
En TikTok circulan imágenes de una supuesta bienvenida a las fuerzas especiales estadounidenses Navy SEALs en su llegada a México. Pero el video fue sacado de contexto.
En realidad, el video original fue grabado en la base aérea del Cuerpo de Marines de New River, ubicada en Carolina del Norte, Estados Unidos, hace casi seis años, en marzo de 2020.
Y aunque la presidenta Claudia Sheinbaum autorizó el ingreso de estas fuerzas armadas a territorio nacional para un curso de adiestramiento dirigido al personal de la Marina, que se realizó el 12 de enero de 2026, este no corresponde a un hecho actual.
El video desinformante cuenta con al menos 12,000 “me gusta” y más de 300,000 visualizaciones en TikTok; además, en los comentarios los usuarios aseguran que, “en México, pronto los cárteles ya no existirán”.
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Mediante una búsqueda inversa en Google Lens detectamos que el video utilizado en la publicación desinformante fue grabado en Estados Unidos y publicado el 17 de marzo de 2020 por el canal de YouTube MOTORIZADO, el cual se dedica a difundir “información detallada, análisis históricos y los últimos avances en tecnología y operaciones militares”.
La descripción del video original explica que helicópteros CH-53E Super Stallion del Cuerpo de Marines transportaron a elementos de la 22.ª Unidad Expedicionaria de Marines a la base aérea de New River, en Carolina del Norte.
Esta Unidad Expedicionaria de Marines no pertenece a los Navy SEALs, pero ambas son fuerzas de élite que operan bajo órdenes del Departamento de la Armada de Estados Unidos.
La búsqueda inversa también arrojó que el fragmento que utiliza el video desinformante corresponde al aterrizaje de un MH-53E Sea Dragon, el principal avión de contramedidas aéreas de la Armada de los Estados Unidos.
Según la página web Military.com, el MH-53 puede operar desde portaaviones y otros buques de guerra, y es capaz de remolcar diversos sistemas de contramedidas de búsqueda y barrido de minas, incluido el trineo magnético de barrido de minas.
De acuerdo con el medio Proceso, en diciembre de 2025 la presidenta Claudia Sheinbaum solicitó autorización al Senado de la República para el ingreso a territorio nacional de 29 elementos —19 de la Fuerza de Operaciones Especiales Navy SEALs y diez del 7º Grupo de Fuerzas Especiales de la Marina estadounidense— para un curso de adiestramiento para personal de la Marina de México.
La nota detalla que los elementos estadounidenses ingresarán a territorio nacional con armamento y en la aeronave militar “Hércules C-130” de la Fuerza Aérea de la Unión Americana el 12 de enero de 2026, en el Aeropuerto Internacional de Toluca, Estado de México, y regresarán a su país el 15 de abril, despegando desde el mismo aeropuerto.
Actualmente, estos 19 elementos pertenecientes a las fuerzas especiales Navy SEALs están por iniciar la primera fase del curso, que se llevará a cabo del 19 de enero al 13 de febrero de 2026. El programa lleva por nombre Operaciones Terrestres y se realizará en el Centro de Entrenamiento Avanzado de la Marina, ubicado en Donato Guerra, Estado de México.
Cabe destacar que en diversas ocasiones la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha reiterado que “la lucha contra el crimen organizado y el tráfico de drogas y armas debe ser una responsabilidad compartida entre México y Estados Unidos”, además de rechazar la participación directa de tropas o agentes estadounidenses en territorio nacional.
Fundados por el expresidente John F. Kennedy en 1962, los Navy SEALs son una fuerza militar marítima de élite apta para todos los aspectos de la guerra no convencional.
De acuerdo con la página web de la Marina estadounidense, entre sus funciones, los Navy SEALs pueden:
En conclusión, el video del supuesto arribo de las fuerzas Navy SEALs fue sacado de contexto porque el clip original fue publicado en marzo de 2020 en Carolina del Norte; en tanto, las fuerzas especiales Navy SEALs llegaron a México el 12 de enero de 2026 con autorización de la presidenta Claudia Sheinbaum.
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Durante el esperado encuentro entre María Corina Machado, la líder opositora venezolana y el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, Machado le “presentó a Trump su premio Nobel de la Paz. ¿Puede realmente ofrecérselo?
Para un presidente que le encanta pararse frente a las cámaras, la visita de la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz María Corina Machado fue, como mínimo, atípica.
Fue un encuentro breve y a puertas cerradas, que se desarrolló lejos de la presencia de los periodistas.
“Sepan que contamos con el presidente Donald Trump para la libertad de Venezuela”, comentó Machado poco después de la reunión.
“Me impresionó mucho lo claro que está. Cómo conoce la situación de Venezuela, cómo le importa lo que está sufriendo el pueblo de Venezuela”, añadió más tarde, al salir de una reunión con un grupo de legisladores en el Capitolio.
Pero no fue solo generosa en elogios con el presidente Donald Trump: durante el encuentro le osbsequió la medalla del Nobel de la Paz que recibió en diciembre como “un reconocimiento por su compromiso único con nuestra libertad”.
“Le dije: ‘Hace 200 años, el general Lafayette le entregó al presidente una medalla con la cara de George Washington a Simón Bolívar, que siempre atesoró. Justo 200 años después, la gente de Bolívar le está devolviendo a Washington una medalla en reconocimiento”, explicó la opositora.
