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Puerto Rico es territorio de Estados Unidos, pero también símbolo de resistencia latina
Puerto Rico es territorio de Estados Unidos, pero también símbolo de resistencia latina
Desde 1917, los puertorriqueños también son ciudadanos estadounidenses. Foto: AFP.
7 minutos de lectura

Puerto Rico es territorio de Estados Unidos, pero también símbolo de resistencia latina

Mientras Donald Trump revive un discurso de control hemisférico, Puerto Rico surge como un símbolo de resistencia en Latinoamérica. La isla es parte de Estados Unidos; sin embargo, su situación política, económica y cultural la ha convertido en un símbolo de distancia frente a la potencia norteamericana.
28 de febrero, 2026
Por: Emilio Flores Escalona
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Puerto Rico no es un país independiente, pero tampoco es un estado como Texas o California, más bien se encuentra en una categoría jurídica intermedia conocida como Estado Libre Asociado. El nombre sugiere soberanía, pero en términos constitucionales la isla es un territorio estadounidense no incorporado, es decir, tiene gobernador, legislatura y administración propia, pero las decisiones últimas siempre residen en el Congreso de Estados Unidos.   

A diferencia del caso de las Islas Marshall, que son un país soberano en libre asociación, o del de Hawái, que es un estado plenamente incorporado, Puerto Rico es parte del territorio estadounidense, pero sin estar integrado al pacto federal. 

Una ciudadanía parcial con identidad completa 

Desde 1917, los puertorriqueños también son ciudadanos estadounidenses. Dicho estatus les permite tener el mismo pasaporte, acceder a fondos federales y tener una economía integrada a la del resto de Estados Unidos. Sin embargo, si viven en la isla no tienen derecho a votar por el presidente ni elegir congresistas con derecho a voto. Su única representación federal es un comisionado residente que no puede votar en el pleno.      

Según análisis del Pew Research Center, esta condición coloca a Puerto Rico en una situación única en el mundo: ciudadanía sin representación política plena. Un puertorriqueño puede ejercer voto en las decisiones de la isla… siempre y cuando no viva en ella. Desde entonces, una problemática ha sido planteada por diversos expertos: ¿cómo se puede ser plenamente ciudadano y, al mismo tiempo, estar políticamente subordinado? 

La internacionalista y comunicadora Dessy Gutiérrez lo explica así: “En ese sentido, sí es una ciudadanía parcial porque, si resides en la isla, no tienes la capacidad de tomar un voto decisivo para aquellas personas que puedan velar por tus intereses. La única vez que tienen la capacidad de votar por alguien es si vives en un estado que se ha incorporado a Estados Unidos. Entonces es ahí donde sí vemos esta contraparte desigual”.

Para el resto de Estados Unidos, incorporar a Puerto Rico como estado implicaría otorgarle representación completa en el Congreso. Pero reconocer su soberanía implicaría perder un control estratégico sobre la isla. La zona gris en la que se mantiene ofrece más ventajas a Washington que una redefinición de su situación jurídica. Mientras tanto, los costos políticos, sociales y económicos los absorben los puertorriqueños.

“Sabemos que indudablemente a quien le conviene tener en sus manos a Puerto Rico es Estados Unidos, y más en materia fiscal y económica. Es muy cómodo poder tener la apropiación de un territorio que es jugoso en recursos naturales sin darle representación directa en Senado y Congreso”, explica la especialista.

Así, Puerto Rico queda en la ambivalencia: es parte del territorio estadounidense, pero marginado del “Estados Unidos continental”.

El trato actual hacía Puerto Rico

Desde 2004 la población de Puerto Rico ha caído desde cerca de 3.8 millones hasta alrededor de 3.2 millones en 2025, según estimaciones del U.S. Census Bureau. Al mismo tiempo, más puertorriqueños, aproximadamente entre 5.8 y 6.1 millones, residen hoy en los 50 estados y Washington, D. C. que en la propia isla.

