
El virus Nipah es una enfermedad zoonótica emergente que ha puesto en alerta a varios países de Asia debido a su alta letalidad y a su potencial de propagación. Identificado por primera vez en 1998 durante un brote en Malasia y Singapur, este virus, perteneciente al género Henipavirus de la familia Paramyxoviridae, ha reaparecido recientemente en Bangladés e India y despertado la preocupación entre la población.
Aunque los brotes registrados han sido hasta ahora limitados y geográficamente focalizados —principalmente en Asia—, la preocupación radica en la gravedad de la infección en humanos. Además, su elevada tasa de mortalidad ha convertido a esta infección viral emergente en un problema relevante de salud pública.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Nacional para el Control de Enfermedades (NCDC, por sus siglas en inglés) del gobierno de India, entre septiembre de 1998 y mayo de 1999 se documentó el primer gran brote, con 276 casos notificados en Malasia y Singapur. En concreto, la primera epidemia se registró en 1998, tras la propagación del virus Nipah entre ganaderos porcinos en Malasia. El nombre del virus proviene de Sungai Nipah, la localidad del sureste asiático donde se detectó por primera vez.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos clasifican al virus Nipah como un posible agente de bioterrorismo de categoría C, mientras que la OMS lo ubica en el grupo 4 de riesgo biológico. Actualmente no existen medicamentos ni vacunas específicas para tratar esta infección, aunque la OMS la incluyó entre las enfermedades prioritarias de su Plan de Investigación y Desarrollo. Las autoridades sanitarias recomiendan cuidados intensivos para atender las complicaciones respiratorias y neurológicas graves.
Una nota publicada en 2023 por la agencia de noticias AFP señala que las epidemias de este virus son poco frecuentes. Sin embargo, la OMS clasificó al Nipah, junto con el ébola, el zika y el covid-19, como una de las enfermedades prioritarias de investigación debido a su potencial pandémico.
El virus Nipah puede transmitirse a los humanos a través del contacto con animales infectados —como murciélagos y cerdos—, mediante el consumo de alimentos contaminados o por transmisión directa de persona a persona.
Los murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae, en especial las especies del género Pteropus, constituyen los huéspedes naturales del virus. Los primeros brotes en cerdos y otros animales domésticos —como caballos, cabras, ovejas y perros— se notificaron durante el brote inicial ocurrido en Malasia en la década de 1990.
“El virus es altamente contagioso en cerdos. Estos animales pueden transmitir la infección durante el periodo de incubación, que dura entre 4 y 14 días. Un cerdo infectado puede no presentar síntomas, aunque algunos desarrollan fiebre aguda, dificultad respiratoria y manifestaciones neurológicas como temblores, espasmos y contracturas musculares. Por lo general, la mortalidad es baja, excepto en lechones jóvenes”, explica la OMS.
En los seres humanos, la infección puede cursar de forma asintomática o evolucionar hacia cuadros respiratorios agudos —leves o graves— y encefalitis potencialmente mortal. Los síntomas iniciales incluyen fiebre, dolor de cabeza, mialgia, vómitos y dolor de garganta. Posteriormente pueden aparecer mareos, somnolencia, alteraciones de la conciencia y signos neurológicos.
En los casos más graves se presentan encefalitis y convulsiones, con progresión al coma en un periodo de 24 a 48 horas. Según la OMS, el periodo de incubación suele oscilar entre 4 y 14 días, aunque se han documentado casos con una duración de hasta 45 días.
“La mayoría de las personas que sobreviven a la encefalitis aguda se recuperan por completo, aunque se han registrado secuelas neurológicas a largo plazo. Aproximadamente 20 % de los pacientes presenta efectos residuales, como convulsiones y cambios de personalidad”, señala el organismo.
La OMS también indica que la tasa de letalidad varía entre 40 y 75 %, dependiendo del brote y de la capacidad local para la vigilancia epidemiológica y el manejo clínico.
El diagnóstico de la infección por el virus Nipah se realiza a partir de la historia clínica durante la fase aguda y la convalecencia. Las pruebas más utilizadas incluyen la reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real (RT-PCR) en fluidos corporales y la detección de anticuerpos mediante el ensayo inmunoabsorbente ligado a enzimas (ELISA).
Bangladés e India registraron sus primeras epidemias en 2001. No obstante, en días recientes ha resurgido la alerta ante la posibilidad de una “próxima gran pandemia” a raíz de nuevos casos detectados en India. Incluso, ha surgido información que refiere cinco casos en el país, puntualmente en el estado de Bengala Occidental.
Sin embargo, de acuerdo con el Boletín Epidemiológico del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, hasta el 12 de enero de 2026 se registraron únicamente dos casos de infección por el virus Nipah en Bengala Occidental, que se identificaron en el Laboratorio de Investigación y Diagnóstico de Virus del Consejo Indio de Investigación Médica (ICMR) del Instituto de Ciencias Médicas de toda la India (AIIMS) en Kalyani.