“El hecho de que este gesto tenga lugar dos siglos después, casi como un espejo histórico, le otorga un poder simbólico excepcional”, agregó Machado en un comunicado publicado tras el encuentro.
Horas después, Trump confirmó en un mensaje en su red social Truth Social que había recibido el galardón de manos de Machado.
Y para acallar cualquier tipo de especulación la Casa Blanca publicó más tarde una foto de Machado de pie junto a Trump en la Oficina Oval mientras sostiene la medalla en un marco grande.
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Si bien el gesto suscitó muchas preguntas, no fue una sorpresa para nadie.
Machado había anunciado la semana pasada su intención de compartir el premio más prestigioso del mundo que recompensa los esfuerzos diplomáticos en pos de la paz con el presidente estadounidense.
¿Pero puede realmente hacerlo?
La respuesta del Instituto Noruego de los Nobel es clara como el agua.
“Una vez anunciado el premio Nobel, no puede ser revocado, compartido ni transferido a otras personas”, afirmó en un comunicado.
“La decisión es definitiva y válida para siempre”, dijeron.
La organización también señala que los comités que otorgan los premios Nobel nunca han considerado revocar un premio.
También, por principio, no comenta lo que dicen o hacen los ganadores del premio Nobel de la Paz tras recibirlo.
Hasta el momento, fiel a lo que dice en su sitio web, la organización no ha hecho comentarios específicos sobre el gesto de Machado.
No obstante, los medios noruegos, así como numerosos expertos no dan crédito a la noticia.
“Es completamente inaudito”, comentó Janne Haaland Matlary, profesora de la Universidad de Oslo y expolítica, a la emisora pública NRK, y añadió “es una total falta de respeto por el premio”.
“Esto es increíblemente vergonzoso y perjudicial para uno de los premios más reconocidos del mundo”, escribió en sus redes sociales Raymond Johansen, secretario de la ONG Ayuda Popular Noruega y exconcejal de Oslo.
Independientemente de lo que establecen las bases del premio Nobel, en el pasado ha habido medallas que han cambiado de manos, una nominación retirada y otras que han sido rechazadas.
El diplomático vietnamita Lê Đức Thọ, por ejemplo, fue galardonado junto con el entonces secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger en 1973, por haber negociado el alto el fuego en la Guerra de Vietnam.
Sin embargo, se negó a aceptarlo argumentando que el otro bando había violado la tregua.
En 2014, el desacreditado científico estadounidense James Watson subastó la medalla que recibió en 1962 junto con Maurice Wilkins y Francis Crick por descubrir la estructura del ADN, convirtiéndose en el primer galardonado que vende en su premio.
Watson argumentó que se había desecho de la medalla porque había sido condenado al ostracismo por la comunidad científica tras hacer comentarios racistas en una entrevista en 2007.
Leon Lederman, un físico experimental de EE.UU. que ganó el Nobel de Física en 1988 junto con dos colegas, decidió en 2015 subastar su medalla, ganada tras el descubrimiento de una partícula subatómica llamada neutrino muónico.
El dinero obtenido fue utilizado para comprar una cabaña de madera cerca del pequeño pueblo de Driggs, en el este de Idaho, para irse de vacaciones.
Más recientemente, en 2022, el periodista ruso Dmitry Muratov subastó su Nobel de la Paz por US$103.5 millones para recaudar fondos para los niños refugiados de Ucrania.
El “regalo” de María Corina Machado a Trump no fue la primera ocasión en que un premio nobel se convirtió en obsequio.
En 1954, el escritor estadounidense Ernest Hemingway obtuvo el Nobel de Literatura por obras como “El viejo y el mar”, que narra la historia de un pescador cubano que capturó un pez gigante.
Debido a problemas de salud, el escritor y periodista no viajó a Suecia para la ceremonia y fue el embajador sueco en Cuba quien le entregó la medalla y el diploma en su casa cerca de La Habana.
Años después, Hemingway donó la medalla y el diploma al pueblo de Cuba, poniéndolos al cuidado de la Iglesia Católica de El Cobre.
La medalla fue robada y recuperada rápidamente en 1986. Hoy solo permanece el diploma en exposición.
Mientras que el premio no puede ser transferido o revocado, existe la posibilidad de retirar una nominación.
Los archivos del Instituto Nobel Noruego guardan una historia curiosa de 1939, en la que un malentendido llevó a sus organizadores a esta situación.
Ese año, 12 parlamentarios suecos nominaron al primer ministro británico Neville Charmberlain al Nobel de la Paz
Argumentaban que Chamberlain había salvado la paz mundial mediante el Acuerdo de Múnich con Adolf Hitler en septiembre de 1938, cuando la región checoslovaca de los Sudetes fue entregada a Alemania.
Tres días más tarde, el parlamentario sueco y líder socialdemócrata Erik Brandt envió una carta al Comité del Nobel explicando que quien debía ser nominado era Hitler.
La nominación generó indignación y una ola de protestas en el país.
Brand fue calificado de “loco, torpe y traidor a los valores de la clase trabajadora”, según explica el sitio web de los Nobel.
Su nominación tenía la intención de ser irónica, explicó Brandt en una entrevista.
El parlamentario escribió que al nominar a Hitler buscaba, mediante el uso de la ironía, “clavarlo en el muro de la vergüenza como enemigo número uno de la paz en el mundo”.
Pero al observar que las reacciones a su propuesta habían sido tan violentas y que la mayoría no había captado su intención, decidió enviar una carta al comité para retirar su nominación.
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