
Para entender mejor
En México, tres de cada 10 mujeres que se declararon madres son jefas de hogar, según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Esto significa que ellas se encargan de los regalos para sus hijas e hijos el 6 de enero, Día de Reyes.
Son Reinas Magas sin capa ni corona que mantienen viva esta tradición basada en que Melchor, Gaspar y Baltasar, unos magos que venían de Medio Oriente, llevaron hasta el pesebre del niño Jesús, nacido en Belén, regalos como oro, incienso y mirra.
“Santa Claus es hombre, los Reyes Magos son hombres y así nos vamos en la historia con que todos los que son nombrados siempre es en masculino”, señala en entrevista Samantha Báez, directora y cofundadora de Casa Gaviota, una asociación civil que contribuye a la erradicación de la violencia de género para que ninguna mujer viva ningún tipo de violencia, desigualdad o discriminación.
En México se acostumbra que las infancias escriban en una carta a los Reyes Magos lo que les gustaría recibir como regalo, además de informarles cómo se portaron durante el año. La carta la colocan en un zapato en el nacimiento o en el árbol de navidad, la envían en globo o mediante el servicio del Palacio Postal.
La magia del Día de Reyes ocurre gracias a las mujeres, pues aunque no sean madres autónomas o jefas de familia son ellas quienes dedican mayor tiempo al trabajo de cuidados. Según el estudio español III Barómetro de Navidad de Cheerz, 90% de las madres afirma encargarse de los regalos, desde la planificación hasta la compra final.
“Aunque no sea una madre autónoma, aunque esté en una relación de pareja, aunque sea una madre dependiente económicamente, la realidad es que todo el trabajo que tiene que ver con los Reyes Magos y con las fiestas decembrinas recae directamente sobre las mujeres”, agrega Báez y explica que en el caso de los hombres que participan lo ven como una ayuda, pero no como una corresponsabilidad.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, al tercer trimestre de 2025, se estimaba una población total de 68,266,101 mujeres en México. De ellas, 54,710,168 tenían 15 años o más.
El Sabueso analizó que, de ese total de mujeres de 15 años o más, 24,276,715 eran parte de la población ocupada (es decir, personas que trabajaron en la semana anterior a la entrevista del Inegi o que no trabajaron pero mantenían un vínculo laboral con su empleador).
De ese total de mujeres ocupadas de 15 años o más 2,150,579 eran solteras y tuvieron de uno a dos hijos; 2,018,990 tuvieron pareja alguna vez y de uno a dos hijos; 621,699 eran solteras y tuvieron de tres a cinco hijos; 1,807,908 tuvieron pareja alguna vez y tuvieron de tres a cinco hijos; 44,802 eran solteras y tuvieron seis o más hijos; y 274,284 tuvieron pareja alguna vez y tuvieron seis o más hijos.
Por tanto, se puede estimar que tres de cada 10 mujeres ocupadas (28.49%) son jefas del hogar (es decir, 6,918,262 mujeres ocupadas de 15 años o más con uno o más hijos que eran solteras o alguna vez tuvieron pareja). Ellas son las Reinas Magas y su trabajo empieza desde antes del 6 de enero.
“Va desde que los hijos empiezan a hacer sus cartitas y entonces la mamá está ahí con ellos viendo qué quieren, planeando la compra, la envoltura, el estar presente cuando abren los regalos y, después, recoger todo”, enlista la especialista en igualdad de género.

Estadísticas del Inegi revelan que la tasa de participación económica de las madres de 15 años y más es de 46.1% y, por grupos de edad, de 40 a 49 años fue de 60%. Siguieron el grupo de 30 a 39 años con 58.4%, y el de 50 a 59 años con 52.2%.
En cuanto al ingreso de las jefas de hogar que eran madres, trabajadoras subordinadas y remuneradas, 46.7% ganó hasta un salario mínimo y 31.3% recibió más de un salario y hasta dos salarios mínimos. Sólo 6.9 % percibió más de dos y hasta tres salarios mínimos y 3.8 %, más de tres.
Cabe destacar que 20.8 % de las madres de 60 años y más, estaban ocupadas o en busca de trabajo. Pero a esto hay que sumar el trabajo de cuidados que todas realizan.
Según la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022, de las mujeres de 15 a 60 años que reside con una hija o hijo menor de 18 años, 87.6 % declaró que son ellas quienes más tiempo dedicaban a su cuidado.
“No es magia, es trabajo y es trabajo no remunerado, no agradecido y no visibilizado, que ahora es necesario que nosotros lo nombremos”, concluye Samantha Báez.


Cinco países de la región tienen cita en las urnas para elegir presidente en este año nuevo, incluidas dos de las mayores democracias latinoamericanas y hay indicios de que Trump podría intentar incidir otra vez en las urnas latinoamericanas.
Cinco países de América Latina prevén elegir a sus presidentes en 2026, incluidas dos de las tres mayores democracias de la región por número de habitantes: Brasil y Colombia.