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De igual manera, en El Sabueso revisamos una publicación del Departamento de Control de Enfermedades, adscrito al Ministerio de Salud Pública de Tailandia —geográficamente cerca de Bangladés y el noreste de India—, y se corroboró que solo dos casos se han confirmado en el estado indio.
“No se han detectado casos en Tailandia. Si bien el virus Nipah es altamente virulento, es de difícil transmisión. El número de casos en Bengala se mantiene en dos. En Tailandia solo 10 % de los murciélagos frugívoros están infectados y no se ha detectado ningún caso en cerdos ni humanos (…). La situación se mantiene sin cambios desde la semana pasada, con el mismo número de casos confirmados: dos profesionales médicos que trabajan en el mismo hospital en Barasat, Bengala Occidental”, se lee en el comunicado del Departamento con fecha del 26 de enero.

Y más adelante dice: “Aunque Bengala está lejos de Tailandia, hay vuelos directos a los aeropuertos de Suvarnabhumi, Don Mueang y Phuket. Por lo tanto, el Departamento de Control de Enfermedades está examinando a los viajeros procedentes de esta zona, como parte de las medidas de preparación de Tailandia”.
Asimismo, el medio El País detalló que las dos enfermeras presentaron cuadros clínicos graves. Una de ellas ha evolucionado favorablemente, con una disminución en la dependencia del oxígeno y la retirada de la intubación; mientras que la segunda permanece en coma.
Respecto a otros casos sospechosos sobre un médico y una enfermera que trataron a una de las pacientes infectadas, ambos dieron negativo para Nipah. Información que después confirmó el propio Ministerio de Salud y Bienestar Familiar de India en redes.

Además, según un informe del Centro Nacional para el Control de Enfermedades del Gobierno de India, lanzado en enero de este año, los casos en el país no han presentado grandes cambios; de 2023 a 2025 pasaron de seis casos y dos muertes a cuatro casos y dos muertes. Por lo anterior, hasta ahora la OMS no ha anunciado un “riesgo de epidemia mundial” ni el retorno de las “restricciones del covid-19”.

El Ministerio de Salud de India compartió una serie de recomendaciones para prevenir la infección por el virus Nipah, que son:
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El contorno dibujado con plantilla de una mano hallado en la isla indonesia de Sulawesi rebate la idea de que el arte abstracto nació en Europa durante la Edad de Hielo.
La silueta de una mano pintada en negativo en la pared de una cueva en la isla indonesa de Sulawesi es la pintura rupestre más antigua que se conoce en el mundo, según un equipo de investigadores.
La pintura muestra el contorno rojo de una mano cuyos dedos fueron modificados, explican, para crear una apariencia similar a la de una garra, lo que indica un salto temprano en la imaginación simbólica.
La pintura data de hace al menos 67.800 años, unos 1.100 años antes del registro anterior, un controvertido estarcido de una mano hallado en España.
El hallazgo también refuerza el argumento de que nuestra especie, el Homo sapiens, había llegado a la extensa masa continental de Australia y Nueva Guinea, conocida como Sahul, unos 15.000 años antes de lo que algunos investigadores sostienen.
Durante la última década, una serie de descubrimientos en Sulawesi ha desmentido la antigua idea de que el arte y el pensamiento abstracto de nuestra especie surgieron repentinamente en la Europa de la Edad de Hielo y se extendieron desde allí.
El arte rupestre se considera un indicador clave del momento en que los humanos comenzaron a pensar de forma verdaderamente abstracta y simbólica: el tipo de imaginación que sustenta el lenguaje, la religión y la ciencia.
Las primeras pinturas y grabados muestran a personas no solo reaccionando al mundo, sino representándolo, compartiendo historias e identidades de una manera que no se conoce en ninguna otra especie.
El profesor Adam Brumm, de la Universidad Griffiths de Australia, quien codirigió el proyecto, declaró a BBC News que el último descubrimiento, publicado en la revista Nature, refuerza la idea emergente de que no hubo un despertar de la humanidad en Europa.
En cambio, la creatividad era innata a nuestra especie, y sus pruebas se remontan a África, donde evolucionamos.
“Cuando fui a la universidad a mediados y finales de los 90, eso era lo que nos enseñaban: la explosión creativa en los humanos se produjo en una pequeña parte de Europa. Pero ahora observamos rasgos del comportamiento humano moderno, incluido el arte narrativo, en Indonesia, lo que dificulta mucho sostener ese argumento eurocéntrico”.
El arte rupestre español más antiguo es una mano roja en la cueva de Maltravieso, en el oeste de España, que data de hace al menos 66.700 años, aunque este hecho es cuestionado y algunos expertos no creen que sea tan antiguo.
En 2014, se encontraron en Sulawesi siluetas de manos en negativo y figuras de animales que datan de al menos 40.000 años, seguidas de una escena de caza de al menos 44.000 años, y posteriormente una pintura de un cerdo y un humano que data de al menos 51.200 años.
