
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) sigue los pasos de Juan José Farías Álvarez, conocido con el alias “El Abuelo”, líder de la organización criminal Cárteles Unidos (CU), así como de los hermanos Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga, alias “El Pez” y “El Fresa, respectivamente, ambos dirigentes del grupo delincuencial La Nueva Familia Michoacana (LNFM).
Esta vigilancia puntual de inteligencia que la Sedena mantiene desde 2021, incluye información detallada de sus estructuras, círculos cercanos, domicilios y propiedades, según dan cuenta miles de correos internos hechos públicos por el grupo de hacktivistas Guacamaya. No obstante, cinco años después, siguen sin ser detenidos.

Paralelamente a este seguimiento de la Sedena —sin mayores resultados en territorio mexicano— al otro lado de la frontera ambos grupos criminales fueron designados como terroristas en 2025 y el gobierno estadounidense ofrece recompensas millonarias por la captura de sus dirigentes, aumentando la presión sobre México.
En el caso de Juan José Farías Álvarez, “El Abuelo”, el seguimiento por parte de la Sedena comenzó el 27 de agosto de 2021, cuando la dependencia remitió información a organismos de inteligencia donde lo señalaba como “jefe de una facción de la organización delictiva Cárteles Unidos con presencia en Tepalcatepec, Michoacán. Por “El Abuelo”, Estados Unidos ofrece 10 millones de dólares.
Los archivos de la Sedena, consultados por Animal Político, identifican a Farías Álvarez como uno de los principales responsables de la violencia en Tierra Caliente. También señalan que se dedica a la “elaboración y tráfico de droga sintética” y lo consideran “el “narcotraficante con mayor poder económico en la región”.
Algo clave es la recopilación de un cuadernillo de 65 hojas con información histórica sobre domicilios en los municipios michoacanos de Tepalcatepec, Los Reyes y Cherán, así como datos sobre su círculo familiar, vínculos personales, propiedades y antecedentes judiciales.
El documento señala también que el dispositivo telefónico que supuestamente usaba Juan José Farías Álvarez era un “Sony Xperia Z4, un modelo muy antiguo no compatible para su seguimiento técnico”.

El 4 de febrero de 2021, la Sedena incluyó en sus archivos información sobre los hermanos Hurtado Olascoaga. A Johnny, alias “El Pez”, lo identificó como el líder del grupo criminal “La Familia”, mientras que a José Alfredo, “El Fresa”, lo ubicó como el segundo al mando y “jefe regional” en diversos municipios del Estado de México. Sobre “El Pez”, además, hay dos órdenes de aprehensión por homicidios cometidos en 2014 y en 2018. Por cada uno de ellos, Estados Unidos ofrece una recompensa de 500 mil pesos.
En los archivos también se reporta que el 3 de julio de 2021, la Sedena identificó una red de radiocomunicación de una célula de La Nueva Familia Michoacana. El grupo, con aproximadamente 94 integrantes, se dedicaba al tráfico de drogas, secuestro, cobro de piso y control de minas.
“La célula del grupo delictivo ‘La Nueva Familia Michoacana’ cuenta con personal cooptado en las dependencias federales, estatales y municipales brindando información de las actividades que realizan elementos de dichas instituciones, detonándose una posible fuga de información por parte de servidores públicos“, señalan los archivos.
El monitoreo de sus comunicaciones en junio de 2021 reveló también que estos grupos mantienen la capacidad de trazar vínculos políticos y planes de agresión:

El reconocimiento explícito y las medidas adoptadas por Estados Unidos contra Cárteles Unidos y La Nueva Familia Michoacana, contrastan con la falta de contundencia de las autoridades mexicanas para frenar sus operaciones y la violencia que generan.
El 20 de febrero de 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos, designó a CU y LNFM como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTOs) y Terroristas Globales Especialmente Designados (SDGTs), cumpliendo una orden ejecutiva del presidente Donald Trump.
