, profesora de Sociología e Intimidad en la Open University, evaluó esto en su proyecto “Amor duradero”, publicado en la revista Sociology en 2015.

Encuestó a unas 5.000 personas y luego hizo un seguimiento a 50 parejas con un detalle forense, a veces intrusivo, combinando estadísticas con diarios, entrevistas y “mapas de emociones” de lo que sucedía en el hogar.

Cuando preguntó a las personas qué las hacía sentir apreciadas, no fueron las propuestas de matrimonio al atardecer ni los viajes sorpresa a París.

Fueron “regalos sorpresa, gestos considerados y la amabilidad de una taza de té en la cama”. Calentar el auto en una mañana fría. Recoger flores silvestres y colocarlas en un jarrón. Compartir una sonrisa privada en una fiesta.

Cuantitativamente, lo que ella describe como estos “actos de atención cotidianos” resultaron ser mucho más poderosos que los grandes gestos románticos.

En su encuesta, el 22% de las madres y el 20% de las mujeres sin hijos eligieron esos pequeños gestos como una de las dos cosas principales que las hacían sentir valoradas, más que las grandes salidas nocturnas o los regalos caros.

La satisfacción en la relación, según los datos, no se centraba principalmente en el dinero ni en el romance; se centraba en el “conocimiento íntimo de la pareja” y su expresión en la vida cotidiana.

En el diario de una joven pareja, que se les entregó para el proyecto, Sumaira describe la llegada de su pareja a casa, la cena que ella preparó, el abrazo en el pasillo, los dos comiendo juntos en la mesa.

“Es perfecto”, escribe en su diario de investigación. “Solo nosotros y la comida. ¿Qué más se puede pedir?”.

Luego hay un baile espontáneo en la sala, un paseo por la hierba alta donde le da miedo la oscuridad, y una foto que a su pareja le encanta tanto que la pone de fondo en su teléfono.

Parece un cuento de hadas sin zapatillas de cristal, sino con botas de agua.

Sin embargo, Gabb señala que, entretejidas con esa dulzura, se encuentran preocupaciones económicas, obligaciones familiares y un historial de depresión que la pareja está aprendiendo a gestionar juntos.

“El sentimiento de alma gemela aquí no flota por encima de la vida; se construye, poco a poco, por la vida, en la forma en que la pareja enfrenta esas presiones”, dice.

Cena de San Valentín

Según Carroll, la ciencia no roba el romance; más bien, está ahí para ayudarlo a florecer, tanto en las buenas como en las malas.

“Me siento bastante cómodo con la aspiración de tener una relación única y especial, siempre y cuando recordemos que es necesario crearla”, expone.

Pavitt cree que “está bien, incluso es útil, tener fe en que tu pareja está ahí fuera, siempre y cuando sepas que hay muchas personas con las que puedes conectar de verdad y dejes de esperar que alguien sea perfecto”.

En cuanto a las almas gemelas, la ciencia señala una paradoja.

Las personas que terminan en relaciones que se sienten “destinadas a ser” suelen ser las que dejaron de esperar al destino, se volvieron hacia la persona imperfecta que tenían delante y dijeron: “¿Hacemos algo con esto?”.

Información adicional de Florence Freeman

Crédito de la imagen superior: Getty Images

BBC

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