Según el profesor Maxime Aubert, de la Universidad Griffiths, cada paso hizo que la creación de imágenes sofisticadas retrocediera aún más en el tiempo.
“Partimos de una edad mínima de al menos 40.000 años, la misma que en Europa, pero al acercarnos al pigmento hemos retrocedido con el arte rupestre de Sulawesi al menos otros 28.000 años”.
El último descubrimiento proviene de una cueva de piedra caliza llamada Liang Metanduno en Muna, una pequeña isla al sureste de Sulawesi. Fue pintada con aerosol: un antiguo artista del grafiti presionaba la mano contra la pared de la cueva y luego soplaba o escupía un poco de pigmento alrededor de ella, de modo que, al retirar la mano, quedaba un contorno negativo sobre la roca.
Tras analizar las finas costras minerales que se habían formado sobre las obras, se descubrió que tenían una antigüedad mínima de 67.800 años, lo que la convierte en el arte rupestre más antiguo del mundo con una datación fiable.
Lo más importante es que el artista hizo más que simplemente rociar pigmento alrededor de una mano presionada contra la pared, afirman los investigadores.
Tras la creación del estarcido original, los contornos de los dedos se modificaron cuidadosamente, estrechándolos y alargándolos para que parecieran garras; una transformación creativa que, según Brumm, es “algo muy propio de nosotros”.
El científico señala que no existían pruebas de esa experimentación en ninguna de las obras de arte producidas por nuestra especie hermana, los neandertales, en sus pinturas rupestres en España hace unos 64.000 años. Incluso esto es objeto de un intenso debate, ya que algunos investigadores cuestionan el método de datación.
Hasta este último descubrimiento en Muna, todas las pinturas de Sulawesi provenían del karst de Maros Pangkep (una zona famosa por sus impresionantes acantilados de caliza, con cientos de cuevas con arte rupestre prehistórico), en el suroeste de la isla.
El hecho de que esta plantilla, mucho más antigua, aparezca al otro lado de Sulawesi, en una isla satélite distinta, sugiere que la creación de imágenes en las paredes de las cuevas no fue un experimento local, sino algo profundamente arraigado en las culturas que se extendieron por la región.
Brumm afirma que años de trabajo de campo realizado por colegas indonesios han revelado cientos de nuevos yacimientos de arte rupestre en zonas remotas, con algunas cuevas utilizadas repetidamente durante decenas de miles de años.
En Liang Metanduno, otras pinturas mucho más recientes en el mismo panel -algunas realizadas hace unos 20.000 años- muestran que esta cueva fue un foco de actividad artística durante al menos 35.000 años.
Dado que Sulawesi se encuentra en la ruta marítima del norte entre Asia continental y la antigua Sahul (un macrocontinente que abarcaba en el Pleistoceno lo que hoy es Australia continental, Tasmania, Nueva Guinea y varias islas adyacentes), las fechas tienen implicaciones directas para determinar cuándo llegaron los antepasados de los aborígenes australianos.
Durante años, la opinión predominante, basada principalmente en estudios de ADN y la mayoría de los yacimientos arqueológicos, fue que el Homo sapiens llegó por primera vez a Sahul, hace unos 50.000 años.
Sin embargo, con pruebas sólidas de que el Homo sapiens se asentó en Sulawesi y creó arte simbólico complejo hace al menos 67.800 años, es mucho más probable que la cuestionada evidencia arqueológica de la presencia de humanos en el norte de Australia hace unos 65.000 años sea correcta, según Adhi Agus Oktaviana, de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Indonesia (BRIN)
“Es muy probable que quienes realizaron estas pinturas en Sulawesi formaran parte de una población más amplia que posteriormente se extendería por la región y finalmente llegaría a Australia”.
Muchos arqueólogos defendieron en su día un Big Bang europeo de la mente, ya que pinturas rupestres, grabados, ornamentos y nuevas herramientas de piedra aparecen a la vez aparentemente en Francia y España hace unos 40.000 años, poco después de la llegada del Homo sapiens.
El espectacular arte rupestre de la Edad de Hielo en lugares como Altamira y El Castillo alentó la idea de que el simbolismo y el arte surgieron casi de la noche a la mañana en la Europa de la Edad de Hielo.
Desde entonces, ocre grabado, cuentas y marcas abstractas de yacimientos sudafricanos como la cueva de Blombos, de entre 70.000 y 100.000 años de antigüedad, han demostrado que el comportamiento simbólico ya estaba establecido en África mucho antes.
Junto con pinturas figurativas y narrativas muy antiguas de Sulawesi, se está formando un nuevo consenso: que existía una historia de creatividad mucho más profunda y extendida, declaró Aubert a BBC News.
“Eso indica que los humanos habrían tenido esa capacidad durante mucho tiempo, al menos cuando salieron de África, pero probablemente antes”.
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