Desde ese día, Cárteles Unidos fue definida por Estados Unidos como una “violenta organización transnacional que se formó a partir de una alianza de múltiples cárteles (más pequeños) y otros grupos de Michoacán” con el objetivo de impedir la incursión del CJNG, y que ha causado “numerosas víctimas civiles, militares y de las fuerzas del orden”.
A la Nueva Familia Michoacana el Departamento de Estado la describió como una “organización sucesora” de La Familia Michoacana, con operaciones en Michoacán, Guerrero, Morelos y el Estado de México, y destacó que “además del narcotráfico, el secuestro y la extorsión, el LNFM ataca a funcionarios del gobierno y utiliza la violencia, incluidos ataques con drones y explosivos, para ejercer su control criminal y aterrorizar a las comunidades”.
Te puede interesar: EU y México: Trump despliega en un año ofensiva “antiterrorista” contra cárteles y eleva a 79 mdd recompensas por capos
La DEA calculó que La Nueva Familia Michoacana es responsable del transporte, importación y distribución de más 60 toneladas métricas de metanfetamina, heroína mexicana y cocaína, al año, desde México a los Estados Unidos.
En 2025 el Departamento de Estado ofreció 26 millones de dólares por cinco narcotraficantes de Cárteles Unidos, incluyendo hasta 10 millones de dólares por “El Abuelo”, y ofreció hasta 8 millones de dólares por la información que lleve al arresto de los hermanos Hurtado Olascoaga.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro también sancionó a Cárteles Unidos por la producción de opioides sintéticos y el uso de “artefactos explosivos improvisados, lo que ha causado la muerte de soldados mexicanos”.
En contraste, si bien internamente las autoridades de seguridad mexicanas han dado un seguimiento puntual a estos líderes criminales, públicamente han mantenido un silencio casi absoluto sobre ambos grupos: ni Cárteles Unidos ni La Nueva Familia Michoacana han sido mencionados una sola vez por las autoridades mexicanas en las conferencias de prensa matutinas de la presidenta Claudia Sheinbaum desde el inicio de su sexenio. El gabinete de seguridad del Gobierno Federal tampoco ha hecho mención pública de ninguno de estos cárteles.

Juan José Farías Álvarez, alias “El Abuelo”, líder de Cárteles Unidos/Cártel de Tepalcatepec, nació el 10 de agosto de 1970 en Apatzingán, Michoacán, de acuerdo con información oficial de la Sedena.
Hoy es considerado por las autoridades como el “narcotraficante con mayor poder económico en la región” liderando un grupo dedicado a la “elaboración y tráfico de droga sintética”. También realiza actividades lícitas de ganadería, producción de lácteos, y es comerciante/hotelero.
El 5 de marzo de 2009 fue detenido por primera vez por posesión de armas y “hashís”, una resina concentrada obtenida de la planta de cannabis, misma que contiene altas concentraciones de THC, y condenado a tres años de prisión en 2011 por delitos contra la salud y portación de armas, aunque fue absuelto del delito de delincuencia organizada.
También lee: Puedes leer: Ataques contra el narco “por tierra” podrían ser “en cualquier lugar”, incluido México, dice Trump
Fue nuevamente detenido en 2018 y liberado por un juez de control al no encontrar pruebas suficientes.
En entrevista con Animal Político, Víctor Sánchez, especialista en seguridad pública, explica que por esos años Juan José Farías Álvarez financió autodefensas y sirvió como punta de lanza para que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ocupara los espacios que dejó el grupo criminal de Los Caballeros Templarios.
Por ese motivo, se le relaciona con todas las organizaciones que han influido en Tepalcatepec (Los Valencia, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y el CJNG), manteniéndose vigente por su “arraigo y conocimiento de la región” y su capacidad de aliarse o abandonar organizaciones oportunamente.