Se espera que, en estos dos casos, los comicios se celebren bajo una fuerte polarización política y definan el poder que mantendrá a nivel continental la izquierda, que hoy gobierna desde Brasilia y Bogotá.
Pero esta vez una pregunta adicional sobrevuela las urnas latinoamericanas: ¿cuánto podrá influir en ellas una figura ajena a la región como el presidente de Estados Unidos?
Donald Trump demostró a lo largo de 2025 su voluntad de volcar el peso de su investidura (y del Tesoro de EE.UU.) en votaciones a lo largo del subcontinente.
Lo hizo en las legislativas de Argentina y en las presidenciales de Honduras, al apoyar a fuerzas de derecha y advertir que EE.UU. cortaría su ayuda financiera a esos países si las mismas eran derrotadas.
En ambos países, así como en Ecuador con la reelección del presidente Daniel Noboa en abril, las opciones respaldadas por Trump ganaron.
“A un nivel sin precedentes desde el fin de la Guerra Fría, el gobierno de Trump y el propio presidente han puesto su dedo en la balanza para influir en los resultados electorales y los procesos políticos en América Latina”, dice Cynthia Arnson, una experta sobre la región en la Universidad Johns Hopkins de EE.UU., a BBC News Mundo.
Al comenzar el año nuevo, ya hay indicios de que Trump podría intentar incidir otra vez en las urnas latinoamericanas.
La duda, en todo caso, es si seguirá en racha favorable.
Además de Brasil y Colombia, está previsto que Costa Rica, Perú y Haití elijan presidentes y legisladores en 2026.
La primera de esas citas electorales es en el país centroamericano el 1º de febrero, cuando los costarricenses deberán escoger, además de a su jefe de Estado y dos vicepresidentes, a los 57 miembros de la Asamblea Legislativa.
Si ningún candidato presidencial supera el 40% de los votos en esa instancia, habrá una segunda vuelta el 5 de abril entre los dos más votados.
Costa Rica: elecciones presidenciales y legislativas el 1º de febrero; eventual balotaje presidencial el 5 de abril.
Perú: elecciones presidenciales y legislativas el 2 de abril; eventual balotaje presidencial el 7 de junio.
Colombia: elecciones legislativas el 8 de marzo; primera vuelta de las presidenciales el 31 de mayo; eventual balotaje presidencial el 21 de junio.
Haití: elecciones generales el 30 de agosto; eventual balotaje presidencial el 6 de diciembre.
Brasil: Elecciones generales el 4 de octubre; eventual balotaje presidencial el 25 de octubre.
Los de Costa Rica tal vez también sean los primeros comicios con polémica del año en la región: el Tribunal Supremo de Elecciones pidió levantar el fuero del presidente, Rodrigo Chavez, por presunta intervención indebida en el proceso electoral, pero el legislativo bloqueó esa solicitud en diciembre.
Chaves, que niega haber actuado de forma incorrecta y tiene prohibida la reelección, goza de buenos índices de aprobación que pueden favorecer a la candidata de su partido para sucederlo, su exjefa de gabinete Laura Fernández.
La exprimera dama de centroizquierda Claudia Dobles, el diputado de ultraderecha Fabricio Alvarado en su tercer intento, y el exjefe de la caja de seguridad social Álvaro Ramos figuran entre otros posibles contendientes por la presidencia costarricense.
En Perú, una extraordinaria fragmentación política hace que las elecciones del 2 de abril sean impredecibles.
Hay un récord de al menos 34 candidatos inscritos para intentar ser el noveno mandatario peruano en una década. Y por ahora ninguno de ellos superaría la mitad de los votos en primera vuelta, según las encuestas, por lo que es probable que haya un balotaje presidencial el 7 de junio.
Entre los aspirantes figuran el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, declarado simpatizante de Trump, y la derechista Keiko Fujimori, en su cuarto intento por alcanzar el cargo que ocupó su padre, Alberto Fujimori, fallecido en 2024.
Pero en Perú también prevén postularse a la presidencia desde un comediante hasta un exarquero de fútbol.
Y, en un clima de fuerte apatía política, con la seguridad pública al tope de las preocupaciones de los peruanos, quizás elijan a un virtual desconocido como ocurrió en 2021 con el maestro y sindicalista Pedro Castillo, quien al año siguiente fue destituido y detenido acusado de intentar un autogolpe de Estado.
En Colombia, el ciclo electoral de 2026 promete ser extenso y acalorado: el 8 de marzo son los comicios legislativos y las consultas interpartidistas para seleccionar candidatos presidenciales, el 31 de mayo la primera vuelta por la presidencia y, si nadie supera la mayoría absoluta de votos, habría un balotaje el 21 de junio.
Se perfilan dos bloques bien marcados, cada uno con varios precandidatos presidenciales.
Uno está vinculado al oficialismo de izquierda (con Iván Cepeda, Roy Barreras y Camilo Romero como posibles postulantes) y otro a la oposición de derecha (con Mauricio Cárdenas, Vicky Dávila, Juan Manuel Galán, Aníbal Gaviria, David Luna, Juan Daniel Oviedo y Paloma Valencia entre los precandidatos).