El gobierno ha impulsado incentivos fiscales bajo la Ley 60 para atraer capital estadounidense. Sin embargo, esta política ha tenido efectos en la especulación inmobiliaria y en el desplazamiento de residentes locales. La legislación permite que grandes inversionistas estadounidenses paguen 0 % en impuestos si establecen residencia en la isla al menos 183 días al año, adquieran una propiedad y realicen aportaciones a organizaciones sin fines de lucro. 

En el papel, la medida se presentó como una estrategia para dinamizar la economía tras los desastres naturales y la crisis fiscal. No obstante, un informe citado por Associated Press, basado en evaluaciones de la Government Accountability Office, pone en duda que estos incentivos generen un impacto positivo en la economía local. 

En “Puerto Rico: paraíso de gringos, infierno de boricuas”, AJ+ Español documentó cómo zonas específicas han sido prácticamente privatizadas por estos nuevos residentes, incluidos accesos restringidos a playas y áreas naturales. La también activista lo explica de esta manera:

“La ley 60 busca atraer inversionistas de alto poder adquisitivo para que tengan 0 % de impuestos sobre ganancias de capital. Pero esto ha avanzado muchísimo la gentrificación y el desplazamiento de locales en zonas que ahora son zonas de lujo cuyos precios son impagables. Incluso estos inversionistas no están obligados a aprender español y, como consideran que sigue siendo Estados Unidos, en la práctica obligan a los locales a hablar todo el tiempo inglés”.  

El fenómeno se asemeja a procesos que han ocurrido en otros países de América Latina: especulación inmobiliaria, exenciones fiscales totales y privatización de espacios naturales. El trato hacia Puerto Rico se parece más al que tienen con cualquier otro país latino rebasado por la potencia estadounidense. La diferencia es que, en teoría, Puerto Rico sí es parte de Estados Unidos.

Capital externo, desplazamiento de residentes locales y una presión cultural que privilegia el inglés sin fomentar el español evidencian el trato desigual entre dos identidades que comparten el mismo pasaporte.

Identidad nacional sin estado soberano

Puerto Rico cuenta con una bandera, lengua dominante, símbolos culturales propios y una memoria histórica marcada por la Conquista. La isla cumple con lo que Dessy Gutiérrez describe como una “identidad nacional sin estado soberano”.

“A nivel puertorriqueño se denomina este fenómeno como una identidad nacional sin estado soberano. Tienen todos los elementos para ser un país propio, con bandera y población, pero la relación política con Estados Unidos no los deja. A pesar de ello, los puertorriqueños siguen sosteniendo su soberanía, que no son completamente gobernables y cuya parte cultural nadie la toca”.

En el pasado hubo intentos directos de asimilación por parte de Estados Unidos. La llamada Ley Mordaza de 1948 prohibía el uso de la bandera puertorriqueña, penalizaba cantar canciones independentistas y criminalizaba expresiones que aludieran a la soberanía. Lejos de borrar la identidad, estos episodios la reforzaron.La confrontación con Estados Unidos, que posee el ejército más grande del mundo, dejó de ser armada y evolucionó hacia el terreno cultural.

La cultura como declaración política

El reguetón se convirtió en una exportación global sin depender del marco cultural estadounidense. A través de la música, la identidad boricua se internacionalizó. Hoy es difícil no escuchar de Bad Bunny, Ricky Martin o Daddy Yankee, artistas puertorriqueños que no ocultan su orgullo nacional ante el mundo pop.

El ejemplo más reciente fue la presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl LX. Con símbolos nacionales, referencias a la crisis energética y una bandera en tono azul claro asociada con el independentismo, el espectáculo fue una afirmación cultural dentro del escenario mediático más grande de Estados Unidos.

No fue un acto separatista ni un ataque político explícito contra la política hemisférica de Donald Trump, sino algo más complejo e igual de potente: una declaración de identidad basada en la unión de todo el continente. “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, decía la pancarta que cerró el show. Mientras tanto, banderas de países de toda América, incluidos Estados Unidos y Canadá, ondeaban bajo esa misma frase en el país que recientemente acaba de declarar una guerra comercial al mundo. 