Sin embargo, Farías Álvarez, junto a Los Viagras, se volvió “incómodo para el Cártel Jalisco Nueva Generación” lo que provocó una ruptura entre 2019 y 2021. Actualmente Cárteles Unidos no es una sola organización, sino un conjunto de grupos que “suman esfuerzos en Michoacán” contra el Cártel Jalisco Nueva Generación y mantienen alianzas cambiantes.
A partir de una alianza entre “Los Viagras”, “La Nueva Familia Michoacana”, “Blancos de Troya” y remanentes de “Caballeros Templarios Guardia Michoacana”, surgió “Cárteles Unidos”, cuyo propósito era “hacer frente y, en última instancia, expulsar al CJNG de la entidad (el principal bastión de este cártel en Michoacán es el puerto de Lázaro Cárdenas) y la ruta de ahí a Colima”.
“El Abuelo encabeza el Cártel de Tepalcatepec, el componente más fuerte de Cárteles Unidos, que no está enlistado por separado”, señala Víctor Sánchez.

Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga, alias “El Pez” y “El Fresa”, son identificados por la Sedena como líder de La Nueva Familia Michoacana y segundo al mando o “jefe regional” en el Estado de México, respectivamente.
Registros oficiales refieren que esta organización opera en el sur y oriente del Estado de México, en municipios de Michoacán (como Nueva Italia y Churumuco) y Guerrero (Arcelia, Tlapehuala y Tlalchapa, entre otros).
“Los hermanos Hurtado Olascoaga se hicieron del control total de la organización tras el arresto de José María Chávez Magaña, alias El Pony […] fueron clave en la expansión hacia Guerrero, concretamente en la zona de producción de opio”, fortaleciendo a una organización que “prácticamente había estado muerta”, recuerda Víctor Sánchez.
Hoy sus actividades delictivas incluyen el tráfico de drogas y armas, secuestro, extorsión a comerciantes, transportistas y empresarios, explotación ilegal de minas, trata de personas y robo de vehículos.
Para Víctor Sánchez, el “gran mérito” de La Nueva Familia Michoacana ha sido controlar gran parte de la producción de amapola en el país, incursionar en la producción de drogas sintéticas, y combinar esto con el delito de extorsión.
Sigue leyendo: La guerra por el cristal, el control del territorio y la disputa entre cárteles: los antecedentes de la masacre en Salamanca
Además, controlan mercados legales (como la venta de tortillas y huevo), a muchos alcaldes mediante sobornos o amenazas, y exigen porcentajes de las obras o contrataciones públicas.
El seguimiento de inteligencia que hace la Sedena detalla las operaciones, propiedades y vínculos de estos tres líderes de organizaciones criminales, pero el silencio oficial de México contrasta con la designación de ambos cárteles como organizaciones terroristas por Estados Unidos, manteniendo la impunidad de estos personajes prioritarios, a pesar de la información disponible.

Un equipo de buzos especializados tiene la peligrosa y lenta tarea de desminar las zonas del mar Negro que todavía siguen bajo control de Ucrania.
El mar Negro está plagado de armas mortales. Pero nadie sabe cuántas hay ni dónde están.
“Cuando nos acercamos a una, debemos guardar silencio, debemos ser lentos y debemos ser muy exactos”, cuenta Vitalii, moviendo su mano como una serpiente, a medida que describe cómo nada entre las aguas oscuras hacia los dispositivos explosivos que yacen en el suelo del mar.
El buzo ucraniano de 31 años, alto y de voz suave, es parte de un equipo de 20 personas con la tarea de desminar partes del mar Negro que aún están bajo control de Ucrania.
Las minas son uno de los legados más traicioneros y duraderos de la guerra. Continúan activas y mortales durante décadas; las que están en el mar presentan riesgos adicionales, ya que pueden dejarse llevar por las corrientes y las tormentas.