Sin embargo, pueden surgir más competidores por la presidencia de figuras como el centrista Sergio Fajardo, el conservador Miguel Uribe (padre del senador homónimo asesinado el año pasado), la exalcaldesa progresista Claudia López o el abogado de ultraderecha Abelardo de la Espriella.
A la seguidilla de votaciones se añade la iniciativa impulsada desde el gobierno de Gustavo Petro de recolectar firmas para llamar a una asamblea constituyente, lo cual podría dar un envión extra a la izquierda en plena campaña electoral y es visto con recelo por la oposición.
Petro, que tiene vedada la reelección, registra altos índices de desaprobación, pero mantiene una base de respaldo firme de cerca de un tercio del electorado. Y ambos datos podrían incidir en la definición de su sucesor.
Luego de las elecciones colombianas y antes de las brasileñas, Haití prevé celebrar sus primeros comicios en casi una década, en medio de una crisis humanitaria y la descomunal violencia desatada por bandas armadas.
El Consejo Electoral Provisional del país caribeño marcó el 30 de agosto para la primera vuelta y el 6 de diciembre para un posible balotaje. Pero advirtió que deberá haber un marco de seguridad y recursos financieros: sin esos requisitos, es probable que las elecciones haitianas vuelvan a postergarse.
En Brasil, la polarización política de cara a las elecciones del 4 de octubre es tal que una publicidad reciente de la marca de chanclas Havaianas llevó a un llamado de boicot de la derecha porque invitaba a iniciar el 2026 “con los dos pies” y no sólo “con el pie derecho”.
Todo indica que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, buscará ser reelecto en una posición de ventaja frente a la derecha, que llega golpeada y dividida tras la condena en septiembre del exmandatario Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado.
Bolsonaro indicó como precandidato presidencial a su hijo, el senador Flávio Bolsonaro. Pero esto parece lejos de convencer a todo el espectro de derecha, donde se barajan posibles alternativas de postulantes como los gobernadores Tarcísio de Freitas (São Paulo), Ratinho Junior (Paraná) o Romeu Zema (Minas Gerais).
“Por los números actuales de las encuestas, esa división podría llevar a una victoria de Lula en la primera vuelta, sin precisar de un balotaje (previsto para el 25 de octubre). Eso sería inédito: las tres veces que Lula fue electo presidente, ganó en segunda vuelta”, dice el politólogo brasileño Maurício Santoro a BBC Mundo.
Pero recuerda que Lula cumplió 80 años en octubre, es el presidente de mayor edad en la historia de Brasil y, si bien parece gozar buena salud, cualquier eventual percance o enfermedad que le impida competir otra vez dejaría a la izquierda sin un candidato natural para sucederlo.
Una derrota del oficialismo en Brasil o Colombia dejaría a la izquierda latinoamericana aún más debilitada tras una reciente serie de triunfos conservadores en la región, el último de ellos del ultraderechista chileno José Antonio Kast el mes pasado para suceder al presidente izquierdista Gabriel Boric.
Una de las claves por las que Lula logró revertir una caída en sus índices de aprobación el año pasado fue su fuerte enfrentamiento con Trump, observan expertos.
El presidente de EE.UU. impuso en julio aranceles y sanciones a Brasil para intentar detener el juicio contra su aliado Bolsonaro, pero Lula respondió que el suyo “es un país soberano con instituciones independientes que aceptará ser controlado por nadie”.
Al final, Bolsonaro fue preso, Trump y Lula hicieron las paces y EE.UU. desistió de buena parte de los aranceles productos de Brasil, cuyo presidente se presentó como defensor de los intereses nacionales.
“Brasil hoy es una gran paradoja”, observa Santoro. “Tal vez sea el único país del mundo donde Trump terminó amistándose con un presidente de izquierda y su interferencia en la política brasileña terminó beneficiando a un gobierno de izquierda”.
Por eso, quizás Trump busque influir en otros comicios de la región antes que en las brasileñas.
“De las elecciones que se celebrarán en 2026 en la región, ninguna es más trascendental que las de Colombia y Brasil”, observa Arnson desde EE.UU. “Ya hay indicios sutiles y no tan sutiles de apoyo del gobierno (de Trump) a la derecha colombiana”.
EE.UU. ha sancionado a Petro por presunta falta de colaboración en la lucha contra el narcotráfico, algo que el presidente colombiano rechaza enfáticamente.
El pulso con Trump puede tener riesgos para Petro: el principal socio comercial de Colombia sigue siendo EE.UU. y cuatro de cada cinco colombianos cree importante que su candidato presidencial tenga buenas relaciones con Washington, según una encuesta reciente de Invamer.
Sin embargo, aún está por verse que efecto causaría Trump si decidiera apoyar abiertamente una opción electoral en ese u otros países de la región este año, como hizo con Argentina y Honduras en 2025.
Al menos en el caso de Colombia, advierte Arnson, “la interferencia política (de Trump) podría provocar una reacción adversa, tal como ocurrió en Brasil”.
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