Dessy Gutiérrez concluye: “Las movilizaciones independentistas fueron violentadas muchas veces a través de la historia, pero eso generó otras formas de pelear. No nada más es resistir al poder que intenta cambiarte, sino seguir reforzando el hecho de que no vas a cambiar. Creo que esa identidad se ha vuelto cada vez más fuerte. Es una forma de resistir sin violencia y de decir: en nuestra cultura nadie nos toca”.

En un momento en que Washington redefine su discurso de control hemisférico, la isla funciona como espejo regional de resistencia a pesar de que jurídicamente es parte de su territorio. Un discurso que no adopta la forma de una ruptura política, sino que nace y se sostiene en la cultura, en la identidad y la unidad.

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Imagen BBC
Cómo Guadalajara se convirtió en la “casa elegida” del narcotráfico en México y qué rol tuvo “El Mencho” y el CJNG
6 minutos de lectura

Aunque muchos narcotraficantes viniesen de otras regiones, la ciudad de Guadalajara ha sido la base práctica y simbólica del auge del narco en México. Nadie lo demostró tanto como el El Mencho.

25 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Mario, vecino del municipio de Tlaquepaque, en Guadalajara, hace fila en una tortillería el lunes en la tarde. “Son compras de pánico”, dice, ante una cola kilométrica.

El domingo, las autoridades mataron a “El Mencho”, el narco más buscado del país, y en represalia su gente sitió la ciudad con bloqueos, quemas y enfrentamientos.

Después de tres horas, con sus tortillas bajo el brazo, Mario explica: “Ayer la violencia estuvo muy cerca y hoy ya menos, pero el temor sigue y la gente se prepara para cualquier evento que pueda regresar”.

Él hizo la fila para las tortillas, una de sus hijas para el pollo, su esposa para las verduras.

La calma ha ido volviendo a la capital de Jalisco, el estado que da nombre al cartel que lideraba El Mencho: Cartel de Jalisco Nueva Generación. Pero, según Mario, que como conductor de taxi conoce las calles y la gente de primera mano, “el temor persiste”.

“Este tipo de medidas (matar a un capo del narco) tal vez son necesarias, urgentes, pero los más golpeados somos la ciudadanía, los que trabajamos en la calle. Ya son 15 años de esto”.

15 años, tal vez más, en los que Guadalajara se convirtió en la capital del narco: allí donde lavan la mayor parte de sus ganancias, desaparecen más personas que en cualquier parte y controlan regiones enteras en las que montan centros de reclutamiento y entrenamiento militar.

“En casi todas las colonias de la zona metropolitana se han encontrado fosas de cuerpos, y se ha ejecutado y torturado gente”, asegura Mario. “Es muy triste lo que se ha vivido en nuestro estado”.

Monumento a los Niños Héroes en Guadalajara
Getty Images
Jalisco es el estado con más desaparecidos de México. Un viejo monumento a los Niños Héroes es hoy conocida como “la glorieta de los desaparecidos”

Capital del narco ascendente

A Guadalajara, una de las tres sedes mexicanas del Mundial de fútbol 2026, se le conoce como “la segunda ciudad de México” por muchas más razones que su población, cuyo número, entre 5 y 6 millones de habitantes, es el mismo que Monterrey.

Es la segunda ciudad, también, por historia, porque durante la Colonia y el siglo XIX se fundó allí un polo de poder, económico y cultural, tan fuerte como Ciudad de México.

En algún sentido es incluso la primera ciudad, porque de ahí sale la cultura mariachi, ranchera y tequilera que le dio fama al país.

Y en lo que al narco se refiere también: al ser el eje geográfico y económico de una vasta región cercana a Estados Unidos que incluye relevantes estados como Sinaloa, Guanajuato y Michoacán, los narcos hicieron de la capital jalisciense su base durante el auge de la industria en los años 80 y 90.

“Desde que tengo recuerdo esta ciudad está atravesada por el narco”, dice Verónica López García, una experimentada periodista cultural de la ciudad. “Primero fue su casa elegida, lo que nos dio una falsa seguridad, y luego nos convirtieron en un campo de guerra, en un territorio en disputa”.

Guadalajara
Getty Images
Guadalajara estará en el foco de atención en pocos meses, cuando se jueguen allí cuatro partidos del Mundial de fútbol.