Las minas submarinas colocadas por Moscú al inicio de su invasión a gran escala, cuando los barcos rusos se acercaban a Odesa, no son diferentes. Y el peligro no es hipotético: el verano pasado tres nadadores murieron por la explosión de minas frente a la costa de Odesa.
El comandante del grupo de defensa contra las minas de la marina, un joven irónico de mirada aguda que se identifica como Fox (zorro), estima que el número de minas en el mar asciende a miles.
Pero no son los únicos peligros que acecha en las profundidades. Misiles, proyectiles de artillería, bombas y minas terrestres fueron arrastradas río abajo hasta el mar cuando la presa Kakhova fue volada en 2022. Estos artefactos también podrían explotar en cualquier momento.
“Si hablamos en general de artillería no detonada -misiles, proyectiles de artillería, bombas aéreas- el número total será mucho más alto” que varios miles, indica Fox.
El trabajo de su equipo es tan peligroso como vital.
A pesar de la magnitud de la contaminación, el tráfico marítimo no ha parado, y un número significativo de barcos mercantes todavía opera en el único corredor de exportación marítima que parte de Ucrania.
Para Ucrania, el esfuerzo por despejar el suelo del mar es parte de un intento más amplio de mantener los puertos en el mar Negro activos, particularmente por barcos comerciales que generan un flujo muy necesitado de ingresos.
Apoyados por un ejército enorme, Moscú logra mantener más o menos el control del frente de guerra; pero en el mar, Ucrania ha logrado emparejar las condiciones en el terreno de juego.
Desde un café que da al golfo de Odesa, el portavoz de la marina, Dmytro Pletenchuk, señala el mar que se extiende más allá de la ventana.
“Hay paridad en el dominio marítimo en este momento”, afirma.
“Encontramos maneras de golpearlos; ellos buscan maneras de contraatacarnos. Lo que funciona hoy no funcionará mañana, para ambos lados. Ellos adoptan nuestra experiencia, nosotros la de ellos”.
Los barcos ucranianos no pueden desplazarse más allá del área que rodea a Odesa porque Rusia controla gran parte de la costa.
Y Moscú también parece haber llegado a la conclusión de que sacar muchos barcos de sus bases navales en el mar Negro supone un gran riesgo, ya que estarían al alcance de los ataques aéreos ucranianos.
En 2024, Rusia retiró su último barco de patrullaje de la península ocupada de Crimea.
“Aunque Rusia tenga una ventaja en tierra y en el aire, no lo tiene en el mar”, añade.
“Aquí, la principal táctica rusa, la masa, no funciona”.
“La guerra naval es tecnológica. No puedes dominar una zona con ‘carne'”, asegura Pletenchuk, usando el término para referirse al gran número de soldados con los que cuenta Rusia.
El empate en el mar ha permitido que las exportaciones por mar de Ucrania continúen y se mantenga abierto el llamado “corredor del cereal”.
Lo que sale por mar representa más de dos tercios de las exportaciones agrícolas de Ucrania que, según unos informes, suman un total de US$9.000 millones. Es una fuente de ingresos esencial para Ucrania.
Aunque los ataques aéreos siguen siendo una realidad cotidiana, las embarcaciones continúan navegando en la zona.
“A juzgar por el hecho de que el tráfico naviero no ha decaído, (las empresas comerciales) están dispuestas a tomar estos riesgos”, indica Pletenchuk, señalando dos buques grandes que se desplazan en el horizonte.
Ahora, mantener viables las rutas marítimas también depende de que se despeje la amenaza bajo la superficie.
Las minas y artillería sin explotar siguen siendo una herramienta pasiva que Rusia puede utilizar para afectar el tráfico marítimo, aún sin tener el propio control del mar Negro.
Ahí es donde aparecen los buzos como Vitalii.
“Nos movemos con cuidado y muy lentamente para que la mina no detone”, explica Vitalii, describiendo el arduo y lento proceso de desminado. “Te mueves un segundo, luego te quedas quieto un tiempo, y repites eso hasta llegar al objeto”.
“Generalmente, hay hasta 20 metros antes de llegar hasta el objeto, así que te puedes imaginar todo el tiempo que se tarda en acercarse a él”.
Pero antes de que la misión submarina para desminar pueda siquiera comenzar, el grupo de Vitalii debe identificar el objeto, ya que hay misiles y un sinfín de bombas de la Segunda Guerra Mundial sin explotar que yacen en el lecho del mar al lado de las minas rusas.
El comandante Fox explica que las minas generalmente se clasifican en dos categorías: minas de contacto, que detonan al golpearse, y minas de influencia, que explotan cuando sus sensores detectan cambios de sonido, presión o magnetismo.
“Normalmente, el sensor acústico es el que está activado”, indica. “Si escucha un sonido, puede activar otro sensor”.
Los grandes barcos comerciales son particularmente vulnerables a las minas magnéticas, que responden a los cambios del campo magnético.
“La mina yace en el fondo y explota cuando una embarcación grande se acerca”, cuenta Fox, imitando el chasquido de dos imanes que se juntan de golpe. “Hasta ese momento, simplemente espera”.
Los dos buzos se acercan a cada dispositivo en silencio absoluto, utilizando respiradores de circuito cerrado que no emiten burbujas. Una vez identifican una mina, la detonación misma suele tomar lugar al día siguiente.
Vitalii explica que los sensores se desactivan inicialmente por medio de una serie de explosiones controladas, con la primera a unos 10 metros de distancia. Solo entonces se pueden acercar los buzos al dispositivo en sí. La decisión final -de mover la mina o destruirla en el sitio- la toman en el cuartel general.
Esta operación quirúrgica requiere dos días, varias embarcaciones y el trabajo de 20 personas, todos operando bajo la constante amenaza de misiles y drones rusos, tanto aéreos como marinos, que fácilmente podrían hacer detonar las minas.
Durante los ataques aéreos, las señales de GPS se codifican, lo que hace imprecisas las lecturas del sonar.
Desminar el mar no es imposible, pero hacerlo en medio del combate activo incrementa el riesgo considerablemente. “Todo puede salir mal”, señala Fox.
Vitalii asiente. Una vez, recuerda, cuando se acercaba a una mina usando el sonar, otro objeto apareció en su pantalla, desplazándose lentamente en la oscuridad.
Al principio pensó que podría ser un dron submarino ruso, y que la mina detonaría. Después, dio la vuelta y vio cuatro o cinco delfines que pasaban a su lado nadando.
“Hermoso, sí”, reconoce, abriendo los ojos. “Pero no en ese momento”.
Según Pletenchuk, el grupo de desminado neutralizó más de 50 minas en 2025, sólo una fracción del total.
En 2023, la Marina Británica donó a Ucrania dos embarcaciones buscaminas que podían acelerar la labor, pero debido a que los barcos grandes en el mar Negro son un objetivo fácil, continúan atracadas en Reino Unido y no serán desplegadas hasta que se acuerde un cese el fuego. Dos años después de que las dos embarcaciones fueran entregadas, esa posibilidad sigue siendo remota.
En las actuales condiciones, dice Vitalii, el despeje del lecho marino tomará decenas de años.
A pesar de los riesgos, los ingresos generados por las exportaciones marítimas serán cada vez más esenciales para Ucrania cuanto más se prolongue la guerra. Así que los buzos como Vitalii continuarán regresando al agua, alternando entre el movimiento y la quietud a medida que nadan hacia el peligro.
Con reportería adicional de Liubov Sholudko.
Haz clic aquí para leer más historias de BBC News Mundo.
Suscríbete aquí a nuestro nuevo newsletter para recibir cada viernes una selección de nuestro mejor contenido de la semana.
Y recuerda que puedes recibir notificaciones en nuestra app. Descarga la última versión y actívalas.