Lo que ocurrió el domingo por la caída de El Mencho no fue la primera vez que la ciudad vive una ola de violencia, aunque sí una de las más graves.

Entre los ejemplos en la memoria de los tapatíos están el Rancho Aguirre, un centro de entrenamiento paramilitar encontrado a 30 kilómetros el año pasado; o la cifra de desaparecidos, que en Jalisco registra cerca de 16.000; o las veces que aparecieron cuerpos colgados de un puente; o la muerte del arzobispo en un tiroteo entre bandas del narco en 1993.

En 1985 ocurrió un caso clave: el narco mató a Enrique “Kike” Camarena, un agente mexicano-estadounidense de la DEA (Administración de Control de Drogas) que estaba investigándolo.

Un golpe de poder con el que el narco, en ese entonces en manos del Cartel de Guadalajara, quiso mostrar su poderío en una ciudad donde hasta entonces había mantenido el bajo perfil.

Zapopan
Getty Images
Zapopan es el municipio más rico de Guadalajara. Allí también hubo violencia tras la muerte de El Mencho.

La llegada agria a la modernidad

En estas tres décadas Guadalajara vivió un boom inmobiliario y reemplazó su vocación industrial por una economía de los servicios y la tecnología, y en ambos procesos el narco tuvo cierta participación.

El Mencho no solo traficó metanfetamina y fentanilo, sino que construyó un imperio criminal con sofisticadas operaciones de lavado de activos y extorsión.

El Departamento del Tesoro de EE.UU. estima que ocho de cada 10 negocios utilizados para lavar dinero en México ocurren en Jalisco y que 106 de 136 empresas ligadas al lavado de dinero están allí.

También calcula que el 80% de las empresas dedicadas al lavado en México están relacionadas con el CJNG.

Es difícil que esto ocurriera sin la complicidad de élites gobernantes.

En el caso Camarena se comprobó que oficiales estatales omitieron importantes detalles y encubrieron a algunos de los acusados. Con frecuencia surgen casos de policías destituidos por colusión con el narco. Al alcalde del emblemático municipio de Tequila lo arrestaron por lo mismo.

Jalisco es uno de los estados con mayor impunidad del país: la tasa de casos no resueltos por el poder judicial es, según un estudio de la Universidad de Guadalajara, del 99%.

Guadalajara
Getty Images
Un carro quemado, y detrás la “Inmolación de Quetzalcóatl”, del artista Víctor Manuel Contrera.

El narco convertido en cultura

De muchas maneras, Guadalajara no fue tomada por el narco: fue cedida. Los narcos se volvieron parte de la sociedad. Sus hijos entraron a los colegios.

Surgieron lujosos barrios y centros comerciales que hasta el más ingenuo de los tapatíos ve como parte del fenómeno narco.

Surgió una cultura con manifestaciones musicales, estéticas, incluso aspiracionales que para muchos en Jalisco era la única vida posible: la “cultura buchona”, esa estética y estilo de vida ostentosos que traspasaron las fronteras del narco.

“Cuando estaba en la preparatoria, a finales de los 80, vi los primeros indicios de esto, de gente con autos de lujo, que iban a Puerto Vallarta de vacaciones”, dice López García.

“Eventualmente decidí no ser parte, no ir a tal fiesta, así quisiera, porque sabía que algún vínculo con el narco tenía”.

Pero no todos tienen la posibilidad de tomar esa decisión, advierte Verónica: “O porque es la única solución económica, o porque es lo que te exige la cultura, hay mucha gente, muchos chavos, que lo asumieron como parte del paisaje”.

Guadalajara
Getty Images
Las filas este lunes en Guadalajara.

En una región desigual donde el trabajo informal es la norma, tranzar con el narco fue la única opción para muchos campesinos, pequeños emprendedores o jóvenes deseosos de surgir.

“Soy el dueño del palenque, cuatro letras van al frente”, dice un corrido dedicado a El Mencho.

Las cuatro letras son las del CJNG y la canción es una oda al líder: “Soy el señor de los gallos, el del cártel jalisciense”.

El líder cuya muerte revivió el trauma histórico de Guadalajara, la ciudad que el narco convirtió en su casa.

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BBC

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